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Alejandro Godoy | Autores |





 





Los ángeles rebeldes de Enoc,
O mi odio a la orientación salesiana.

Por Alejandro Godoy


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Estuve trabajando unos meses como profesor de español en un centro educacional de París. La primera vez que hice elegir a mis alumnos una obra, para dramatizarla “en mi lengua materna”, me llamó la atención su facilidad para representar personajes del “sexo opuesto”-uso el término provincial que les gusta en Chile-, cosa que un post-adolescente sudamericano tomaría con recelo o excesiva enajenación. Se paseaban por el escenario con unos perros de caza, como las ninfas de LeBlanc. Actuaban como diciendo “nosotros nos reímos de la castración, en tu país acomplejado se conmocionan con El Ojo Silva”. Yo, por el contrario, no concibo ignorar el país conservador en el que me tocó vivir por años. Personalmente me parece más atrayente analizar la culpa cristiana e infantil que dejó en los países latinoamericanos la masacre y el abuso a la ruidosa libertad sexual de los europeos. Mi familia era eso. Habían crecido con la imagen de Juan Pablo segundo preguntándole a un país que se cagaba de hambre si estaba dispuesto a renunciar al sexo prematrimonial, o con los programas del Morandé y las películas de Nicolás López animando las reuniones de sobremesa. Viejo frustrados, temerosos del qué dirán. Una vez un primo de mi madre patió a su hijo porque se había sentado con las piernas cruzadas. Asados donde cantaban el himno del liceo, reforzando el cliché de cómo la clase media necesita identidades que las protejan del sufrimiento. Cierta parte de la sátira chilena aborda eso: los complejos. Lo he conversado incluso con colegas. Hay textos preciosos de psicoanálisis que hablan de ese asco por el origen. Pero obviamente ver a la familia como enemigo tampoco sirve, no se trata de dejar en lo privado lo que viene ocurriendo hace décadas socialmente. Como a muchos, me da un poco de vergüenza. Con mi psicoanalista intentamos reconstruir eso. Entonces lo abordé en sesión: la política del camuflaje, habitar el lenguaje del enemigo para conocer sus fisuras y desestabilizarlo desde adentro. Spinoza sin ir más lejos ocupaba el lenguaje de la teología para operar su destitución, disuelve la trascendencia divina en la categoría de naturaleza. Pero yo quiero simplemente asociar imágenes y restos diurnos, lo otro llega solo. En eso recuerdo un colegio confesional salesiano del sector sur de Santiago. Todos eran chicos que se empujaban para obtener respeto o hacían un ruido con la boca –“te gusta el pico”- cuando uno pasaba rozando a otro por detrás. Y lo peor es que era admirado por cabras del María Auxiliadora que llegaban escuchando música sin audífonos, quitando espacio de la calle a la señora que iba a su trabajo, a todo volumen con “yo no soy una gata fácil”. En prácticamente todos los países latinoamericanos los colegios religiosos han sido instalados para reforzar eso, decirles a los pendejos que así “van a ser escuchados” en la sociedad, después del silencioso temor en misa. Manipular, confundir, abusar. Estoy consciente de que esto ya se ha abordado por algunos historiadores, no desde la queja, sino desde ese carerrajismo. El abogado canonista Alejandro Álvarez le preguntó en televisión abierta a los laicos de Osorno por qué no hacían un mea culpa respecto a la negativa del “santo padre” de reunirse con ellos. Vete a la mierda, cómo chucha se le ocurre preguntar a alguien que está denunciando violaciones, encubrimientos, etc. si está dispuesto a hacer un mea culpa. Hay algo sumamente perverso ahí que tiene que ver con lo traumático y su desmentida. El trauma es lo no simbolizable, lo que no se puede representar, pero también tiene un efecto deshistoriador, hace que las cosas sigan su curso en la normalidad. Incluso la función protectora del relato deja de existir. La memoria individual no sabe de la historia, porque su sello está dado por el grado de desconcierto que sería inherente a la experiencia. Herta Müller habla de eso: uno no puede protegerse, ni con el silencio ni con el relato. Dejar la concepción de una reparación individual para pensar en una reparación colectiva implica no dejar pasar este tipo de actos. En cualquier país medianamente decente ya lo habrían por lo menos expulsado de las universidades. Y en Chile pasó así, en TV, como si nada. Pero también es difícil llegar a esos lugares cuando se adhieren a la “normalidad”. Muchas figuras de santos salen de la mano con niños, incluso besándoles la cara. Los jesuitas se negaron rotundamente frente a la pregunta de una periodista por una posible investigación a Alberto Hurtado. “Pero si el vaticano ya ha investigado tanto”[1]. Como sea, en este liceo había una orientadora que solía sacar a los alumnos de clase para interrogarlos sobre su orientación y vida sexual. María Victoria, aunque todos le decían “Vicky Mora”. Solía decir delante de un curso entero que la palabra “cemento” tenía en sí la palabra “semen” mientras con la cara colorada se reía. Por supuesto, siempre hay algo de goce en esa parada. Pero el curso de su vida quedó condicionado por un sentido de pureza espiritual, ello le permitía consagrarse entre sus colegas como una persona sublime. Esta orientadora era amiga de un cura acusado de agarrar a los alumnos y decirles “chucaros”[2]. Este hombre buscaba que la llama en su corazón encendiera la llama de las juventudes, un fuego que enciende otros fuegos. De esta manera se lograban momentos verdaderamente idílicos, incluso lloraron varias veces en grupo. A través de la escritura, aquel farsante obtenía el milagro de la resurrección. En la lectura de los textos sagrados el bastardo en la cruz, desde la muerte, surgía para actuar como ventrílocuo en este hombre. Años después vi a esta orientadora en TV, rodeada de un grupo de cabros chicos que usaba para apatotarse en una protesta por su desvinculación del liceo. La orfandad siempre está de una u otra manera presente en la juventud chilena y es fácil que cualquiera se agarre de eso. Tengo un par de conocidos que pasaron malas experiencias con curas de ahí. Rimsky Rojas y Audín Araya fueron un par. Otro hecho que deja ver mi experiencia con el eurocentrismo es la importancia de la educación laica. El modelo chileno de mercado, instalado con sangre en dictadura, reinstala elementos de control conservador por sobre el principio de enseñanza laica. La economía tiende a concentrarse en grandes conglomerados, como las iglesias, que se aprovechan de la precarización progresiva de la educación pública para expandir su ideología. Cierto medio de comunicación mostró filas eternas de personas que no tenían de otra para darle una formación a sus hijos[3], o para que “se junten con gente mejor”, mamándose preguntas de si son o no divorciados, de si creían en la virgen, todo el santo día. Desesperación a que la generación siguiente herede la pobreza, de eso se aprovechan. Incluso vi a cabros con un origen sumamente humilde que ahorraban todo el año para viajar a una hueá mormona en EEUU. Todo con el fin de hablar inglés “sin acento”. No comprendo cómo una población que en los sesenta tenía tal nivel de organización comunal, como me comentó mi abuelo, llegó a eso. No es de sorprender que surgiera un circuito de colegios católicos, evangélicos, adventistas, en comunas históricamente vulneradas. El derecho a estudiar en una escuela laica hace que el niño pueda encontrar su camino, pluralidad, contrario al precepto autoritario religioso. “¿Qué pretenden esos sidosos de mierda en la tele?”, le escuché decir a un profesor de religión para referirse a la comunidad LGBT+, mientras explicaba los dogmas marianos. Y quizá esa pregunta sea valiosa. Coartar los discursos de odio en la Nueva Constitución. Y hablo de esto porque, si se deja pasar, hasta hoy harían gárgaras con la solidaridad y el amor. Un libro apócrifo del cristianismo narra que ángeles se acostaron con mujeres y engendraron gigantes; estos devoraban el trabajo de los campesinos y asustaban a las aves y bestias. Los ángeles revelaron a los hombres el trabajo del oro y la hechicería, a fabricar armas y afanarse en las raíces y hierbas, los presagios de las estrellas y a escribir con tinta y papiros, a abortar con mordeduras de una serpiente. Pero el libro que engaña con parábolas es demasiado fiel a los linajes para hablar de descendencias malditas, y aquellos hijos de padres celestiales perecieron en el diluvio. El texto de Enoc fue expulsado por los primeros patriarcas, solo la Iglesia Copta de Etiopía y Eritrea guarda en su canon la séptima descendencia de Adán. Me da la impresión de que recuperar la educación en el Proceso Constituyente tiene que ver con lo que hicieron estos ángeles rebeldes: democratizar el conocimiento, eternamente castigado por la Iglesia.

 

 


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NOTAS

[1] https://www.youtube.com/watch?v=pZ3WcpmI9dk
[2] https://interferencia.cl/articulos/el-desconocido-caso-del-ex-director-de-un-colegio-salesiano-imputado-por-abusos-sexuales
[3] https://www.youtube.com/watch?v=6MSQ3hoNBYI  

 

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Alejandro Godoy
. Doctorante en Arte por la Universidad de Strasbourg. Máster en estudios psicoanalíticos por la Universidad de París 8.



 

 

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