Constanza Anabalón, Entrevista. Publicada por EXPERIMENTAL LUNCH


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CONSTANZA ANABALON, ENTREVISTA

Publicada por EXPERIMENTAL LUNCH en ABRIL 21, 2018


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¿Cuándo fue la primera vez que te arriesgaste a escribir? ¿Dónde comenzó todo para Constanza Anabalón en la literatura?
Me pienso de siete u ocho años, escribiendo. Me llama la atención, leyendo y escuchando a otras autoras que, en general, siempre mencionan los ocho años como edad iniciática de la escritura. Se me ocurren un par de teorías al respecto. Recuerdo haber empezado escribiendo diarios y cartas a familiares que vivían fuera del país. Eran unas cartas bien telegráficas, la verdad. En este caso, el disfrute estaba en la espera. La ansiedad de saber si habrá llegado a destino y, de ser así, cuánto tardarían en responder. Pensando en Kayrós, el proceso duraba una eternidad. En Cronos, habrá sido, no sé, de unos quince a veinte días. Recuerdo pocas sensaciones tan hermosas como el encontrarme con la carta de respuesta, bien rellenita de hojas.

Ahora bien, en el caso del diario, el disfrute residía en la escritura misma. Encontrarme desde ese lugar. Porque para hablar nunca fui muy buena (el USB de la voz venía malo de fábrica y mi mamá nunca encontró la factura). En la escritura fluía de otra forma. Podía empezar a entender cosas, a entenderme. Tenía la posibilidad de poner en palabras las sensaciones, las imágenes. A habitar el mundo desde ese lugar. Luego la escritura comenzó a ser intermitente, pero siempre regresaba a ella, por necesidad. Era la única manera, junto con la música, en que sentía que podía conectarme. Conmigo, con otras y otros.

Eso sí, recuerdo con exactitud el momento en que me planteé empezar a escribir cuentos u otro tipo de textos. Cuando cumplí trece años, una profesora muy querida me regaló una libreta enorme, sin márgenes ni líneas. Tapa dura. La portada era una mezcla de azul y verde difuminados, y sobre ella varias hileras de monitos con paraguas.

En la primera página decía: «Este será el mejor de los libros, pues tú lo escribirás». Fue muy bello y revelador. Lo sentí como un cambio de paradigma. La mirada pasó de estar alojada exclusivamente en el interior, a pensar en la posibilidad de traducir todo eso en un texto que alguien más podría llegar a leer. Fuera de los telegramas familiares, claro.

Tu primera novela ´´Caja de Resonancia´´ describe un poco el Chile Posdictadura, en especial la vida de una familia con distintas tendencias políticas ¿Que te identifica y te atrae de todo este conflicto que ha vivido el país, para traspasarlo al papel? ¿Qué buscaste y en que te basaste para conseguirlo?
No sé si será por deformación profesional, pero en lo que escribo siempre está presente el elemento político, de una u otra forma. Me cuesta pensar en una escritura que carezca de ello. Eso no quiere decir que tenga que ser panfletario. O espero que no resulte así, al menos.

Las tres personajes principales de la novela son de generaciones distintas: la tía, adulta durante la dictadura cívico-militar; la madre, una adolescente en el mismo período; y la sobrina/hija, habitando este Chile posdictatorial. Una de las temáticas que se abordan en el texto es la dictadura, claro. Pero de manera tangencial, contextual, desde lo micro. Desde la mirada de la protagonista, indagando en la historia familiar y en cómo la historia país cruza, destruye y desarma lo «micro». Es ver ese «continuum» a través de las tres protagonistas. Indagar en cómo la dictadura ha incidido en el modelo que tenemos ahora. Cómo la historia va haciendo mella en el entramado familiar, personal, en el inconsciente, en muchísimos planos. Y cómo sigue estando tan presente.

Políticamente, me interesaba también sacar la voz de lo femenino desde ciertos espacios de disidencia. Una crítica a la heteronorma desde lo lésbico, en el caso de Alejandra, la protagonista (sobrina/hija). Una crítica a la hegemonía médica, desde la madre. Y desde la perspectiva de la tía, a la hegemonía académica.

Tu novela está escrita en fragmentos, y en una entrevista anterior te refieres a que tiene que ver con que uno recuerda así, en fragmentos. ¿Qué tan importante es para la protagonista y para las personas en general, el recordar y no dejar lo malo en el olvido?
Claro, ahí señalaba que buscaba reproducir en el texto la forma en que recordamos. En fragmentos, imágenes, como una fotografía del instante. La reflexión que surge es si todos recordamos de la misma forma. ¿Por qué recordar en fragmentos y no tener la historia hilvanada, por ejemplo? En ese sentido, esta forma de recuerdo, esta «fragmentariedad» la veo ligada al trauma, al golpe, a los golpes. Esto a nivel micro y macro, historia familiar e historia país. Alejandra, la protagonista, reordena y se hace cargo de este entramado de historias dolorosas, no procesadas.

Ahora bien, también me pregunto, ¿desde dónde recordamos? ¿A partir de qué? ¿Quién nos ha contado la historia? ¿Cuál es el relato que prevalece? En el caso de la novela, Alejandra se encuentra con los textos de su tía. Desde ese lugar comienza a preguntarse por la memoria. Y va teniendo ciertas luces de la historia a partir de esos textos. Con esos fragmentos puede ordenar los propios. Creo que siempre es importante preguntarse quién está contando la historia. También se observa en el texto las diferencias políticas al interior de la familia, y cómo la historia oficial, la más conservadora, se desarma en el minuto en que la tía se va exiliada. Y a su regreso. Finalmente, el motor de la protagonista es rearmar la historia, para entenderse, supongo. Reordenar todas las fotografías hasta obtener un collage, algo medianamente formado, para entender desde dónde está parada.

Pasando a otro punto, ¿sólo escribes novela o también incursionas en el cuento y la poesía?
Durante muchos años sólo me dediqué a escribir poesía. Y a leer mucha poesía y dramaturgia, también. Era un período de escritura intermitente, desordenado. Nunca pensé transformar eso en un libro y que un otro u otra fuera a leerlo. ¡Menos mal que no lo hice! Luego empecé a incursionar en narrativa y me sentí más cómoda escribiendo desde ese lugar, en particular con la novela. Siento mayor libertad en ese formato. Que tenga una extensión mayor, poder trabajar varias historias en paralelo, pudiendo jugar con la forma, con la estructura. Atreverse a mezclar géneros y formatos. He incursionado en el cuento también, pero me ha costado un poco más.

¿Cómo es tu relación con el proceso de escritura en sí? ¿Sufres mucho con la etapa de corrección del texto? Cuéntanos un poco como es escribir para ti.
Después de la primera novela, he ido pensando en las distintas partes que componen todo el proceso de escritura. Indagando en cuáles han sido más cómodas, cuáles de mayor goce, y las que han resultado más tediosas. En general, he disfrutado todo el proceso de escritura. Lo que más me ha gustado es trabajar la primera versión del texto. Desde que surge, como un hilito, la primera idea que comienza a dar forma al texto, hasta llegar al borrador. Me parece que es una etapa mucho más intuitiva, de ir y venir, de pensar la estructura del texto y, en paralelo, los fragmentos y trozos que van apareciendo. A su propio ritmo, eso sí. Es muy musical esta etapa de la escritura. O así lo he vivido yo, al menos. Luego, la corrección es un período bien TOC, en mi caso. El detalle, la minucia, las lecturas y relecturas eternas. La corrección propia, las lecturas de otros lectores y lectoras amigas. Luego el trabajo editorial. Reconstruir, borrar y reescribir. Me parece que es una etapa dura, porque también implica mucha humildad. Apertura y recepción a todas las correcciones, propuestas e ideas que te puedan hacer. Atreverse a cortar y rearmar. Rescato la generosidad de leerse. Pasar de una primera etapa más solitaria, a otra más «comunitaria».

Por último, ¿en qué estás actualmente? ¿Cuáles son tus proyectos para este 2018?
Actualmente estoy trabajando en una novela. En paralelo, he ido incursionando en la escritura de cuentos. Es como nadar, supongo. Me sumerjo en la novela y, al sacar la cabeza, avanzo en algún cuento. Y lo hago, justamente, para poder tomar aire. Para respirar entre texto y texto, sin ahogarme.



 

 

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CONSTANZA ANABALON, ENTREVISTA
Publicada por EXPERIMENTAL LUNCH en ABRIL 21, 2018