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Aníbal Ricci Anduaga | Autores |












DISCURSO “INDIE” EN LOS OSCAR 2021

Por Aníbal Ricci Anduaga




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El 2020 fue el año de la internacionalización de los Oscar, donde una cinta de habla no inglesa, Parasite, arrasó con los premios principales (mejor película, director, guion original). En cambio 2021, producto de la pandemia, se transformó en un certamen que dio gran cabida, en nominaciones y premios, a filmes del llamado cine independiente (indie).

El hecho de que la mayoría de las salas de cine permanecieran sin público permitió que películas que habitualmente tienen una menor distribución en salas, pudiesen competir palmo a palmo con las grandes apuestas de los estudios, debido a que el formato streaming difundió vía internet una amplia gama de cintas de presupuestos reducidos.

Visiones minimalistas abarcaron temáticas diversas, desde los filmes de crítica social hasta otras propuestas de corte espiritual.

En el siguiente artículo repasamos algunas de las premiadas y otras nominadas destacadas.

La gran ganadora de la jornada fue sin duda Nomadland, que se alzó con los premios a mejor película, director y actriz.



Una mujer de 60 años recorre Estados Unidos a bordo de un furgón adaptado para la dura travesía. La película mezcla ficción con historias de verdaderos nómades, pero no pretende enarbolar banderas de denuncia contra el sistema capitalista, simplemente lo insinúa a la pasada, dando a entender que algunos adoptaron esa vida errante por necesidad, pero otros la abrazaron con su alma. Apela a algo de verdad profundo, habla del despojo necesario a bienes materiales, para viajar ligero de equipaje, para conquistar esa libertad esquiva, ganada con el esfuerzo personal y no impuesta por otros. La protagonista emprende el recorrido, no hay apuro en este viaje, «nos vemos en el camino», mientras prefiere la soledad, la tranquilidad, renunciar a la vida con otro compañero amable y compasivo, porque entiende ese sexo, ese quedarse atada a unos muebles tiene un precio demasiado alto. La mujer ha dejado atrás recuerdos dolorosos y conduce en busca de recuerdos nuevos, con un poco de petróleo va construyendo su vida. Tendrá que trabajar en empleos temporales, pero luego se monta en su furgón, desaparecen los límites y sólo resta disfrutar del silencio. El viaje por la mente de una mujer que solo quiere encontrarse a sí misma, su enrevesado recorrido por carretera conlleva otro más espiritual y hace que el espectador experimente instantes de gran profundidad.




La directora Chloé Zhao expresa como la naturaleza renace cada día, con nuevos brotes de cactus, el paraje desértico muestra su esplendor. La protagonista ha conducido desde Arizona y vuelve a Nevada a revisitar las instalaciones derruidas de su antigua empresa, la casa abandonada, la mujer incorporándose al encuadre desde una modesta esquina, recorriendo las distintas habitaciones. De pronto vislumbra la ventana, el paisaje y tras cruzar el umbral se suceden planos fijos. Afuera la inmensidad de la naturaleza, la libertad, el cielo se toma el encuadre, cada vez hay más aire y el furgón se interna en ese otro silencio. Hay un perfecto intercalado entre planos generales de la naturaleza con la entereza de primeros planos que se enfocan en la mujer nómade. Los paisajes nos adentran en su mente, una minimalista Frances McDormand (mejor actriz), con gestos apenas perceptibles, reencontrándose con otros nómades que arrojan una piedra sobre el fuego para recordar a uno de los suyos.

La película brinda muy pocos parlamentos, pero cuando lo hace expresa una mezcla entre nostalgia y sabiduría. Ese diálogo equilibra muy bien el peso de las imágenes y de la música hipnótica de piano con tintes de violín. La protagonista antes trabajó en una empresa minera que luego de la crisis sub-prime tuvo que cerrar sus puertas y dejar en la calle a empleados que se hospedaban en las casas de la compañía. Retrata un estilo de vida que desaparece, el mercado y la recesión económica hacen que todo se vuelva menos humano. La mujer en el presente vive al interior de un vehículo, carga en su alma la pérdida por cáncer de su esposo. Ella al principio siguió en la empresa para “recordar” ese amor, pero ahora simplemente busca darle un sentido a su vida. Una búsqueda trascendental de la eternidad del instante. La búsqueda que en Druk (mejor película internacional) hacía reflexionar a un hombre en su medianía de edad, en el guion de Chloé Zhao expresa ese disfrute en una experiencia de viaje mucho más cercana a la muerte.

The Father obtuvo el premio a mejor guion adaptado, de la obra teatral homónima, cuyo autor es el mismo director de la cinta, que también firma como guionista.



Un anciano octogenario que al parecer era muy vivaz y autosuficiente, comenzará a perder paulatinamente sus facultades mentales producto del Alzheimer. El punto de vista es muy nítido: la mente extraviada será la protagonista, a veces conversa con personas que no están presentes y en otras las pláticas cotidianas esconden rumbos de irrealidad alterna con su hija. El espacio físico observa el deterioro del protagonista desde todos los ángulos es un acierto que presenta matices interesantes. Revive sus conversaciones desde distintos ángulos y tiempos y a veces teme que lo echen de su propio departamento. El anciano recorre pasillos cada vez más laberínticos y claustrofóbicos, el director introduce travellings que se asemejan a una película de terror. El departamento empieza a cambiar, desaparecen los cuadros, el agua gotea de la llave hasta que el tiempo se detiene y la casa se vuelve oscura. Despierta de un sueño, lo llama su otra hija que murió en un accidente y la sigue por los pasillos, escucha su voz, abre un armario y se encuentra deambulando por las dependencias de un asilo de ancianos. La mente juega malas pasadas y de pronto la cara de la cuidadora ya no se parece a su hija muerta. La película es muy honesta al representar a este anciano enfermo, mostrándonos sin tapujos la historia del derrumbe mental de este hombre. El tono que le imprime el director a la cinta no cae en sentimentalismos y sobre explicaciones moralistas, la actuación de Anthony Hopkins (mejor actor) es sumamente precisa y lleva a buen puerto un guion que se aleja de la dramaturgia. Hopkins actúa con sus recuerdos, con las habitaciones y los objetos, a veces es un viejo simpático con flashes de humor y otras se encuentra perdido frente a la cuidadora, esperando que venga su madre a llevarlo a casa.

El premio al mejor guion original fue para Promising Young Woman, escrito por Emerald Fennell, que también figura como directora.



Guion ingenioso, con una edición de imágenes sobresaliente, que brinda muchas posibilidades al espectador para dar cuenta de un tema escabroso, donde el mensaje es rotundo, si participas en una violación, todos son culpables, para esta joven directora no hay espacio para el relativismo moral. Esta ópera prima recuerda el talento innato del canadiense Xavier Dolan para elegir planos, colores, como si no le costara nada filmar las escenas y un repertorio musical que no resalta por su calidad (la mayoría son tontas canciones para adolescentes) pero sí por un perfecto engarce de contrapunto para llevar el sarcasmo a niveles insospechados. El francés Fréderic Thoraval logra un montaje milimétrico que logra interpretar a la perfección las ideas del guion de la propia Emerald Fennell. La directora utiliza paneos envolventes, picados y contrapicados, silencios cuando hay que remarcar la locación (bosque idílico, habitación con decoración de casa de muñecas), recreaciones religiosas para un personaje que de santa no tiene un ápice. El uso de planos fijos es su marca de fábrica, intercalados con un timing envidiable, son planos americanos muy limpios y simétricos que sacan a Stanley Kubrick de su tumba.


 

La violación es un tema peliagudo, muy dramático, aunque la directora prefiera navegar en las aguas de la comedia negra y transformar a una actriz encantadora como Carey Mulligan en una persona herida, de rostro inexpresivo, que consigue interpretar a una mujer vulnerable, en permanente estado etílico, persiguiendo a los victimarios mientras se las arregla para colocarlos en el papel de víctimas. Mulligan siempre ha sido versátil para elegir sus proyectos, pero es indudable que el mérito es de la directora para sacarle el máximo de partido a una actuación desgarradora, que en los momentos de tensión sexual opta por el diálogo irónico, nunca queda claro hasta qué punto daña a sus víctimas, aunque hay indicios de que puede llegar hasta las últimas consecuencias. Hay alusiones a otras películas del género de venganza sexual como Hard Candy (David Slade), de hecho, la directora copia planos de manera impecable, pero incluso cuando la protagonista se disfraza de enfermera (de nombre Candy) para vengarse del violador, de pronto pareciera que Nastassja Kinski deja la sinceridad de Paris, Texas (Wenders) para volverse cínica y una verdadera dominatrix frente al victimario que se escuda en su juventud e inexperiencia. La interpretación de Carey Mulligan resulta en un personaje complejísimo, una especie de Caperucita Roja que deambula por el bosque al son de un violín desquiciado al punto de la desafinación.

En mejor película de habla no inglesa resultó ganadora Druk, dirigida por Thomas Vinterberg.



Cuatro profesores son amigos y emprenden medio en broma un proyecto para demostrar mejoras profesionales y sociales producidas al mantener ciertos niveles de alcohol en la sangre durante su jornada laboral. El «aquí y el ahora» no sólo los vuelve proclives al disfrute inmediato, sino también los enfrenta al sufrimiento. La película no es una apología nihilista, los personajes pasan del goce a ver la realidad desnuda. Son llevados a ese presente que representa la eternidad de cada instante, a cada minuto que pasa deberán enfrentarse a las consecuencias directas de sus decisiones, sus actos serán retribuidos o pagarán las consecuencias al instante, los llevará a cuestionarse sus vidas y en cada momento mirarán a la muerte directo a los ojos.

Como mejor obra de no ficción, a mi juicio, se debió premiar a Colectiv, con guion y dirección de Alexander Nanau.




Excepcional documental rumano que aborda las implicancias posteriores a un incendio ocurrido en el club nocturno Colectiv en el que realizaba un concierto de rock alternativo. No es cine de no ficción convencional, el director recurre a una multiplicidad de puntos de vista que muestra los distintos niveles de corrupción de las autoridades rumanas. Una realidad abordada con los recursos fílmicos de la ficción, donde sobresalen personajes (que se interpretan a sí mismos) que a su vez se enteran de otra arista de la realidad develada por artilugios tecnológicos. Hay un sobresaliente trabajo de espejos: las cámaras de los investigadores, los televisores en donde vemos los noticieros, las secuencias registradas por los reporteros, todos esos espejos dan cuenta de la realidad objetiva de un país sumido en el caos. Recuerda de buena manera al tratamiento coral del filme Spotlight (2015), que abordaba una investigación periodística sobre abusos sexuales en la Iglesia Católica. El documental no se centra en los testimonios de los periodistas, sino en las conversaciones desarrolladas al interior del equipo de investigación.

En las cinco obras analizadas, el tema de la muerte es abordado desde distintas aristas.

Un tránsito hacia otro lugar luego del viaje que significa llevar una vida plena (Nomadland) u otro tipo de antesala más dura que supone una enfermedad, particularmente el Alzheimer que avanza destruyendo el espíritu humano (The Father). La muerte en vida que puede significar para una mujer (o un hombre) haber sido objeto de vejámenes sexuales, aberración que replica en la víctima el sufrimiento hasta sus últimos días e incluso fomenta un ambiente tóxico, de mentiras y encubrimientos, en la sociedad a la que pertenece el victimario (Promising Young Woman).

Disfrutar el presente puede acercarnos a la muerte de forma violenta, afrontando sin filtro la consecuencia de nuestros actos (Druk). Por último, el profundo daño que pueden provocar las entidades gubernamentales, en cuanto a corrupción u omisión de sus miembros, cuya ambición puede llevar a la muerte a ciudadanos que pagan impuestos, algo tan inexorable como la muerte misma (Colectiv).

 

 



 

 

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