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Alfredo Fredericksen Neira | Autores |









Reseña Texto: “Introducción: ¿Qué es la literatura?”. Una introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton

Por Alfredo Fredericksen Neira[1]

 

I. Ficha técnica: “Introducción: ¿Qué es la literatura?”. Una introducción a la teoría literaria. México: Fondo de Cultura Económica, 1998.

II. Profundización teórica:

a) Planteamiento general: Terry Eagleton nace en terruños ingleses, específicamente en Salford, Lancashire, un 22 de febrero de 1943. Es crítico literario y de la cultura. Dentro de su nutrida formación, habría que señalar que fue discípulo del crítico marxista Raymond Williams. Por lo tanto, este estudioso se enmarca en la literatura de los siglos XIX y XX, integrando los estudios culturales con la teoría literaria tradicional. A grandes rasgos, el autor examina y ensaya una definición sobre qué es literatura, poniendo especial énfasis en lo que señalan los formalistas rusos. En opinión del autor, resultará decisivo vislumbrar la literatura no desde el prisma de la objetividad, sino a partir de juicios de valor vinculados a ideologías sociales, pues a su juicio: “(…) no se refieren exclusivamente al gusto personal sino también a lo que dan por hecho ciertos grupos sociales y mediante lo cual tienen el poder sobre otros y lo conservan” (p.16). Es aquí donde podemos elucidar con cierta claridad cómo Terry Eagleton se nutrirá de las influencias recibidas por su maestro. En opinión de Eagleton, resultará decisiva la observación de los juicios de valor, pues el valor es personal, transitorio, arbitrario y en toda enunciación de hechos residen juicios que pueden ponerse en tensión.Para el autor, no existen los "hechos puros" libres de interpretación: nuestra propia estructura conceptual para clasificar el mundo ya está mediada por la ideología. Al revelar que el canon no es un monumento inmutable de belleza universal sino una construcción social, Eagleton posiciona a la literatura como una categoría discursiva ligada a la dominación: lo que una sociedad decide conservar bajo la etiqueta de "literario" es, en última instancia, aquello que sirve para perpetuar, naturalizar o cuestionar las relaciones de poder vigentes. Además, para robustecer sugiero agregar o precisar tres aspectos fundamentales que Eagleton desarrolla rigurosamente en ese capítulo introductorio:

1. La deconstrucción paso a paso del formalismo ruso

Coloco énfasis en los formalistas, pero valdría la pena precisar por qué son descartados. Eagleton no solo los cita, sino que desmonta su teoría a través de un argumento clave: el contexto. Eagleton demuestra que la "desfamiliarización" o el "desvío" del lenguaje depende enteramente del fondo sobre el cual se recorta. Lo que para un formalista es un "uso literario" (por ejemplo, una metáfora compleja), en otra época o comunidad puede ser lenguaje cotidiano (como la publicidad o el argot callejero). Por ende, la literatura no es una propiedad intrínseca del lenguaje, sino un efecto de la posición en la que el lector coloca al texto.

2. La transición del "Hecho" al "Valor" (La ilusión de la objetividad)

La tensión entre hechos y juicios. Eagleton es sumamente radical en este punto y utiliza un argumento epistemológico que enriquecería mucho tu texto.

Para Eagleton, no existen los "hechos puros". El entramado de intereses e ideologías es tan profundo que incluso nuestra definición de lo que es un "hecho" ya está mediada por un juicio de valor previo. No es que primero veamos la realidad objetiva y luego le asignemos un valor literario; nuestra propia estructura conceptual del mundo está predeterminada por la ideología. Por lo tanto, el canon literario no se tambalea porque los gustos cambien, sino porque cambian las estructuras ideológicas que sostienen qué es "valioso" o "verdadero".

 


3. El concepto de "Ideología" no como mentira, sino como estructura de poder: La ideología, en este texto, refiere a las formas en que lo que decimos y creemos se conecta con la preservación y legitimación del poder de las clases dominantes. La literatura, al ser considerada históricamente un "objeto cultural elevado", ha funcionado sutilmente como una herramienta de cohesión social (o domesticación) para inculcar ciertos valores morales y políticos bajo el disfraz de una "sensibilidad humana universal".

b) Resumen expositivo del texto: Eagleton parte señalando que no lo convence del todo la distinción entre “hecho” y ficción, pues existen distintas formas literarias como las novelas e informes noticiosos que no son reales, objetivas o novelísticas (de éstos últimos ejemplifica con las tiras cómicas). Luego se permite desarrollar en extenso la definición de Roman Jakobson y que, desde su perspectiva, apuntaría al empleo de la lengua. Para Roman Jabokson, literatura es cuando: “(…) se violenta organizadamente el lenguaje ordinario” (p.2) e Eagleton se permite añadir que: “(l)a literatura transforma e intensifica el lenguaje ordinario, se aleja sistemáticamente de la forma en que se habla en la vida diaria” (p.2). Por lo tanto, en opinión de Eagleton, el texto se concebirá como la realidad material y como tal, será acreedor de: “(…) leyes propias específicas, estructuras y recursos” (p.2). Es decir, se trata de un estudio formal que aparta el contenido y pone énfasis en la forma. Pero la concepción de los formalistas rusos, puede problematizarse. Baste decir que literatura no es poesía, porque en opinión del autor: “(…) hay escritos realistas o naturalistas carentes de preocupaciones lingüísticas o de llamativo exhibicionismo” (p.6) y que “cualquier texto adquiere un carácter ´raro´” (p.6), como puede ser el caso de los avisos que auscultan ambigüedad. El autor también enfatiza en que la literatura adolece de un fin pragmático y señala que se refiere a una situación de carácter general. Esta concepción se encontraría mediada por: “(…) el valor- verdad y la pertinencia práctica de lo que se dice se considera importante para el efecto total” (p.8). Es decir, el concepto de literatura dista mucho de ser objetivo: depende de juicios de valor. Para Eagleton, esto será decisivo al momento de entender la ideología, que define como: “(…) modos, de sentir, evaluar y percibir y creer que tienen alguna relación con el sostenimiento y la reproducción del poder social” (p.15), muy en consonancia con las enseñanzas de Raymond Williams. Ahora bien, sería conveniente mostrar cómo esa noción reformula finalmente el problema de qué entendemos por literatura. También haría una pequeña precisión: Eagleton no dice simplemente que la literatura “adolece de un fin pragmático”, sino que cuestiona que esa ausencia pueda funcionar como criterio universal y estable para definición. A partir de aquí, Eagleton profundiza su crítica señalando que aquello que consideramos literatura no depende exclusivamente de las propiedades intrínsecas del texto, sino también de la manera en que determinados grupos sociales lo valoran, interpretan y legitiman. De este modo, una obra no sería literaria únicamente por poseer determinadas características formales, sino porque una sociedad determinada ha aprendido a leerla y valorarla como tal. El juicio literario se encuentra, por consiguiente, estrechamente relacionado con determinados valores sociales e ideológicos. En este punto, Eagleton sostiene que los juicios de valor no son meramente individuales, pues se encuentran vinculados con aquello que determinados grupos sociales dan por supuesto y mediante lo cual pueden ejercer y conservar poder.

El problema conduce así a una conclusión fundamental: no existe una esencia inmutable de la literatura que permita establecer de una vez y para siempre qué textos pertenecen a ella y cuáles deben quedar excluidos. Lo que en una época puede ser considerado literatura, en otra puede adquirir una valoración diferente. Del mismo modo, textos que originalmente no fueron concebidos como literarios pueden llegar a ser incorporados posteriormente al canon literario. La literatura aparece, entonces, como una categoría histórica, social y culturalmente variable, cuya definición se encuentra sometida a procesos de selección, valoración y legitimación.

En consecuencia, Eagleton desplaza progresivamente la pregunta desde las características formales del texto hacia las condiciones históricas y sociales que permiten que un determinado discurso sea reconocido como literatura. El aporte de los formalistas rusos resulta fundamental para comprender la especificidad del lenguaje literario, pero, para Eagleton, sus criterios no bastan para explicar la totalidad del fenómeno. La literariedad no puede reducirse exclusivamente a la desviación, extrañamiento o intensificación del lenguaje ordinario, puesto que aquello que una comunidad considera extraño, estético, valioso o literario también depende de sus propias convenciones culturales e históricas.

Por ello, el texto concluye problematizando la posibilidad misma de establecer una definición universal de literatura. Más que entregar una respuesta definitiva, Eagleton muestra que toda definición se encuentra atravesada por valores, intereses, instituciones y relaciones de poder. La literatura deja así de aparecer como una categoría puramente objetiva para convertirse en un concepto históricamente construido y permanentemente susceptible de revisión.

Entonces, el texto queda expuesto como una secuencia lógica: Formalismo → lenguaje literario → cuestionamiento de la literariedad → ausencia de criterios absolutos → juicios de valor → ideología → poder social → carácter histórico de la literatura.

A continuación, propongo un esquema del recorrido argumentativo desarrollado por Eagleton (aunque, quizás, se le puede criticar su simplicidad):

 

Fuente de elaboración propia (2026)

a) Comentario crítico y argumentado: Examinadas las ideas principales de Terry Eagleton, nos parece esencial el diagnóstico del profesor inglés. Partiendo desde diversas concepciones, se permite tomar partido. Sin embargo, ello lo realiza al final de la parte introductoria y eso resulta criticable. ¿En qué sentido?, en que sus argumentos no se zanjan con la debida nitidez desde el principio. Esto puede llegar a generar confusión en los/las lectores/as. Hubiera sido más correcto proceder metodológicamente de otra forma. A saber, introduciendo la postura ideológica que el texto trasluce al final y luego, problematizando la noción de literatura desde los formalistas rusos. Esta postura que es, guardando las justas proporciones, heredera de su maestro marxista, ciertamente es discutible. Una parte, entre las muchas que podemos hallar, nos permite apreciar cómo su propio texto se contamina con su propia ideología:

“(…) los juicios propios de valor se relacionan estrechamente con las ideologías sociales. En última instancia no se refieren exclusivamente al gusto personal, sino también a lo que dan por hecho ciertos grupos sociales y mediante lo cual tienen poder sobre otros y lo conservan”. (p.16).

Además, cuando Eagleton define ideología, también lo hace desde un juicio de valor y como los juicios son personales, transitorios y arbitrarios, su propia ideología se verá arrojada a un universo de multiplicidad que variará de sujeto a sujeto. Es decir, nada obsta a que su definición de literatura, no sea la misma que la mía u la de otra persona y eso es perfectamente válido. Por lo tanto, el estudio del texto literario, será vago y sin contornos precisos. Esto se esgrimirá como una falla metodológica fundamental en el objeto de estudio y, por ende, en el empirismo, pues no existiría investigador/a avezado/a que pueda capturar las infinitas ideologías de cada sujeto. Además, el problema de Eagleton no es simplemente que toda definición de literatura sea “personal” o arbitraria, porque él precisamente intenta demostrar que esas definiciones están históricamente condicionadas, socialmente construidas e ideológicamente determinadas. Si se le critica por arbitrariedad, conviene reconocer primero esa fortaleza y luego señalar que su planteamiento puede caer en un relativismo excesivo si no establece criterios suficientemente estables para distinguir entre una interpretación literaria fundada y una mera preferencia ideológica.A lo anterior habría que agregar una dificultad de orden epistemológico. Eagleton acierta al advertir que ninguna concepción de la literatura se encuentra completamente desligada de las condiciones históricas, sociales e ideológicas en las que surge; sin embargo, esta constatación no necesariamente conduce a que todas las definiciones o interpretaciones posean el mismo grado de validez. Precisamente aquí aparece una tensión interna en su propuesta: si los juicios de valor están determinados por las ideologías de los grupos sociales y si estas ideologías participan en la constitución de aquello que una sociedad reconoce como literatura, ¿con qué criterios puede el propio Eagleton establecer una crítica de esas ideologías sin situarse, a su vez, dentro de otra posición ideológica particular?

El problema, entonces, no consiste únicamente en que existan múltiples definiciones de literatura, sino en determinar si, a pesar de esa pluralidad, es posible establecer criterios relativamente objetivos para estudiar el fenómeno literario. De lo contrario, el análisis corre el riesgo de desplazarse desde el objeto literario hacia las condiciones sociales que permiten reconocerlo como tal, dejando en segundo plano las propiedades formales, lingüísticas, estructurales y estéticas de la obra. En este punto resulta especialmente significativa la distancia entre Eagleton y el formalismo ruso: mientras los formalistas procuraron identificar aquello que hacía literaria a una determinada construcción verbal, Eagleton desplaza progresivamente la discusión hacia las condiciones históricas e ideológicas que permiten que determinados textos sean considerados literatura.

Esto no significa que la perspectiva de Eagleton deba ser descartada. Por el contrario, su aporte consiste precisamente en demostrar que la literatura no existe en un vacío social y que las instituciones, los sistemas educativos, la crítica, las editoriales y los grupos de poder participan en la selección y legitimación de aquello que una época considera literario. El problema aparece cuando esta dimensión sociológica e ideológica termina absorbiendo las restantes dimensiones del fenómeno literario. Si todo reconocimiento literario depende fundamentalmente de una determinada configuración ideológica, entonces la especificidad de la literatura corre el riesgo de diluirse: cualquier discurso podría convertirse en literatura si una determinada comunidad histórica decide valorarlo como tal.

Por ello, sería necesario distinguir entre dos cuestiones que Eagleton tiende a aproximar: por una parte, la pregunta acerca de qué condiciones históricas permiten que un texto sea reconocido como literatura y, por otra, la pregunta acerca de qué características textuales permiten analizarlo como obra literaria. La primera pertenece principalmente al ámbito de la sociología, la historia cultural y la crítica ideológica; la segunda exige atender al lenguaje, la estructura, los procedimientos formales, la construcción de significados y las relaciones internas de la obra. Confundir ambos niveles puede producir una reducción del fenómeno literario, puesto que explicar por qué una sociedad considera literario un texto no equivale necesariamente a explicar qué hace que ese texto produzca determinados efectos estéticos, formales o semánticos.

En consecuencia, la principal objeción metodológica que podría formularse a Eagleton no radica en aceptar la existencia de ideologías, sino en la dificultad de establecer un punto de apoyo crítico que permita evaluar esas ideologías sin convertir el análisis literario en una sucesión potencialmente interminable de posiciones relativas. Si toda definición de literatura está condicionada ideológicamente, también lo estará la definición propuesta por el crítico que denuncia dicho condicionamiento. Surge así una suerte de problema autorreferencial: la crítica de la ideología no queda necesariamente fuera de la ideología, sino que debe explicar desde qué criterios pretende juzgarla.

Desde esta perspectiva, una alternativa metodológicamente más sólida sería conservar la contribución de Eagleton, pero complementarla con el análisis inmanente de la obra. De este modo, podría reconocerse que la literatura es una institución histórica y socialmente determinada sin renunciar a la posibilidad de estudiar sus particularidades formales y lingüísticas. La literatura podría entenderse, entonces, como un fenómeno simultáneamente textual, histórico, social, ideológico y estético. Esta perspectiva permitiría evitar tanto el formalismo cerrado —que reduce la obra a su funcionamiento interno— como el sociologismo extremo —que termina explicando la obra principalmente por las condiciones externas que determinan su legitimación—. Además, hay una distinción que te conviene mantener muy clara: “que una sociedad determine qué considera literatura” no es exactamente lo mismo que “que determine qué características tiene un texto literario”. Esa diferencia puede convertirse en el eje metodológico de toda tu crítica a Eagleton.

a) Conclusiones: Muchas y variadas podrán ser las definiciones sobre qué es literatura; lo que nos ha querido transmitir este texto es, precisamente, cómo problematizar la definición de literatura. Siendo conscientes de las dificultades y problemáticas que en él se suscitan, podemos desechar todo lugar común. La tarea no es fácil, ni se encuentra exenta de dificultades. En este sentido, parece más vigente que nunca el texto y diagnóstico realizado por el profesor Terry Eagleton: como los valores son esencialmente personales, transitorios y arbitrarios, no podemos negar que, en cada modo de sentir, evaluar, percibir y creer, la ideología se revela. Quedará pendiente, y deberá ser materia de análisis, determinar si precisamente esa ideología tiene un fondo o sustrato marxista y si se vincula efectivamente al sostenimiento y reproducción del poder social, como señalamos con anterioridad. Eagleton no solo problematiza la literatura, sino que obliga a revisar los criterios con los que la crítica decide qué es literario; y segundo, que tu propia crítica debe reconocer que no basta con denunciar el relativismo, porque también sería necesario proponer algún criterio metodológico alternativo.

Con todo, consideramos que el principal aporte de Eagleton consiste en obligarnos a desconfiar de aquellas definiciones de literatura que se presentan como universales, neutras y definitivas. Su propuesta permite advertir que aquello que una sociedad denomina literatura no depende exclusivamente de las características internas de una obra, sino también de procesos históricos, culturales, institucionales e ideológicos que participan en su legitimación. Sin embargo, esta misma afirmación abre una dificultad metodológica que no puede ser soslayada: si todo juicio acerca de la literatura se encuentra condicionado por una determinada posición ideológica, también la crítica de Eagleton se encuentra situada dentro de una determinada posición ideológica. En consecuencia, su propuesta no queda exenta de aquello mismo que pretende demostrar.

Por esta razón, estimamos que el diagnóstico de Eagleton debe ser asumido críticamente y no como una explicación definitiva de la literatura. La ideología constituye una dimensión relevante para comprender la producción, circulación, valoración y legitimación de las obras literarias, pero no necesariamente agota su especificidad. Reducir el fenómeno literario a las condiciones sociales e ideológicas que determinan su reconocimiento implicaría correr el riesgo de relegar a un segundo plano el lenguaje, la estructura, los procedimientos formales, la construcción de significados y la dimensión estética de la obra. La explicación de por qué un texto llega a ser reconocido como literatura no equivale necesariamente a explicar qué hace que ese texto funcione como obra literaria.

En definitiva, el valor del planteamiento de Eagleton reside menos en proporcionar una definición cerrada de literatura que en mostrar la dificultad de establecerla de manera absoluta. Su legado crítico consiste en haber desplazado la pregunta desde «¿qué es la literatura?» hacia una interrogación más compleja: ¿quién determina qué es literatura, bajo qué criterios, en qué contexto histórico y mediante qué relaciones de poder? No obstante, junto con esta pregunta social e ideológica, resulta necesario conservar aquella otra que atiende a la materialidad misma de la obra. Solo mediante la articulación de ambas dimensiones —la inmanente y la histórica, la estética y la ideológica— sería posible evitar tanto un formalismo incapaz de reconocer las condiciones sociales de la literatura como un relativismo que termine disolviendo la especificidad del objeto literario.

Todo esto da cuenta de una conclusión fuerte, porque no se termina simplemente diciendo que Eagleton es marxista o relativista. Se termins planteando una posición propia: Eagleton sirve para problematizar la literatura, pero su perspectiva tampoco puede presentarse como neutral ni suficiente. Ese matiz le da bastante más fuerza académica a esta crítica.

 



[1] Investigador independiente. Diplomado en Literatura en Lengua Inglesa (Centro de Estudios Avanzados PUCV-2019), Diplomado en Poesía Universal (Centro de Estudios Avanzados PUCV-2018), Diplomado en Historia del Arte (Centro de Estudios Avanzados PUCV-2017), Diplomado en Estudios de la Religión (PUC- 2016), Diplomado en Arte y Estética Árabe-Islámica: clásica y contemporánea por la Universidad de Chile (CEA-2015), Diplomado en Teologías Políticas y Sociedad por la Universidad de Chile (CEA-2014), Diplomado en Psicología Jungiana (PUC-2014) y Diplomado en Cultura Árabe e Islámica por la Universidad de Chile (CEA-2014). Mail de contacto:
alfredericksen@gmail.com

 

 


 

 








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Reseña Texto: “Introducción: ¿Qué es la literatura?”.
"Una introducción a la teoría literaria" de Terry Eagleton.
Por Alfredo Fredericksen Neira.