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Ana Rosa Bustamante | Autores |

 








CAMILLE (1886-1943)

MYRIAM ITURRA AMPUERO


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Nos encontramos aquí para conocer un libro que hay que leer, adentrarse en sus versos y encontrarse con estas dos mujeres que a veces nos parecen una sola: la escultora Camille Claudel y la poeta Ana Rosa Bustamante. Hay palabras claves entre versos. Hitos que van marcando el camino de la vida y la obra de Camille, ellos nos  ayudan a comprender el silencio, el vacío, el abismo, la mutilación y la muerte que rondó desde su juventud hasta el final de sus días, a esta escultora que muy pocas veces obtuvo reconocimiento a su magnífica obra.

Camille Claudel nace en Villeneuve-sur-Fère-en-Tardenois, Picardía, Francia, en 1864  y muere en Montdevergues, Montfavet, Vau-cluse, Provenza-Alpes-Costa Azul, Francia, en  1943, a los 79 años de edad.  Tiene una vida tan dramática como fascinante. Hermana del poeta Paul (Pol) Claudel, Camille mostró desde pequeña vocación por la escultura, su primer contacto con el arte se produjo en el lugar donde nació y pasó su adolescencia,  en Villeneuve-sur-Fère, localidad que ella recuerda con nostalgia desde su encierro: «¡Qué alegría si yo pudiera encontrarme en Villeneuve! ¡Tan bonita Villeneuve que no hay nada parecido sobre la tierra! (…) En Villeneuve, la belleza se respira, se ve, se siente, se toca…»   (Carta de Camille a su hermano, 1927).

En 1881 quedó bajo la instrucción del escultor Alfred Boucher, en Paris, ya que la Escuela de Bellas Artes no admitía mujeres antes de 1896.  En 1882, Boucher gana el premio de Roma y se va a Italia; el taller pasa a ser dirigido por Auguste Rodin, el escultor más importante de la época.  Camille conoció a Auguste Rodin (Ogüest Rodan) en 1883, a los 19 años; lo deslumbró con su talento, desde el  momento en que éste comienza a supervisar su trabajo, y se enamora de él, al poco tiempo de conocerlo. Discípula y colaboradora en sus obras, a veces musa otras veces modelo y sobre todo, escultora, de la misma talla del maestro y amante.  Rodin es considerado padre de la escultura moderna, debido a su ruptura con el canon académico, imperante en el siglo XIX, en Francia. 

Las fotografías nos muestran una mujer de deslumbrantes ojos verde-azul con aura dorada y una infinita tristeza. Su hermano Paul la describe así: "Una frente espléndida sobre unos magníficos ojos de un azul tan extraño que difícilmente se encuentra fuera de las portadas de las novelas".

El poema que abre el libro de Ana Rosa, es impresionante y contiene todas las señales acerca del libro mismo y de la vida, pasión y muerte de Camille. Hay dos referencias en el poema que quiero destacar: Cuando sea un árbol…  que me llevó a la imagen de El árbol viejo de Rodin y la mención de Clotho a que nos referiremos más adelante.

Ella sería la inspiradora de sus obras más sensuales. Pero éste tenía una amante eterna: Rose Beuret (1844 – 1917), a la que conoció en Paris, cuando ella tenía 20 años y él 24. Con ella tuvo un hijo no reconocido.  Rose fue colaboradora, musa, escultora y amante desde que lo conoció, luego terminó aplastada bajo el rol de dueña de casa, como enfermera y cocinera. En principio él se avergonzaba de compartir su vida social con una costurera analfabeta. Rodin tuvo en su vida muchas amantes ocasionales, pero se casó con Rose al final de sus días, después de 53 años de convivencia, en enero de 1917, 16 días antes de la muerte de ella, y él le sigue en noviembre del mismo año.

Camille fue una aprendiz aventajada, por lo que Rodin le permitió participar en muchas de sus grandes esculturas. Aunque, se mostraba temeroso de su personalidad y talento arrasadores, por eso él intentaba controlar su protagonismo en el taller.  Dos años después de conocerlo, pasó a ser su ayudante en el estudio. Rodin se comportó con Camille como un déspota capaz de infringir los peores desprecios y vejaciones.  Cuando ella quedó embarazada, en 1892, la obligó a abortar; posteriormente esa pérdida la obsesionaría, esculpiendo cabezas de infantes y destruyendo las obras.

En 1886 Rodin le escribe: "Te beso las manos amiga mía, tú que me das tan profundos y ardientes goces, a tu lado, mi alma existe con fuerza y, en su furor amoroso, tu respeto siempre está por encima. El respeto que tengo por tu carácter, por ti mi Camille es una causa de mi violenta pasión. No me trates despiadadamente…  te pido tan poco. (…) hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente, siento tu terrible poder. ¡Ten piedad, malvada! Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario, la locura atroz”.  Era su imaginación, la musa imprescindible.

En ese mismo año 1886 él crea la escultura Amor fugitivo donde el hombre sostiene a la mujer como áncora, y ella huye, como escurriéndose, arrastrada por el viento y se dibuja un arabesco de brazos y piernas, unos miembros furiosos y otros muertos.

En 1888 Camille realiza una de sus mejores obras: Sakountala (en mármol blanco). Está basada en un drama indio escrito por Kalidasa, y representa al rey Dusyanta de rodillas pidiéndole perdón a su amante, la bella y pura Sakountala; por no haber cumplido su promesa de reconocerla a ella y a su hijo. La pieza forma una unidad sólida y firme, de gran cohesión y sencillez plástica. Recibe también el nombre de Vertumno y Pomona.

Características de ambos escultores, a tener presentes: la repetición de las obras, en diferentes versiones y materialidad, con varios nombres distintos para una misma obra, la técnica de ensamblado de dos o más obras de diferente origen y les pas de deux (pa d du) u obras paralelas.

El hecho de sentirse poco valorada, fue minando su relación. En 1893, después de 10 años, de ser ayudante en el taller, sin recibir jamás un pago de su parte. Musa y amante, compartiendo una intensa creatividad, aunque él entre aplausos y ella entre silencios; luego de percatarse que su amor nunca sería correspondido, de la forma que ella esperaba, Camille decidió terminar con Rodin, para dedicarse por entero a su obra; y lo hizo de manera progresiva, terminando definitivamente toda relación, en 1898. 

Camille llegó a escribir: "En el fondo, todo eso surge del cerebro diabólico de Rodin. Tenía una sola obsesión: que, una vez muerto, yo progresara como artista y lo superara; necesitaba creer que, después de muerto, seguiría teniéndome entre sus garras igual que hizo en vida". 

Entre Moiras, siguiendo el pulso del destino, ahogado el grito que no encuentra salida, que nadie escucha: “la muda quietud de mi herida” termina diciendo el primer poema. 

“Desde entonces, en mi casa estoy mirando los gestos errando sin saber a dónde ir.” Dice el 2° poema.  Desde entonces, desde que morí y sigo estando viva…Nada es lo que era, pero lo que era, no era del todo suficiente… en fin.  Está viva, sin embargo mutilada, con sus sueños deshilachados.

Clotho la hilandera de las hebras de la vida humana, era la más joven de las tres Moiras griegas, hijas de Zeus y Temis, representan la oscuridad del destino o fatum, eran las mismas Parcas romanas o Fatas celtas, ellas nos obligan a pensar que el destino de la vida, es siempre la muerte. Aunque Clotho era la más joven, Camille la representó con los rasgos de una vieja atrapada por su cabello como entre redes que pesan sobre su cabeza, con toda la fuerza del destino que parece paralizarla, reflejo de un alma atormentada. Su par es La Bella Armera de Rodin, fiel expresión de la vejez  con su carne marchita y su fealdad. 

En 1895, Camille termina El Vals, una escultura en bronce de la que logra arrancar un dinamismo sorprendente. Se dice que Debussy tuvo siempre encima de su piano una reproducción de esta obra. Tras la ruptura con Rodin, la escultora parece haber iniciado una relación sentimental, con el genio de la música Claude Debussy, que por razones similares, también terminó en fracaso. En 1899 Debussy estaba casado con Rosalie Texier, a la que abandonó cinco años después para unirse a la cantante Emma Bardac, de la que no se separaría hasta su muerte. Debussy no apostó por Camille más allá de la siesta del fauno, (como es el título de un proyecto sinfónico suyo, que se quedó sólo en el preludio, inspirado en el poema de Mallarmé, del mismo nombre).

Rodin y Debussy, dos genios que se sirvieron de Camille brutalmente, en todos los sentidos, cuando la verdad es que tenía tanto genio como ellos, digna de ser tratada como igual, y como tal, valorada.

 “La edad madura” (1902) obra firmada poco después de su traumática separación, representa a un hombre que avanza hacia la vejez, tirado por un ángel de la muerte, representado por una mujer vieja, tipo bruja, dejando atrás a una joven que le suplica de rodillas que no se vaya.

Así Camille inició su carrera en solitario, lejos de su maestro.  Su situación económica se complicó y, al poco tiempo, empezaron a aflorar muestras de problemas mentales. Se encerró en un piso de la calle Bourbon de París, donde vivía rodeada de gatos y gritaba a todas horas. Se volvió paranoica y empezó a destruir su propia obra.  En diciembre de 1905 se organizó en París su última gran exposición, con 13 de sus esculturas. Las circunstancias la arrastraron a la locura y ella no pudo lidiar con ellas.

Esparcí la greda, es un poema fuerte, de este libro.  Diría que Ana Rosa se convierte en poeta maldita, en mujer maldita, al encarnar con sus versos a Camille, es un libro de poemas tremendamente simbolista.

Hablar de Camille sin hablar de Rodin es ignorar la parte más importante de su vida, aunque los críticos sostienen, por supuesto, que “Camille era Camille mucho antes de Rodin”.

Se dice que la poesía y el arte, en general hay que receptarlo sin buscar comprenderlo, pero a mí me gusta conocer la circunstancia, el entorno en que fue creada, los motivos del artista, para aprehender más plenamente la obra.  Quizás eso responda a un impulso investigativo, que no sé si es bueno o malo.  En este caso al abrir el libro de Ana Rosa y siendo su amiga por algunos años, me interesa especialmente, leer siguiendo sus señas. Hay poemas que hacen referencia a obras de Rodin, a obras de Camille, como también de poetas y músicos contemporáneos como Baudelaire y Debussy.

Rodin es considerado el padre de la escultura moderna, al dejar de lado el academicismo, deformando y retorciendo los cuerpos, tanto que parecen estar vivos,  (las llamadas "posturas imposibles");  y renunciando a la perfección de las proporciones, para darle mayor dramatismo, hasta afligir al espectador. “Su obra La Edad de Bronce probó su dominio ilimitado sobre el cuerpo”, afirmó Rilke, quien fue su secretario por algunos años.

Se destaca la expresividad y el dramatismo en estas obras, que, según él fue su primera gran escultura;  además de todas las figuras de La Puerta del Infierno”.

Rodin, como Miguel Ángel, la misma Camille, y pintores como El Caravaggio y Velásquez, acostumbraban a tomar como modelos a hombres comunes y corrientes, feos, viejos y deformes, donde la belleza sólo se encuentra si se extrae, al capturar su alma.  

Keats en la cima del Romanticismo, en su Oda a una urna griega sentenció: “La belleza es verdad; y la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes y todo lo que necesitas saber sobre la tierra”. Rodin le otorga otro sentido a esta sentencia, en su Testamento a los jóvenes creadores: “Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se transparenta bajo la forma.” 

“El vulgo se imagina fácilmente que lo que considera feo en la realidad, no constituye materia artística. Querría prohibirnos representar lo que le disgusta y le ofende de la Naturaleza.” Su obra nos ayuda a comprender que la fealdad y lo tremendo es también materia del arte. 

Baudelaire en el Himno a la Belleza dice:

¿Bajas del hondo cielo o emerges del abismo
Belleza? Tu mirada, infernal y divina,
vierte confusamente el favor y el crimen,
y se puede, por esto, compararte al vino.

En apenas cuatro meses (1887-1888), Rodin, trabaja en un proyecto, de dibujos con trazo o sombreados, sobre fondo tachado y con cinco aguadas sobre papel Japón, cargados de tinta o de guache, diseñados para el libro “Las flores del mal”, en una edición original de 1857, las ilustraciones de Rodin aparecen en el frontispicio de los poemas. El poema hace referencia al Infierno personal.

Sus críticos afirman que “Rodin se había apasionado por ese incendiario conjunto de poemas de Baudelaire, como lo revelan muchas anotaciones.” El patetismo de la obra de Rodin encaja a la perfección con la visión trágica de Las flores del mal, del padre del Simbolismo en la poesía.

De profundis clamavi (Desde lo profundo te clamo) (Baudelaire Las Flores del Mal, 1857.)

imploro tu piedad tú
lo único que amo, desde el
fondo del oscuro abismo
en el que cayó mi corazón

La influencia entre estos creadores contemporáneos: Debussy, Baudelaire, Rodin y Camille, la insinúa subliminalmente Ana Rosa en este libro, lo que me llevó a buscar en las fuentes biográficas y me sorprendió descubrir que Debussy entre 1888 y 1890, musicaliza 5 poemas de Baudelaire: Entre ellos “El balcón”, “Armonía de la tarde” "Recogimiento".

Estos poemas nos transportan a los poemas de Ana Rosa y a las emociones y sentimientos de Camille. Fueron tomados del libro Las flores del mal:

1. El balcón
Juramentos, perfumes y besos infinitos,
¿renacerán un día del abismo insondable,
como ascienden al cielo los renovados soles
después de ser lavados en los mares profundos?

2. Armonía de la tarde
Un tierno corazón que odia la nada inmensa,
recoge fiel las huellas del luminoso ayer.
En su rojo coágulo se ha sumergido el sol…
Como en una custodia, luce en mí tu recuerdo.

4. Recogimiento
Dolor mío, ten calma y tu angustia serena.
¿No ansiabas ver la tarde? Mírala, ya desciende.
Una atmósfera oscura por la ciudad se extiende
trayendo a unos espíritus la paz, a otros la pena.

Los poetas favoritos de Debussy fueron precisamente del círculo de los poetas malditos: Baudelaire, Mallarmé y Verlaine, fuentes de donde proviene, en gran medida, su propia estética musical, tan cercana al simbolismo.

Por otra parte, los expertos señalan que una de las obras más acabadas y magistrales de Rodin, La puerta del Infierno, obra en la que continuó trabajando incansable, a partir desde 1880, hasta el fin de sus días, se inspiró en  La Divina Comedia de Dante,  Las flores del mal de Charles Baudelaire y la Metamorfosis del poeta latino Ovidio. Para ello contó con la gran colaboración de Camille Claudel, ya sea como escultora o como musa. La muestra fue presentada por primera vez al público en la Exposición Universal de París de 1900.

Mientras Camille atravesaba la puerta a su propio infierno, Rodin  la cruzaba para entrar, a pesar de las academias, a la inmortalidad.

Para esta obra Rodin realizó innumerables bocetos que representaban escenas y personajes simbólicos. La obra es una suma monumental de unas 300 figuras desnudas, de pequeño tamaño, que se agitan y retuercen, llenas de angustia y desolación, surgiendo de un fondo informe de rocas, vahos sulfurosos y nubes.

La puerta del Infierno mide aproximadamente seis metros de alto, cuatro de ancho y uno de profundidad. Corona la obra la escultura de Las Tres Sombras, que representan las almas de tres damnados que en su primera versión no tienen la mano derecha, como representación de la impotencia de las almas condenadas al infierno. Inmediatamente más abajo, la figura de El Pensador o El poeta, representando a Dante.Dice su crítico Truman H. Bartlett: “en la figura del Pensador vemos ese ethos (estatismo emocional de las figuras) que Miguel Ángel reflejaba en su David o el non finito (inacabado) de la Pietá Rondanini…” (La última escultura de Miguel Ángel, 1564). Rodin va a Italia en varias ocasiones y quedó fascinado ante la obra de Miguel Ángel. (También lo acompañó Camille).

Pareciera que El Pensador está repitiendo el verso de Baudelaire: ¿Bajas del hondo cielo o emerges del abismo/ Belleza?

"Perded toda esperanza los que entráis" son las palabras que según Dante encontró en el dintel de La Puerta del Infierno (Canto III, línea 9 de El Infierno de La Divina Comedia).Dante debió cruzar la puerta del averno y descender por los nueve círculos del Tártaro hasta la profundidad de las sombras, afortunadamente para él era sólo un viaje iniciático y no su destino. 

La sentencia nos lleva a pensar en el momento de 1913, cuando Camille, traspasa obligada las puertas del asilo mental de Ville-Evrard.

El 2 de marzo de 1913 murió su padre  y el 10 de marzo, enviados por su propia madre, dos enfermeros irrumpieron en casa de Camille, le pusieron una camisa de fuerza y la trasladaron a un psiquiátrico donde se le diagnosticó "una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza", esto porque acusaba a un renombrado escultor, como el responsable de todos sus males. 

Una circunstancia histórica, el asedio del ejército alemán de 1914, obligó el traslado de los pacientes al hospital psiquiátrico de Montdevergues. Sería el último destino de su atormentada vida: morir un poco cada día, por 30 años, para, como Eurídice, no volver jamás del infierno.

Entonces escribía: "Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos… no quede yo para siempre en esta nada con barrotes que es la prisión de locos, donde mi madre y todos ustedes me han confinado, por haber tratado de ser Camille y mujer, Camille y artista, Camille y amante, y libre”. 

Soy bella o El Rapto (1882), está formada por La Mujer en cuclillas y El hombre que cae, bajo la técnica del ensamblado de dos piezas de diferente procedencia, y la reutilización de piezas, prácticas asiduas de Rodin. La obra está inspirada en el poema La Belleza de Charles Baudelaire, de Las Flores del Mal:

¡Yo soy Bella, oh mortales! como un sueño de piedra,
y mi seno que a todos eternamente torturó,
ha sido creado para inspirar amor a los poetas. (
Charles Baudelaire La belleza)

En “La mártir” Rodin (1885), no sólo se acerca a la figura de Camille, sino a su destino.  El escultor, desde la morguetoma un cadáver como modelo, el que evidencia una muerte violenta.

El arte expresa el drama humano: todas las pasiones, la belleza, el dolor, el gozo y la tragedia de la condición humana, se encuentran en él representados.
La vida no es justa: Los restos de Rodin y de Rose reposan juntos en Meudon (Medón), Francia; coronada su tumba por El pensador

¿Y qué pasa con Camille?  

Camille fue confinada por 30 años a la más extrema e indigna soledad y abandono, "¡Necesito ver a alguien amigo!" - suplicaba en medio de la desolación - mientras su madre daba instrucciones de que no se le permitiera recibir visitas, ni mantener correspondencia. 

"No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más" - dijo.

Al traspasar esa puerta, nunca más volvió a esculpir ni dibujar, allí fue sepultada en vida y condenada a esa segunda muerte, que es el olvido.

"Mujeres condenadas"  (frag.)  de "Las Flores del Mal", Charles Baudelaire

Siento que emerge
en todo mi ser un abismo enorme;
¡y este abismo es mi corazón!
¡Ardiente como un volcán, profundo como el vacío!
Nada saciará a este monstruo que gime
ni saciará la sed de Euménide
que,  la antorcha en la mano,
le quema hasta la sangre.
Que nuestras cortinas cerradas
nos separen del mundo,
¡Y que la lasitud nos traiga el reposo!
¡Quiero aniquilarme en tu pecho profundo
y encontrar en tu seno el frescor
de los sepulcros!

Hay poemas en que Ana Rosa los concibe como alucinaciones, con figuras inconexas, como oníricas.

Al menos las obras de ambos sobreviven las unas junto a las otras, en el Museo Rodin. En 1952, Paul Claudel decide donar piezas escultóricas importantes de su hermana al Museo, y éste decide consagrar una sala a la obra de Camille Claudel; a lo que dio acuerdo Rodin antes de su muerte.

Así, abandonada por todos, tras 30 años de encierro, murió el 19 de octubre de 1943, en el sanatorio de Montdevergues, Montfavet, a los 79 años de edad. Fue enterrada en el cementerio del hospital psiquiátrico, sin la presencia de familiares ni amigos, en una tumba sin nombre, sólo con un número: 1943-n°392.  Con el tiempo se hicieron nuevas construcciones en el hospital, de modo que el cementerio quedó bajo ellas. Nadie la reclamó, sus restos nunca fueron encontrados. 

Al final Rodin terminó reconociendo, a manera de redención:

“Se cree que ella fue una discípula sin ninguna originalidad, cuando en realidad contó con un lenguaje propio”. “Le enseñé dónde encontrar oro. Pero el oro que ha encontrado… es solo suyo.”  

En 1995 fueron descubiertos unos documentos en el sótano de un manicomio de París, entre ellos cartas y diario de vida de Camille, que permite que hoy conozcamos de su larga agonía.  El escritor  Jesús González se inspira en este hallazgo para escribir el libro “Cuando se congele el infierno”, bajo la forma de un Diario de vida.  He aquí unos trazos:

“Este cuaderno de anotar la vida en cierto modo es como un cordón umbilical, que me mantiene ligada a la realidad, pues lo que está escrito en sus páginas, o al menos una parte importante de ello, fue escrito cuando Camille Claudel, que es como me llamo, era una mujer cuerda, una pizca chocante y estrambótica, pero cuerda. Hoy en día mis únicas certidumbres residen en estas páginas escritas a golpe de entusiasmos y también de pesadumbres. Mi existencia ha sido como una hoguera en la que han ardido infinidad de pasiones más o menos fugases, las mismas que existen en cualquier vida normal; y en la que ahora aún humean estos rescoldos escritos en la noche de los tiempos... Sé que no tienen la continuidad necesaria para que quien las lea pueda extraer de estas páginas, el rastro completo de una vida, pero si los ratones y la carcoma lo respetan, en este cuaderno quizá alguien pueda encontrar algún día un rumor lejano de belleza.

Lo guardo bajo uno de los tablones de mi estancia, por temor a que los doctores me lo requisen. Sé que no puedo recibir correspondencia, tan sólo algún telegrama despistado, y todo porque ellos, me refiero a Rodin, madre, Paul y los demás, han decidido aislar mi alma del resto del cosmos, de manera que si alguien supiera que una de las locas de este hotel anota, en un cuaderno amarillento sus observaciones sobre la vida, a buen seguro que la pobre acabaría en la hoguera. Lo cual, bien pensado, podría ser preferible al frío del próximo invierno.

Por eso, porque están escritas en las páginas raídas del cuaderno de mi vida, puedo recordar ciertas cosas que, de otra manera, el olvido y la locura que dicen que padezco, irían devorando de manera irremediable.”

 

 

 

 

CAMILLE
(1864-1943)

Ana Rosa Bustamante

 

"Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos……no quede yo para siempre en esta nada con barrotes que es la prisión de locos, donde mi madre y todos ustedes me han confinado, por haber tratado de ser Camille y mujer, Camille y artista, Camille y amante y libre”.


I

Cuando sea un árbol
voy a parar al viento
en la rama turgente del invierno
viendo a las aves en su vuelo
que van a otro lugar.
Cuando navegue los ríos
con el sedimento en mi boca,
mis manos de sordos hablaran
por los ojos inertes del metal,
con ese lodo, con ese ruido
voy a defender el sol en mis latidos,
el crujido de mi casa
en la rivera donde solía soñar.
Y las hojas de mi historia cinceladas
con la lumbre de la oscuridad,
las borre mi sangre cuando vuelvan
con el viento.

La araña no hila y no hay perros que avisen,
no hay gritos, manchas confusas, niños,
somos los fallidos,  los perdidos,  fósiles dormidos,
todo está tranquilo al final de los años,
que unimos horas iguales a la derrota
y nos murmura solo el sol y el agua
y la urbe no me recuerda,  
mi mano no da señas,
si ya casi estoy dormida.
Cuando sea un árbol,
no tendré que ver con la pena,
Clotho es un adorno en el jardín,
un virtuoso habitante sin agosto sin ángeles
sin pensamientos.
Cuando en mis raíces los brazos de un difunto
surquen el frío del mármol,
abrigaré su espalda,

por los estandartes que ya no flamean,
y la primavera en mi corteza tejerá flores
que llevarán al cementerio,
lazo turbio la fiereza de los que guían el mundo.

No sé dónde estaré aparcada mintiendo a eruditos y a beatos
por ese cuerpo frío, por ese llanto tieso,
cuando mi voz calle a la lluvia su caída,
silenciándome como un buitre poderoso
sobrevolando tu corona,
el pensamiento displicente al tamboreo,
no pretenderá satisfacer a la palma cóncava con sed
en esa habitación la muda quietud de mi herida.

Mis frutos serán comidos sin más luz que mi osamenta,
desnuda, fría, maté a la que fui
y el caduco cielo vació los remos,
desde entonces,
en mi casa estoy mirando los gestos
errando sin saber adónde ir.
No logro esculpir mi viaje,
una garra atesta en mi cuarto,
cuando sea un árbol solo en el desierto,
impunes van a hundirme en mis entrañas
el corazón de una gacela
y preguntarán por mí al final de mis días
si hay una que muerde en primavera, el diente ausente se nota, enfin.
No tolero ordenada la bandada
sin mis patas sigilosas que migran la absurda rinconada
con sed y hambre,
una gota de sangre marcada debajo de mi lana
por el comprador.

Cuando alto era el vuelo me volvía pájaro
y oveja negra que el baladro remeció en la urbe
antes de saludar,  
ahora arrecia con un sueño deshilachado,
no hay un cielo que escarmiente
a la aherrojada de mi vuelo
mi peregrino tranco, ni provisión ni un gránulo
que en la vera de los tiempos sigan a esta aldea en la gloria,
entre mosaicos húmedos y grises
estoy en realidad tiritando,
a contracorriente, la mutilación un ardid de rumbos,
y mi garganta pide perdón,
emancipada de las burbujas,
el silencio aún me nombra,
mis cuerdas merodean las palabras
en la ondulación de la llama,
la duermevela de mi velador,
el bronce las yemas, la brutal tempestad.

Pesa mi cadáver
Y el hilo se corta en lo más fino,
porque mi sudario está gastado
y no hay nadie que me reconozca.
La flor marchita tragada a voluntad no se digiere,
y acelera el agua el tiempo,
pasa repartiéndose entre dos piedras,
como en un principio,  
dónde estoy escurriéndome
y Ofelia me comprende.
Quizás esté soñando,
y me lava la cara en su pajar,  
que mi cara vuele
en las plumas con mis ojos, y la libertad se derrama
como un felino sobre la alfombra,
el aire,  la niebla azul,  acaso el rocío en el frío,
pero hay ratones hablando de penas.

Hiere la hebra,
circula la arteria de mi desazón
y la inocencia la translúcida palabra mortífera,
la venganza de llevar encendida la lámpara,
embriagada
y una noctámbula mujer palpita
buscándome a mí.
¿Qué crimen lloré? como albóndigas revolví en mi corazón todos los lanchones y ahora,
temo más a la luz que prodigar la soledad.

Avanzan en la costanera las mujeres que no se dejan ver,
de soslayo en mi pelo y mis trancos ocultos,
se avergüenzan de mí.
El árbol ya está viejo y se estancan las raíces,
y mi cabellera se esparce para su celo por la calle,
ellas liberan las caderas,
aman el goce de la noche y el gen del deseo,
la médula efervescente para frotarla y dejarla ir
como un árbol anciano, esas mujeres.
Y él, ya en madura edad, revela una nueva puesta de sol
en mi umbral.
Celebración es una delación con la testuz de los corruptos
que circulan por la noche y dice la garza al ritmo del aire,
que está dispuesta, hermana, como tú a montar la Piedra Feliz
con el escorpión azul que nos da su color para el veneno.

Voy con un vestido sensorial y cualquiera lo levanta,
me roza en un sendero, agitado por pecíolos roncos
que suavizan mi enojo con la envolvente palabra
del que sueña el desparpajo,
el que me hará su lucha, la posterior fama,
el martillo que hundo en la mesa
y la sonrisa en la canícula de un cuarto hacinado,
encerrará los botones en mis vestidos inmóviles
y qué duro es estar sola con tanto grito dentro.

Para no herir su recuerdo, su maternal enseñanza,
he huido, mil veces besé su mano en la materia,
beso de mármol hoy en un museo.

Mujer que enrojece al sonreír y deja ver su encía,
encía de un tigre en celo que olfatea la piedra,
por si un tatuaje sangra la palabra amor.
Flaqueza que en sus huesos zumba en una madrugada temerosa
en una violenta sacudida de sábanas
que llega con la mirada al techo,
y rumbo al taller de los narcisos umbría roca aceitada madera
que duele antes que se haya reventado en la alfombra,
y florecía la arrogancia como un mar sin playa,
levanta su brazo guiando a los que con sus pábulos en ristra,
su corazón arrastran de día y sus vestidos estilan inverosímiles certezas, nunca ríe,
nunca llora y reina en la marmórea realidad de una artista,
porque así existe.

El techo derrite el cerezo con sus nidos de pájaros
que llegaron hace mil años el último invierno,
aún espero un trino
y hay nombres escritos sobre el destello,
una roca aparecida de la noche a la mañana
detiene el torrente en dos, en dos.
Y levanto la mirada a su sonrisa,
como si el ojo esparcido me hablara
y quisiera quedarse botado entre las ramas.

 

* * *

 

Myriam Iturra Ampuero (Viña del Mar 1951), profesora de estado en Historia y Geografía, Licenciada en Educación, Administradora Educacional, escritora, región de Valparaíso, Chile. Se define a sí misma como “amante de la poesía, de manera que ella y yo nos reescribimos constantemente.  Creo, como sostuvo Percy Bysshe Shelley, que Todos los poetas del pasado, todos los poetas del presente y todos los poetas del futuro, tan sólo escriben un fragmento, un episodio de un gran poema colectivo que escriben todos los hombres. Quiero, como dice Hölderlin, habitar poéticamente esta tierra.  Y, citando a Borges, sólo ir pintando la inquietud de la flor y repartiendo la evidencia de los pétalos de la rosa”.
Trabajos realizados de  Investigación, microensayos sobre poesía. Crónicas de Memoria Histórica y valor Patrimonial.  Monografías.

 



 

 

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Por Myriam Urrutia Ampuero