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Debbie Valenzuela, “Pandemic glam”, collage digital, 2020 (25)

“Lo que nos queda es lo que hacen los poetas”[1]:
sobre Encerrar y vigilar. Escrituras bajo amenaza, editado por Alberto Moreno y Samuel Ibarra (2020)

Por Carolina Benavente Morales




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El título de Encerrar y vigilar. Escrituras bajo amenaza[2],editado por Alberto Moreno y Samuel Ibarra y publicado como un pdf de descarga libre y gratuita, puede resultar engañoso respecto de su contenido. En efecto, a pesar de evocar un conocido libro de Michel Foucault, el volumen chileno no es de filosofía ni de historia, sino de poesía y, más aún, de arte y poesía. Dada la presencia de imágenes, la propia mención a “escrituras” resulta equívoca, pese a lo cual el subtítulo esclarece el tenor de la publicación. La impronta marcada y a la vez zigzagueante de esta edición permite atisbar que en ella se juega algo que escapa a la mera producción libresca, la que tiene no obstante su propio valor: porque captura en su momento la sensibilidad pandémica del año 2020; porque compila las propuestas en su mayoría inéditas de 80 autorxs —incluyendo a los editores, al prologuista Iván Torres Apablaza y al revisor de dos poemas traducidos Ramón Díaz Etérovic—; y porque cerca de la mitad de sus contribuciones son pinturas, dibujos, gráficas, textiles, un sello postal, fotografías (de acción, performance u objeto) y, en menor medida, hibridaciones en las cuales la poesía explota la visualidad o bien la visualidad recurre a textos. Pero, decía, la publicación de Moreno e Ibarra también resalta por algo más, que podría resumir como su carácter de dispositivo editorial orientado a crear comunidad por una vía estética y poética.

Lo anterior es crucial en un momento como el actual, que parece condensar todas las fracturas sociales anteriores y más. Encerrar y vigilar nace de la doble frustración que el confinamiento pandémico suscita en Chile, pues aquí el coronavirus vino a restringir no sólo la libertad de movimiento habitual, sino también la previa, masiva y efusiva salida al espacio público desencadenada con el estallido de octubre de 2019. Esta superposición queda muy bien expresada y a la vez conjurada por el collage digital de Debbie Valenzuela “Pandemic glam” (25), donde la combinación de símbolos de lucha y muerte sobre una vetusta pared de ladrillos es el trasfondo de la actividad de empujar un carro de supermercado abarrotado ocupando una máscara de gas. Con un suelo de adoquines, la atmósfera es vetusta, posiblemente porque la artista es de Valparaíso, y el contraste es fuerte entre esta obsolescencia, su tono sombrío, su énfasis apocalíptico, por una parte, y el colorido saturado de algunos elementos visuales, especialmente el de las frutas en el carro, por otra parte. La vestimenta de la mujer se funde con el tono marrón de los ladrillos, pero sigue la moda, lleva pantalones brillantes y ocupa tacones fucsias. De esta manera, se construye la imagen de una mujer de talante decidido, moderno, liberal, resiliente, vanguardista que responde en un sentido a estereotipos publicitarios y en otro los contraría, debido a la voluntad combativa sugerida, a la derecha, como punto de llegada del recorrido, por la pegatina de unx Primera Línea a punto de arrojar una piedra. Sin duda, esta mujer es una artista.

Existe una continuidad evidente entre la interrupción de los tránsitos que tuvo lugar en el período más álgido de la inacabada revuelta y la interrupción sanitaria iniciada cinco meses después. Sin embargo, ¿cómo ignorar que en el estallido no se buscaba impedir la circulación humana propiamente tal, sino la de los flujos productivos y el ahogo que estos nos provocaban? Y, por lo mismo, ¿cómo no sospechar del encierro pandémico, cuando, a pesar de su perfecta lógica sanitaria, es patente su continuidad con nuestra gradual reclusión en condominios all inclusive -reales o aspiracionales- donde la televisión e Internet se convirtieron en las formas privilegiadas de contacto con el exterior? Somos presa de una revolución digital de signo neoliberal que, de manera imbricada al ardid del confort moderno, fomenta el temor al otro, rentabilizando como nunca durante la pandemia el gigantesco negocio de las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft). Y, a la vez, esta misma revolución tecno-capitalista introduce en nuestros hogares una televigilancia eficaz, basada en pantallas que no simplemente nos miran al mirarlas, sino donde también nos miramos mirándonos, seducidos como Narciso ante su propio reflejo en un estanque de cristal líquido que lo va sumiendo en una desmaterializada realidad.

Ante esta situación, Encerrar y vigilar no se entrega como un objeto meramente diagnóstico, testimonial, expresivo o imaginativo, sino también como una acción reparadora, subsanadora, que se efectúa mediante la misma práctica editorial. En una entrevista de Aldo Alcota, los compiladores explican que la idea inicial era invitar a teorizar, como en el libro de Giorgio Agamben y otros Sopa de Wuhan, lo cual, enhorabuena, se convirtió en una invitación a poetizar. Aquella idea teórica inicial permanece como huella en el título y poca duda cabe acerca de su conexión con el artículo de Paul B. Preciado “Aprendiendo del virus”. Este fue incluido en Sopa de Wuhan tras una primera publicación en El País y presentado con el título “Encerrar y vigilar”, justamente, por la plataforma argentina Lavaca. Ahora bien, en su texto, Preciado llama a lo siguiente:

Debemos reapropiarnos críticamente de las técnicas de biopolíticas y de sus dispositivos farmacopornográficos. En primer lugar, es imperativo cambiar la relación de nuestros cuerpos con las máquinas de biovigilancia y biocontrol: estos no son simplemente dispositivos de comunicación. Tenemos que aprender colectivamente a alterarlos. Pero también es preciso desalinearnos. Los Gobiernos llaman al encierro y al teletrabajo. Nosotros sabemos que llaman a la descolectivización y al telecontrol. Utilicemos el tiempo y la fuerza del encierro para estudiar las tradiciones de lucha y resistencia minoritarias que nos han ayudado a sobrevivir hasta aquí. Apaguemos los móviles, desconectemos Internet. Hagamos el gran blackout frente a los satélites que nos vigilan e imaginemos juntos en la revolución que viene.

Quizás esta idea no esté del todo ausente de las perspectivas de Moreno e Ibarra, quienes, no obstante, no llaman precisamente al estudio ni a desconectarse de Internet. Más bien, por medio de su libro, se dan la oportunidad de componer y proponer una conexión “a experiencias sensibles más honestas y más próximas a lo que yo estaba sintiendo por esos días”, explica Samuel Ibarra. Aquellos días los recordamos porque son recientes y a pesar de la vacunación no han acabado del todo. Eran días donde la tristeza, la angustia, la rabia se mezclaban con el frío, el hambre, la soledad, la enfermedad y la incertidumbre respecto de nuestro destino; un aquí y ahora “donde caben todas las fosas de ayer / cuando es de noche en el mundo / y tu noche y la mía son la misma tierra de nadie”, escribe Micaela Paredes en Encerrar y vigilar (19). De este modo, a pesar de su ímpetu foucaultiano, el volumen captura un momento único del sentir, antes que del pensar. Mi afán no es obviar que estas dimensiones se entrelazan en lo que algunos llaman el "sentipensar", vocablo que Samuel Ibarra trae a colación, sino subrayar el aire distinto que conlleva aquel desplazamiento poético y estético. En el clima emotivo que el libro desprende de poema en poema, de imagen en imagen, de hoja en hoja digital se teje una trama rebosante de afectos cuyo cemento es la amistad de los compiladores con todos y cada uno de los colaboradores.

Como plantea Bifo en La segunda venida, publicado inmediatamente antes de que “todo” ocurriera y donde se interesa más bien por el fenómeno trumpista, el incesante flujo informativo al cual nos vemos expuesto nos deja tambaleantes, incapaces de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor: “hoy todo intento de gobernar el caos parece condenado al fracaso, ya que la estimulación infonerviosa se ha intensificado más allá de los límites del pensamiento consciente” (11). Pero, además, ¿acaso, de algún modo, no sabemos demasiado bien lo que pasa? ¿Son necesarios más enfoques acerca de la revuelta social aún en curso o la pandemia coronaviral? Sí, respondería el italiano defensor de la interpretación crítica y la filosofía, pese a lo cual toma un camino que implícitamente señala otra vía. Es que, paradójicamente, las razones de la catástrofe económica, política, social, cultural, sanitaria y ecológica en curso son misteriosas y a la vez de sobra conocidas, aunque ante todo parecen ser insuficientes y poco oportunas: “no hay teoría ni método que se sostenga en pie; ciencia, religión y política quedaron relegadas a meras observancias ante el avance fulminante del nuevo apocalipsis”, plantea Alberto Moreno (9), quien coincide con el Bifo de La segunda venida en cuanto a la metáfora apocalíptica porque nuestro air du temps distópico está henchido de ella.

En estas circunstancias, la mera teoría podría indicar una sujeción a la economía del conocimiento para seguir transformando conceptos en mercancías de alto valor, lustrosos diamantes abstractos, etiquetas adosadas como gemas a tal o cual perfil intelectual o académico, pese a lo cual las teorías no son el problema; sólo lo son si se transforman en etiquetas despojadas de todo vaho estético-poético o si desalojan del mundo el asombro que mueve a su acoplamiento, pues no basta saber algo de lo que sea para tener la voluntad de transformarlo ni mucho menos de transformarse a sí mismo en consonancia con él[3]. El arte y la poesía presentan la ventaja de diluir, dilatar o dispersar los conceptos duros o frutos de la mera cognición (si es que esta es posible) en sensaciones que instauran una ambigüedad y mueven a la acción, porque expresan la afección, o bien de esquivarlos o vadearlos para sumirnos en el no menos con/movedor halo de un pathos siempre impuro, siempre impregnado de situaciones concretas. Por medio de sus poemas, pinturas, gráficas, fotografías, ensayos poéticos y aforismos, les autores congregados en Encerrar y vigilar recorren un amplio abanico de posibilidades existentes entre crítica, estética y poética, entre arte, poesía y política. Antes que la desconexión literal propuesta por Paul B. Preciado, parecen querer combatir las atmósferas existenciales colonizadas por las plataformas y las redes digitales compartiendo vivencias que re/suscitan nuestra común inmersión primordial en el mundo y la sociedad: “Poder, capital y política configuran el espacio como un proceso de intervenciones sociales focalizadas sobre puntos estratégicos; es decir, el espacio no existe, se construye políticamente”, escribe junto a la fotografía de una instalación el artista visual Víctor Hugo Bravo (172).

 


Víctor Hugo Bravo, “Una nueva dimensión de ti”, instalación y texto, 2020 (172).

Siguiendo a Bifo, el momento actual requiere desarrollar otras herramientas para impedir la amenaza de una completa aniquilación que sobre nosotros se cierne. De La segunda venida tomo dos hebras, la amistad y los memes, a las cuales sumo una tercera, estético-poética, para hallar a los pocos días que el siguiente y pandémico libro de Bifo se titula, precisamente, Respirare. Caos y poesía[4]. En cuanto a la amistad, plantea Bifo, es lo que permite reconstruir algo así como una comunidad, en base a la solidaridad. Al combatir el odio que el fascismo exacerba contra el otro y el sí mismo, es el cemento de cualquier posible supervivencia. La amistad no se basa en nada predeterminado, no se basa en ninguna verdad, sino que, dice Bifo basándose en Deleuze y Guattari, “es la posibilidad de crear un camino común en el curso del tiempo” (La segunda venida, 107). Más que proponer hacer amistad, Encerrar y vigilar la lleva a la práctica como decisión editorial, tal como el dúo filosófico lo hizo como decisión autoral al escribir el Antiedipo a cuatro manos. Por eso, a pesar de no experimentar en las autorías colaborativas, el libro de Moreno e Ibarra no da un simple paso más en la dirección amistosa y solidaria, sino más bien el equivalente a las siete leguas recorridas por Pulgarcito al enfundarse las botas mágicas.

Una enemiga poderosa e implacable recorre Chile: es la poesía. Enemiga del cálculo que abstrae, secciona y estratifica, la poesía expresa la inmersión en y con el mundo, en y con el otro y lo otro, en cuanto lo reconocemos palpitando dentro de nosotros. También es una producción social y un campo cultural cruzado por sus propios macro y microfascismos, pero, como “condición existencial” (Bifo, Respirare, 43), permite confrontar “el retorno del cuerpo descerebrado, distanciado de la razón universal y de la empatía corpórea” (52). Destaca en Encerrar y vigilar la voluntad no de erigir un monumento a la creación ni tampoco de consagrar o autoconsagrar a un individuo, un grupo o una generación, sino de perfilarla como posibilidad diversa y expansiva en torno a circunstancias vitales y mortales compartidas, diferentemente experienciadas, problematizadas y enfrentadas. La multiplicidad de las voces congregadas en sí conmueve, porque destila un hilo de vivencias y emociones que se encuentran y abrazan a lo largo de las páginas, de manera semejante a la astucia evocada por Gabriela Contreras: “cuando hay distancia / nos volvemos humo / dibujamos poemas en el cielo / que solo nosotras sabemos leer” (155). Y si bien este encuentro no se produce de motu propio, quién podría asegurar que la amistad común con los compiladores no funciona como un subrepticio y fundamental imán atractor de sujetxs que se mantienen flotando y respirando cerca unxs de las otrxs, en proximidad, en afinidad, en empatía. Para Bifo, la poesía es vital porque hemos llegado a un umbral:

Este umbral es el punto en el que se verifica lo que Gregory Bateson llama esquimogénesis. No es una revolución, ni un nuevo orden político, sino la emergencia de un nuevo organismo que se separa del organismo viejo, que respira con un nuevo ritmo. Para que este proceso esquimogenético pueda desarrollarse del modo menos doloroso y, sobre todo, de manera consciente, es imprescindible un trabajo de elaboración colectiva que tiene lugar a través de signos, gestos lingüísticos, propuestas subliminales y convergencias subconscientes. Es precisamente el campo para la poesía, porque esa actividad modela nuevos dispositivos de sensibilidad, y nuevos ritmos respiratorios (Respirare, 13).

Por eso, al presentar este libro, recalco la sensibilidad y también la generosidad de sus compiladores: generosidad para señalar que existe un camino por hacer juntxs al andar; generosidad para publicar un poemario impregnado de las hablas plurales de Chile cuando el país ha caído a un abismo de individualidad falsa, fractal, tristemente libre, impotente ante el “determinismo del código”, plantea Bifo en Respirare (60); generosidad para recordar que “el deseo de armar un cuerpo de palabras (...) partió en el adiós de Luis Sepúlveda”, escribe Samuel Ibarra (11-12); generosidad para infiltrar la voz de dos poetas chinos, uno de ellos, Youzi Xuesong (196), escribiendo su propio epitafio al saber que moriría de la terrible enfermedad, en momentos en que el fascismo metropolitano señala con un dedo acusador e inculpador a quien tenga esa nacionalidad; generosidad para integrar al artista costarricense Marton Robinson (131), cuya silueta de niña negra con rulos amasados evoca ambiguamente la corona del virus mortal, hundiendo el dedo en la llaga racista y racial de nuestras sociedades marcadas por la colonialidad del poder de formas poco advertidas y mucho menos asumidas.

 


Marton Robinson, Serie Pecaditos negros, “Sin nombre”, Monotipia sobre papel, 2009 (131)

 

Estas operaciones editoriales tienen por efecto un descentramiento respecto de sí misma de la mal llamada poesía “chilena”, como ocurre con la poesía de las comunas privilegiadas del país al integrarse poesía poblacional, con la poesía de la capital al textos de regiones, con la poesía adulta al integrarse a poetas de distintas generaciones, con la poesía occidental al incorporar voces mapurbanas, con la poesía heterosexual al inmiscuir hablas LGBTIQ+, con la poesía masculina al darse tribuna a numerosas mujeres cuya (histórica) “mudez se llama Chile” (Roxana Miranda, 108) y, por supuesto, con la misma poesía nacional al infiltrar a creadores extranjerxs desde una postura internacionalista. Y, en ese movimiento, sobresale el propio descentramiento de la poesía verbal al incluirse las poéticas no tan solo de la poesía visual, sino también de las artes plásticas, gráficas, textiles y performativas; cruce multi/inter/transdisciplinar todavía poco frecuente en nuestro país, pero que bien da cuenta de la unidad poética, sensible, afectiva y creativa que hoy las plataformas virtuales intentan calcar sobre el mundo y que se trata de potenciar para recuperar el mundo.

Si, de acuerdo con Bifo, el desafío es hallar memes que contribuyan a desenmarañar los mitos que sostienen la sociedad-red, desatando en ella lo imprevisto, tal vez vislumbremos en este compendio más de uno. Y estos quizás puedan sumarse al “destruir en nuestro corazón la lógica del sistema” de José Ángel Cuevas, proyectado el año pasado en Plaza de la Dignidad por el Colectivo Delight Lab - que en este libro colabora con el meme artístico-poético “Hambre” (53)-. Es que, curiosamente, "dinero y lenguaje tienen algo en común, son nada y, sin embargo, mueven todo” (Bifo, Respirare, 32). Tuvimos con el estallido nuestra explosión de creatividad que no ha finalizado: una y otra vez, oportunamente se ha vuelto a gatillar, sobre todo en los puentes que se establecen entre poesía verbal, poesía visual y performance, como lo hace Encerrar y vigilar. Pues este libro no se limita a aprovechar el soporte digital por falta de recursos - lo cual también es cierto-, sino que evidencia una inquietud incipiente, pero resuelta, por el tipo de enmarañamiento semiótico que sostiene al meme, en tanto “unidad de significación [y memorización] encarnada en un signo, en una palabra, en una imagen, en un gesto” (Bifo, La segunda venida, 99) - o la mayor parte de las veces en todos ellos a la vez.

Sin embargo, Encerrar y vigilar nos hace ver que la recordación y la propagación debiesen tener una base no únicamente crítica y estética, en el sentido de combinar los signos de palabra, imagen y gesto para cortocircuitar las hegemonías culturales que reproducimos una y otra vez. Esta base también necesita ser poética - verbal, visual, musical, gestual, etc.-, pues esta es la mejor forma de enturbiar la superficie del estanque de cristal líquido para que, en sus meandros, veamos aparecer la mirada de les otros, así como el mundo otro que anida en nosotros: “el arte es la más alta esperanza / un extraordinario acelerador / de la conciencia / convierte lo invisible / provoca sensaciones / reúne a las personas / congrega en un mundo cada vez / más solitario”, escribe Leo Lobos (173). Ante el duro momento que vivimos a lo largo y ancho del planeta, pero también ante el malestar y la esperanza del Chile despierto, un dispositivo editorial como Encerrar y vigilar no sólo tiene la virtud de abrir un espacio para afectar y dejarse afectar, sino también de convocar la afección compartida como primer destino de cualquier futuro eventual.



Ana María Briede, “Memoria Nueva”, poema visual, 2020 (154)

 

 

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Notas


Hölderlin citado por Bifo en Respirare (23).

Cuando no indico otra cosa, las citas de distintos autores refieren a este libro.

Me perturba ver, dos día después de escribir esto, una nueva campaña eco-friendly de la línea aérea Latam que dice “hoy decidimos no sólo movernos POR el mundo; también movernos CON el mundo”, pues de esto trata lo que quiero decir.

Aunque este libro, inspirado por la pandemia, la crisis ambiental, el sofocamiento neoliberal, la determinación algorítmica y el asesinato de George Floyd, fue publicado en castellano antes que La segunda venida.


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Referencias

-Agamben, Giorgio et al. Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. Buenos Aires: ASPO, 2020. Disponible en:
http://iips.usac.edu.gt/wp-content/uploads/2020/03/Sopa-de-Wuhan-ASPO.pdf

-Alcota, Aldo. Encerrar y vigilar. Entrevista a Alberto Moreno y Samuel Ibarra. Canibaal,  la disciplina de lo asombroso (sitio web). 6 de marzo de 2021. Disponible en
https://www.canibaal.es/encerrar-y-vigilar-entrevista-a-alberto-moreno-y-samuel-ibarra-por-aldo-alcota/

-Bifo, Franco Berardi alias. La segunda venida. Neorreaccionarios, guerra civil global y el día después del Apocalipsis (2019). Buenos Aires: Caja Negra, 2021.

-Bifo, Franco Berardi alias. Respirare. Caos y poesía. Buenos Aires: Prometeo, 2020. publica.la,
https://prometeo.publica.la/reader/978-987-8331-41-6-respirare-interior?

-Moreno, Alberto y Samuel Ibarra, sel., ed. y notas. Encerrar y vigilar. Escrituras bajo amenaza. Santiago: Lakúma-Pusáki / Marciano, 2020. Disponible en: https://www.poesias.cl/encerrar_y_vigilar.htm

-Preciado, Paul. Encerrar y vigilar: Paul Preciado y la gestión de las epidemias como un reflejo de la soberanía política. Lavaca (sitio web). Buenos Aires, 29 de marzo de 2020. Disponible en:
https://lavaca.org/notas/encerrar-y-vigilar-paul-preciado-y-la-gestion-de-las-epidemias-como-un-reflejo-de-la-soberania-politica/

-Preciado, Paul B. Aprendiendo del virus. El País (sitio web). 28 de marzo de 2020. Disponible en:
https://elpais.com/elpais/2020/03/27/opinion/1585316952_026489.html


 



 

 

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