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Don Pedro Araniva Pavián y los viajes en el tiempo: conciencia, esferas de
plasma y brujería psicofisiológica.

Por Cristian Geisse Navarro

(Texto leído el 29 de agosto de 2020, durante el IV Encuentro de
Viajeros en el Tiempo)

https://www.facebook.com/Encuentro-Mundial-de-Viajeros-en-el-Tiempo




.. .. .. .. ..

1.

Y don Pedro Araniva Pavián, dijo:
¿Por qué alguien querría viajar en el tiempo en primer lugar?
Y se respondió rápidamente: es un asunto de sobrevivencia.

2.

Don Pedro Araniva Pavián vive en una aguada de un sector del Valle de Elqui cercano a Vicuña, llamado Las Minillas, a un par de kilómetros del observatorio Mamalluca. Es —al parecer— un neurobiólogo y psicofiólogo que, o ha perdido un par de tablas del puente, o bien, ha agregado nuevas que lo han llevado a lugares inesperados. Quizás tenga que ver el abuso de sustancias alucinógenas, pero dice experimentar continuamente evidencias de que nuestro cuerpo y nuestro cerebro no son los exclusivos generadores de lo que llamamos conciencia, sino que es una suerte de antena orgánica que le permite recibir y emitir señales gente que ya ha desencarnado como Jacobo Grinberg Zilberbaum, Emanuel Swedemborg, el hermano Cuauthémoc y una serie de entidades —digamos transdimensionales— que lo utilizan a él como vehículo provisorio para aparecerse por este mundo. Pero por lo que entiendo sus ideas sobre el tiempo que voy a exponer surgen también de su propia videncia como espíritu individual, si es que efectivamente existe algo así.


3.

Quizás sea cierto que actualmente para nuestra especie mente y cuerpo son una sola cosa y no podemos experimentarla fuera de ahí. Pero de acuerdo a los experimentos de don Pedro Araniva Pavián  quizás sí se pueda, incluso en forma de hologramas. La electricidad de las billones de sinapsis, liberadas gracias a la creación de un campo elecromagnético, apoyado en condiciones climáticas favorables, específicas y complejas formas de meditación en estados profundo de trance inducidos mediante la ingestión de drogas alucinógenas, permitirían a determinados seres humanos con características físicas muy especiales, convertirse en lo que los meteorólogos llaman relámpagos globulares, los indios zapotecas bolas de lumbre, y los habitantes de Chiloé bolas de luz. En el caso de los últimos dos, es claro que tales fenómenos corresponden a brujos.


4.

A estas alturas esto que voy a decir quizás esté lleno de lugares comunes, pero es lo que hay. El primero de todos: cada uno de nosotros es un viajero en el tiempo. Nuestra nave es ese cefalópodo que se refugia en nuestro cráneo. Sus tentáculos están hechos de una materia hasta ahora idiscernible, pero nos ayuda a desplazarnos y a asirnos de lo que llamamos realidad. Hablo de nuestro cerebro por si no se habían dado cuenta.

Pero el tiempo ¿qué demonios es? Si no me lo preguntas lo sé perfectamente, si me lo preguntan, no tengo la menor idea. Algo así dijo San Agustín. Y creo que todos los acá presentes estamos en la misma. El tiempo así es una especie de conjuro que detona preguntas sin respuestas, o al menos nunca respuestas unívocas o absolutas. 

Yo he sido toda mi vida una persona sin certezas, sin convicciones, pero sí sé que todo lo que entiendo no es nada más una tentativa de mis tentáculos para asirme de lo que me rodea, tratando de que mi extraño cuerpo primate se mueva con cierta seguridad. Pero que quede claro: no tengo ningún tipo de seguridad de nada, ninguna certeza, ninguna convicción real. Mi instinto de sobrevivencia me pide que no me quede estático, que me mueva a través del caos y es lo que hago ahora mismo. Cómo quisiera hacerlo con gracia, pero en realidad solo soy una bestia torpe, incluso más que la mayoría de mis semejantes. Tal vez como un imbécil, me apoyo en don Pedro Araniva Pavián.


5.

Existe la real posibilidad de que don Pedro esté loco. El caricaturesco laboratorio y la demencial sala de neurocirugía que mantiene ocultos entre los cerros, me hacen pensar así. Pero mi propia experiencia al observar la generación de una bola de plasma verde en un sector acá conocido como El Daín, cuyos movimientos parecían inteligentes y qué él me había anunciado como prueba de sus propuestas, me han hecho pensar que quizás haya algo de cierto en sus palabras. Entonces quizás más que un loco, sea una extraña forma de brujo o chamán, uno cuyas estrategias se asientan en una serie de paradigmas de nuestras culturas actuales, en las que la ciencia tiene un lugar preponderante


6.

Y don Pedro dijo:
La mente humana surgió producto de un proceso evolutivo, y por lo tanto, como una forma de adaptarse al medio y sobrevivir. Nuestra memoria es un mecanismo bastante rudimentario para viajar hacia el pasado. Nuestra capacidad de proyectarnos y especular sobre eventos que no han sucedido es también nuestra errática forma de viajar hacia el futuro. Ambas son estrategias evolutivas claves que han permitido que nuestra especie haya prosperado de la forma en que lo ha hecho hasta ahora, dándonos ciertas ventajas al momento de traspasar nuestros genes hacia la siguiente generación.

¿Por qué alguien querría viajar en el tiempo entonces?: es un asunto de sobrevivencia.


7.

Y don Pedro Araniva dijo:
Las preguntas permanecen y las respuestas van cambiando, eso lo sabemos todos. El tiempo parece ser algo, y luego es otra cosa. Hoy —por una parte— creemos saber que el tiempo es relativo a la posición del observador. Y así este ahora en el que estamos podría ser el futuro para alguien viajando a diferente velocidad. O bien, ya el pasado. Entonces, por supuesto —como todo— el tiempo podría ser sólo una ilusión. Los presentes existen siempre, simultáneamente, hace eones o hace un par de segundos atrás. Siempre. Pero eso ocurriría para el infinito hacia afuera, el infinito cosmológico, galáctico, planetario, de las grandes masas y dimensiones.

Otras cosa pasa en el infinito hacia adentro, en el infinito cuántico.   A partir de la física cuántica, la realidad se modifica si es observada por una consciencia o no. Y una partícula podría comportarse como tal sin la presencia de un espectador, pero se comportará como una onda si alguien trata de percibirla. ¿Qué es todo eso? Qué hermoso momento éste que nos da esa expectativa. Es posible que sin conciencia no haya nada. Porque si no hay conciencia, nadie puede demostrar lo contrario. Lo que llamamos conciencia es un canalizador de lo que llamamos realidad y con ella de lo que llamamos tiempo.  

Somos una hermosa configuración de todo eso, vivimos justo a la mitad de esos dos infinitos.


8.

Entonces don Pedro dijo:
Si recuerdas algo del pasado, lo estás recordando ahora, con el arreglo estable que crea esa memoria hoy. Si ves un fósil, estás viendo un arreglo de ondas y partículas que crean el objeto hoy. Pero desde una perspectiva más amplia lo que llamamos su pasado podría estar siendo ahora. Y sólo la precepción de nuestras conciencias lo hace lo que es en este momento frente a nosotros. Hay una clave importante en lo que es la conciencia entonces. Pero ¿qué demonios es la conciencia? Al igual que la pregunta sobre el tiempo, las respuestas solo son provisorias. Hemos visto a las mejores mentes de nuestra generación y de generaciones pasadas retorcerse frente a la pregunta. En general se dice que es lo que nos permite percibir la realidad. Y otros afinan más allá diciendo que es lo que nos permite percibir que percibimos la realidad, la autoconciencia como la única conciencia legítima, digamos. Ahora, ¿dónde, en qué lugar está la conciencia? Hay  dos grandes grupos de humanos con respuestas tentativas: los que piensan que la conciencia está dentro del cerebro y el cuerpo, y los que piensan que está afuera, que el cerebro en el fondo no es sino esa especie de antena que recibe señales —tanto interiores como exteriores— que interpreta. Yo propongo una tercera, intermedia: ¿Y si la conciencia es luz?


9.

Las cosas brillan por el movimiento de los átomos y partículas que liberan energía. Nada hay estático, casi todo está brillando. Nosotros brillamos aunque no lo vemos porque nuestra temperatura no es lo suficientemente alta para emitir luz sobre el infrarrojo. Pero estamos liberando luz. ¿Dónde hay luz en el cerebro? Claramente en las transiciones electroquímicas de las cientos de miles de millones de neuronas. La energía de un cerebro puede concentrarse de tal forma que su luz puede liberarse y viajar manteniendo un mapa neuronal parecido al que provoca nuestro cuerpo produciendo fosfones cuando cerramos los ojos. Una conciencia puede transformarse en átomos ionizados que pueden liberarse del cerebro en esferas de plasma y trasladarse fuera del cuerpo. Y así podríamos viajar a la velocidad de la luz porque nos habríamos transmutado en luz. Esa velocidad indecible podría ayudarnos a asumir una posición tal que este ahora tan fugaz que percibimos actualmente se amplíe y tengamos una panorámica temporal tan amplia que podríamos desplazarnos en el tiempo ya no como si fuese una línea, sino como si fuese un espacio tetradimensional


10.

Y entonces dijo don Pedro:
La bugambilia que se encarama ahora por mi muro, ya está posicionada, ha crecido y relumbra dirigiéndose al sol, a pesar de que desde mi posición actual es solo un brote, una rama que se escapa.


11.

Don Pedro dice conocer las fórmulas para convertir nuestra conciencia en esa clase de luz. Lo habría experimentado en sus viajes a Oaxaca, Chiapas y Sonora. También en Huito, Chiloé continental. Existirían ciertos detonantes químicos en hongos alucinógenos y también en drogas de laboratorio —sobre todo una variante del DMTA. Para ello es favorable además la generación de un campo electromagnético que permita condensar ese plasma en una esfera. Ideales son las condiciones climáticas de una tormenta. Las llamadas centellas o más técnicamente rayos globulares son una clave y le hacen pensar que ciertas formas conciencia utilizan esas condiciones para trasladarse a velocidades similares a la de la luz.  Pero acá, en el Valle de Elqui, los campos triboeléctricos provocados por ciertas condiciones climáticas, y sobre todo por un viento llamado Terral, posibilitan frecuentemente la aparición de esferas de plasma, que son lo que lo atrajo hasta estos lugares. 


12.

Don Pedro va más allá de esa mezquina concepción del sentido de nuestras existencias como la lucha por traspasar nuestros genes hacia la siguiente generación. Postula que ese proceso evolutivo guarda relación con el hecho de que formemos parte de una entidad superior, más amplia y supra individual que prefiere no llamar Dios por razones que acá no vienen al caso. Nuestra conciencia sería una de las maneras en la que esa entidad se percibe a sí misma. Así incrementar nuestra percepción de la realidad sería parte de las estrategias de sobrevivencia de esa entidad de la que formamos parte. Pero más allá de la memoria y nuestra capacidad de especular sobre el futuro, el viaje en el tiempo, posibilitado mediante la comprensión de que la conciencia es luz y nuevas perspectivas sobre el tiempo, que superan la idea de linealidad, serían parte de esas estrategias y mecanismos de la evolución de la mencionada entidad a la que contribuimos a hacer consciente.

¿Por qué viajar en el tiempo entonces? Es un asunto de conciencia.


13.

Y finalmente don Pedro dijo:
Cómo quisiera que mis palabras fuesen como una de esas drogas y convirtiera ahora mismo tu cerebro en bolas de plasmas que saliesen a flotar mediante su propio campo electromagnético. Que las palabras, imágenes, ondas y fuerzas que generan nuestro cerebro y nuestro cuerpo fuesen suficientes. Así mediante ese conjuro lo verías todo como el eterno presente del que te hablo. Y a mí como un animal que ya se ha transformado, pero que sin embargo está viviendo en este ahora. Pero las palabras no bastan. No descarto conseguir algo así. Ahora mis palabras son apenas un poco más que una falsa secuencia de presentes que ya están en lo que tu conciencia percibe como el pasado.

Y así todo se transforma en un relato. Puedo decirte entonces cosas como: mis hijos nunca nacieron. Yo sigo viviendo días, meses y años atrás en medio de la incertidumbre, azotado por la turbulencia y extraviado en un laberinto de confusiones. Todavía allá, en ese presente que sigue transcurriendo lejos de ahora, estoy perdiendo la cabeza, hijos, familias, amigos, mujeres y dignidad por mi afición a expandir la percepción de la realidad. Me veo ayudando a Pachita a operar a enfermos terminales con un cuchillo de monte. Me veo haciendo experimentos con Jacobo Grimberg Zílberbaum sobre telepatía. Estoy ahora mismo en Nueva York consumiendo mi primera dosis de DMTA junto a William Patrick Patterson. Y también estoy en Chiapas hablando con don Flavio Morales quien me hace entrar en trance con teonanactl. Allá sigo siendo expulsado a un viaje en el que vuelvo transformado en brujo. Allá sigo dando un largo y doloroso rodeo para encontrarme contigo, transformado en esta extraña cosa que soy y que somos. Pero no, que fuimos y seremos.

Así habló don Pedro Araniva Pavián.

 

 

 

Imagen superior de Cristián Geisse



 

 

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Don Pedro Araniva Pavián y los viajes en el tiempo: conciencia, esferas de plasma y brujería psicofisiológica.
Por Cristian Geisse Navarro
(Texto leído el 29 de agosto de 2020, durante el IV Encuentro de Viajeros en el Tiempo)