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Jean Jacques Pierre Paul: Delirium (poemas para desmitificar el silencio y el infinito)
Editions Marche Infinite, Isla Negra, 2013. 203 pp.


Por Carolina Reyes Torres
Publicado en http://www.35milimetros.org/ 17 de Agosto de 2015


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El tercer poemario del poeta haitiano afincado en Chile, Jean Jacques Pierre Paul (1979, Jacmel) Delirium nos sumerge justamente en esas cavilaciones de trasnoche donde la conciencia cae en otro estado y otras posibilidades de entender la realidad son posibles. El poemario de doble registro –español y francés- se divide en tres partes: “delirium” que da nombra al libro, “desierto soy yo” y “puertas del infinito.”

“Delirium” empieza con un poema sin nombre, como una introducción al texto general en donde rápidamente aparecen las marcas del exilio como memoria cultural: “anunciando el baile confuso de mis islas sin islas” (p3). La añorada Haití aparece al poco andar dentro de este poemario. Como también la locura, otro tema fundamental dentro del texto: “¿Qué vale un poeta sin delirio? / vivir también es defender su locura / sin volverse loco” (p12). La locura como mecanismo de existencia para la creación y para soportar el devenir de estar en el no lugar de pertenencia. Entonces llegamos al primer poema que contiene el mismo nombre del libro, nos sitúa en el comienzo de una noche cavilante: “cinco para las doce / todavía la noche sangra debajo de mi puerta” (p14). En este contexto vemos como el hablante poético desata todas las reflexiones que lleva internamente. Pero a pesar de que la isla de Haití es parte del telón de fondo de este poemario, el poeta quiere vincularse con los temas universales, quiere elevar estas disquisiciones personales dentro de la historia universal del mundo: “diseminado en toda la tierra / disuelto en todos los ríos de la vida / iré a gritar hasta al fin del mundo / a todos los pueblos del universo / que la tierra de los hombres / se llama ahora Hiroshima.” (p16). La devastación nuclear no solamente afecto a los japoneses en su momento, el poeta con este verso se hace participe también de ese sufrimiento para nosotros ya lejano, pero no por eso menos traumático dentro de la historia mundial de la infamia.

Y se puede contabilizar dentro de esta infamia la dramática historia de la isla del autor. Haití que fue la primera nación liberta dentro del proceso de emancipación americana, pero al parecer los criollos (españoles nacidos en América) no veían con buenos ojos que la guerra emancipadora, se convirtiera en una guerra racial: negros en contra de franceses y dentro de esa lógica indígenas y mestizos en contra de españoles nacidos en tierra americana. Es así como en una análisis histórico, la traición se instala en los libertadores de América- entre ellos Bolívar- y de esta forma deciden dejar a la isla abandonada a su suerte, a pesar de que Haití -ya libre- había mandado tropas hacia Venezuela para la liberación de esta en manos de los españoles. El drama para la isla empieza con compañeros de liberación que abandonan, después entrado el siglo XX vienen las famosas y sangrientas dictaduras de Papa Dock y Baby Dock, éste, hijo del primero por eso tan sarcástico nombre. Después de ellos los intentos fallidos por reorganizarse y gobernarse. Y todo esto aderezado por desastres naturales; huracanes y para el 2010 un terremoto que se ensaño en cuarenta segundos con este pueblo y sus vernáculas ansias de libertad.

Pero Haití es mucho más que una historia dramática, es su gente y por eso el poeta hace vinculaciones con otros personajes que lo reconecten y mantengan esa conexión con su isla natal, ahí está el poema para Davilas Anderson, un joven poeta nacido en Puerto Príncipe: “dime amigo cuantas puertas tiene tu infinito” (p20) le pregunta al novel poeta. Toussaint Louverture: “oh mi Toussaint o mi hermano universal / general de mis plúmulas / gran filósofo de los derechos ilustrados” (p86). El libertador mártir que tuvo por misión organizar la liberación de su pueblo, aunque en este camino tuviera que ofrendar su vida y su propia libertad. Hasta la propia madre del poeta confluyen en esta parte del poemario. Después esta Puerto Príncipe la capital de Haití. Y el poeta muestra su ambivalencia con la capital de su país: “Puerto- Príncipe capital de nadie / capital de todo el mundo” (p98). Puerto Príncipe y en particular sus zonas más precarias son la postal preferida en los documentales realizados por el primer mundo, donde con voces en off -extremadamente graves- nos muestran la miseria de uno de los países más pobres de occidente, pero nos niegan la posibilidad de que los propios haitianos hablen por sí mismos de su cotidiano. Así hay una retórica de la pobreza que permanentemente quiere aplastar a Haití y que el poeta se ve con la obligación de traspasar de quebrantar: “Mi ciudad vive y muere de pequeñas esperanzas”(p105). Finalmente se entiende la errancia del poeta como la supervivencia del propio país de origen. La subsistencia de Haití, depende no solo de los haitianos que se quedaron a bregar para cambiar esa historia de mal augurio, sino que también incorpora a los que se fueron en busca de oportunidades en otras latitudes del planeta, pero que jamás dejaran de ser parte de la isla: “se bien que mi país no es mi destino / yo soy el destino de mi país” (p106).

En la segunda parte “el desierto soy yo” comienza con una declaración de principios acerca de las razones para escribir, donde finalmente el poeta se sincera declarando que: “escribes porque tienes miedo a morir” (p114). Aparece el concepto del desierto como una asimilación existencial, no negativa como podríamos pensarlo, el desierto como un lugar hostil en donde no hay nada y nada se puede generar. Por el contrario el desierto es un espacio de vida y que protege la eternidad, ya que no es cualquier tipo de desierto, sino que es un desierto florido: “pero si quieres vivir un poco / puedes hacer de tu pedazo de eternidad / un desierto florido” (p116). El poeta se despoja de cualquier marco referencia no quiere hacer discursos ni basarse en nada: “no tengo teorías / solo proclamo las flores de mi desierto” (p118). Y nuevamente entonces se hace presente la eterna herencia que persiste no solo en Haití sino en gran parte de las islas del Caribe y del cual también el hablante se quiere hacer cargo: “llevo en mi todas las Áfricas” (p118). También vuelve a aparecer la compleja condición del viajero, del exiliado que debe permanentemente moverse para su subsistencia: para el itinerante / el viaje es un largo ritual / que nunca se acaba (p120). Dada la situación nomádica en la que vive, el hablante resignifica el concepto de residencia y del país que deja atrás: “reclamo el amor como única residencia / y mi país como único paraíso” (p130). Y ya cerrando esta segunda parte del libro, el poeta nos adentra en sus memorias de infancia y de la adolescencia, el despertar sexual junto con el primer amor.

Finalmente la tercera parte de este poemario se titula “puertas del infinito” en donde el poeta sigue atando cabos en la situación del migrante y el sentido del infinito: “cada viajero tiene su propio infinito” (p156). En esta parte también se pueden percibir críticas contra la modernidad en la ciudad, que deshumaniza a los que habitamos en ella. También aparece América pero más específicamente el momento del descubrimiento de Cristóbal Colón: “te acojo como el gran triunfador de las olas / señor capitán de las tres carabelas / colono de la gran desagregación” (p162). Vemos que el tono del poeta es laudatorio con el descubridor del Nuevo Mundo: “si buscas las islas del cielo / yo mismo seré tu humilde servidor” (p162). El poeta no entra en el lugar común de la denostación hacia los descubridores de América, se toma esta parte de la historia de una forma mucho más amable y celebratoria, de lo que pensamos podría haberla presentado, y esto es porque entiende los ciclos de la vida el yin y el yan de los procesos: “el miedo de uno es la victoria del otro / el fin de un mundo es el principio del otro” (p164). Pero así como muestra clemencia con respecto a los protagonistas de la historia, tiene duras palabras para aquellos que escriben acerca de esta historia: “la atonía de los historiadores / sin humo ni beatitud / atrofia de los corazones / que no saben amar” (p170). Aparece nuevamente el concepto del Miserabilismo -que también está presente en la primera parte del poemario- y que el poeta deplora aún más que los historiadores. Recordemos que el miserabilismo es una corriente literaria europea de principios del siglo XX que resalta lo peor del ser humano para demostrar que nada se puede hacer con el destino del hombre. De esta manera se puede caer en una especie de obscuro nihilismo. Entendemos que Haití ha padecido de este miserabilismo no por parte de sus habitantes, sino de parte de los ojos extranjeros que se esmeran por mostrar lo más dramático de sus rincones para comprobar sus obscuras teorías respecto a la isla.

Delirium es una vía regia que nos muestra las peripecias y evocaciones de un poeta siempre en tránsito, no solo físico sino que también espiritual. Siempre recordando a la isla, pero con otro pie en ese otro lugar que le depara el futuro, y que le da opciones de seguir en su camino de delirante poeta, siempre volviendo a la emoción y al corazón palpitante de la rima.



 

 

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