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EL SILENCIO EN ARMANDO ROA VIAL  [1]
“El Apocalipsis de las palabras/ La Dicha de Enmudecer” (Be-Uve-Drais, 2001)

Por Carvacho Alfaro


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La existencia del ser se ha enmarcado dentro del contexto silencioso que la rodea y la cubre con su capa transparente. Pero el hombre, por tradición, la rompe, la aplaca con su sonido, con su lenguaje para dar vida a otra realidad, a una realidad poética, de metáforas que influyen en el aire que inhalamos en el correr de la vida. Es por esto que el presente ensayo, que trata sobre el silencio, manifestado poéticamente por Armando Roa Vial (Santiago de Chile, 1966) en su libro “El Apocalipsis de las palabras/ La Dicha de Enmudecer” (Be-Uve-Drais, 2001), intenta realizar un alcance o una relación entre el silencio y la poesía. Quizás, tomando la idea de Max Colodro[2],  intentaré abordar un tema que está fuera del lenguaje a través de las palabras.

La concepción del Silencio es muy diversa. Dentro de su etimología, derivaría del latín silentium y este del griego silere que significa callar, no producir sonidos o ruidos. Es decir que, tajantemente, el silencio se opone a la palabra, ya que esta última se refiere, definiendo o expresando, siempre a algo, a diferencia del silencio que es indeterminado. La palabra necesita o implica la presencia del hombre, a diferencia del silencio que puede evocar a lo no humano. Entonces qué pretendo con este ensayo. La intención es dar a conocer una propuesta de poesía que aborda temas que son desafíos para la creación, o mejor dicho, temas que han gravitado en la poesía de Roa Vial que es: la reivindicación del silencio como símbolo de la esencial precariedad de la palabra poética en una suerte de lógica suicida del verbo, citando textualmente al poeta.

Para ser más preciso con la propuesta, entregaré una breve panorámica sobre el silencio en relación con la palabra. En primer lugar, George Steiner[3], en su artículo “El Silencio y el Poeta”   nos propone que el silencio, en conjunto con la luz y la música, formaría parte de las tres modalidades de afirmación, las cuales colindan como frontera con el lenguaje, que dan prueba de una presencia trascendente en la fábrica del universo.

Por no poder ir más lejos, porque el habla nos defrauda tan maravillosamente, experimentamos la certidumbre de un significado divino que nos supera y nos envuelve. Lo que está más allá de la palabra del hombre nos habla elocuentemente de Dios. Donde cesa la palabra del poeta comienza una gran luz. Por esto el poeta busca refugio en el mutismo.

Una tradición encuentra la luz en los límites del lenguaje. Otra, no menos antigua ni activa en nuestra poesía y en nuestra poética, encuentra la música. Pero qué relación hay entre el silencio y la música. En una obra compuesta de sonidos, hay silencios parciales cuando algunas voces se callan para dejar escuchar a otras. Pero el silencio completo puede encontrarse en vacíos sonoros donde la obra se interrumpe por un tiempo. Dichos silencios pueden tener funciones estéticas: la creación de un ambiente de espera, la ausencia de una respuesta que se daba por lograda, la representación celestial etc. A veces, también se considera como silencio la ausencia de algunos sonidos o ruidos importantes a los que se presta especial atención, aunque entonces pueden subsistir ruidos muy débiles, matizando de ese modo el silencio, que adquiere una especie de riqueza y calidad particulares.

En segundo lugar, el ya citado Max Colodro nos propone su definición, que el silencio, al fin, sería como la última frontera, como un lugar inhabitado, pero que convive y se articula con lo intrínsecamente expresable. Como la muerte, como esa alteridad radical que acompaña todo lo viviente, y que sobrevuela constantemente como un fantasma, como un horizonte siempre destellante al alzar la vista y querer ir un poco más allá. El lenguaje frente al silencio, frente a la proyección imaginaria de su fin, de su límite y de su imposibilidad. Entonces, lo innombrado aparece como el lugar sin límites ni condicionamientos subjetivos, donde se guarda el misterio de la invocación del mundo, de esa fundación en que el sentido plural e infinito puede descender de la altura y denigrarse a la condición de palabra inteligible. El silencio relega el mundo al ámbito de lo ausente o de una hondura infinita que la palabra nunca alcanza, precisamente porque la evidencia de lo explícito sólo habita en la superficie de lo visible.

También, se puede afirmar que si, tradicionalmente, se define a la armonía como la ausencia de cualquier batimiento o interrupción, el silencio, que no puede admitir ninguna clase de sonido, sería la forma suprema de armonía. En otras palabras el silencio sería perfecto armónicamente, gracias a la no presencia de sonidos que le produzcan la muerte.

Es por todo esto que el trabajar con el silencio se torna difícil dentro del plano del lenguaje, y más aún, del lenguaje poético. Pero, en el texto de Roa Vial, se nos presenta un silencio que se podría denominar absoluto o de extrema presencia. Ya que él produce aquel cambio en la palabra para que posteriormente se traslade al silencio.

Surgen en este libro “El Apocalipsis de las palabras / la dicha de enmudecer” el detalle de surcar en las hojas desdibujando o dibujando la geografía de ciertas palabras para pavimentar su camino definitivo al silencio, o su repronunciación extensiva en el tiempo.

Roa Vial trabaja para si, pero en el sentido de replantear el núcleo mismo de la palabra para silenciarla en el universo, dando la última oportunidad en este libro donde según el autor; “es ver cómo el mundo calla en el alma del poeta”. Como los antiguos sistemas de comunicación oral donde el texto callaba, fin de su sonido, para no existir, el poeta ejecuta en la hoja el génesis de ese comienzo a la mudez, al silencio, con una suerte de acción definitiva. El Apocalipsis no es el final, jamás será el final, es la ruta encaminada, el sendero inexplorado del silencio frente al paisaje enmarañado de las palabras.

Es por esto que el libro se divide en tres secciones: El Apocalipsis de las Palabras; La Dicha de Enmudecer y Post Scriptum. Los primeros poemas tratan de posturas en donde el poeta se influencia evidentemente por el poeta inglés Robert Browning (1812-1889), quien se destacó por su original timbre y técnica, pero por su verbosa y complicada oscuridad y sus intentos de penetración psicológica desconcertaba a los lectores. También desarrolló el monólogo lírico-dramático, el cual toma Roa Vial en sus textos. Aquí se utiliza la idea de palabra para desarrollar aquellos monólogos y construir una imagen poética que se contrapone al silencio.

Para este ensayo me centraré en las dos últimas partes para referirme exclusivamente al silencio. En “La Dicha de Enmudecer”, comienza con un texto titulado: “Al Enmudecer”:

Respirar, escasamente.
Entre murmullos y tartamudeos.
Con el destino extendiéndose delante de mí
como un paisaje inmóvil donde escasean los colores.
Sin saber adónde ir.
Condenado a permanecer. A ser el que soy.
Solo muy solo. Amurallado en una casa cualquiera
de un pueblo cualquiera en un día cualquiera.
Sin que nadie pueda echar abajo tanta oscuridad.
Cuando todo huele a ausencia.
A recuerdos que se muerden unos a otros.
Sin nada ya que decir.
Cuando las palabras lentamente se transforman
en habitaciones apagadas y sordas,
encadenadas a un silencio
del que no les es posible escapar.

El título del poema nos presenta un texto dedicado al enmudecer, al mutismo. Y en el primer verso ya nos plantea la situación de realización de aquel acto: Respirar, escasamente. Para continuar con el hecho o con el acto dificultoso, y sus consecuencias del vago respirar: entre murmullos y tartamudeos; que son sonidos con escaso volumen o sonidos ininteligibles. Como una especie de desfallecer, encontrándose con el destino, una proyección del futuro, que crece delante de él, el hablante se encuentra desorientado sin saber qué hacer, adónde dirigirse. Y se condena a situarse en un solo lugar, a una sola realidad, que mediante la mudez se puede reafirmar el Ser.

En los versos 7 y 8: Solo muy solo. Amurallado en una casa cualquiera/ de un pueblo cualquiera en un día cualquiera; se toma conciencia de aquella realidad de soledad que se relaciona constantemente con el silencio, por medio de la reflexión interna que realiza el hablante. Prisionero en un espacio que no importa cuál es, sino que el acto que se deja de realizar. En la oscuridad, que nos plantea el tiempo: la noche, que según Steiner es con quien la palabra limita, se puede realizar ese cuestionamiento del dejar de hablar: cuando todo huele a ausencia.

En el verso 11 el poeta entra en el mutismo: Sin nada ya que decir. Aquí ingresa en el silencio, en la pérdida de la conciencia creadora, pero da paso a una transformación de las palabras, a un cambio que se manifiesta de manera lenta, a través del poema (y en este caso del poemario completo), en donde las palabras sufren un proceso de cambio en el significado, ya no verbalizando al mundo, sino que, determinado por el ambiente enmudecido, significando a una nueva realidad.

Esto es lo que nos quiere plantear Roa Vial con su propuesta de reivindicar al silencio, no como una muerte de la palabra, aunque en cierta medida sí muere, pero poéticamente, si no que como una transformación de sentido.

Los siguientes poemas de “La Dicha de Enmudecer” se denominan  A  la manera de y se nombran a diferentes autores, clásicas influencias de Roa Vial, como por ejemplo, por nombrar algunos: Paul Celán  influenciado por el surrealismo que expresa sentimientos de lo absurdo en la vida moderna y la comunicación humana. También el poeta nacido en Praga, Vladimir Holan, quien es considerado como el gran poeta checo del siglo XX. A través de él nos presenta su mundo poético simbolizando la noche, lo enigmático y fantasmal.

De estos poemas utilizaré: A la manera de Paul Celán, del cual extraje un fragmento que nos podría manifestar el tema que nos preocupa ahora:

La eternidad sólo se deja oír
allí donde todo ha enmudecido.
Allí donde el silencio nos bendice
con su aliento final.

La eternidad, soporte de la vida, nos presenta su sonido, su música y alaridos, cuando todo se cubre de silencio. Bendiciéndonos con su aliento, pero no el primero, el llanto del recién nacido, sino que el último aliento, el suspiro final, sepulcral, de quien deja de existir.  En este punto del texto se propone el tema clave que se relaciona con el silencio, la muerte. La sensación de la quietud y del enmudecer va de la mano con la imagen de la muerte. Pero de la muerte que provoca cambio de sentido que produce la dicha de enmudecer.

Dentro de la tercera parte del texto titulada: “Post scriptum”, el poeta nos presenta una serie de reflexiones acerca del enmudecimiento, y de cómo ciertos aspectos de la vida nos propone acercarnos a la mudez. Como modelo nos será útil el siguiente texto:

La dicha de enmudecer es la dicha de ver cómo el
mundo calla en el alma del poeta. La vida, “que es un
morir siempre por encima de todo”, corre
inevitablemente hacia ese modelo final, “el  hombre
 mudo y desnudo”

Esto sería la finalización de Roa Vial acerca del tema del enmudecer. Es la dicha de ver silenciar al mundo en el alma del poeta, el hecho de que la vida se dirige hacia un final silencioso, donde la mudez cubrirá al hombre-poeta desprotegido de abrigo y lenguaje.

En conclusión, el poemario de Roa Vial, nos lleva por el tránsito de cómo las palabras cambian en un proceso de evolución hacia un enmudecimiento, para provocar una transformación de sentido. Quizás se podrá ver como un caos, como un exceso en la utilización del lenguaje poético, pero su estructura, el manejo de imágenes y de referencias apocalípticas, nos motiva a leer un texto lúgubre y mudo.

Para finalizar la presentación, citaré los últimos versos del poemario de Roa Vial, donde nos expone su visión final acerca del silencio, y que me sirve para englobar el texto presentado hoy:

El silencio, después de todo, es una liberación solitaria.
Quemados los nombres y desbautizadas las cosas: el
apocalipsis de las palabras.

 

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NOTAS

[1] Ponencia presentada en el Primer Congreso de Poesía Chilena del siglo XX en Noviembre del 2006. Universidad de Chile.
[2] Colodro, M.(2000) El Silencio en la Palabra: Aproximaciones a lo innombrable. (1° edición) Editorial Cuarto Propio, Chile, pp. 13 - 31
[3] Steiner, George. El silencio y el poeta (1966). En Lenguaje y Silencio. México: Gedisa Editorial. 1990: pp 63-85.


 

 

 

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