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LA POETA ANA ROSA BUSTAMANTE O CAMILLE QUE VIENE DESDE VALDIVIA

Por Andrés Rodríguez Aranís


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Con asombro, pero con ASOMBRO -así, con mayúscula- se enfrenta uno a este poema de la escritora residente en Valdivia, Ana Rosa Bustamante. Escribir en verso la poética de una vida tremenda como fue la de la escultora Camille Claudel es materia ardua. Hermana del poeta -primero rimbaudiano y después católico- Paul Claudel se vio enfrentada a una existencia que fue sólo sombra hermosa del genio de su amor August Rodin. Pero Camille gritaba desde adentro de su cuerpo, que es donde el bramido es más destructor y potente. La bella entonces determina separarse de la figura gigantesca de Rodin para así concretar libremente su razón de artista mayor.

Pero claro, mi voz no es la más autorizada para hablar con responsable conocimiento acerca de nuestra francesa admirada; yo voy a admirar ahora este libro de Ana Rosa y decir una o dos o tres o cuatro cosas sobre este objeto valioso.

Comienza este poema con un verso profético: "Pesa mi cadáver y el hilo se corta en lo más fino". Pertenece a EL BESO DE MÁRMOL, primer texto deste libro notable, Con eso entendemos que Camille Claudel nos habla desde la muerte. O desde la muerte en vida. O en vida desde la muerte, que viene a ser, pienso yo, lo más triste en lo triste. Quién diablos da el primer verso así?! Quién se atreve, ah?! Fuertísimo es el golpe de poesía de herida abierta y ya está; sentimos queste libro no es un libro cualquiera... ay, Horacio; "non omnias moriar" ("no moriré yo del todo"), yo te creo, Horacio, y ésta es la confirmación.

Camille de Valdivia, a quién no le queda más opción que andar por el aire de la tierra hasta el despedazamiento de los nervios. Cerrazón casi a lo Holderlin, podríamos decir. Sigue Ana Rosa: "El techo derrite el cerezo con sus nidos de pájaros / que llegaron hace mil años el último invierno..." y, casi de inmediato, "Y levanto la mirada a su sonrisa, como si el ojo esparcido / me hablara y quisiera quedarse botado entre las ramas." Acaso un acercamiento o una memoria facilitada por el horror de ser mujer y artista en tiempos de más apretado machismo. Pero ella es, dentro de todo y fuera de todo, fabulosa humana. Me permito aquí citar un merecido pasaje más extenso: "Los hilos dorados de mi falda sin cuarto de lujo / ni sueños ni posesión que lucir en público / ni ceremonia, ni catedral, recorrieron mis muslos sus manos / sin solemnidad, / el órgano en sus notas daba en revolcar / sus sandalias lustrosas, indescifrablemente." Suave erotismo que doblega las piernas, la médula del corazón. Y no es una santa, claro, no tiene aureola nos dice más adelante. Pero díganme quién quiere ser santa, por Zeus! Menos esta Claudel ques carne, que esculpe formas de regia vida en la piedra entregada en este planeta de raros que le ha tocado vivir. Algunos menos raros ven nada donde hay todo; la cosa es como sigue: "No tenemos talento, es que / no tenemos talento, lo que nos pasa / es que no tenemos talento, a lo sumo / oímos voces, eso es lo que oímos: un / centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces" nos reclama con justicia el chillanejo mundial Gonzalo Rojas en su poema Rimbaud. Hay que saber ver, carajo.

Sigamos.

Qué otro destino para ella, según lo visto, que la casa del mal Orates? Allí, entre rostros y actitudes de mesianismo, Camille sostiene el vértigo de la soñadora nata que siempre ha sido. Sigue siendo el mismo fuego que le ha entregado el desobediente Prometeo. Los humanos de allá afuera y acaso también los de adentro no entienden nada. Querría acaso un pedacito de arcillla, arcilla nada más para poner algo de las cosas en su lugar. Y reclama: “A los que me gritan, / voy a tejerles una estrella en el oído, una suave galaxia y fantasiosa habitación, / quedarme donde machuque el cincel sobre el martillo / una onda atraviese las palabras no haya quien escuche / sin que duela.” Nada de melcocha dulce para los que no tienen talento y ríase la gente, o no mi Góngora? Vamos por partes. Todo artista primero crea para sí y luego para quien lo haga suyo o suya. Y si no esto último, no hay dolor. O sólo un poquito. Camille crea dentro de su cabeza y corazón; no la ve nadie. O casi nadie, pues se sabe que su hermano Paul la ha ido a visitar siete veces en tantos años de reclusión. Y los años individuales son un pasatiempo de Cronos. Y Cronos está tan lejos…

Como es natural, ella tiene estadios de auténtica amargura y decepción. Copio: “No más arcoiris sobre / mis pechos, / mi pubis aroma al nadir, / de vuelta, comprometida, /azarosa y luminosa / sin la argolla ni la huella / nupcial.” Qué otra cosa va quedando sino ponerlo todo en negro, subrayado negro de mal sino. Le pica el espíritu, el alma le pica en esa hinchazón grandota que deja el silencio de las manos, el muslo delicado, la oreja sin beso. Se va consumiendo su estrecho dios del Tiempo. Las ventanas se recortan como cartón de cine expresionista alemán. “Llorad, ¡oh Venus y Cupidos!, y vosotros, / cuántos hombres hay sensibles al amor”, no es cierto hermano Catulo?. Y Joseph Glanvill, citado por Poe, el príncipe del infortunio: “El Hombre no se rinde a los ángeles, ni por entero a la muerte, salvo únicamente por la flaqueza de su débil Voluntad.” Pero Camille vuelve a elevar su clamor. Tiene justa rabia… pues la encerraron y la quieren encerrar tambien por dentro! No le vengan esos ceñudos señores y mal agestadas viejas a poner coto a su rotunda verdad: “A sus voces mi ira clava sus culpas, / desgasta las piedras que lanzo a sus caras y las grietas, / tarde o temprano, las oiré hablar de mí. / Las maldeciré hasta que ya nadie me recuerde, / les haré pedazos esas bocas de mi sangre.”

Pero nuestra Camille se desangra. Mezcla de derrota y fascinación. Qué le queda en verdad? Recordar París en SUEÑO, segundo poema del libro. Pero lo hace desde la pesadilla; los cafés se han muerto lejanos; sueña, en cambio, golpizas que terminan en un fuerte deseo de alas. Todo desta manera, aunque siga sonando Debussy.

En fin de fines.

Debió haber sido tal cual la vida de Camille Claudel. Cuando me llegó la noticia deste libro de mi amiga me produjo alegría inmediata, pensando eso sí que me iba a encontrar con más buena poesía que posesión verdadera de la artista francesa. Entonces es mayor mi regocijo al constatar mi error: buena poesía y conocimiento cabal del perfil psicológico del personaje en cuestión, se mixturan en un libro de todas maneras gozoso y perdurable.

Y en eso último que me perdone Cronos.
Muchas gracias.

ANDRÉS RODRÍGUEZ ARANÍS
http://www.letras.mysite.com/egb310807.htm


 

 

 

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