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NO PASÓ NADA DE ANTONIO SKÁRMETA: OTRA PERSPECTIVA DEL EXILIO
Skármeta, Antonio. No pasó nada y otros relatos. Santiago, Chile: Pehuén. 1985. 110 páginas.

Por Iréne Contardo Schmeisser
Publicado en Umbral, N° 11 – Año 1 – Noviembre 2015


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RESUMEN

El tema del exilio en la narrativa chilena ha sido recurrente incluso luego del período dictatorial. Sin embargo, son pocos los textos que aun se atreven a apuntar hacia un público adolescente o joven en este aspecto. No pasó nada puede considerarse un primer paso al acercamiento de Skármeta a la literatura para adolescentes. En este comentario crítico se abordarán cuatro aspectos de esta novela: la memoria en la configuración del relato, el género de la Bildungsroman, la cuestión del exilio y la polisemia en el título. Desde estos puntos, se busca evidenciar que la conformación de esta novela apunta a una propuesta política sobre la postura que el exiliado debe tener frente a su desarraigo.

PALABRAS CLAVES: EXILIO, BILDUNGSROMAN, MEMORIA.

 

INTRODUCCIÓN

Hablar desde una voz adolescente para referirse al exilio es, de cierta forma, hacerse cargo de las experiencias y discursos de quienes Zambra llama “personajes secundarios” en su obra Formas de volver a casa (2011); también es un recurso para poner el foco en otras circunstancias no menos importantes que el horror del golpe de Estado y la represión dictatorial. No pasó nada es una novela escrita por Antonio Skármeta desde su exilio en Alemania en 1980. La versión que vio la luz en Chile está censurada y es la que hasta el día de hoy continúa editándose. A pesar de este dato, la perspectiva en torno al exilio no sufre mayores cambios pues, en realidad, por el contexto y la distancia temporal y espacial, el objetivo de denuncia ya no es lo urgente. Es necesario ahora ubicarse desde una posición que supere el shock y considere los diversos escenarios para la recuperación de la democracia, retomar las confianzas y despercudirse de los temores para organizarse y actuar. Un prisma distinto, entonces, que es otorgado por un narrador adolescente, servirá para poder proponer nuevas posibilidades a una sociedad disgregada pero siempre atenta a volver.

A continuación, se revisarán cuatro aspectos de esta novela, con la intención de exponer cómo este enfoque nuevo servirá para erigir un discurso de reconciliación y esperanza en el pueblo chileno que vivía en aquel entonces la dictadura.


1. EL RECUERDO COMO EJE ORGANIZADOR DEL RELATO

Dado que el proceso de producción de la novela fue en el propio exilio de su autor, el referente y la coyuntura se filtran en la producción literaria: en No pasó nada, el eje que articula la narración son los recuerdos. Si bien Lucho – el narrador protagonista de esta historia– es un adolescente, es capaz de relatar desde su lugar de enunciación tres momentos del pasado: la vida familiar en Chile – principalmente durante la Unidad Popular–, el pasado que corresponde al primer tiempo en el exilio, y un pasado reciente que significa el mayor obstáculo en su vida y que, como veremos más adelante, es el que representa su prueba para dejar definitivamente la infancia.

Lucho es un adolescente que lleva poco tiempo viviendo en Alemania con su familia. Se puede deducir que la salida del país fue muy poco después del golpe de Estado, ya que el primer aniversario de esta fecha lo viven allá. En su caso, los recuerdos de Chile tienen que ver con una etapa que está pronto a abandonar, la niñez, haciendo menciones breves al tiempo de la Unidad Popular, y solo una a los hechos represivos luego del golpe. Se centran, en general, en comparaciones entre Chile y Alemania, y en los sacrificios que han debido afrontar como familia a causa del exilio, evidenciando la conciencia –cuando menos precaria– de la situación política en la que se encontraban.

Ellos [los compañeros de colegio] no saben que en ese estadio después los militares metieron mucha gente presa, y allí murió mi tío Rafael que era profesor y el mejor amigo de mi papi.
[…]
Al comienzo no nos acostumbrábamos para nada. Mi papá y mi mami no tenían trabajo, mi hermano chico se enfermó con mucha fiebre por el cambio de clima y vivíamos en una pieza los cuatro en el departamento de un amigo alemán que había estado en Chile. Mi mami era la que más sufría, porque allá teníamos una casa con patio en Ñuñoa con hartas piezas, y cada uno tenía lugar para hacer lo que quería.
[…]
Allá en Chile había muchos niños que se morían de hambre y cuando vino Allende ordenó que a todos los niños de Chile se les diera medio litro de leche por día y eso fue muy bueno porque dejaron de morirse. Aquí los niños no saben lo que es un país pobre pobre (Skármeta 11-13).

Al contrario de sus padres, Lucho prontamente aprende la lengua y comienza a relacionarse con la cultura del lugar nuevo en el que la familia está. Si bien comparte los deseos de volver a Chile, esto es probablemente más influyente por experiencias y amistades que por una vida construida. Rápidamente, debe memorizar palabras, frases básicas para poder comunicarse en la escuela y, aun más importante, poder traducir los mensajes de ayuda en los primeros momentos en Alemania.

El uso de los recuerdos significa aquí, para el narrador, poder tender un puente entre su historia de infancia, que se vio interrumpida violentamente, y una nueva vida impuesta. El ejercicio de la memoria significa hilar una nueva identidad. Lucho, en Chile, estaba comenzando a construir una identidad en su contexto de preadolescente de clase media en un país latinoamericano subdesarrollado, en una familia de izquierda, con amistades y ciertos gustos que ya estaba desarrollando –la música, por ejemplo–. Esta construcción bien podría haber continuado de no haber ocurrido una serie de hechos abruptos y traumáticos: el golpe de Estado y el exilio casi inmediato. A esto sumamos, además, el conocimiento de algunas prácticas del terrorismo dictatorial como el encarcelamiento, asesinato y desaparición de personas cercanas a sus padres. El destierro significa el desarraigo de todo lo conocido, de todo aquello que habría servido de material para la edificación de la identidad adolescente y adulta. Ahora, Lucho se encuentra en un contexto distinto y ajeno, pero con el que por su edad está forzado a relacionarse. Es un mundo desarrollado, con culturas diversas, con un mundo de nuevas posibilidades. El “puente” que forja Lucho por medio de los recuerdos es una solución que nos deja ver la madurez que está alcanzando en su proceso de formación: rechaza el “borrón y cuenta nueva”, rechaza también vivir del pasado, y decide asumir su consciencia de chileno exiliado que se moviliza por su país en tanto se relaciona y crea vínculos con su nuevo contexto.


2. EL EXILIO

El hecho de que Antonio Skármeta escribiera esta novela durante su exilio en Alemania atrae aun más el referente de la dictadura y el destierro a su producción literaria. Al respecto comenta Cymerman (1993):

La narrativa de Antonio Skármeta (1940) –Soñé que la nieve ardía (1975), No pasó nada (1980) y Ardiente paciencia (1986)– señala su nostalgia de Chile y su emoción ante los avatares sufridos por el pueblo chileno. Su novela corta No pasó nada cuenta, en un lenguaje sencillo y mimético, impregnado de emoción y de ternura, las tribulaciones de un adolescente chileno exiliado en Alemania. En el trasfondo se desdibuja la tragedia de un Chile ahogado por la dictadura (544).

Como mencionaba anteriormente, en No pasó nada el sentido de la urgencia y la necesidad de demanda de los horrores que se estaban cometiendo en Chile durante los primeros años de dictadura retroceden para dar paso a otra perspectiva: la del sujeto expatriado que debe relacionarse en el exilio con una cultura diferente con la que no eligió convivir. Existe en los personajes, pues, una constante nostalgia y esperanza de volver a Chile, de conocer la noticia que el dictador ha caído y que pueden recuperar sus vidas.

Este es el caso de sus padres, quienes representan en la novela la diferencia tajante del exiliado con el inmigrante: está siempre en constante espera y se resiste a crear vínculos y permearse con la nueva sociedad que lo rodea, porque ésta es impuesta: «[…] el inmigrante es aquel individuo que pasa por sobre y deja atrás su subjetividad anterior, es el que la borra o la mantiene (si es que la mantiene) como un fetiche tal vez amable, pero despojado de eficacia; el exiliado no» (Rojo 3). El exiliado está en constante espera, como si estuviera en un trasbordo siempre a punto de tomar el avión para volver a casa y vive con su mente, en este caso, en Chile. No asume la permanencia en este nuevo lugar. Agradece la acogida, pero no intenta hacer suyo este otro contexto: no aprende la lengua, no hace nuevos amigos, no se interioriza de su cultura, etcétera. Está esperando volver.

¿Y Lucho? ¿No es él también exiliado? Desde luego, pero su lugar de enunciación es otro desde el momento en que su experiencia como chileno es también otra. No tiene esa acumulación de vida (Rojo 4) que tienen los adultos y, por esta razón, no tiene la nostalgia ni la añoranza que lo ata a su país natal. Además, se ve forzado por las circunstancias a relacionarse con el mundo alemán: debe ir al colegio –por lo que debe aprender más rápido la lengua–, debe traducir y, como el adolescente que es, quiere relacionarse con sus pares. Esto es lo radicalmente distinto. Lucho quiere comparar Alemania con Chile, quiere contar cómo es su país y lo distinto que es el allá y entonces con su aquí y ahora. Y no le cuesta pues, reitero, no tiene una raíz profunda que lo mantenga con su mente y afectos allá.


3. BILDUNGSROMAN

No pasó nada pertenece al género de la novela de formación o Bildungsroman. Lucho es un adolescente de catorce años que se ve forzado a apurar su madurez por el exilio. Sus padres le exigen responsabilidades que lo ubican en un papel, si no de adulto aun, determinante para la subsistencia de la familia:

Yo fui el primero en aprender alemán de mi familia, y cada vez que sonaba el teléfono, mi papá me iba a buscar para que yo atendiera. A veces cuando yo no estaba en la casa, el papi y la mami dejaban que el teléfono sonara no más porque les daba vergüenza levantarlo. Y cuando yo llegaba a la casa me retaban porque no había estado cuando sonó el teléfono. Ahora dejamos que suene todo el tiempo que quiera, pero los primeros meses dependía del teléfono que comiéramos (12).

Dentro del género de formación, podríamos incluso ubicar esta novela en el tipo kunstelroman, donde el narrador se perfila en su camino de artista. Recordemos que Lucho tiene plena conciencia de que su discurso forma parte de su ópera prima, declara que «[…] ahora quiero ser escritor» (10).

En cualquier caso, como Bildungsroman, según Lukács (1977), las posibilidades de desarrollo y resolución del conflicto en una novela tal son tres, desde la perspectiva del protagonista: a) negativa, en tanto que la imposición de la sociedad anula las pretensiones del joven; b) negativa, en tanto que el personaje decide dar la espalda al mundo y, con frecuencia, es castigado; y c) positiva, en tanto ocurre una transacción entre los deseos y proyecciones del joven y las condiciones o exigencias del mundo. Para cualquiera de ellas el protagonista es activo en su aprendizaje, no es un simple receptor pasivo del mundo adulto:

El protagonista del Bildungsroman debe cargar con una doble dimensión de actor y receptor de su experiencia. Es importante señalar que dicha experiencia será mayormente contradictoria pues se enfrentan dos pretensiones de vida opuestas, la que desea el joven en formación y la que establece el mundo –generalmente la institución–. En esta pugna, uno de los dos impulsos deberá ceder, si se quiere lograr un final armónico: o el joven pasa por alto las normas, o abandona, al menos en parte, sus esperanzas y se ajusta al modelo que indica la realidad (Contardo 11).

Respecto del obstáculo que el protagonista debe sortear para poder acceder al mundo adulto, Rodríguez Fontela afirma que

[…] la ‘aventura’ no es sólo un obstáculo que hay que salvar o vencer […] sino también, y sobre todo, una fase de autoformación en la conquista de la identidad personal. Por medio de la aventura y en su relación con el mundo, el ‘alma’ aprende a ‘conocerse’, ‘descubre su propia esencia’, sabe cuáles son sus límites (32).

No obstante la situación de desarraigo en la novela de Skármeta, se presenta una salida positiva, la de la integración: Lucho enfrenta sus temores en un conflicto cotidiano aunque muy angustiante y deja atrás por fin la infancia para asumir una adolescencia con más responsabilidades, pero también con más novedades y alegrías. Junto con él, se vislumbra una apertura de los padres hacia Alemania: el padre comienza a estudiar la lengua, aficionado cada vez más al diccionario, logrando una independencia frente al rol traductor del hijo.


4. UN TÍTULO POLISÉMICO

Como último apartado, quisiera detenerme en el título de la novela. “No pasó nada” se menciona directamente como una frase que Lucho dice en sus primeros juegos de fútbol en Alemania. Es bastante común en este contexto cuando se quiere librar de alguna amonestación por una falta durante el partido. Luego, el narrador nos comenta que el dicho se proyecta en él y pasa a ser su apodo durante un tiempo para sus nuevos compañeros de escuela.

Sin embargo, la significación de este título no debe quedar allí. Aun en la jerga futbolística, la frase “no pasó nada” se dice únicamente cuando algo ha ocurrido (o al menos se presume). La falta es una acción ilegítima dentro de un juego reglado. El golpe de Estado también lo es. Decir que nada ha sucedido es altamente irónico pues evidencia lo que se quiere esconder.

Esta frase remite, además, a un tipo de conducta que se instala para evadir el conflicto a todo nivel: desde no llorar por una caída hasta no enfrentar la situación del desarraigo, el dolor y el exilio. Es, entonces, la salida por la que optan los padres de Lucho: hacer como que no pasó nada, como que no están en Alemania, que solo están de paso, que en cualquier momento este paréntesis terminará y todo será como antes. Lucho no opta por esta salida, aunque lo duda. Antes de su enfrentamiento, piensa muchas veces en huir, pero finalmente asume su falta y va a la pelea para zanjar el asunto. Lucho, al enfrentar y superar el obstáculo, crea nuevos vínculos y nuevas seguridades, se transforma él en el maestro de sus padres, mostrándoles que la vía de la inclusión en el país de residencia es posible sin abandonar ni traicionar la identidad desarraigada.


CONCLUSIÓN

La novela No pasó nada presenta aristas muy variadas de análisis y en este comentario crítico se ha intentado dar cuenta de solo algunas. En cuanto a su interpretación, la salida positiva que tiene esta Bildungsroman puede considerarse como una propuesta política frente a los sujetos –lectores– exiliados. No abandonar su sentimiento que lo mantiene arraigado en Chile, pero al mismo tiempo abrirse a la sociedad que lo ampara con fines de formar comunidad.

El receptor-a, o más bien destinatario-a, directo de esta novela es el desterrado, en una época (1980) en que la dictadura se ha institucionalizado –por medio de la nueva Constitución–, y se vuelve urgente la organización, unión y reconciliación –entre los exiliados, claro está–. La utilización de una voz adolescente podría significar el llamado de atención a una nueva generación, una nueva fuerza –parafraseando a Los Prisioneros– que entiende las características de su situación de diáspora y que es el vínculo con el mundo adulto, asustado y traumado. Así como Lucho utiliza los recuerdos para crear un puente entre su identidad “allá y entonces” con la de “aquí y ahora”, los adolescentes y jóvenes del exilio son los que deberán enseñar a sus padres a asumir la responsabilidad de enfrentar no solo el presente, sino también el futuro de Chile, que se forja incluso desde fuera.

 

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BIBLIOGRAFÍA

- Contardo, Irène. Bildungsroman y anarquismo en “Lanchas en la bahía” de Manuel Rojas. Informe de Seminario de Grado para optar al grado de Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica con mención en Literatura. Universidad de Chile, 2010. Impreso.
- Cymerman, Claude. «La literatura hispanoamericana y el exilio». Revista Iberoamericana LIX.164-165 (jul-dic 1993): 523-550. Digital.
http://revistaiberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana /article/viewFile/5171/5329
- Lukács, György. La novela histórica. Trad. Jasmin Reuter. 3ra ed. México: Era, 1977. Impreso.
- Rodríguez, María. La novela de autoformación: una aproximación teórica e histórica al “Bildungsroman” desde la narrativa española. Kassel, Alemania: Edition Reichenberger. Impreso.
- Rojo, Grínor. Las novelas de formación chilenas. Santiago, Chile: Sangría, 2014. Digital.
http://www.sangriaeditora.com/wpcontent/uploads/2014/01/Las-novelas-deformaci%C3%B3n-chilenas-ExtractoGr%C3%ADnor-Rojo-y-Sangr%C3%ADaEditora.pdf
- Skármeta, Antonio. No pasó nada y otros relatos. Santiago, Chile: Pehuén, 1985. Impreso.



 

 

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NO PASÓ NADA DE ANTONIO SKÁRMETA: OTRA PERSPECTIVA DEL EXILIO
Skármeta, Antonio. No pasó nada y otros relatos. Santiago, Chile: Pehuén. 1985. 110 páginas.
Por Iréne Contardo Schmeisser
Publicado en Umbral, N° 11 – Año 1 – Noviembre 2015