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Sobre sistemas de control, biopolítica y performance.
Entrevista con Samuel Ibarra, artista visual.

Por Alberto Moreno
Editor Simpson7



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Hace unos días se informaba que las penas para quienes falten a alguna norma de la cuarentena serán de hasta cinco años de cárcel, y el nuevo ministro de salud dice que se evalúa usar los GPS de los teléfonos, para controlar el movimiento de las personas. Nos dicen que todas estas normas y restricciones son necesarias para cuidar a la población ¿cómo lo ves?
—Hemos ingresado a un tiempo donde el miedo y la confusión informacional han interferido en el acatamiento de las normas sanitarias. Hay cierto segmento de la ciudadanía que no obedece las sugerencias, muchos no toman peso a la situación, hay otros que no pueden por lo precario de su economía, hay otros que tal vez no les interesa nada. Te soy franco, creo que hay un individualismo tan instalado en ciertos grupos que nada ni nadie hará que obedezcan las normas sanitarias. La solución a este problema epidemiológico depende de una conducción segura y clara por parte de las autoridades, y por otra, la concienciación de actuar colectivamente para frenar contagios. Ni una y otra cosa ocurre. Hay un suma lamentable entre individualismo y falta de credibilidad del gobierno; vacilante y más preocupado de no malograr la macroeconomía, el terreno donde juega toda su idoneidad.

El periodismo es una parte de tu formación profesional: ¿Qué visión tienes de la prensa actual? porque se ve una inclinación al populismo bastante brutal en tv y prensa, a no cuestionar al poder del gobierno en el manejo de la crisis sanitaria.
—Claro, no cuestionaran porque la prensa de mayor llegada está aliada a los grandes capitales y en sintonía de la opción gubernamental, que es de cuidar y proteger la estabilidad económica de las elites. Es un guion perfectamente digitado desde las altas esferas del poder, que tiene por fin contener la presión social, mediante un asistencialismo muy pero muy precario. La entrega de alimentos de primera necesidad se hace pasar como operación humanitaria espectacular, sabiendo que es apenas un paliativo de mediana escala. Las grandes políticas económicas de emergencia no se han tomado; congelación de precios, prohibición de despidos o bonos contundentes para la clase media y los sectores más carenciados etc., etc. La prensa tiene ahí un lugar central, generar un clima de saturación de noticias donde el eje es desencadenar un “sálvense quien pueda”, sin hacer evidente la dimensión social de esta catástrofe.

Se hace creer que la culpa de los contagios es de personas indolentes y no de la planificación fallida y llena de improvisación esbozada con torpeza por las autoridades. Periodistas salen a perseguir marginales y vagabundos de la noche y a fiscalizar el por qué no usan mascarillas, pero no abordan de forma seria las razones de porqué a nivel central no se activan pronto medidas económicas decisivas.

En tu trabajo siempre estás viajando por las regiones y las comunas populares, ¿cómo has visto la respuesta de las personas y las organizaciones barriales o de base? por ejemplo la solidaridad, han regresado las ollas comunes, pero el Estado las prohíbe, porque no debe haber cercanía, sino distancia… 
—Si, me toca viajar constantemente por el país, recibo invitaciones de grupos culturales, centros, instituciones etc. Me toca conversar con poetas y artistas de regiones, público interesado en cultura etc. Allí en esos espacios siempre veo mucha solidaridad, una manera muy distinta de relacionarse en torno a lo comunitario, desde la cultura. He sabido que en algunas regiones hay ya iniciativas de apoyo.

El pueblo chileno tiene una solidaridad a flor de piel que renace rápidamente en cualquier momento de gran dificultad. Así está en Temuco por ejemplo hoy, donde he realizado varias performances. También en la Región Metropolitana han reaparecido esas prácticas como los comedores populares y las ollas comunes. Tenemos una cultura del apoyo muto, que nuestro pueblo el pueblo pobre maneja muy bien, y sabe afrontar emergencias de manera compacta. Es un conocimiento y una práctica que de seguro deja perplejos al mundo de la Derecha, que de comunitarismo no tiene idea.

Eres un artista conocido por tus performances, donde permanentemente cuestionas el sistema y el orden imperante, desde ahí, qué puedes decirnos sobre este tiempo…
—Es un tiempo tenso porque lo que está en juego es la idea de infalibilidad de este sistema económico y cultural del gran capital. El neoliberalismo mundial está en entredicho, porque ha demostrado no tener vocación real de la vida y la salud. La revuelta de octubre nos mostró la ficcionalidad de nuestro mentado desarrollo. Sabíamos hace años que el milagro chileno era una estafa. El escenario Covid ha puesto un duro dramatismo a esa constatación. No sólo este modelo nos llena de deudas y penurias sino también ahora amenaza nuestra vida directa, porque demuestra sin ambages que la integralidad de la vida no es prioridad en el mercado.

Deberemos volver a los afectos colectivos, al apoyo entre los comunes, a unas solidaridad plebeya, contenedora, lúcida y organizada. Yo modestamente, desde mi práctica artística y performática siempre he acusado al modelo que nos rige de ser el desarticulador de lo social y cultural del país, porque en ese descampado simbólico y valórico que propala, hace imposible la idea de un vivir juntos, sin desatar un inclemente darwinismo social. Sigo trabajando culturalmente contra el Modelo, intentando desactivar críticamente sus simbólicas totalitarias y enajenantes.

Junio 28, 2020.



 

 

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Sobre sistemas de control, biopolítica y performance.
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