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A modo de atmósfera recreativa antes de la lectura de Cruz.


Presentación de Felipe Ruiz

 

Cuando me enfrenté por primera vez a Reducciones me pareció que la obra ameritaba, fuera del típico y paciente comentario de presentación, una palabra aparte, un, si se quiere, apartado de palabras respecto al lugar, la referencia del nombrar poético. Nombrar ese lugar, la referencia o el topónimo en que luce y relucen los versos de Cruz. Pero no es solo eso: es también evidenciar el lugar como territorio posible de cruces. Recordemos: se trata de Cristian Cruz, por tanto, los cruces hacen referencia inmediata a los topónimos, a los topónimos que son, desde luego e inherentemente, homónimos: crítica ad hominen, que escribe en estos versos:

La arbitrariedad
y todo por lo que usted a luchado
y lo tuvo de cabeza en la pega, en los lugares comunes
todo lo traspasa ahora como una bala
y todos corren por usted
se orina y se caga al mismo tiempo,
pero desea escuchar en el tocacintas unos tangos
y echa a llorar.
Su miserable condición lo hace picadillo a cada resolle,
a ratos despotrica contra Dios
pero ve a su hijo arrastrando un tren de cajas de
/ fósforos y se conmueve.

Desde luego no sólo se escribe desde el lugar, se escribe aquí de un lugar, que caracteriza a la poesía de Cruz y sus reducciones como una poética profundamente situacionista. Se trata de personas, de territorios y praxis gastadas por un uso, de horarios y fracciones, que son nombradas para un territorio y con un territorio.

Pero también hay algo más: el lugar lárico, pero de qué hablo, si lo lárico es, por esencia, el lugar, pero insisto: el lugar lárico aquí nombrado inscribe el recuerdo de los trazos en lo que Derrida llamaría con gusto una data lárica. Quisiera recordar aquí una anécdota que viene al caso. Sucedió en el año 2004, poco antes del lanzamiento de Cantares. Escribí yo un artículo para un diario en donde hablaba de la poesía lárica, pero el corrector de pruebas, en la versión impresa de aquel diario, me corrigió por lírico. Poco tiempo de pues, un columnista del mismo diario refrendó a mi artículo citando el párrafo mal corregido. No supe, en realidad, qué responder. ¿ se trata de error o de ignorancia? Es que el larismo no se manifiesta como simple manifestación de la palabra como hiato entre el número y el nombre. Ella gesta, y transgrede, a su vez, el recuerdo de un nombra equivalente a las sumas de la palabra hallada. Los retazos de significación por los que Reducciones pasa asombran por su vuelo y brillo, pero no escapan a la onimicompresión de la palabra dática, de la palabra que fecha y que inscribe, en la fecha, el nombre.

Me parece desde luego que la paráfraisis, reescritura de Kiang se manifiesta como momento culminante y decidor respecto del trazado de la poética de Cruz. El descuido del referente en este caso no es menor: se trata de una paráfrasis que intenta evitar cualquier tipo de compromiso con el autor que no sea la elusión del significante. Kiang, en consecuencia, reescribe pero también inscribe, una palabra cuyo hallazgo es el fechado.

Apuntes:

¿qué ha hecho Satán con nosotros?
¿Qué ha hecho dios con nosotros?
Nada que no sintamos más que la muerte
Esa zorra que merodea la alambrada.

Entre el sollozo, el mejor poema del libro.

Pareciera que en ese rescoldo
Que en ese bracero apagado la tumba cantase aún
Y todo allí dentro.

No queda más que agradecer a editorial Fuga por la excelente colección de poesía que está construyendo y a este libro, que es, en esa misma justa medida, el certero aporte en pos de ese cometido.

 

 

 

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