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Alberto Fuguet
LA REGIÓN MENOS TRANSPARENTE

Por Fernando Krapp
Publicado en http://www.pagina12.com.ar/, 10 de julio 2016

 



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Alf es un diminutivo de Alfredo, pero también una referencia indirecta a aquella serie doméstico-alienígena que durante varios años llenó la tanda diaria de la televisión por cable. Y sin dudas algo de extraterrestre amaestreado hay en Alf Garzón, el personaje que suda y hace sudar en Sudor, la nueva novela de Alberto Fuguet. No porque sea gay y al hablar francamente de su sexualidad lo convierta en un alien que llega a un mundo desconocido con una nueva piel, no. Esta no es una novela sobre gay-que-sale-del-closet y el drama (o comedia) que implica. Es doméstica porque se mueve y remueve en el ámbito editorial como un pez viejo y gordo. Y es alienígena porque el viejo y querido Alf ha perdido el entusiasmo en su trabajo que mira todo con ojos nuevos y gastados. Su desencanto con el medio que lo vio emerger se ha vuelto patológico, y es por esa misma razón que se ha decidido por escribir.

Sudor, por otra parte, es una novela espejo de No Ficción, que por esas casualidades del destino editorial llegan a la Argentina juntas, como hermanas siamesas, o parejas demasiado hermanadas. Publicada en el 2015, No ficción supuso para Fuguet varias cosas: una vuelta a la literatura tras un paso intenso por el cine con títulos como Se Arrienda, Velódromo, y la reciente Invierno, que dura horas y puede verse en la página cinepata.com, un cambio editorial y un quiebre en su narrativa, un giro hacia un registro confesional. Si bien No Ficción coquetea con el término y el género al que el mismo título alude, es una ficción. Fuguet ha insistido en varias entrevistas: se encuentra con un desconocido, le cuenta una historia de cómo ha tenido una relación homoerótica con su mejor amigo, y cuando asegura que la historia es verdad, su interlocutor pesteñea y exclama: no te creo. Es mentira.

Estructurada como una larga charla mantenida durante una noche entera, parecida a esas viejas charlas de amor cortés donde dos viejos amigos conversan sobre el pasado. Entre reclamos, vasos de whisky y pitadas de faso, Alex se le (re)confiesa a Renzo al mismo tiempo que reflexiona sobre la amistad y el amor entre hombres. La escritura como un acto imposible de apropiación de objeto amado, pero en No ficción la pregunta es ¿quién es objeto de quién? Dos viejos amigos capaces de dormir juntos sin mantener sexo o incluso bañarse sin superar la barrera del cuerpo. No ficción es una novela argumentativa, de la palabra y la búsqueda de un espacio en el diálogo entre dos personas. Fuguet ha rendido su tributo a Maldición eterna a quien lea estas páginas de Manuel Puig, pero también a Cae la noche tropical, donde dos viejas amigas reflexionaban en la calurosa tarde de Río de Janeiro sobre la vida, la amistad, el paso del tiempo. Alex y Renzo también soportan el calor de Santiago, en verano, mientras el sol deja lugar al aire fresco del Pacífico que se encajona contra las montañas.

Si No ficción es un diálogo donde el contacto físico se deja desear, donde los cuerpos no pueden accionar por el peso que la propia palabra ejerce sobre ellos, Sudor es justamente lo opuesto. Un novelón de quinientas páginas donde el mencionado Alf Garzón dispara munición pesada contra el mundo editorial al mismo tiempo que intenta reconstruir una intensa historia de amor. A pesar de su extensión, Sudor se lee de una sentada. Y en varios niveles: como lectura de cierto estrato social, cierta clase media más o menos acomodada, oficinesca, con sus after offices, sus fiestas y cóctels de etiqueta, donde el lobby se enarbola como tarjeta de pase vip a un mundo que traza su geografía con rencillas internas de oficina a oficina editorial, donde el telepasillo es caldo de cultivo para tejer historias fragmentarias, vasos comunicantes que trazan relaciones nocturnas de un punto al otro de la ciudad. Y también se lee a un nivel obviamente íntimo: asqueado de ese mundo que no puede soltar del todo, Alf intenta escribir la historia de su amor por Rafa Jr, un joven artista inconforme “ese tipo de artista que más que crear potenciaba a la gente”, despreocupado, frívolo, muy poco pendiente de los suplementos o del lobby, y más preocupado en el moviminto de la creación, ya sea en fotografías, escritura, videos para youtube, etc. Un artista del momento que tuvo una vida breve e intensa.

Rafa Jr. no es otro que el hijo de un gran escritor latinoamericano producto del viejo boom: el colombiano Rafael Restrepo Carvajal, uno de esos viejos escritores embajadores, con una sólida y demasiado extensa obra atrás, pensador y vocero de una cultura latinoamericana extinta o vieja. Carvajal pertenece a aquellos escritores retóricos, realistas mágicos, maravillosos faulknerianos, ambiciosos, formados en el extranjero, políticos encubiertos; escritores que aparecen con fajas recibiendo doctorados honoris causa. Una vez más, como ya lo hiciera en el McOndo que lo vio nacer, Fuguet carga tintas (o teclado mac) contra el boom: Carvajal está inspirado en Carlos Fuentes. Sudor antepone aquella vieja novela total latinoamericana, que narrara las peripecias de un continente en trance, a la realidad urbana de sus ciudades, con sus lógicas erráticas, sus voces, sus modismos pop, y sus artistas propios. A propósito de una narrativa intimista, Alf señala en Sudor: “Uno lee al final para saber por qué el autor se interesó o le importó tanto la historia como para contarla por escrito. La complicidad no le da el nombre o el pasado del autor o su vida privada o pública; lo que realmente produce la química, la conexión, es la curiosidad del autor con el tema que se ha atrevido enfrentar.”

Quién hubiera pensado que el gesto pugilista de Fuguet hubiera sido igual de maratónico. De igual a igual. Novelón contra novelón. Anteponer la vieja novela latinoamericana (lease La consagración de la primavera de Alejo Carpentier, El obceno pájaro de la noche de José Donoso, La región más transparente de Carlos Fuentes) con el espinoso novelón del yo. No se trata de un boom que explota hacia fuera, sino de un crack que se vuelve hacia adentro. No se narra una novela que cuestione y construya una identidad latinoamericana, sino que se vomita una novela que indague qué le pasa a un latinoamericano cuando todas esas convenciones sociales ya no pueden moldear más su identidad.




 

 

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Por Fernando Krapp
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