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Entrevista a Cristián Geisse
El extraño libro inédito de Alfonso Alcalde que hoy es publicado

Por Montserrat Madariaga Caro
 http://lajugueramagazine.cl/




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Alfonso Alcalde (1921-1992) fue un escritor de esos que viven su escritura. Versátil en sus registros –desde poemas, cuentos, reportajes y hasta collages-, fue viajero, fue errante, fue reconocido y olvidado en vida. Hoy son varias las iniciativas que buscan reeditar sus obras, pero ésta en particular destaca por tratarse de la publicación de una obra inédita y rara. “El árbol de la palabra” es el nombre del manuscrito que Ediciones Altazor revive, gracias a los escritores Ismael Gavilán y Cristian Geisse. En esta entrevista Geisse describe los poemas que contiene como apócrifos covers. Imposible no despertar la curiosidad. A continuación, los detalles.

 - ¿Cómo surge el interés por rescatar la obra de Alfonso Alcalde?
- La obra de Alcalde sufrió por mucho tiempo un abandono muy injusto. Lo vivió durante su vida y lo vivió después de su muerte. A pesar de sus cualidades innegables, nadie parecía hacerse cargo de trabajos que podrían considerarse imprescindibles al momento de entender la literatura chilena. Es el trabajo de toda una vida, sostenido en el tiempo, con muchísimos momentos brillantes, que se sabía estaba ahí, injustamente relegado al olvido y que alguien, tarde o temprano iba a rescatar. Después de hacer una investigación en la universidad, yo creo estuve en una posición de lanzar la primera piedra. Por supuesto encontré una acogida tremenda y parte de la tarea pendiente se ha realizado, aunque queda mucho por hacer. El rescate de “El árbol de la palabra” es parte de ese trabajo en el cual ahora se encuentran muchas personas involucradas.

- ¿Qué contiene la obra “El árbol de la palabra” y cómo llegaron a estos manuscritos?
El árbol de la palabra es un ejercicio intertextual muy extraño e interesante. Son algo así como traducciones, pero son traducciones más que libres. Yo creo que hay que ponerles otro nombre: traducciones libérrimas, variaciones, incluso “covers”. Yo diría incluso que son poemas de Alcalde firmados por Blake, Goethe, Dylan Thomas, EzraPound, T.S. Elliot, Bukowski, Kavafis, Salvatore Quasimodo, poetas anónimos aymaraes, cantantes populares belgas y otros. Este es un libro que había permanecido inédito hasta ahora. Cuando yo hice mi investigación sobre su obra, pude acceder a sus manuscritos y me encontré con éste que me parece uno de los ejercicios poéticos más interesantes dentro de su obra. De ahí mismo había podido rescatar anteriormente “La consagración de la pobreza”, una obra de teatro que terminó montando el Circo Teatro y que también publicó hace algunos años Altazor; algunos cuentos de “El Salustio y el Trúbico”, un cuento infantil, un extenso reportaje a los trabajadores del salitre, y mucho más.

- ¿De qué fecha son y a qué etapa de la cambiante vida del escritor pertenecen?
- Este libro se encuentra descrito casi tal cual como lo encontramos ahora, en una entrevista que dio en 1965 al diario El Sur de Concepción. Ahí explica que inicialmente era parte de ese demencial proyecto poético suyo que se llamó El panorama ante nosotros y que prontamente va a reeditar Das Kapital. Pero no aparece incorporado en su versión de 1968, al parecer porque tuvieron que reducir el número de cantos y poemas que tenía proyectados inicialmente. Yo pienso que fue una de las cosas que se perdió cuando le quemaron sus libros después del golpe militar. Sin embargo, siguió hablando del libro en distintas partes. La fecha del manuscrito mecanografiado que yo encontré y que posiblemente hiciera Alcalde para enviarlo al registro de propiedad intelectual dice 1991, es decir un año antes de que decidiera quitarse la vida. En realidad son sus años más amargos, donde experimentó a concho la frustración por la que él pensaba era una falta de consideración para su obra.

- ¿Qué nos puedes adelantar sobre las temáticas y puntos de vista que comunica Alcalde en esta obra?
- Como expliqué antes, son variaciones de poemas escritos por una gran diversidad de autores, en los que priman sobre todo escritores de la tradición occidental que van desde el siglo XVIII al XX. Te menciono algunos otros nombres: Elizabeth Bishop, Archibald McLeish, Peter Viereck, William Carlos Williams, Cesare Pavese, Wallace Stevens, George Trakl, Emily Dickinson y Hölderlin, entre otros. No son traducciones propiamente tal, son versiones muy personales de sus poemas, los cambia totalmente, posiblemente convencido de que “la poesía la hacemos entre todos”, como dijo alguna vez. Pero se notan ahí muchos de los temas que atraviesan toda su obra: los sectores populares, la vida en pareja, la lucha por la sobrevivencia, la angustia existencial, el amor a la vida, las pequeñas tragedias cotidianas, la muerte como condición ineludible. A mí me parece que es un libro verdaderamente hermoso, muy extraño, intensamente alcaldiano.

- ¿Qué es lo que hace característica su pluma, su forma de escribir?
- Alcalde como poeta es un autor que se la juega del todo. Experimentó mucho: hizo poemas surrealistas –digamos que “La Balada para la ciudad muerta” es algo así-, poemas épicos, sonetos, salmos, canciones y ahora estas extrañas variaciones. Buscaba la totalidad y caía en la fragmentación. Era disperso, pero tiene momentos absolutamente brillantes. Creo que tenía un talento artístico innato, aunque se dejaba llevar mucho por sus impulsos. Siento que para él era una irresponsabilidad no vivir la vida al máximo, con todos los riesgos que eso trae. Eso se nota en su poesía. Yo siento que él no quería ser un santón, no era mesiánico, tampoco se sentía un pequeño dios, pero tampoco se acercó a la antipoesía; yo creo que él quería ser un poeta profundamente humano. Creo que es desde ahí desde donde brota todo su trabajo. Y bueno, necesariamente eso pasa por su filtro existencial, entonces permanentemente observamos retratos de los sectores populares, con los que sentía una profunda identificación, con sus problemas y sus alegrías. También de la naturaleza, sobre todo de la zona del BíoBío. Es muy hermoso darse cuenta de la constante presencia que tiene la lluvia en su poesía. Pero incluso más lo urbano. Alguna vez sugerí que era una especie de beatnik, con todos esos lanzamientos al vacío, esas aventuras personales siempre excesivas, el amor por el viaje en condiciones muy difíciles, pero también ciertas preocupaciones, digamos espirituales, no sé si decir trascendentales –jamás doctrinales.

- ¿Es Alcalde respecto al canon y sus contemporáneos un atípico autor chileno?
- Es que la fauna es muy diversa. Y es realmente extraordinario observar la diversidad de registros y obras que la que es considerada su generación –la generación del 50-, nos dejó como legado. Pero Alcalde luce sus propias franjas y sus propios modos de manera inconfundible. Si bien llegó un momento en que parecía haberse instalado del todo dentro del panorama de la literatura nacional, llegó el golpe y tuvo que salir violentamente de esa situación. Volvió entonces a una marginalidad que lo caracteriza, pero que le terminó doliendo mucho. Creo que le es cómodo y característico estar con un pie dentro y el otro fuera del canon.

- Por último, ¿qué le aconsejarías a un lector que está por iniciarse en su obra?
- Depende: hay distintos modos de acercarse a él. El poema más conocido suyo es “Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte”, que llegó a formar parte de “El Panorama ante nosotros”. Él lo consideraba uno de sus poemas más logrados y sin duda lo es. Considero además que su primer libro, que escribió a los 26 años, “La balada para la ciudad muerta” es un poema extraordinario. Pero también están sus cuentos. Sin duda –todo el mundo lo dice, todo el mundo lo sabe- es uno de los grandes cuentistas de nuestro país. “El auriga Tristán Cardenilla” es un libro hermoso, con todo ese rollo del circo y los sectores populares. Y todos los que le siguen también: a mí me alucina especialmente “Las Aventuras de El Salustio y El Trúbico”, enormemente imperfecto, pero con un vuelo poético, con un humor y un nivel de delirio que es difícil de encontrar en otro lugar. Está ese libro para niños “El Peregrino del Golfo”, rescatado hace algún tiempo por Pehuén, que puede ser una primera aproximación a su registro y a sus temas. También están sus reportajes a las comidas y bebidas de Chile, a los trabajadores del carbón, ese reportaje gráfico “Marilyn Monroe que estás en los cielos”, que podríamos considerar incluso algo así como un imbunche que une la fotografía, el collage, la poesía y el reportaje que da cuenta de una parte de sus experimentaciones artísticas. Mucho de ese material se encuentra digitado en internet: en la página de la Biblioteca Nacional, Memoria Chilena, están escaneados la mayoría de los libros. Busquen por ahí.




 



 

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