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“Densa es la neblina en esos lugares a los que te llevé”
Presentación del libro Litoral Central de Diego Alfaro Palma (Audisea, Buenos Aires, 2017)

Por Adela Busquet


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El litoral central es la zona costera que está en el medio de Chile. Va desde Papudo, al norte, pasando por Valparaíso, hasta San Antonio, al sur. Es una zona portuaria, industrial, turística, pesquera. Una de las ciudades de este litoral se llama Concón, y además de tener una de las industrias de refinería de petróleo más importantes de Chile, fue el lugar donde se dio la batalla fundamental de la Guerra Civil de 1891. 

Unos versos del poema “Litoral central” que le da título al libro, dice: “No debemos consentir que esta vasta y rica región / sea convertida en una simple factoría extranjera”. Le escribí a Diego para preguntarle por este fragmento, y me contó esto: la frase fue extraída del Testamento de Balmaceda, el entonces presidente. Manuel Balmaceda fue uno de los precursores de la industrialización y del armado de líneas ferroviarias de Chile. Por eso en poema “Litoral Central” encontramos versos como este: “Mi abuela contaba que los rieles llegaban hasta la playa de Papudo”, donde se ven los restos preñados de historia de esos materiales decimonónicos en la mirada de un niño.

Balmaceda fue además un personaje trágico: después de perder la batalla de Concón, se suicida en la embajada de Argentina. Hay una historia allendista en Chile antes de Allende. En el poema “Litoral central” Diego cruza estas historias. Por ejemplo cuando evoca a “las vendedoras fantasmas de dulces de La Ligua / despidiendo a un presidente también fantasma / entre recuerdos de la reforma agraria y alambres de púa”. La reforma agraria impulsada por Frei y llevada a cabo por Allende, y los alambres de púa que indican los años siguientes al golpe del 73.

Todo eso para decir que en este libro el paisaje está hecho de ese atrás que fue Chile y su historia, vista ahora desde un chico de treinta y pico de años que no vivió esas épocas, pero que las tiene encima. Así es este joven Diego; un especie de portavoz de épocas que se le meten en el poema a través de las playas de Chile.

Por eso el Litoral mezcla dos cosas: por un lado esos trasfondos históricos y por el otro, su historia íntima. La fusión de estos dos registros se da a lo largo de todo el libro. Pero hay una diferencia entre los primeros poemas que llegan hasta la página 35 y el poema largo Litoral central. Los poemas que inician el libro, tienen la prosodia de un hombre asalariado y extranjero en una situación urbana. Específicamente porteña. Desde ahí Diego arma relaciones con su infancia, con los amores, con las escenas pequeñas de la vida de un librero, con la historia de Argentina también. Quizá estos poemas guarden todavía un tono cercano al de Tordo, su libro anterior. O quizá estos poemas muestran el comienzo del pasaje de un registro a otro. En cambio, en la segunda mitad del libro que empieza con el poema “Litoral”, no se siente la atmosfera de una situación urbana, sino el ritmo de una temporada en un espacio costero. Como si no estuviera escrito desde la mirada un hombre, sino desde el ojo del mar. Esa zona costera tiene sus presencias, sus modos de vida, sus presentes vulnerables, sus flores inmortales, su plástico de china. La exhalación del poema se da a modo de oleaje, y ese cúmulo de voces que corean hace pensar en Eliot. Me refiero precisamente a la Tierra Baldía porque, como ella, Litoral es un poema extenso, no narrativo, anclado en un terruño histórico que evita tanto la anáfora como la enumeración.

Entonces, aparece la pregunta: ¿Cómo se sostiene este largo aliento? Precisamente porque “Litoral” es un poema lírico, y en un sentido amplio de lirismo, eso significa que nombrar lo que está al filo de la extinción es su precondición. Ese lirismo se construye por medio de inserts donde aparece una voz impersonal, pero, a la vez, esa voz se intercala con versos personalísimos, dichos en primera persona, como estos: “Déjenme acá por una temporada / quiero estudiar la forma en que la luz / entra en el espiral de un caracol”, y también con observaciones técnicas, naturalistas, como las de este verso: “¿Cuál es el momento en que la fisúrela decide soltarse y abandonar la roca?”

Una pregunta sería: por qué este poema largo, que nació como una serie de apuntes con la forma de versos apretados y concisos como los de Montale en un cuaderno de viaje, se transforma en un poema extenso que logra una consistencia y una unidad apabullantes.

Creo que estamos frente a uno de los poemas que marcan un momento en la poesía latinoamericana, por su combinación entre lo íntimo y lo común, lo personal pero no lo privado, los hechos pasados pero en la experiencia de hoy, toda esa membración de lo disímil recuperado en un aliento marítimo y visto desde esa mirada alfaropalmiana que guarda una cuota de rencor y esperanza mientras acaricia las cosas.

Sea como sea, hay algo claro: Litoral Central ofrece una mirada. A eso lo llamamos su ontología: una mirada que le hace una piedad a la realidad que tenemos. Y una piedad que le acaricia el lomo a la vida.

 

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Audio del poema "Litoral Central", grabado por Diego Alfaro Palma
para el proyecto Lenguario (de Buenos Aires).


 

 

 

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Presentación del libro Litoral Central de Diego Alfaro Palma (Audisea, Buenos Aires, 2017)
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