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Tirarse al agua
“Piquero”, de Pablo Fernández Rojas. Editorial Cuarto Propio, 2016

Por Alberto Fuguet
Publicado en Revista QuéPasa, 8 de Julio de 2016

 


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Piquero es de esas novelas nuevas y jóvenes que le hacen caso y entienden su título. Se nota que el debutante como novelista Pablo Fernández Rojas es poeta: “Anoche estaba encamado con otro y ya siento ese vacío”. El autor se tira al agua y le da carne a la llamada hermandad del semen. Articula de manera poética la adrenalina, el terror, la expectación y la adicción a la caza, la energía poética que implica conocer y tirar y ligar con alguien por primera vez. Fernández Rojas se sumerge con autoridad y cercanía, pero también con distancia y humor (basta leer la primera página, llena de palabras tachadas y que intenta ser el perfil del protagonista) en un mundo que, a diferencia de lo que opinan los homofóbicos de clóset, no es el submundo homosexual sino un mundo perfectamente retratado y un honestísimo día-a-día de un joven gay resuelto que no tiene el resto de su vida resuelta.

Narrado con frenesí y dolor por un diseñador gráfico que no tiene nada de víctima, Piquero es acerca de un joven que, por un lado, está caliente y pulsa y, por otro, quiere algo más (quiere mucho más) y termina quebrando la ley número uno: no confundir sexo express con expresión de la intimidad. Cree que cada tipo con que se enreda puede ser aquel.

Suponer que porque el personaje se llame NN todo es simbólico es hilar demasiado fino. Es un nick. Piquero no es acerca de todos; es acerca de Pablo Fernández Rojas y por eso termina siendo sobre todos nosotros. Piquero es muchas cosas (intensa, romántica, desesperada, vertiginosa, masculinamente frágil, horny y gráfica y caliente y plagada de sorpresas y ternura) y no merece ser coaptada ni por la academia ni por los halagos ininteligibles de una lectura crítica marginal. Piquero no es un discurso, no es un objeto; es un grito, una eyaculación, es puro deseo masculino. Esto es semen de amor no correspondido. Piquero es superior a lo que dice ese tabloide y no debe ser mal leída o abrazada por gente que no sabe bailar disco. El narrador además no tiene nada de perturbado: ¿por qué insistir en tildar a una narrador gay como perturbado? Calentón, neura, contradictorio, liminal, por último. ¿Perturbado? ¿De verdad? ¿O es que te perturbaron tanto? ¿Que la novela funciona porque no parece escribir para el cartel de amigos ni la farándula literaria? Creo que sí escribe para el supuesto cartel y quizás más: esta novela no intenta ser hetero-friendly o desea conquistar a otros que no sean aquellos que Christopher Isherwood llamaría “los de su tipo”. Si sucede, bien. Esto no es literatura marginal para exportación. Fernández Rojas, como buen poeta, no tiene problemas con quedarse en el margen. El cartel (qué elección de palabra, querida) del narrador es el lector gay. No es una novela en clave, pero es una novela de códigos que se entiende mejor si uno es parte del famoso cartel. Piquero no es un libro acerca de víctimas o hijos; es acerca de un tipo aterrado de que lo dominen sus emociones. La novela es ultragay en todas las acepciones de la palabra, menos la literal: no es una novela alegre ni el narrador tampoco lo es pero mira, observa, entiende, empatiza, capta y nos ayuda a comprender todo mucho mejor que antes de leerla. Nos hace sentir que si no fuera por el cartel, estaríamos aún más solos. Nos empuja a nadar más abajo.




 

 

 

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Tirarse al agua
“Piquero”, de Pablo Fernández Rojas. Editorial Cuarto Propio, 2016
Por Alberto Fuguet
Publicado en Revista QuéPasa, 8 de Julio de 2016