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Diamela Eltit, escritora chilena y Premio Nacional de literatura:
“Este siglo será feminista o no será”

Por Gonzalo León
Publicado en https://www.infobae.com/ 22 de Febrero de 2019


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Diamela Eltit debe ser la escritora chilena más destacada e importante de los últimos años; ha sido reconocida recientemente en su país con el (esquivo para las mujeres) Premio Nacional de Literatura, que entre otras han ganado Gabriela Mistral, Marta Brunet e Isabel Allende; sin embargo el reconocimiento internacional, tal como a la Mistral, le llegó antes con la beca Guggenheim hace más de treinta años, reconocimiento que no ha cesado, en especial de parte de universidades estadounidenses y europeas que no paran de invitarla a dar clases o a ser intelectual residente.

En el último año se han publicado dos libros que giran en torno a su obra: uno de entrevistas (No hay armazón que la sostenga) y una recopilación de ensayos (Diamela Eltit: políticas de su narrativa ficcional) que abarca desde Lumpérica hasta  Fuerzas especiales. Sin embargo, Eltit se ha tenido que sobreponer a que el campo literario trasandino, dominado por varones, dijera durante años que su literatura no se entendía, que era muy política, muy feminista o muy intelectual. Todos calificativos que hoy se han revertido.

En el prólogo de Diamela Eltit: políticas de su narrativa ficcional, su compiladora Patricia Espinosa plantea que si bien escribir en dictadura era difícil, a partir de la emergencia de la escritura de Eltit la literatura chilena no fue la misma, porque ponía "en escena la insubordinación de los signos, de los géneros, de los saberes". Y de alguna manera esto fue cierto, aunque primero la literatura de Eltit influyó en una generación de autoras mujeres, que peyorativamente fue conocida como "las diamelitas" y ridiculizada por Roberto Bolaño. Pero con el tiempo esta influencia ha atravesado a la literatura chilena y latinoamericana; ahora no son sólo mujeres quienes leen y valoran su obra. Allí radica su verdadero reconocimiento.

Esta entrevista arrancó en la presentación en Chile del libro Lemebel Oral: 20 años de entrevistas (1994-2014), un evento en el cual Diamela Eltit fue la principal oradora. Luego de una charla informal, hubo un acuerdo para realizar la entrevista y, por diversos motivos, esa conversación pautada se concretó finalmente a través de un intercambio de mails.

¿Qué significó el Premio Nacional de Literatura en términos personales y para su obra?
La verdad es que en mi horizonte literario los premios no ocupan un lugar central, nunca ha sido así. La obtención del Nacional desde luego fue estimulante y hasta sorprendente, especialmente por una cierta, relativa unanimidad que se generó en ámbito literario. Yo creo en la necesidad imperiosa de construir comunidades considerando sus diferencias. Pero la obtención del premio también me provocó una especie de opresión orgánica que todavía combato.

Además de ese reconocimiento acaba de aparecer una compilación de ensayos dedicados a su obra. Es muy interesante observar cómo doce autoras van analizando sus libros. ¿Te esperabas un trabajo así de reconocimiento de otras mujeres?
La idea de la crítica Patricia Espinosa fue muy poética, puso de relieve la escritura crítica de mujeres, todas y cada una de ellas extremadamente valiosas y renovadoras del campo. Creo que su iniciativa es pionera. Se trata de una política de escritura, de una política del cuerpo, de romper la valla de lo subsidiario. Yo estoy muy admirada de cada una de las participantes como también del gesto de Patricia. Y eso va más allá de mis novelas.

¿Su obra se produjo en el marco del feminismo o el feminismo posibilitó el nacimiento de su obra?
Siguiendo a Simone de Beauvoir, pienso que no se nace feminista, se llega a serlo. Escribí porque esa era la dirección de mi vida. Ahora yo concibo la literatura como un espacio de libertad frente a las demandas de la vida más concreta que finalmente son burocráticas, monótonas. Yo no "vivo" en el sentido material del término de mis libros, pero en un sentido simbólico sí lo hago y eso me permite emanciparme aun de mí misma para emprender la tarea de escribir. Ahora como ciudadana veo cómo el-los sistemas operan en contra de las mujeres y cambiar ese estado de cosas es una tarea que les compete a las mismas mujeres trazando un horizonte democrático, igualitario, conservando cada una de las diferencias. ¿Cuándo se producirá ese momento? No se sabe, pero pienso que este siglo será feminista o no será.

Hace unos meses la entrevistaron y afirmó que el término patriarcado se había vaciado de significado. ¿Sigue sosteniendo lo mismo?
Entiendo el término "patriarcado" como una expresión enmarcada en connotaciones religiosas. Por otra parte, "el patriarca" como jefe de familia que abastece y ejerce su poder por su posición, desde mi perspectiva, está en retirada, de acuerdo a los nuevos parámetros económicos, salvo casos aislados. En realidad yo pienso más bien en la existencia de sociedades misóginas, articuladas así desde sus instituciones, instituciones recorridas por fobias de baja o alta intensidad. Por supuesto entiendo el valor simbólico del término "patriarcado" pero me resulta obsoleto.

En su momento se dijo que su literatura no se entendía. ¿Cree efectivamente no se entendía y que ahora sí se entiende, o más bien detrás de su propuesta había algo bastante obvio y es la convicción de que la literatura no tiene por qué entenderse porque, más que comunicar, expresa?
Efectivamente tuve diferentes problemas de inserción, eso sucede con muchos escritores y especialmente escritoras. Pero no sé bien por qué nada de lo dicho fue decisivo para mí. Quizás porque nunca me han convocado los centros y, por otra parte, no me interesa correr de un lado para otro con los libros buscando metas, relaciones, poderes innecesarios. En realidad me dediqué a escribir mis libros. La verdad es que tengo un grado de resistencia alto, entiendo muy bien la totalidad de los ámbitos literarios, porque he dedicado toda mi vida a la literatura. Tal vez uno de los problemas es que no hice una literatura doméstica ni domesticada, porque seguí el orden de mis deseos, no los dictámenes de mercado literario y sus criterios. En fin, lo importante han sido ciertas experiencias literarias por las que he transitado.

Repasando su obra en perspectiva, resulta inevitable recordar el ensayo Nueva escritura en Latinoamérica, de Héctor Libertella (1977), donde se refiere a las vanguardias que se estaban produciendo en el continente en los 60 y 70 (Lamborghini, Lihn, Elizondo, Sarduy), y que combatían la transparencia y apostaban radicalmente al hermetismo. ¿Cree que esta escritura se pudo haber cortado con las dictaduras y que usted, de algún u otro modo, logró preservarla?
Héctor Libertella es un escritor muy importante. Creativo, inteligente. En lo personal no creo en la transparencia. El lenguaje no es transparente, tiene significados múltiples para un mismo significante; la vida misma no es transparente, es compleja, móvil, ambigua. Los afectos están recorridos por formas antagónicas, la muerte es un signo real e irreal a la vez. Entonces por qué apostar a una transparencia o a la unicidad. Me interesa el desplazamiento de la letra, su arrastre, su huella, su geografía, especialmente la multiplicidad.

En su ensayo, Eugenia Brito plantea que en Latinoamérica hubo dos maneras de narrar: el testimonio y la alegoría. Su obra abarca ambas. El testimonio lo usó de manera brillante Rodolfo Walsh. Pienso en algo que escribió María Moreno y me parece que es perfectamente aplicable a la escritura de El Padre Mío: "Su originalidad última radicó en concebir una literatura que con los únicos elementos de la compaginación y el corte del testimonio, el documento y la historia de vida, tuviera todas las perfecciones de la ficción. Es probable que la popularización del grabador como 'testigo técnico' y superación del cuaderno de notas incidiera en la manera en que Walsh tomaba testimonio".
En realidad El Padre Mío es un libro especial, en parte porque su protagonista es un esquizofrénico poseedor de un discurso de alta especificidad poética y política. No pensé en redenciones ni nada por estilo, más bien en darle un soporte al flujo de su habla, me refiero al soporte libro. Se trata de un libro de él (porque es dueño del discurso) y mío, porque lo escuché en sentido más político del término. Él era un vagabundo y nos encontramos en medio de la sorpresa que generan los encuentros. La artista Lotty Rosenfeld grabó en video, de ahí pasó a grabadora de audio y de la grabadora a la máquina de escribir y finalmente a la imprenta.

Su obra se caracteriza por personajes que viven cierta marginalidad o están subordinados a un orden central, jerárquico. Antes era el orden militar o político, hoy es el orden económico, que también es político. A su juicio, ¿en qué ha cambiado Chile desde el final de la dictadura?
El fin (relativo) de la dictadura marcó el fin de las vulneraciones de los derechos humanos, eso fue central, pero por otra parte, la transición operó mediante una fuerte y constante represión a la memoria en medio del explosivo y creciente neoliberalismo. El consumismo y el arribismo marcaron la década noventera de manera tóxica. Hoy el totalitarismo del mercado rige la vida. La globalización neoliberal ha generado una concentración de la riqueza que supera cualquier ficción, los dueños del mundo caben en la palma de la mano. La explotación sigue ahí recubierta por la tecnología. La serialidad del mundo se ha multiplicado. En fin es un escenario tétrico para millones de personas.

Por último, se habla mucho últimamente de cierto boom de la escritura de mujeres, muchas de ellas son publicadas en Latinoamérica y España y otras tantas traducidas. ¿Cree que eso es así o que sólo ha cambiado la visibilidad? Y de paso, ¿qué futuro ve para estas escrituras en una Latinoamérica cada vez más consumida por la ultraderecha?
No sé si existe un "boom" de escritoras. Se podría pensar más bien en un cierto (nunca total) equilibrio entre producciones de hombres y mujeres. La derecha y la ultraderecha son misóginas, eso incluye a las propias mujeres que conforman ese frente, pero, por otra parte, todos los sectores políticos leen poco, esa es una falla geológica que tienen.



 

 

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