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De Budas y Transparencias. Comentario sobre Materias de Libre Competencia y Regulación, de Andrés Florit, DasKapital Ediciones.

Por Fernando Ortega
Valparaíso-Santiago, Abril de 2012




 

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Después de leer Materias de Libre Competencia y Regulación me obligué a llevar una libreta en el bolsillo o la mochila, la libreta de la que nace ese "poema polaroid" que se escribe/imprime al instante (antes lo había intentado infructuosamente). Tras una primera lectura pude reencontrarme con esas experiencias y verlas desde otra arista, descubrir su belleza en su, por así decirlo, especificidad y exactitud. Cliché, de acuerdo, pero eso pasa con pocos libros, los lees y se te ‘pega el estilo', sobre todo si coincides con ese conocimiento en cuanto experiencia. Valoré esa influencia y me motivé a compartir mi propia lectura, una de muchas posibles. Cito algunas de estas experiencias comunes:

Lucecitas rojas intermitentes.
Lo invisible me habla en clave.

(es cosa de asomarse a la azotea de un edificio en la noche)

Pasan, todos pasan.
Me quedo solo
apoyado en un poste, mirando los pinos.

(...o mirando las universitarias que pasan con libros bajo el brazo, o el papel tapiz de la disco que suena a todo chancho, o lo que sea, cuando nos posee esa mirada perdida que acompaña aquellos pensamientos destinados a diluirse en el objeto contemplado)

Este tipo de versos en particular -experiencias colectivas subjetivadas-, a diferencia de la mayoría de los textos del libro, no son interpretaciones. Son la constatación del hecho abstraído, totalmente aprehendido (y el mérito que son los mismos textos: totalmente transcritos). Al percibir esos hechos "tal como son", Florit se vuelve un poco budista (probablemente sin el menor interés en serlo), ya que los asimila en un estado de conexión profunda con lo otro [1]. Esta suspensión de juicio sobre la realidad para verla desnuda como es implica potenciar un otro dentro de los muchos que componen nuestra personalidad. En ese sentido, Florit elije un ropaje (que bien puede ser el que usa más seguido, pero ropaje al fin), se convierte en un camaleón, pero en uno que, además de cambiar de color, puede volverse transparente. Más abajo detallo lo que considero Transparencia. Por ahora me concentro en detallar el desdoblamiento de Florit.

Las primeras señas aparecen temprano en el libro, con la versión que hace del texto de otro poeta (tema muy bien tratado en la reseña de Gastón Carrasco [2]). Las señas se refuerzan con la mención del tópico "Cover". Me atrevo a mencionar que el mismo Florit es el cover que cita en el poema El buen cover hace olvidar la original (¿el original de uno mismo hace unos meses?). No se trata sólo del poema cover (la traducción, la versión, el remake). Se trata sobretodo de la "persona cover", y Florit lo explicita de diversas maneras; en el anhelo de ser otro, en la percatación de que se es  otro:

(...) Qué ganas a veces de ser otro

(...) el olor de la pieza de todos los días, que de pronto es el olor de otro

etcétera. Y en ese pingponeo de Ego y No Ego al que se somete, se desdobla y aparece un tercero a lo largo del texto. En ocasiones aparece la figura del voyeur:

El sol como un padre atosigante
o como el voyerista que no baja la mirada
si lo miras.

Miro a una rubia que no me mira.
Está leyendo y yo la leo
como una revista couché en la sala de espera.

Florit es, de hecho, un voyerista que no baja la mirada -ni la escritura- ante El vendedor cuchuflí barquillo, el vendedor de helado. Es un voyerista que nos señala: Lo sexual es la mera resta de dos fuerzas. El voyeur suma tres. Y pone la cita de Karl Kraus así nomás, a capella, porque el tercero es él mismo. De hecho se confiesa: Yo no tengo una personalidad; yo soy un coktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. Y esta vez cita, nuevamente a capella, a Oliverio Girondo, porque el tercero es él mismo. El tercero eres tú mismo. Intuir esto es profundamente oriental. Y luego pasa de la figura del voyeur a delinear ese dejo de vivir lo otro, hacia un plano más general:

El inconfundible sonido del camión de basura a
una cuadra de aquí. Se lleva todo lo que botamos
por separado. Ahí, vecinos, somos uno.

La cortina del vecino, como un gran pañuelo
se despide de la tarde.
El viento que siento también está con él.

Los últimos versos se corresponden con quien considera natural ese desdoblamiento para verse en el otro y verse a sí mismo desde ese otro. En estos poemas el remate define el poema y a la vez lo distingue de sus pares más occidentales (que privilegian un yo a costa de sí mismos) y lo hace otra cosa, ya que tampoco es oriental. De hecho se cuestiona:

(...) Y no sé por qué escribo en verso
si no estoy escribiendo poesía.
Ya no sé qué es que.

y refuerza la idea, incluyendo reflexiones y anécdotas, como queriendo, a través de una tomadura de pelo, abrirnos los ojos:

El taxista pregunta cosas que no le interesa saber.

o deja que otra persona lo haga:

Mi sobrina viendo a alguien vestido de huaso:
'mira, va vestido de cueca'.

Este ejercicio de llevar a cierto límite al lector (¿esto se pone en un libro de poesía?) se emparenta con el método que tienen los maestros de budismo zen para presionar a sus discípulos: por medio de preguntas sin respuesta aparente (Koans), incitan a abandonar el pensamiento lógico y abrir el inconsciente para lograr estados de lucidez. Leer poesía tiene algo de eso.

El siguiente es un poema en el que Florit explicita parte de su poética:

Esta tarde parece una hoja por llenar
y es tan perfecta así
sin significar nada
las pequeñas y grandes ramas que el viento
hace sonar sin intención alguna,
los colores, el aire límpido
la persiana abierta hacia el patio de baldosas,
el mantel, los tejados, la cordillera
todo es perfectamente innecesario
una voluminosa hoja en blanco
sin significaciones
sin engaños.

Un momento preciso que se está viviendo es perfecto en sí, sin significar nada; la no intencionalidad de los hechos. Más aún, todo sucede "sin engaños" (sin ilusión, sin Māyā). Lo certero de este poema es ofrecer 'una bajada' en los versos intermedios. Mencionar "las pequeñas y grandes ramas" y no sólo las ramas, no es ripio porque enriquece la intención. Luego de los versos intermedios -a modo de enumeración que allana y nutre el camino- se presenta la idea clave: "todo es perfectamente innecesario". Sin duda una afirmación de mayor aporte que su "Poco me Importa" (libro anterior). Y probablemente sin que el autor haya leído una línea del Canon Pali [3] u otras corrientes orientales, sino a punta de vivencias, oficio, lecturas anglo y la atinada tozudez que lo caracteriza. Porque hay tozudeces que llevan a la desgracia, y otras que toman cuerpo en buenos libros.

*

La Transparencia en la escritura de Andrés se distingue en dos frentes: lo coloquial (lo común y vulgar, la posibilidad de embellecerlo y renunciar a ella) y la documentación abierta del proceso de obra.

Florit apunta al lenguaje coloquial con que se arman las primeras impresiones, aparentemente sin un refinamiento posterior; no acomoda nada en los poemas explícitos de las páginas 22, 46, 48. Incluso llegan a parecer fáciles, casi burdos. Como si sobre ellos pusiera una pesada capa invisible para que, al poder nosotros mismos sacarla, nos complaciera tanto el sentido mismo de lo develado como el  ejercicio para poder hacerlo. Son aquellos que no mencionaría en el almuerzo familiar del domingo, y si ese fuera el caso, cualquier vulgaridad suena rotunda y espléndida, acertada, cuando toda la lengua da en el blanco, al decir de Millán, página 58.

La transparencia también se da al evidenciar la documentación del proceso de obra. Para ello Andrés pone en evidencia las decisiones que fueron tomadas en el camino y no duda en develar el diálogo con los amigos; con Winter en la 41, con Ernesto en la 37, también con Pereira en la 83.

La transparencia insiste en la inclusión de citas, -curiosamente, palabras de otros-, lo cual puede considerarse también como parte de la documentación del proceso de obra. Bajo esa lógica, Florit insiste en la inclusión de citas como si fuesen otro poema más, eligiéndoles posiciones dentro del conjunto y logrando una continuidad a pesar del carácter fragmentario. Las citas son un punto importante, ya que en la decisión de incluirlas convergen dos bases argumentales del libro:

.- La apuesta del autor por una anulación del prejuicio, basada en la convicción de que sí es posible situarse en el mundo desde la perspectiva del otro. Esto me resulta extraño, pues conozco a Andrés y no es precisamente una persona que deje entrever algo de empatía en sí -seguramente esa parte la deja para los libros-. Esta actitud se relaciona con el pensamiento Zen, ya que si bien el camino lo hace uno mismo, se debe tener conciencia del todo (para finalmente dejar de pensar en términos del yo).

.- La fuerte intención del autor por mostrarse lo más nítidamente a posible -a sí mismo- dentro del contexto libro, en un intento por universalizar su experiencia transfigurada en conocimiento, vía Lenguaje. En lugar de hacer un elogio de la artesanía, opta por develar la exactitud de las cosas tal cual son, y en ese intento devela una verdad que se sostiene con ayuda de un conjunto de recursos validados por esa transparencia.

 

* * *

Notas:

[1] Dicho de otro modo:
"Para Heidegger, la perturbación que se produce cuando las cosas se nos presentan, han de pasar dos niveles: un primer nivel que nos da una comprensión de las cosas que se nos presentan que -por ser obvias- nos pasa normalmente desapercibida; un segundo nivel que nos hace entender que estamos en un mundo de pre-juicios, y nos hace explicitar en un juicio, en una proposición, la cosa que hemos comprendido. Esto comporta que para hacer una revisión continua de nuestro mundo (el cual está configurado en un estado de pre-comprensión), cosa que nos llevará a conocerlo, es necesario que pasemos a un segundo nivel, planteándonos los útiles sin su utilidad. Para Heidegger, lo que permite pasar del estado de las costumbres (primer nivel) al estado de comprensión (segundo nivel), es el Lenguaje. Y es precisamente el Lenguaje lo que nos abre el mundo: nos muestra tal y como las cosas del mundo son."
(Sobre 'Verdad y Método' de H.G. Gamader, de Enric Ainsa i Puig)

[2] http://www.letrasenlinea.cl/?p=2443

[3] Para profundizar en el tema de lo espiritual y místico en la obra de Claudio Bertoni -pariente literario de Andrés Florit- recomiendo leer un interesante artículo de Felipe Cussen en http://letras.s5.com/fcu180412.html



 

 

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