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Diamela Eltit lee a María Graham
DIARIO DE MI RESIDENCIA EN CHILE EN EL AÑO 1822. María Graham.
Penguin Clásicos, introducción de Diamela Eltit, traducción de María Ester Martínez y Javiera Palma. 350 páginas

Por Juan Rodríguez M.
Publicado en Artes y Letras de El Mercurio. 23 de Junio de 2019



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Diamela Eltit había leído fragmentos y comentarios del diario que la inglesa María Graham escribió durante sus días en Chile, entre abril de 1822 y marzo de 1823; la presencia de Graham "era bastante recurrente", recuerda en el living de su casa en Ñuñoa la narradora chilena, autora de novelas como "Lumpérica" y "Sumar", y Premio Nacional de Literatura.

Por eso Eltit aceptó de inmediato la invitación para escribir una introducción a "Diario de mi residencia en Chile en el año 1822". La obra es reeditada en la variante chilena de la colección Penguin Clásicos, e incluye los grabados de la edición inglesa de 1824, dibujados por Graham; se agrega a "La Araucana", el poema de Alonso de Ercilla, y "Repertorio americano", la selección de textos de Andrés Bello hecha por Iván Jaksic; títulos a los que se sumará, en el segundo semestre, "Martín Rivas", la novela de Alberto Blest Gana.


Una fotógrafa

Chile declaró su independencia de España en 1818. Quizás la primera narración de la naciente republica la haya dado aquella extranjera que escribía en inglés: María Graham (1785-1842) llegó al puerto de Valparaíso el domingo 28 de abril de 1822, a bordo de la Doris, "nave de su majestad". En la embarcación iba el cuerpo de su esposo, Thomas Graham, muerto cuando cruzaban el Cabo de Hornos.

"Han transcurrido muchos días y aún no tengo la voluntad ni la capacidad para retomar mi diario", anota ella en la primera. Pero ya vemos que voluntad y capacidad no le faltan: "Hoy, la novedad del puerto y las circunstancias de nuestra llegada, han logrado que mis pensamientos se interesen por lo que me rodea. Esta madrugada, al aproximarnos a tierra, la vista de los Andes me hizo pensar que no existe nada más glorioso".

Aunque hay huellas de su situación personal, el texto está lejos de ser el registro de sus emociones, como observa Eltit en la introducción; tampoco es ingenuo. Es el texto de una aguda y reflexiva naturalista que observa el paisaje humano y natural de la nueva nación. Desde la vegetación, las personas y familias con las que trata, la élite y el pueblo (las artesanas de la greda, por ejemplo); hasta el terremoto que ese año zarandeó a Valparaíso, y los dilemas e intrigas políticas, incluyendo su encuentro con el Director Supremo, Bernardo O'Higgins, el enfrentamiento entre José de San Martín y lord Cochrane, y el levantamiento de Concepción contra Santiago; "su viaje a Chile conforma una inestimable «primera fuente» histórica y cultural que es citada de manera incesante", escribe Eltit. Es "uno de los relatos más interesantes escritos a princi-pios del siglo XIX".


¿Por qué?
—En primer lugar por el estilo. Es una escritura muy actual; no es pomposa, carece de los tics de principios del XIX. Eso te conduce muy bien por el tiempo, para un relato que está situado ya prácticamente hace 200 años.

Cuando habla de las calles de Valparaíso o de la plaza de Armas de Santiago da la impresión de que una extranjera te lleva a tu país.
—A tú territorio, claro. Tenía el beneficio de que era extranjera; entonces veía con mucha claridad los lugares. Es muy detallista, tiene una mirada, por decirlo así, fotográfica; especialmente cuando se refiere a microespacios.

La introducción de Eltit se titula "María Graham: entre la política y la naturaleza". En ella leemos que el diario "recoge dos hitos que marcan la realidad chilena: los dilemas políticos y los sismos que la devastan"; y que la autora "circula entre la configuración de la nación y la destrucción del territorio".

"Cuando viene María Graham, todavía no se ha consolidado la independencia —explica ahora Eltit—. Llega en un momento muy complejo, todo está construyéndose; está abierta la herida con los hermanos Carrera, que son muy citados en el libro, hay tensiones evidentes entre los llamados 'próceres'. Además, ella ya viene de una situación trágica, que es la muerte del marido. Es decir, viene desde la muerte, al nacimiento de una nación, y se va en el momento de un terrible terremoto. Más situaciones contextuales o centrales no puede contener el libro".

¿Por qué cree que los encuentros con O'Higgins "marcan los momentos más importantes del relato"?
—Bueno, porque O'Higgins es O'Higgins; hay lecturas siempre contrapuestas sobre las figuras históricas, pero O'Higgins, sin duda, es un sujeto fundamental en la historia; y ella es una testigo directa, una primera fuente. Ella va a tener simpatías por O'Higgins porque es de ancestros irlandeses; ahí hay una simpatía, digamos, territorial. Pero también le mira las manos y piensa que él es mestizo, con indígena. Eso me pareció interesante, que ella busque la huella del mestizaje en lo que podría entenderse, de una manera en cierto modo cursi, que es el 'padre de la patria'. Ya no sería solo hijo de madre soltera, que para su tiempo es un hecho muy singular, muy vigilado por las instituciones —lo será hasta el siglo XX—, además lo define como mestizo.

¿Eso es significativo?
—Sí, porque ella ve a América Latina marcada por ese signo; que por lo demás está efectivamente marcada por ese signo. Es más o menos normal que seamos un país mestizo, pero precisamente son las élites las que niegan ese mestizaje en ellas.

Al obtener el Premio Nacional, el año pasado, Eltit lo interpretó como "un reconocimiento a formas más minoritarias de hacer literatura". También el año pasado, en una entrevista a propósito de su novela "Sumar", dijo que su filiación "es con lo más vulnerable".

¿El diario de Graham está entre esas "formas más minoritarias"?, ¿hay en él algo de esa vulnerabilidad a la que usted se vincula?
—Saquemos el registro más literal y pongámonos en el lugar más simbólico del libro. Su desembarco en Chile fue complejo, llega viuda, de hecho el marido es enterrado en Valparaíso, entonces queda en una cierta 'orfandad'. Llegar a un país, como extranjera, sola, en un estado de una inmediata viudez, efectivamente no es simple. Pero ella, su tarea, es evitar experimentar íntimamente esa vulnerabilidad. En cambio hace un movimiento de salvataje: el gran salvataje que hace es escribir... Escribir y escribirse, pero sin escribirse a sí misma, sino lo que ve. En ese sentido hay un desplazamiento de su propia vulnerabilidad al refugiarse en la escritura.

Hasta escribe sobre el diario como género.
—Sí. Y tenemos que ponernos en los códigos sociales de la época, que no están pensados para que una mujer, joven, una viuda con una pertenencia social, viaje sola; no es lo habitual. Ella está también en una posición minoritaria frente a los códigos sociales.

¿Qué mujer es o llega a ser María Graham?
—Es una mujer emancipada, que cambia el estatuto general para las mujeres de su tiempo. Pero no porque viaje a Chile o porque quede viuda, ni porque se suba a un caballo; no es eso lo que cambia, lo que cambia es que ella escribe, y escribe con una sorprendente lucidez todo lo que ve. Su singularidad está en la escritura que ella logra establecer sobre el territorio en esos momentos, es decir, hace dos siglos. Eso es lo que la pone en un lugar más singular en su tiempo.

Usted dice que este es un "libro transhistórico", que "podemos imaginar que estamos ante un Chile actual". ¿Qué problemas o realidades del país registrado por Graham son los mismos del Chile del siglo XXI?
—El poder; la cuestión del poder. Es un tiempo con una crisis muy especial, porque hay un tránsito de un poder a otro, del poder colonial a los poderes locales. La cuestión del dinero también está muy presente a lo largo del libro; la cuestión independentista también pasó por el dinero, por obtener propiedades. Y además esta la jerarquización social; los sirvientes, los criados, eso se ve muy claramente.

Quizás sea una exageración, pero hay un primer relato nacional a partir de ella; Graham está armando un país en su relato.
—Sí, sí. Ella alcanza a ver un país incompleto, que sabe que se va a completar —eso lo tiene claro—; pero también ve la fragilidad de los líderes. El poder está ahí desde el primer minuto, la nación nace con los conflictos de poder entre sus líderes; a tal punto que cuando ve a O'Higgins a él le queda muy poco tiempo en el poder (abdicó en enero de 1823). Por eso es un libro muy, muy interesante. Reafirmaría esa idea, que el libro es transhistórico, y que sirve para leer la jeraquización chilena, la traición política, en fin, el dinero y el poder.



 

 

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