Proyecto Patrimonio - 2023 | index |
Alejandro Zambra | María José Navia | Autores |



 





La lengua paterna de Alejandro Zambra

"Literatura infantil", Anagrama, 232 páginas

Por María José Navia
Publicado en Revista de Libros de El Mercurio, 7 de mayo de 2023



.. .. .. .. ..

En la literatura de Alejandro Zambra abundan los padres y los hijos. También los padrastros. Padres que son computadores (que muchas veces funcionan mal) e hijos que son cuadernos, como en Mis documentos. Padrastros que ensayan vínculos como en Poeta chileno o La vida privada de los árboles. Hay reflexiones sobre la memoria familiar (Formas de volver a casa) o la construcción de una pareja (en Bonsái) y un jugueteo constante con las formas y los géneros, como en Facsímil o Tema libre. A este excepcional universo llega a instalarse la nueva obra de Zambra, Literatura infantil, una colección de catorce textos, divididos en dos partes, en los que deambulamos entre el ensayo personal, la crónica y los cuentos. O quizás nada de esto importe y solo valga confirmar (y celebrar) que tenemos nuevo libro de Zambra y, con el, una nueva oportunidad de deslumbrarnos con su inteligencia y la manera en la que el humor y la ternura iluminan incluso el miedo feroz experimentado en pandemia.

Se trata de un libro que empieza con un cero y que muestra por primera vez la sombra de un padre sosteniendo a su hijo en un hospital. Ese amor y esa incomodidad con la propia respiración que de pronto suena tan avasalladora y que hace a quien narra comentar que acaso la superstición más sensata sea dejar de respirar para que el hijo lo haga. Algo que hace eco en otro texto más adelante, en el que leemos que "Ser padre consiste en dejarse ganar hasta el día en que la derrota sea verdadera".

El libro completo pareciera acompasarse a la respiración del hijo y a las interrupciones constantes. No solo del niño, sino también de Jazmina, la mujer del narrador, que aparece para comentar pedazos de lo que vamos leyendo, o el padre que hace preguntas y propone planes mientras su nieto dibuja y él se comunica por alguna pantalla. Interrupciones luminosas y adorables que recuerdan a ese precioso libro de ensayos de Sarah Ruhl (de larguísimo título: 100 Essays I Don't Have Time to Write: On Umbrellas and Sword Fights, Parades and Dogs, Fire Alarms, Children, and Theater, aún no traducido), en el cual los muy breves textos de la autora se ven interrumpidos por sus hijos y ella deja la marca de esas apariciones en lo que escribe en lugar de editarlas.

Son textos con las puertas y ventanas abiertas a la vida (si bien en varios de ellos veremos las sombras del confinamiento pandémico). A los ruidos de la calle, a las canciones, a los sueños, a las palabras inventadas. Textos que se van hilvanando y llamando unos a otros, trabajando en aquello que va uniendo a la familia con la literatura: los libros que le gustan al hijo, Silvestre (el libro del topo), y al padre, Horacio (A River Runs Through It, de Norman MacLean). Los que escribe Silvestre (Los problemas de Alejandro) y el que piensa escribir el padre (Formas de perder a un hijo). Pero también el que va escribiendo Alejandro Zambra, en su teléfono, o en borradores sobre los que luego su hijo dibuja, como algo que comienza como canción de cuna y termina como un hermoso recado al hijo, que puede ser una forma de imaginar un futuro más amable con paseos bien conversados y el oído atento. Un futuro, también, en el que el hijo lee al padre.

En Literatura infantil, convertirse en padre se descubre como el aprendizaje de una nueva lengua en la que ahora abundan palabras inventadas y chistes familiares. Con la dificultad y maravilla que eso implica. Una lengua en la que el "no" va adquiriendo diferentes matices hasta convertirse en un "ne", en la que un padre improvisa una lectura en francés o un hijo se ríe de chilenismos desde su español de México. Una reflexión luminosa sobre la literatura infantil, lo quizás injusto de ese término, como separándola de la literatura seria o "de verdad", y esa maravilla frente a libros en los que el título quizás no importa tanto. Libros que se convierten en parte de la biografía y del álbum familiar y que son leídos a través de los padres, como si ellos no fuesen sino un médium a través del cual puede hablar, en esos primeros años, la literatura.

Alejandro Zambra hace un homenaje a los libros que nos forman, a esa literatura que es como una continuación de la música y que puede ofrecemos la soledad (la lectura en voz baja) como el mejor de los regalos, una soledad llena de voces e historias. Un retrato de la paternidad como deslumbramiento, con padres escritores que quieren tener tiempo para escribir y luego echan de menos a sus hijos, releyendo sus libros favoritos. La paternidad y la infancia como ejercicios de escritura y reescritura, como una prolongación del juego y una nueva incertidumbre. O, como leemos en otro de los luminosos momentos de este libro: "Como espectadores que se perdieron los primeros minutos de la película pero se quedan a la función siguiente para entender la trama, olvidamos justo la parte de la infancia que luego observamos en nuestros hijos son ellos quienes nos recuerdan que hemos olvidado, y entonces despunta una nueva forma de incertidumbre que puede resultarnos sombría y vertiginosa, pero también estimulante y fecunda".

 

 

 




 

  . . .



 

 

Proyecto Patrimonio Año 2023
A Página Principal
| A Archivo Alejandro Zambra | A Archivo María José Navia | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
La lengua paterna de Alejandro Zambra
"Literatura infantil", Anagrama, 232 páginas
Por María José Navia
Publicado en Revista de Libros de El Mercurio, 7 de mayo de 2023