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Alejandro Lavquén:

“NO DEFIENDO LO INDEFENDIBLE”

Por Iván Quezada
Publicado en revista La Noche, junio 2012



 

 

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Fuimos a entrevistar a Alejandro Lavquén, escritor, en su librería de Providencia 1108, local 17, y bajo la atenta mirada de los clásicos de la literatura chilena desmenuzamos el presente, desde los líos políticos a los literarios, aunque siempre con un dejo de humor e ironía. Que juzguen los lectores.

* Siempre me gustó leer y por allí empezó mi afán de escribir. El año 1981 hice mi primera publicación, un cuadernillo a roneo titulado Canto a una década, que era un poema político con lo ocurrido en los diez últimos años. Entonces yo tenía 22. Seguí escribiendo, pero no publiqué nada hasta 1994, cuando saqué Atardeceres y alboradas. Era un libro de poemas con distintos temas, pero sin renunciar al tema político. Posteriormente realicé otras publicaciones de poemas, una de cuentos breves y empecé a trabajar como columnista en revista Punto Final, escribiendo especialmente de asuntos culturales y comentando libros.  

* La librería la puse el 2009, como un complemento de mi labor literaria. Ese mismo año saqué mi último libro, A buen paso atraviesa la noche, en Editorial Mosquito. De poemas también. En la librería vendo principalmente libros de editoriales chilenas, algunas pequeñas, y también algunos auto-editados, y obviamente literatura universal. Se trata de difundir la poesía, aunque sea de venta lenta. De hecho, uno no puede mantenerse con la literatura, de modo que necesitaba algo para sobrevivir: con la librería lo conseguí, con dificultades al principio, pero me permitió mantenerme en contacto con las letras.

* Respecto a la Sociedad de Escritores, ya es un capítulo cerrado. Todo cuanto tenía que decir está en mi Blog, en la página del G80 y en mis columnas. Soy socio de la Sech y, como tal, lo ético era denunciar las anomalías: las resoluciones de la Contraloría son de conocimiento público. La Sech sufre del mismo mal que todas las instituciones gremiales y sindicales, y que es generalizado en el país: en vez de desarrollarse e integrar a todos los afiliados, beneficia a un grupo pequeño: las directivas y sus cercanos. Soy comunista, aunque ahora no milito, y consideré necesario hacer la denuncia, aún en contra de mis correligionarios, que son los que administran la Sech. No tengo por qué defender lo indefendible. Los hechos son irrefutables.

* Pienso que la Sech podría sanearse integrando a todos los escritores de Chile y, mediante una asamblea constituyente de escritores, refundarse. Y esto a nivel de todo Chile. Se necesitan políticas de transparencia en la administración y las finanzas. En todo caso, la literatura no pasa por la comunidad literaria. La Sech no puede abrir o cerrar oportunidades para los autores, eso depende de cada uno. Pero es cierto que ella contribuye con jurados y evaluadores en distintas áreas, y si tenemos una Sech turbia es evidente que privilegiará a algunos grupos de poder. Hasta ahora ha habido una repartija de los recursos entre bambalinas.  

* Esto ocurre también en las universidades, en los centros culturales y en el Consejo de la Cultura. Es propio del sistema capitalista, incluso en las instituciones que se dicen manejadas por personas anticapitalistas: al final, terminan actuando de la misma manera.

* Lo peor es observar la pasividad de la gente frente al abuso. Es verdad que el 2011 salieron los estudiantes a la calle y ojalá esto se permee al resto de la sociedad. La gente debe manifestarse en contra de la derecha, que, desde siempre, es la causante de los grandes males de Chile. Ella conserva su esencia incólume, pero ahora, además, otras personas que eran progresistas se le sumaron, lo que empeoró las cosas. La izquierda, además, perdió su identidad, especialmente los que se llaman de izquierda dentro de la Concertación, pero también entre los que están fuera de ella. Lo cual se refleja en las organizaciones sociales dirigidas por seudoizquierdistas.  

* He sobrevivido a esta confusión trabajando. Con la librería y escribiendo en la revista Punto Final, y además estoy retomando dar clases particulares de álgebra. En cuanto a la literatura, no comparto en literatura la exposición de géneros: lo importante es el texto, da lo mismo quién lo escribe, si lo hace desde su opción sexual, su raza o su posición política. Creo que remarcar tanto la condición termina creando una discriminación, y no existe la discriminación positiva. La poesía es lo que es. No soy editor, aunque tengo una editorial virtual: Tinta Roja. Allí sacamos libros desaparecidos, que circularon un tiempo. En ella privilegiamos el contenido literario.

* El arte es político y es una herramienta social, pero también creo en la libertad de expresión y las personas tienen derecho a expresar sus ideas a través de los libros. La gente sabrá juzgar su valor. Sólo hay una salvedad: las ideologías que llaman a destruir a grupos diferentes, como el nazismo. Claro que no publicaría un libro neoliberal, hay otras editoriales para eso. Pero esos libros pueden ser rebatidos con otros libros. Estamos hablando en un plano de exposición de ideas.

* El hecho de comentar libros me ha permitido acercarme a los poetas jóvenes, creo que entre los nacidos en los años ‘80 hay varios buenos, pero sin la difusión necesaria. Por eso hice la página “Poetas Chilenos”, donde ya hay más de 340 autores incluidos, de todas las tendencias y generaciones. Eso sí, soy reticente a mezclarme con la comunidad literaria. Mi relación se reduce a la amistad con un grupo de escritores, con quienes intercambiamos ideas, con algunos siempre: Pavel Oyarzún, Isabel Gómez, Úrsula Starke, Cristina Chain, Karen Hermosilla, Patricio Manns, María Inés Zaldívar. Con otros de vez en cuando, cuando nos vemos, como, por ejemplo, con Ramón Díaz Eterovic, José Ángel Cuevas, Guillermo Riedemann, Raimundo Nenen, Rodrigo Urzúa, que además de ser muy buenos escritores, son muy buenas personas. 

* Uno puede escribir en cualquier género, sin distinción: poesía, cuento, novela, teatro, artículos, entrevistas, crónicas, etcétera. Sin embargo, se suele identificar al poeta como por encima de los prosistas, hasta el punto de que muchos de ellos trabajan la imagen de ser poeta antes de escribir poemas. Sobre todo en las últimas generaciones. Se celebra a los poetas, pero no se les lee.

* No sé si el Premio Nacional define calidades, nunca quedó claro si premia una obra o una trayectoria. El premio no debiera darse por una alternancia cada dos años, como se hace hoy, entre poeta y narrador. Creo que este año hay muchos candidatos, además de Óscar Hahn, que merecerían el premio. Mi candidato, en esta pasada, es Patricio Manns, sus cancioneros son libros de grandes poemas. José Ángel Cuevas también es candidato. En la generación nacida en los ’80 hay varios nombres importantes, como Úrsula Starke, Karen Hermosilla y Gladys González, que si continúan en su desarrollo actual debieran, en mi opinión, ser consideradas candidatos al premio en el futuro.



 

 

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Alejandro Lavquén: "No defiendo lo indefendible".
Por Iván Quezada
Publicado en revista La Noche, junio 2012