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“AL ESTE DE TODO” DE CÉSAR HIDALGO

Por Felipe Eugenio Poblete Rivera

 

Con éste pequeño gran libro, "Al Este De Todo", la posibilidad del viaje tiene su apertura como multiplicidad:

El libro que presenta César Hidalgo traduce a lenguaje tangible la invitación al viaje: el formato "de bolsillo". Las medidas de un libro no son mero capricho, éstas inciden de manera decisiva en la lectura de un libro (o al menos, según creo, debieran hacerlo). "Al Este De Todo" hace acopio de poemas de viaje, por el momento poco importa si son con un sustrato empírico experiencial o una vocación de imaginación y sueño, o fruto de un "ocio increíble", recordándo a Lihn.

Su formato apaisado es otro signo revelador, pues su contenido toma lugar, especialmente, entre las olas, en la Mar; tardío eco salino del poeta de la Mar, Ignacio Balcells. El Mar, o la Mar, es el espacio dominante de éste conjunto de poemas breves. Importa recordar que el pequeño formato permite al lector ser viajero móvil, abandonando la comodidad del escritorio, la oscura noche de lectura (instancia en que el lector es viajero inmóvil), para salir al afuera que es el mundo, acompañado del libro, de los poemas.

Al inicio del texto, el muelle donde es parido el viaje es epígrafe de Calvino, es espejismo de "Las ciudades invisibles". Rimado a esto, la orgánica convulsa de la gran ciudad es, cuando no invisibilizada, al menos minimizada en el entramado de los textos poéticos, que rodean al lector de agua. La opción por el poema breve, por la escritura en prosa... pues quién no va a saber que, entre poesía y prosa no hay distinción, sino entre prosa y verso. Quizá como el Moltedo de "Playa de invierno", de “Concreto Azul”, los poemas en prosa de César Hidalgo configuran un testimonio de vida costera, de vida en la ciudad puerto.

Rápidamente puede el lector "nadar" por estos textos, es cierto, sin embargo, acá no hay un contrincante con quien establecer una carrera, a excepción —claro— de uno mismo: y es que el pasado del viajero cambia según itinerario cumplido, o dicho de un modo menos benjamininiano, un texto poético siempre es capaz de Decir algo nuevo en cada lectura. De aquí que lo propuesto sea, simplemente, una lectura que ofrezco, sin pretensiones de cerrar ninguna compuerta... si quizá, alguna esclusa, pero para poner a disposición nuevas plataformas de lecturas.

Hölderlin, en cuya poética se anida un horizonte de significación de la poesía moderna, reconoce que su Época está marcada por la huída de los dioses, por el tiempo del Atardecer, del Ocaso. Situados en éste lado del planeta tierra, el sol muere —queda occiso— en el poniente, en occidente: mas no es accidente que el Ocaso sea Occidente, como, a su vez, ¡Las ciudades no son accidente!; el poema "Ocaso", puede ser leído en un nivel de significación histórico-cultural amplio siguiendo la línea de la bi-semia antes recordada. Con esa voracidad de enjambre, somos langostas depredando nuestro ocaso, nuestro Occidente. El espacio marítimo resulta ser paradigmático en la configuración del atardecer, del ocaso, de la Época que padecemos actualmente. Considerando la cantidad diversa, y dispersa, de lugares citados —Singapur, Oriente, Mar Báltico, Corea, Finlandia, etcétera— la afinidad de la Mar y el Ocaso, otorgan un sustrato al libro: Chile está... y no como pura geografía, en tanto despunta, también, la historia actual de Chile, bajo la forma de la protesta «Aysén sin represas», en el poema "Naturaleza muerta" (que, por lo demás, trae a colación el género pictórico y la ékphrasis). Retomando aquello de Occidente, se manifiesta en esa dualidad de significado, el espíritu de la Época, el zeitgeist, por decirlo pomposamente.

Indagando visualmente en estos poemas viajeros, el lector percibe que su color, su tono, está dominado —como en el caso de los "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"— por el azul, por lo azul, además de las escalas de grises, el negro y el blanco; sumado a otras puntuales apariciones cromáticas, como en el libro de Neruda (que pinta al rojo, al dorado y al mítico sub-celeste). El oleaje de las olas, las rompientes, encuentran su reflejo en el oleaje aéreo, el viento y las nubes harapientas del verano, como diría Teillier, como quiso Gonzalo Rojas: Aire, esto es: poesía. Aire y mar en el horizonte de la poesía de éste libro horizontal.

Desolación y bienvenida consiguen establecer un equilibrio en la marea de estos poemas: Rompiendo la majestuosa costra blanca del mar Báltico, también las rocas me seducen con sus aristas, las olas con su histeria azul. El autor inicia su palabra con El mar llama y, en el penúltimo poema y los puertos siempre aguardando a que vuelva. Vale decir, evidencia de aquella perpetua invitación a salirse de uno mismo para encontrarse: salirse de sí con rumbo a la solitaria alta mar, zambullirse en la observación, en el sueño, en la lectura, en el amor, en fin. Junto a lo antes dicho: Ritmo fue exigencia demandada al poema, Ritmo fue entregado en éstos. Además, a la poesía se puede ingresar por cualquier zona sin que ello disminuya la potencia de su lectura, incluso siendo aleatoria, leo a otros poetas de atrás para adelante.

Anidado en las hojas, "El poema espera" y las palabras gotean en cualquier parte entre el desorden de mis momentos, sean de magia, de silencio o de ambas combinadas en una: la acción de la naturaleza: el clima. El manto de la lluvia obscureciendo al puerto, la respiración de coloso del océano Índico, el viento despeina los gritos y a sus crías. En los bosquejos de escenas, en los apuntes de bitácora de César Hidalgo, hay un retrato del viaje,  un retrato del paisaje que éste permite y construye, diría que limitar esa experiencia a la suma de destinos visitados, sería ofuscarle una posibilidad al libro. No obstante ¿qué conveniencias tendría dicha empresa?

Lógicamente, el viaje da sus frutos en experiencia, aunque no siempre ésta sea compañera de la madurez. En esta línea el poema "Sapiencia" confecciona un interesante juego de dualidades, a saber, la Sapiencia, la madurez y sus contrarios: Ya todo me gustaba verde y olvidé mi apetito de sabio. En éstas palabras se encierra, suave, una vía posible de Experiencia sin sapiencia: de vivencia, de goce, una actitud que ya resuena fuerte en el mismo título del libro: por tanto es preferible la inmadurez que nos obsequia el goce. De pronto se está de espalda al mundo por un instante, o bien, al Este de todo, en donde la mente se llena de ecos nuevos.

Gracias al trabajo del taller y editorial Inubicalistas —sello independiente de la ciudad de Valparaíso— la poesía de César Hidalgo consigue sumarse al tráfago del circuito poético; caudal aún pequeño y leve, es cierto, pero el lector que encuentre éste acopio de poemas o, mejor aun, que sea encontrado por el Sentido de éstos, iniciará un tráfago poético no menor... sí leve pues, recordando a Calvino, la Levedad es la primera propuesta:

...observan y se acercan, muestran su mundo un minuto breve del tiempo.


 

 

 

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