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BANALIZACIÓN ANTOLÓGICA Y DESDELIRIO EN TRES POEMAS DE FERNANDO NAVARRO GEISSE
(TRIVIALIZATION ANTHOLOGIC AND DESDELIRIO IN THREE POEMS BY FERNANDO NAVARRO GEISSE)


Por
Hugo Herrera Pardo





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RESUMEN
El presente paper se propone argumentar que el ejercicio de banalizar la actividad antológica puede tener un valor positivo. Dicha propuesta se sostiene a partir del libro de Fernando Navarro Geisse Tres poemas.

PALABRAS CLAVE: Banalización, antologías, desdelirio.

ABSTRACT
This paper intends to argue that the exercise of trivializing the anthological activity can have a positive value. This proposal is supported from Fernando Navarro book Geisse Three poems.

KEY WORDS: Trivialization, anthologies, desdelirio.

 

De Fernando Navarro Geisse tuvimos por primera vez noticias antológicas, hace un par de años, en el volumen Los hijos suicidas de Gabriela Mistral. Allí, en la presentación que se hace de su obra, se nos dice que luego de haber publicado dos libros de poemas, Visiones de íncubos (2003) y Los habitantes del fuego (2005), decide suicidarse poéticamente. El antologador de aquel volumen, Don Leonidas Lamm –que según cuenta el mismo Navarro Geisse, en el epílogo de la misma obra, luego acaba suicidándose literal y no poéticamente– explica que el motivo de este poeticidio era debido a la incapacidad de Fernando Navarro Geisse por “solucionar la dicotomía autor/sujeto enunciador”, asunto que lo llevó a renegar “de su papel artístico en un contradictorio gesto mediante el cual condena a muerte a la poesía, aunque continúa con sus labores como investigador literario, estudiando sobre todo  poetas (...) El «Yo es otro» de Rimbaud no pareció suficiente a Navarro y finalmente sintiéndose incapaz de solucionar sus contradicciones internas ha decidido dejar de escribir literatura. «Lo mío parece el revés de una esquizofrenia: no acierto a permitir la fusión de ficción y realidad, por eso no puedo moverme con soltura como autor entre autores ni como hablante entre autores, ni como hablante entre hablantes»” (21-22).

Luego hemos vuelto a tener noticias antológicas del infame Navarro Geisse en otras dos obras, Los nortes que hay en el norte. Antología de poetas nortinos (Cinosargo, 2014) y en la que presentamos en esta ocasión, titulada escuetamente Tres poemas (Hebra, 2015), en la que reúne tres intentos o proyectos de poemas de largo aliento de tres poetas: Cruento de Ignacio Recabarren, poeta prístino, de acuerdo a la clasificación propuesta por Paulina Orth y Mario Verdugo para los poetas que comienzan a escribir su obra después de los noventa años; Hacia el sol de Juan Miguel Godoy, quien ya había aparecido antologado en la citada Los hijos suicidas de Gabriela Mistral y Talibán de Julio Oro, proyecto que debe su título al “nombre que se le da en Vicuña a aquellas personas en situación de calle que se reúnen a orillas del río Elqui para consumir alcohol y drogas” (53), según la definición que entrega el propio antologador en la presentación de dicho poeta.

De alguna u otra forma, Fernando Navarro Geisse, a quien no conozco personalmente, me ha hecho llegar sus libros dedicados, cosa por lo cual estoy muy agradecido. En la primera página de Los nortes que hay en el norte escribió: “Hugo, -en el delirio y en el desdelirio- un abrazo neoapócrifo de Fernando Navarro Geisse”. Mientras que en éste libro publicado por Hebra Editorial, plasmó: “A Hugo Herrera, estos Tres poemas, fragmentos de una novela que me estás ayudando a escribir”. Sinceramente, no sé a lo que se refiere mi estimado amigo con eso de que le estoy ayudando a escribir una novela. Así como tampoco sé si después de terminar este texto le ayudaré de algún modo a presentar su libro. E inclusive, puede que lo que lea y los autores que cite a continuación se entiendan como una especie de ingenua jugarreta, participando en el juego de lo neoapócrifo, al decir de nuestro buen amigo Navarro, pero créanme que no, que no es mi intención. Porque en definitiva, me propongo asignarle un valor positivo a la banalización del ejercicio antológico que Fernando Navarro Geisse ha venido haciendo en los últimos años y para eso me gustaría citar algunas apreciaciones de ciertos críticos, investigadores, profesores que sí se han tomado de modo serio, y hasta solemne, el estudio de las antologías. Sé que pueden llegar a creer que me inventaré los nombres de los sujetos que en seguida traeré a colación, pero de verdad créanme que no será así. De verdad hay gente que en algún lugar del mundo, y en algún momento de sus vidas, se ha tomado en serio esto de hacer teoría de las antologías literarias.

Y para asegurarme de que me crean, al primero que citaré es a alguien no solo conocido sino que también importante. Me refiero al crítico, teórico, ensayista y poeta mexicano Alfonso Reyes. En su ensayo “Teoría de la antología”, el maestro mexicano expresa en un lenguaje grandilocuente que: “...toda antología es ya, de suyo, el resultado de un concepto sobre una historia literaria; de suerte que antologías y manuales se enlazan por relaciones de mutua causación, se ajustan y machihembran como el cóncavo y el convexo, como el molde hueco y la medalla en relieve. Al punto que, a veces, las antologías marcan hitos de las grandes controversias críticas, sea que las provoquen o que aparezcan como su consecuencia” (138).

Emili Bayo, para quien el antologador es “una extraña mezcla de crítico erudito y aprovechado”, en su trabajo “Las antologías de poesía y la literatura española de la posguerra”, reflexiona que las antologías “permiten la proclamación colectiva de una estética o unas ideas junto a una abundante ejemplificación poemática; de ahí que hayan sido utilizadas metódicamente para la presentación de conjuntos más o menos coherentes de escritores”. El autor español también arguye que el método antológico también funciona como un medio de autopromoción, “es decir, como la forma de atestiguar su conocimiento del estado de la poesía y de sus sucesivos cambios y, por tanto, presentarse a sí mismos como los conocedores y especialistas de esas circunstancias”. Por último, también comentar que para el citado Emili Bayo la proliferación de antologías “ha traído consigo a veces una banalización de los criterios antológicos o un abandono del rigor en la selección, cosa que favorecido la desconfianza de un sector, no el más especializado, del consumidor de poesía”.

José Antonio Sabio Pinilla (perdón por la insistencia, pero recalco que no me estoy inventando los nombres), en su investigación “¿Es la antología un género? A propósito de las antologías sobre la traducción”, propone que “dos son los rasgos fundamentales” de todo ejercicio antológico, siendo estos “el principio de selección, que implica un proceso previo de recopilación y otro simultáneo de inclusión/exclusión, y los criterios de organización que estructuren los textos en un conjunto nuevo”. El autor también realiza una enumeración taxonómica, incluso podríamos decir que legalista, de las características definitorias que servirían para identificar a las antologías:

a) una intención del autor de la antología que se inscriba en el marco de una historia literaria y que dé cuenta de manera representativa de una crítica consciente de la literatura, de una literatura o de un movimiento;
b) que esa intención aparezca en el peritexto bajo una forma de un aparato crítico que no supere el 25% del texto total (un prólogo o un epílogo donde el antólogo explique su propuesta antológica, con notas biográficas y bibliográficas);
c) una ordenación de los textos;
d) un corpus que incluya una variedad de autores, como mínimo cinco.

A partir de lo anterior, es evidente que el canalla antologador que nos encontramos presentando ha ido, con éste Tres poemas, más lejos de lo que ha ido con cualquiera de sus anteriores volúmenes recopilatorios. Puesto que del texto que comentamos no puede decirse que proclama colectivamente una estética, ni el conjunto es coherente, ni su ejemplificación poemática es abundante, tan solo son un puñado de fragmentos de poemas-obra inconclusos o inclusive perdidos. No posee tampoco ni criterios de selección, ni de inclusión/exclusión, ni menos explica su criterio de organización y propuesta antológica y su corpus solo asciende a tres autores. Tampoco hasta el momento ha marcado un hito dentro de una controversia crítica. Sí, y por sobre todo, ha traído la desconfianza de cierto sector, aunque quizás no el más especializado lector de poesía. Y si se adscribe a alguna historia literaria, ésta se encuentra restringida al Valle del Elqui. Es decir que en éste Tres poemas, Fernando Navarro Geisse ha avanzado un paso más en lo que el mismo llama el desdelirio, algo que en las primeras páginas de Los nortes que hay en el norte refiere en los siguientes términos: “mientras más nos acercamos al desdelirio, más nos acercamos también a la Realidad Real (...) Entonces la poesía, la mejor poesía, disloca nuestro conocimiento, nos hace sentir que hay otras formas de comprender, de ver, de sentir. Las voces más inauditas son un desafío que nuestra mente asume y cabalga con cierta facilidad. El lenguaje es puesto a prueba. Y la realidad, la cognición, los límites, también” (6). Es por esto que no está demás decir que en Tres poemas Navarro Geisse reúne algunos de los mejores poemas -en particular los de Ignacio Recabarren- que uno puede encontrar dentro de toda su serie de antologías y que por eso mismo, este volumen nos recalca que el desdelirio, el derecho a la ficción manipuladora, a la “mentira noble” o infame, no solo es un recurso de las autoridades y gobernantes, sino que también es uno de nuestros recursos para hacerles y hacernos recordar que el desdelirio, la ficción manipuladora, la “mentira noble” o infame son hechos fundantes y constitutivos de la sociedad. A este respecto, resulta sumamente significativo que el volumen se abra con el poema de Ignacio Recabarren “A imagen y semejanza”, una remitificación oscura y sórdida del mito bíblico de la creación del mundo, por medio de la figuración de un Dios enfermizo. El poema, dividido en siete apartados, cada uno de ellos correspondientes a cada jornada de la creación, comienza con los siguientes versos:

Eso a lo que llaman Dios estaba desasosegado,
retorciéndose, el espíritu hediendo a infancia muerta,
sobre un mar de sudor y duda.

Quizás no lo recuerdes, pero tú estabas ahí.

 

 

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Bibliografía

Bayo, Emili. Las antologías de poesía y la literatura española de la posguerra”. Scriptura 2 (1986): 29-37.
Lamm, Leonidas (Ant.). Los hijos suicidas de Gabriela Mistral. Antología poética de jóvenes del Valle de Elqui. Valparaíso: Inubicalistas, 2010.
Navarro Geisse, Fernando. Los nortes que hay en el norte. Antología de poetas nortinos. Arica: Cinosargo, 2014.
--------------------------- Tres poemas. Valparaíso: Hebra, 2015.
Reyes, Alfonso. “Teoría de la antología”. Obras completas XIV. México D.F.: FCE, 1997.
Sabio Pinilla, José Antonio. “¿Es la antología un género? A propósito de las antologías sobre la traducción”. Hikma 10 (2011): 159-174.



 



 

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