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Carla Cordua: filosofía en tiempos sin futuro
De todas layas. UDP, 2019. 134 págs.

Por Juan Rodríguez M.
Publicado en Revista de Libros, 31 de Marzo de 2019



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A Carla Cordua (Los Ángeles, 1925) hay palabras que le parecen concluyentes. Por ejemplo estas, de T. Snyder: "Un nacionalista nos anima a ser la peor versión de nosotros mismos...". Las cita en su nuevo libro, De todas layas (UDP), que comienza con estas palabras, ahora de la propia filósofa: "El filósofo (...) no será ni cristiano ni budista, ni de derecha ni de izquierda. Como se atreve a pensar de veras tratará de llegar a fondo y de mantenerse en el subsuelo de las evidencias circulantes. Por lo tanto, tampoco podrá ser o policía o bombero ya que logrará convertirse, hasta cierto punto, en un recién nacido".

¿Se siente una recién nacida?
No, en absoluto. Lo que quería decir con eso era que al filósofo se le pide que no esté especializado, que no sea un profesional de esto y de lo otro, sino que sea verdaderamente universal en su manera de pensar. Se le está pidiendo que sea anterior y superior al mismo tiempo a todas las formas limitadas de inteligencia, de carácter, de preferencia, porque esas están todas manchadas por la limitación; un tipo de inteligencia universal que es capaz de ser justo, al mismo tiempo, con todas las cosas. Eso no es algo que nosotros podamos entender tan fácilmente. En ese sentido, me estoy riendo un poco de un ideal de universalidad filosófica que no es realizable para los seres humanos. Como se ha visto por lo demás en la historia de la filosofía, en la que apenas nace un filósofo declara equivocados a todos los anteriores y se pone a pelear con ellos. Se busca una universalidad que ya no pueda ser criticada, pero eso es igual que nada, se parece demasiado al vacío, ¿verdad?

La filosofía soy yo

En el living de su casa, rodeada de libreros y ventanales, Cordua dice que no tiene ni un respeto por los libros como objeto, que lo que importa es el contenido; por eso los marca. "Yo todos los rayo, los escribo, los anoto. Y luego me sirve. Me sirve porque me ayuda a recuperar la reacción que he tenido". A partir de esas notas hizo sus libros Cabos sueltosApuntes al margen y, ahora, De todas layas. En este hay reflexiones sobre actualidades e inactualidades varias, como la filosofía, la poesía, el feminismo, la migración, la vida y la muerte, la vejez, la historia y el progreso, el pasado y el futuro, Kafka, Borges y Mistral, entre otros asuntos.

Sin embargo, Cordua dice que De todas layas tiene una diferencia con sus otros libros de notas: "Yo le metí a este unas consideraciones más largas, con una sorpresa que tuve como lectora. Participé de un congreso que hubo sobre Ortega y Gasset. Nunca me interesó demasiado, pero ahora sí. Ahora le vi un lado nuevo".

¿Qué le interesó?
Lo cerca que está de la situación actual de la filosofía. Cuando Ortega dice que la filosofía es una cosa personal y no algo así como estar enchufado con la sabiduría universal, eso me pareció sorprendente, porque la situación de la filosofía hoy está tan caótica que cada uno hace lo que le parece. Y en ese sentido, aun cuando él no sostenga la opinión de que la filosofía es algo ultrapersonal, la practica como si lo creyera. Y eso no era así cuando Ortega era periodista y escribía en el diario de su papá; o sea, es una opinión que rompe con una tradición de veinticinco siglos, según la cual la filosofía es como una revelación de verdades universales.

Y con un canon.
Exactamente. Vi que Ortega hablaba sobre la situación actual de la filosofía, en la que cada uno hace lo que le da la gana, y no se siente culpable ni endeudado con los cientos de años que han pasado desde que existe la filosofía, sino que la combina con la psicología, las ciencias naturales, las matemáticas, con lo que quiera. Esa arbitrariedad hace que se puede hablar de filosofía si usted se dedica a estudiar la vida de las ostras, por ejemplo, y de repente este "ostrólogo" declara que él en realidad es un filósofo. Yo le tenía una gran antipatía a este caos, pero encuentro que Ortega lo previó al afirmar que la filosofía es una empresa estrictamente personal. El tema central de la filosofía soy yo y mis circunstancias, como decía él.

Entonces, si seguimos a Cordua, hoy la filosofía está lejos de ser el progreso de la razón, que lleva desde la antigua Grecia hasta Hegel y su espíritu absoluto. "He dedicado seis años de mi vida a estudiar a Hegel -dice- y me siento perfectamente ubicada en él, pero verdaderamente hoy un pensamiento así no sería posible. Uno se pregunta cómo es que llegamos a este desorden magnífico, y la única explicación que se me ocurre es que todos hemos leído a Nietzsche, y después de esa lectura (se ríe) naturalmente ha quedado este desorden. Yo misma soy muy aficionada a leer los libros de Sloterdijk, que es un tipo de un libertinaje increíble, que escribe lo que le da la gana. Esa es la situación".

Hay una reflexión que se repite en su libro, sobre la pérdida del sentido de promesa del futuro. ¿A qué lo atribuye?
Hacia la mitad del siglo XIX, el futuro fue un verdadero objeto de esperanza: todo se iba a arreglar, estábamos progresando mucho y la política podía cambiar y ser un instrumento que les permitiría a los hombres lograr una vida más fácil mediante la técnica. Esa esperanza infantil que dominó la primera mitad del siglo XX hizo crisis hacia el centro del mismo con las dos guerras o, si las juntamos, con la gran guerra mundial en la que Europa se despedazó. El progreso técnico mostró su lado siniestro, porque se puso sin pedir premios al servicio de los poderes políticos más destructivos que existían en ese tiempo. El progreso técnico mostró su cara terrorista. La técnica es muy simpática si uno piensa en las computadoras y en esto y lo otro que ayudan tanto, no vamos a negarlo, pero tiene un lado terrorista, que es la fabricación de medios de destrucción. Cuando se corta la celebración impensante de la técnica le ocurre algo al ideal del futuro, porque ya nadie cree que la técnica vaya a seguir avanzando sin que avance también para los perversos. La técnica sirve al mal con tanto entusiasmo como sirve a los médicos o a los ingenieros bien intencionados. Es útil y terrorista al mismo tiempo.

Como epígrafe del libro eligió unos versos de Octavio Paz: "Se abre, flor doble, el mundo: / tristeza de haber venido, / alegría de estar aquí". ¿Por qué?
Ese epígrafe lo elijo porque siento que expresa algo que para mí es muy personal e íntimo. Estoy convencida que sería mejor no haber nacido, y una vez que uno ya nació, no le queda otra que contentarse con esa posibilidad (ríe)... Por lo demás, tampoco es una tarea tan difícil (vuelve a reír). Nunca había visto un verso tan económico, que expresara esta dualidad sentida para mí. Como dicen los hindúes, es mejor estar sentado que caminando, y mejor es estar acostado que sentado, pero que lo mejor de todo es estar muerto (risas), porque ya no tiene problema alguno. Expresa esa dualidad, ¿verdad?, de estar vivo y tal vez no siempre lamentarlo, pero de considerar que estar muerto es una gran cosa... ¿Eso a usted le parece algo muy arbitrario?



 

 

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Carla Cordua: filosofía en tiempos sin futuro
De todas layas. UDP, 2019. 134 págs.
Por Juan Rodríguez M.
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