[07]
Mira el reloj: las 11:11 am.
Una mancha en la correa la distrae.
Saca una esponja del bolsillo interior de su chaqueta
y comienza a restregar;
. . . . . la espuma se traslada a su mente,
. . . . . ya son las 12:21 hrs.
Más allá, en el otro hemisferio del globo,
algunos sueñan con una mancha que se expande
como la noche sobre las teclas del computador.
[08]
El rostro pixelado en la pantalla.
Una voz en off interroga al victimario.
En el vestuario maquillan la expresión de las víctimas.
Los tramoyistas preparan la escena del crimen.
[12]
Ella intenta dejar los muebles en su lugar.
Imagina el sitio exacto de una vela encendida,
el macetero y el ambiente propicio
. . . . . para que el musgo crezca en sus pestañas
. . . . . para que adelgace su sombra
. . . . . para que combinen la noche y la sala
. . . . . para que el sol lustre sus piernas
. . . . . para que el polvo desista bajo la alfombra.
Ella -la distribución de los muebles en la memoria-
abre la puerta de entrada,
deja que pase la luz entre nosotros
y recibe a las visitas en llamas.
[16]
Su cara es un contorno vacío.
Ella dispone de treinta segundos para llenarla.
Se ubica frente al espejo,
toma un plumón amarillo
y comienza a pintar su sonrisa.
[17]
Usted puede olvidar con este programa.
Sólo mire la pantalla,
deje su mente stand by
y sonría recostado en un bergere.
[18]
Ella está encerrada en el ojo que la mira.
Para huir debe caminar hasta el fondo del plano.
Una vez allí, es necesario que agite sus brazos,
que se deslice de perfil tras el acuario
y se confunda con las colas de los peces tropicales.
Debe estar siempre atenta al parpadeo.
Cada vez que él cierre sus ojos,
ella podrá copiar su rostro en el espacio
y saltar por la ventana que imagina.
[34]
Al cambiar de canal aleatoriamente
los diálogos se conectan de un modo perverso;
las palabras se liberan del sentido,
hasta volverse figuras inconexas, como restos
de polvo, pixeles y un ojo fugaz.