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Abrir espacios, correr los márgenes


Por María Teresa Cárdenas
Publicado en Artes y Letras de El Mercurio, 1 de enero de 2023


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A cuarenta años de la publicación de sus primeros libros —Lumpérica y Bobby Sands desfallece en el muro, respectivamente—, Diamela Eltit y Carmen Berenguer cuentan con una obra sólida y reconocida.


Una narradora y la otra, poeta y cronista; Premio Nacional de Literatura 2018 la primera, Premio Iberoamericano Pablo Neruda 2008 la segunda; amigas, feministas, activistas, artistas de la performance, Diamela Eltit (1949) y Carmen Berenguer (1946) publicaron el mismo año sus respectivos primeros libros, en esos curiosos paralelos que nos ofrece el arte. En 1983, en un contexto de represión, miedo y censura, aparecen Lumpérica (pdf) y Bobby Sands desfallece en el muro,(pdf) novela y poemario que tensan el lenguaje, experimentan con la forma y van más allá de su contenido.

Profesora de Castellano de la Universidad Católica y licenciada en Literatura en la Universidad de Chile, Diamela Eltit formó, junto a Raúl Zurita, Lotty Rosenfeld, Juan Castillo y Fernando Balcells, el Colectivo de Acciones de Arte (CADA), sumándose de manera protagónica a la llamada Escena de Avanzada de fines de los setenta e inicios de los ochenta. En pleno régimen militar, buscaban abrir nuevos espacios para el arte y la circulación de ideas, ejecutando acciones diversas y transgresoras que hoy son estudiadas internacionalmente y recogidas en libros. En ese ambiente opresivo y gris, del que dio cuenta con éxito la serie televisiva "Los Ochenta", Diamela Eltit hacía clases en liceos —más tarde en universidades—, participaba en el CADA y daba sus primeros pasos en la narrativa. Entonces surgió Lumpérica, publicada por la desaparecida editorial Ornitorrinco.

"Yo escribí con un censor al lado, en el sentido más simbólico del término, porque yo sabía exactamente que mi libro iba a dar a esa oficina. Entonces, tuve varias censuras: por una parte, este censor real que estaba allí, aunque yo no lo conocía; por otra parte, las censuras que yo misma podía pensar —las mías—, y después, todas las censuras estéticas que uno trabaja para escribir un texto", le contó la autora a Michael Lazzara (U. de Princeton) sobre el proceso de escritura de esta novela experimental, sorprendente, inquietante.

Distinto fue el caso de Carmen Berenguer, que sencillamente decidió no pasar por ese trámite. "Lo publiqué sin permiso, pues había una ley del Ministerio del Interior que debía autorizarlo, previa presentación", explica en el prólogo a la edición de 2020 de Bobby Sands desfallece en el muro, donde también se incluyen sus libros A media asta y Sayal de pieles (Ediciones UDP). "El libro se hizo a roneo, en un mimeógrafo. Luego supe que sería ese el modo de enfrentar toda mi vida literaria. Aun así, el contexto brutal en el que vivíamos hizo el resto". Para entonces, Carmen Berenguer había residido en dos oportunidades en Estados Unidos por los estudios de su marido científico y al volver se incorporaba de lleno en la escena cultural de los márgenes. Perseguida por la CNI, encontró refugio en la Sociedad de Escritores de Chile, SECh, presidida entonces por Luis Sánchez Latorre. "Era como un campo de lucha por la libertad de expresión —ha recordado sobre esa institución que décadas más tarde la elegiría a ella como presidenta—. Se hacía una política chica, la mayoría eran pseudopoetas, incluyéndome; todos estábamos ahí por alguna razón de escape, pero fue importante para mí. Era un taller de desesperados". En ese contexto escribe Bobby Sands..., cuando se entera de la muerte, tras una larga huelga de hambre en la cárcel de Maze, del joven activista irlandés. Escrito como un diario de vida, en el que cada poema señala el día de ayuno, la autora recurre al grafiti para expresar el delirio del personaje. "Hay alguien que está escribiendo en la pared, desesperado", ha explicado Berenguer. "Y claro, ese fue el sentido del libro, dar esa idea de muerte por hambre. Pero también del hambre en general, del hambre de libertad, de muchas cosas". El libro, entonces, era también una manera de hablar de la dura realidad chilena.

El grafiti también está presente en la novela de Diamela Eltit, la que se divide en diez partes y se construye con una diversidad de textos, como una "memoria fragmentada en recuerdos siempre discordantes que plantean la historia como versión (relato) y no como fundamento (verdad)", al decir de Nelly Richard. En "Los grafitis de la plaza" se expresan diversos modos de la escritura: como proclama, como desatino, como ficción, entre otras. En "La escritura como evasión", se lee: "Pero ellos, condenados, nos insisten en la/ búsqueda y Santiago se desperfila en quimeras". Y en "La escritura como iluminación": "Despiertan al amanecer y yo me cubro entre las/ sábanas traspasada por algo más innombrable/ que el terror".

A cuarenta años de la publicación de sus primeros libros, Diamela Eltit y Carmen Berenguer cuentan con una obra sólida y reconocida. Y en este año de importantes conmemoraciones, sus textos nos recuerdan el valioso empeño de estas dos artistas por abrir espacios y ampliar los márgenes a experiencias negadas, omitidas o desconocidas —el lumpen, la prisión, el hambre...—, usando, en particular en el caso de Lumpérica, un lenguaje ambiguo e incluso contradictorio frente a la verticalidad del discurso oficial. Obras que traen al presente los tiempos oscuros en que fueron escritas.

 

 

 



 

 

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Abrir espacios, correr los márgenes.
A 40 años de la publicación de "Lumpérica", de Diamela Eltit, y "Bobby Sands desfallece en el muro" de Carmen Berenguer.
Por María Teresa Cárdenas.
Publicado en Artes y Letras de El Mercurio, 1 de enero de 2023