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Ricardo Nixon School: Fragmentos de una educación quiltra.

Por Omar Davison.

 

 




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Hablar sin tapujos de la crisis educacional que por tantos años se naturalizó en nuestro espacio educativo escolar parece hoy en día un gesto común. Hacerlo desde la narrativa actual en cambio es aún un eje que está en saludable desarrollo y que cada cierto tiempo nos interpela a volver a pensar sobre los fines y sentidos de nuestra educación. Si con las obras de Alejandro Zambra Formas de volver a casa, tomamos nota de cómo una generación de escolares tuvo que aprender a leer literatura desde la rentabilización de la memoria y el azar de la alternativa correcta en la prueba, y con Facsímil, la crítica se extiende a problematizar cómo la educación se ha asumido como un mero adiestramiento de carácter técnico con las evaluaciones estandarizadas, la última entrega de Cristian Geisse Ricardo Nixon School profundiza el oscuro diagnóstico de nuestra educación subvencionada a través de dar voz a uno de los principales agentes educativos: El profesor.

Estamos frente a una novela provocadora y esto por varios motivos. Por un lado, con una narración sostenida por Arturo Navarro, un licenciado en letras que por apreturas  económicas se ve obligado a buscar trabajo como profesor de lenguaje, vamos enterándonos de los sinsabores de su primer desafío laboral como pedagogo: Trabajar en el Ricardo Nixon School; un establecimiento en Viña del Mar que el propio Navarro no vacila en describir como roñoso pues era “una casa de dos pisos con un patio de cuatro por cuatro, rodeado por dos mediaguas que servían de salas. Tenía mala fama. Allí llegaba lo que botaban de otros colegios. Y me parece que eso último incluía también al cuerpo docente” (p.15).

Las impresiones de Navarro, elaboradas por Geisse conjugando lo que este personaje manifiesta pero también piensa, van ofreciendo un panorama que permite al lector comprender rápidamente el desafío que significa enseñar en un colegio donde la sostenedora está más preocupada por incrementar las ganancias, unos colegas que no esconden la frustración y el permanente deseo de mantener bajo control a los alumnos recurriendo a la expulsión o como le aconseja Carlos “si tienes que rajarlos, los rajas y los tapas a unos nomás”(p.21) y con un curso donde campea la indiferencia y los estilos de las más diversas tribus urbanas. En síntesis, todo un desafío para Navarro que nunca pensó en dedicarse a la pedagogía y terminar sus días haciendo clases de lenguaje.

Estructurada en capítulos cortos, 31 en total, la historia se desarrolla con dinamismo gracias  al estilo narrativo de Geisse que permite conocer el ambiente de esta particular escuela y paralelamente la vida de este profesor en un desvencijado Valparaíso donde vive con su novia Andrea. Relación que tampoco está exenta de una serie de desencuentros y que van marcando el carácter y las decisiones que toma Navarro en su vida.

“Hice mi mediocre clase con el vapor saliendo de mi boca por el frío. Cada clase era un triste round de boxeo” (p.72). Esta certera analogía, va dando cuenta de cómo son las clases en el Ricardo Nixon School, después de todo, no es fácil enseñar contenidos como la poesía de Parra o Lihn a alumnos que prefieren las líricas del hip-hop como un medio válido de expresión. Pero Navarro lo intenta a pesar que como lectores sabemos que él tampoco cree que la educación, en un colegio que cobra hasta por las fotocopias y elimina las clases de arte y música, sea una posibilidad concreta para que sus alumnos salgan adelante.

Si bien podemos conocer algunos alumnos, la historia no profundiza mayormente este aspecto. Sin embargo, y acá aparece otro punto que reafirma el carácter provocador del texto, la aparición del personaje Terri le permite a Geisse comenzar a explorar una forma que tensiona, de manera bastante interesante, la verosimilitud del relato y a la vez  propiciar un giro en la historia donde también cobra protagonismo el personaje de Laura, una alumna del colegio que será junto a Andrea un motivo de constante preocupación para este atribulado profesor.

Por otro lado, las peripecias de Navarro -una vez que conocemos a Terri- le otorgan a la novela un giro inesperado que además abre la lectura a otros sentidos, por de pronto, el manido tópico de la inclusión/diversidad inoculando además la historia con una potente metáfora de estos alumnos y profesores que sin rumbo claro, al igual que un quiltro, deambulan por la vida dejándose llevar por una pegajosa cotidianeidad.

Con una escena final sustentada en una historia que Navarro dirige a sus alumnos con la pretensión de intentar despedirse con un mensaje edificante, lo concreto es que da la sensación que al igual que Navarro, todo se trata de asumir riesgos, exponerse sin condiciones, con el fin de salir un poco más fortalecido. Tal como sucede con este personaje al aceptar este desafío laboral.

Puede pensarse que la novela asume un tono oscuro debido a las ironías que despacha Navarro, puede ser, pero también es interesante cómo Geisse trabaja con un registro escritural que también contagia un cierto desparpajo. Es decir, una escritura que siendo fiel al retrato de la cotidianeidad, no trepida en soltar amarras para observarla desde acontecimientos que la rearman de otra manera, y de paso, dejar al lector la responsabilidad de juzgar los alcances de esta particular maniobra.

Enterados de los vaivenes de Navarro y sus hábitos, da la impresión que estamos lejos de una novela que promueva una épica heroica del ser docente. No habría, en este sentido, lugar para añoranzas de tiempos pasados. Desalojando la posibilidad del contrapunto, queda solo el presente; un presente donde todo es incertidumbre en cada nueva clase: Aparecen alumnos nuevos, otros abandonan o son expulsados y las enseñanzas parecen mímicas pedagógicas que nunca parecen instituirse bajo esa retórica pedagógica del “aprendizaje significativo”.

Finalmente, una novela muy recomendable y que en cierto modo deja tarea: Procesar esta historia en clave pedagógica, para los lectores interesados en esa opción, de seguro nos ayudará a seguir indagando desde la ficción una realidad que paradójicamente este artificio desnuda con impecable claridad y sin preocuparse por las voces que siguen idealizando el aula y la pedagogía desde cómodas cátedras universitarias.

Ricardo Nixon School, como una tentativa de armar una radiografía. Esa que nos exhibe una educación fracturada y quiltra.

 

Ricardo Nixon School
Cristian Geisse
Emecé Cruz del Sur
ISBN: 978-956-360-082-7
143 Páginas




 



 

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