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Aníbal Ricci Anduaga | Autores |












DÍA 119

Por Aníbal Ricci Anduaga

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Hoy se celebra el día del niño y fuimos con mi sobrino por una torta y un helado. Le encantan las cosas dulces y me quedo pensando en mi madre. Es extraña a esa edad la predilección por sobre las comidas saladas. Algo que viene del vientre materno, no aprendido y mi madre en su mente confusa, quizás ha vuelto a ser una niña. Cuando nos habla de algún momento del pasado suele ser algo relativo a sus años de infancia. Un adulto tiene derecho a comportarse como un niño cuando se libera de las responsabilidades. Es un pago justo por los sacrificios de una vida. En el caso de mi madre no se trata de una elección, simplemente recurre a lo que brota de su cerebro. No entabla conversaciones, responde con monosílabos ante preguntas que pretenden entender su mundo. Da la impresión que ese espacio de reflexión ha desaparecido para siempre. De pronto, mi sobrino nos habla de la guerra en Ucrania y sabe perfectamente donde está Rusia. Quiere estudiar medicina forense, extraña elección para alguien de trece años. Los dueños de la cafetería son peruanos y los helados artesanales exquisitos. Estamos frente a Plaza Ñuñoa y la temperatura es agradable. El invierno va en retroceso y me acuerdo de «Games of Thrones». Primeras temporadas con personajes fantásticos que se fueron echando a perder cuando llegaron los dragones. Desde la infancia intentamos controlar nuestras vidas. Para algunos puede ser brutal sobrevivir a la violencia de otros niños. Creemos que al crecer las cosas se arreglarán y a los cincuenta años tenemos menos control que antes y el destino hace lo que quiere con nosotros. Un refugio para toda esa incertidumbre será haber elegido una profesión que disfrutes. Quizás equivoques el rumbo y en el camino encuentres otra actividad satisfactoria. La educación será un privilegio, aprender a leer y entender esos intersticios entre palabras abre un sinnúmero de posibilidades. Realidades que permiten viajar a otros mundos y hacer de la ciencia ficción una realidad. Cuando escribí mi primer cuento algo se despertó en mi interior, una sensación de libertad al forjar historias de héroes improbables. Una creación a partir de las lecciones de mis profesores de castellano. Espero que Martín se convierta en un buen médico forense. Pero antes deberá disfrutar de su adolescencia y equivocarse de la mejor manera posible. El ser humano aprende de sus errores, para tener éxito es necesario fracasar muchas veces. Lo importante es que las malas decisiones no te impidan morir en paz, unos pocos aciertos bastarán para dar lucidez a un viaje lleno de curvas.




 

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