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A PATÁ EN LA RAJA Y SIN LLORAR
MANIFIESTO FEMINISTA

Alejandra Moya Díaz



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“Pienso que cada tiempo cubre su etapa y nosotras, que vivimos de lo que otras y otros nos
consiguieron, tenemos que cubrir la nuestra. Tenemos por delante el reto general de la paridad que
implica resolver varios desafíos parciales”
Amelia Valcárcel

 

Hace algunos años, personalmente no hacía causa con el feminismo, de partida esa palabra me molestaba, sin dotar de significado correcto, según mi parecer en ese entonces, el concepto al que según hacían referencia; me pasaba también esto de sentir que los débiles se agrupan, y yo no quería ser débil, teniendo en cuenta que crecí en el campo, con hermanos varones, bajo una cultura patriarcal, “a patá´ en la raja y sin llorar crecí, nada de andar zapeando, ni hacerme la niñita”, aprendí a habitar el campo del hombre, sin sentirme menos, sino igual, con mis diferencias femeninas, sin tomar consciencia que, la violencia de genero está hasta en los actos más sutiles de la comunicación, obviando las dificultades paradojales en que me encontraba por el hecho de “ser mujer”. Así fue que como dicen, “si no puedes contra ellos, únete”, me convertí en un hombre, riéndome de sus bromas sexistas y compartiendo intereses preferentes de su grupo, aprendí a mezclarme en su cultura, de las mujeres supe poco, la menstruación me llegó vieja y sin dolor, a pintarme aprendí tarde, por razones más bien de encaje laboral y sociocultural, así como la primera vez que tuve sexo yo misma compré condones y se lo propuse a mi novio, algo poco habitual en esa época, aun así, seguía tropezando con los atavíos de una sexualidad truncada, cual patito feo en bandada de cisnes que despliegan sus cuellos y plumajes sin dificultad. Luego fui psicóloga, estudie el psicoanálisis y me entró fuerte en la mente la idea de la carencia en la figura del falo, entendiendo que por más que intentara ser como ellos, no lo sería, que soy mujer y tengo sobre mis hombros el peso del sexo, cultura e historia, es decir, “sigo siendo mina”.

Respecto a las teorías queer, las cosas me quedan más claras ahora, recuerdo desde mi infancia que siempre anhelé mear de pie, mis novios y la sociedad en general me tildó tantas veces de lesbiana o feminista, viendo en mis conductas masculinas que algo salía del estereotipo de fémina. No podía ser de otro modo, morena de campo crecí, animal de rulos maulinos que poco a poco comprende la lucha de la mujer en el mundo por hacerse partícipe, reconociendo tristemente, mi colaboración como cómplice y victimario, además de mi posición de víctima de ese machismo; “el problema está en la victimización de la mujer”, solía decir, teniendo en cuenta que cuando no me hice víctima, me intentaron violar, ¿Cuántas veces por ser simpática no me intentaron ultrajar, abusar, tocar o pasarse para la punta como dicen?, como tantos viajes por Chile, mochila en hombro en los que ingenua me embarqué y de los que por suerte libré, no como siempre se pueda contar, “y que la mujer es puta y el hombre es promiscuo”, alzó la voz una mujer violentada en mismos términos.

Y así nos vamos, podríamos pasar toda una tarde botando dolor... Una vez me ofrecieron el trabajo de masajista sensitiva cuando trabajaba en venta de agua mineral en la calle y ahora pienso, cuantas niñas no caerían en la prostitución con este tipo de sujetos, otra vez, 300 mil pesos por sexo trabajando de garzona a los 17 años, así como en una ocasión, la solicitud directa de que por llevarme un camionero debía hacerle una “chupaita”, y así, sin contar sobre el machismo en la literatura y el intento de violación que sufrí por un pseudo-poeta. Porque hay algo que no se puede negar, y es que el sexo está enfermo, chilenos de ano apretados somos, violentos por defecto, cultura mestiza que no había sido capaz de reconocer sus orígenes, ni apoyar en reclamar por la tierra de nuestros pueblos originarios hasta hoy.

Agradezco a la vida por todas las personas hermosas que han aparecido en mi camino últimamente, agradezco el empuje y la ayuda que entre todos vamos forjando por hacer un mundo mejor, porque esto está recién comenzando y es un cambio paradigmático, un choque a las creencias y un empuje a la fuerza de la resistencia forjada en siglos de abusos de todo tipo.

Me hago feminista porque es un acto de fe en el progreso de la cultura y de sociedades con equidad, porque somos más débiles históricamente y el primer paso es reconocerlo, creo que eso de a poco nos irá haciendo grandes.



 

 

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A PATÁ EN LA RAJA Y SIN LLORAR.
Manifiesto Feminista.
Alejandra Moya Díaz