Proyecto Patrimonio - 2019 | index | César Cabello | Autores |





 



El país donde cualquiera es cualquiera

César Cabello



.. .. .. .. ..

¿Puede haber algo más ahueonao que una carta electrónica de adhesión a las demandas sociales firmada por un grupo de candidatos a doctores de literatura de una universidad chilena?

Probablemente: otra carta electrónica firmada por el mismo grupo de candidatos, pero ahora dirigida al rector de su universidad para que este condene, a nombre de la institución, el uso excesivo de la fuerza por parte de policías y de militares.

¿Cuántos candidatos conforman un doctorado de literatura?

Conté ocho firmas.

¿Les alcanza ese número para instituirse como comunidad?

En mi club de fútbol somos dieciséis jugadores, más el hincha acérrimo que nos acompaña de la cuna a la tumba en todos los partidos, al que le regalamos una camiseta a cambio de que transporte en su auto al capitán, al goleador, la jaba, la pelota y los pitos.

Pienso en esto mientras veo a los ciclistas y a los motoqueros que de grupos de consumo pasaron rápidamente a ser parte del movimiento social. Y digo grupo de consumo porque si uno no tiene el vehículo, el casco y los demás implementos mecánicos y de seguridad, no conduce, no juega.

En la comuna donde habito hay dos sectores bien diferenciados económicamente. Yo pertenezco al más modesto. El segundo día, después de comenzado el toque de queda, decidí salir a darme una vuelta pa` ver qué estaban haciendo o pensando los hueones con más plata de la comuna. Los encontré en una plaza, paseando a los perros, jugando con los cabros chicos y discutiendo sobre el acontecer nacional en torno a una “olla común”. Tengo la experiencia familiar de la olla, mi abuela junto con otras viejas fundaron una población en el sur poniente de Santiago a partir de una toma de terrenos. Además, conozco por libros la organización social de algunos cités, donde se presenta a la olla como una suerte de articuladora de los tiempos de la comunidad y un elemento importante en la conformación del recetario chileno. Pensemos, por ejemplo, en el “Colegial”, esa suerte de “Berlín” barato, a lo más espolvoreado con azúcar flor, al que ahora la cocina gourmet le agrega pasas rubias o almendras, que nació precisamente en un contexto de desabastecimiento y de hambre.

Estuve alrededor de una hora en la plaza. Los niños jugaban, los jóvenes tocaban guitarra o hablaban entre ellos, así que me senté entre unos viejos vestidos con camisas de manga corta, pantalones de tela y zapatillas de género de esas que tienen un ancla azul bordada en la punta. Parece que caí bien y me aceptaron en su banco. Si alguien nos hubiera sacado una foto, dábamos la impresión de que esperábamos a que nos pasaran a buscar para irnos de vacaciones.

De los tres viejos solo uno me hablaba, los otros dos estaban más preocupados de preguntarle uno por uno a los miembros de su familia, cuando los veían pasar, si habían dejado el gas cortado, las luces apagadas y las puertas con llave. Entre los temas que el vocero proponía estaban el alto precio de los medicamentos, los bajos montos de las pensiones, el subsidio al transporte público para la tercera edad. No profundizaba mucho en ninguno de estos porque, según me explicaba, él y sus amigos tenían la fortuna de integrar familias amorosas que los habían afiliado a Isapres y los transportaban en auto cuando debían hacer algún trámite. Incluso, uno de ellos cumplía todos los años con la Operación Renta, porque su hija doctora había puesto una empresa a nombre de él. Supongo que lo usaba para eludir impuestos, pero como el trío parecía estar de acuerdo con las demandas de su sector y yo me había invitado solo, no dije nada. Me acordé, eso sí, del grupo de viejas de mi población que en los 80 conseguían o compraban telas baratas para deshilacharlas y transformarlas en guaipe, el que era vendido a 500 pesos el kilo y servía para rellenar almohadones y peluches de fabricación casera.

Después de estar un rato con los viejos, me levanté para ver cuál era el menú que cocinaban los encargados de la olla. Habían dos: uno para niños, que incluía pollo cocido, puré, ensalada, jugo y bebidas; otro para adultos, que consistía en camarones pelados en salsa de vino blanco, verduras, pan, licores y espumantes. Me preguntaron si tenía mi plato y mi vaso. Contesté que no, que solo quería conversar. Me despedí y caminé de regreso a mi casa por la avenida principal de la comuna, en dirección al poniente. En el trayecto me encontré con una turba que venía en sentido contrario y que se dirigía hacia la plaza, para después marchar hasta el frontis de la Municipalidad. No fui con ellos porque venía de allá y supuse que los hueones de la olla les iban a pedir que retrasaran la protesta porque todavía no terminaban de almorzar.

No reparé en el carácter central y urbano de las manifestaciones hasta que empecé a perder de vista la avenida, los árboles y las casas edificadas a gusto de sus propietarios. Las poblaciones periféricas, como en las que me formé, están sitiadas por el narco y tienen poco que decir en este momento. El mundo rural tampoco figura en ningún discurso y pareciera ser que no tiene voz, salvo en los llamados “al orden” de la Sofo y otras organizaciones de patrones del Agro.

Una amiga, candidata a doctora de literatura, me decía que el mundo rural siempre reaccionaba tarde a los cambios y que casi daba lo mismo lo que opinara. Quizás es cierto, ¿no lo sé? Pero hay que reconocerle a este el haber pasado por el inquilinaje, la Reforma Agraria, la trasnacional, entre otros procesos económicos, sociales y culturales, y no transformarse en los jardínes de un hospital psiquiátrico.

Un tema aparte es el universo mapuche que, mirado desde Santiago, se suele confundir con el mundo campesino, rotulado con Sello de Origen y compuesto por Tesoros Humanos Vivos. A propósito, esto de los Tesoros… es un programa que la ONU cortó hace un par de años por la sencilla razón de que una expresión tradicional o cultural, de carácter comunitario, no puede atribuirse a la práctica o autoría de un solo sujeto. Pero como en el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio tiene esa hueá del “mejor exponente”, le da 4 millones a cada uno de los viejos que escoge como Tesoro, por año, le toma una foto y hace una reseña de los personajes y sus prácticas culturales; además, saca un libro de bolsillo, de tapas duras, en papel couché, en cuatricromía, más un Cd., vende el humo de que cubre todos los ámbitos y expresiones de la cultura nacional.

Mientras caminaba y pensaba en el mundo rural. Sobre todo en el sur, donde estuve 20 años y donde los cabros pelean de enero a diciembre con los pacos y hasta con el Comando Jungla, me acordé que hace un tiempo postulé una novela a la beca de creación del Fondo del Libro que fue mal evaluada por los jurados del concurso. Esta se situaba en una localidad de La Araucanía y tenía como personajes a unos mapuches que no habían viajado a Europa, unos criollos aristócratas venidos a menos y unos colonos suizos que se habían cambiado el apellido pa` pasar por alemanes. Según los evaluadores, mi novela era de “escaso aporte”, porque “reproducía las formas del criollismo” y daba cuenta de una realidad “poco interesante, pero bien escrita”. Claro, como los hueones viven en Atenas, el resto del mundo es poco atractivo o, quizás, ni siquiera existe. No sé.

La verdad es que iba odiando y hablando solo. Tenía que llegar a la casa y darle de comer a mis dos gatos, jugar con estos en una especie de dinámica grupal porque de acuerdo a la opinión del veterinario, el mismo que los había controlado el día anterior y que el año pasado me vendió los chips pa` que los hueones estuvieran bien inscritos en el Registro de Mascotas, podían estresarse y escaparse si es que había ruido de explosiones, escopetazos o gritos.

Yo sabía que los perros eran los más afectados cuando la gente se pasaba en los decibeles permitidos por la Norma de Ruido. Tienen hasta un flayer que dice así: “¿Sabías que cuando tiras pirotecnia yo siento palpitaciones, taquicardia, temblores, náuseas, pánico, aturdimiento y MIEDO A MORIR? En estas fiestas NO A LA PIROTECNIA”. El texto es generalmente acompañado con la imagen del perro más desvalido que los creadores del flayer pudieron encontrar.

En la conversación con el veterinario, que siempre le diagnostica nuevas enfermedades a mis felinos, apelando a su saber científico o, si anda más charcha, a mi culpa por el supuesto descuido al que los someto, traté de mostrarme preocupado por la salud integral de los animales, no solo por su psicología o psiquiatría. Como lo conozco, sé que el hueón no les iba a tirar el tarot de Marsella ni les aplicaría el test de Rorschach, sino que quería venderme unas tabletas pa` la ansiedad o un champú pa` que se les vea más bonito el pelaje y darme algunas herramientas de contención emocional.

Durante la caminata hacia mi casa vi que el número de personas convocadas a la protesta aumentaba. En su mayoría eran grupos de amigos, parejas y algunas familias con niños. Casi todos con cacerolas, pinteados o con look deportivo. Al famoso perro “Matapacos” no lo conocía, lo vi estampado en las poleras de unos cabros chicos y solo por curiosidad les pregunté quién era el personaje. Me explicaron de quien se trataba, no sin antes burlarse de mi “falta de calle”. Me la comí no más. Cuando niño más de alguna vez salí a protestar vestido con una polera del Che Guevara o con un pañuelo blanco que, según mi papá, era el que usaba él en las marchas de las Juventudes Comunistas, junto con una camisa de color conchevino.

En las estampas del perro “Matapacos” observé que este usaba una pañoleta roja con diseño étnico. Cuando me despedí de los cabros chicos, les hice notar el detalle diciéndoles: está buena la pañoleta del perro. ¿Se la compraron en PuntoMascotas?

Cuando llegué a la casa, les llené la paila de las galletas y les cambié el agua a los gatos, encendí el computador para leer noticias y mirar Facebook. Entre las denuncias, en formato de video, audio, flayer, memes, etc., del abuso militar y policial, las torpezas y las atrocidades de Piñera y su gabinete, los duelos verbales entre animadores de matinal, periodistas y analistas políticos, me llamó la atención la cantidad de citas o fragmentos de paper que la gente usa para explicar una hueá que estaba más en el aire y en la práctica que en un texto de Foucault, Deleuze, Bordieu, Platón, Aristóteles u otros.

Se sabía que Chile iba a reventar. No se sabía cuándo. Pasó ahora. Había que mirar los pactos y la omisiones entre los participantes y deudos de la Dictadura y los conglomerados y partidos políticos que surgieron antes, durante y después de esta, ver que las variables con las que se mide la brecha entre pobres y ricos acercan a la “clase media” (la que según la prensa es la que anda en la calle) a la línea de pobreza, los famosos quintiles definidos casi como grupos de consumo, la compra de líderes sociales, políticos o sindicales con dinero o afiliaciones a instituciones o empresas, el sistema económico sostenido sobre el endeudamiento y la pauperización de la gente, la destrucción de la salud y la educación pública, el aumento de los campamentos y el nulo acceso a la vivienda, la depredación de los recursos naturales, la falta de innovación científica y tecnológica, etc., etc., etc., Sumados a los programas sociales que se traducen en bonos o medidas parches. O sea, pa` que haya un subsidio al arriendo que favorece a la “clase media” es porque estamos cagaos.

Además, esto ya escaló más arriba y ahora sí chorrea hacia abajo. No es solo una crisis económica o social, es política. Probablemente, como dicen todos, se resuelva en la aparición de nuevos liderazgos que asuman la dichosa “representatividad” y la reconfiguración de la institución y su estructura pública. Vengo llegando de una asamblea con vecinos de mi sector de la comuna y lo que más se escucha son acusaciones de que ciertos personajes tratan de sacar ventaja o figurar para beneficiarse personalmente en desmedro del resto. Al resto le llaman “comunidad”.

Afortunadamente, nací en el siglo XX y pude vivir en el XXI. Digamos que fui parte de esa masa informe de anónimos que se denominaba “Opinión pública” y que ahora conforma “Audiencia”, la que desconfía de las intenciones del vecino y se alegra de escuchar la “Editorial” de un periodista de tele que expone sus puntos de vista mientras el medio en cuestión coloca una leyenda que dice: “Las opiniones vertidas en este programa son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente el pensamiento del canal”.



 

 

Proyecto Patrimonio Año 2019
A Página Principal
| A Archivo César Cabello | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
El país donde cualquiera es cualquiera
César Cabello