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A la Maestra, con cariño

Por Nicolás Poblete Pardo
Publicado en La Panera, N° 95, Julio de 2018



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Diamela Eltit tiene una nueva novela, «Sumar», donde vuelve a demostrar todo su talento y maestría para dar voz a un grupo de diversos manifestantes callejeros. Con esta entrega, la escritora sigue pavimentando el camino de su soberbio proyecto literario, siempre enfocándose en figuras vulnerables, a partir de una narrativa original y extrema, tanto en su abordaje estilístico como temático.

A pesar de que Eltit tiene una trayectoria sólida a su haber y ha circulado por circuitos literarios internacionales a través de traducciones a varios idiomas y visitas y conferencias en distintas universidades de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, su faceta como mentora y par literaria es menos conocida. En sus talleres y clases, Eltit se caracteriza no sólo por el dominio de diversos campos de estudio literario, sino por demostrar, asimismo, un gran nivel de empatía. Ya sea en sus talleres dedicados a escritura creativa, en sus clases como profesora, en las presentaciones de libros que hace para otros artistas, se entrega con total apertura, y una de las propiedades que sus alumnos o discípulos destacan es su gran generosidad.

Diamela reflexiona: “El taller literario, desde mi perspectiva, apunta a una experiencia literaria en el interior de una microcomunidad heterogénea unida por el deseo de escritura. Personalmente, me defino como una ‘acompañante’. Leo y leo y, claro, pienso agudamente en las producciones de los otros. Desde luego, ninguna escritora, escritor, se ‘hace’ en un taller pero sí se genera un sitio común estratégico. En mi caso particular, estas comunidades literarias que he transitado han sido muy importantes para mí, un sitio afectivo, una apuesta al respeto mediante la no complacencia, un permanente aprendizaje. Memorias. Admiración”.

 

Andrea Jeftanovic (su última publicación es «Escribir desde el trapecio»):
“Tuve la suerte de asistir por tres años a los talleres de Diamela. Cada lunes nuestros textos y las lecturas asignadas eran puestas en un espacio de lucidez, curiosidad y buena camaradería. Ella fue una maestra sagaz, exigente, generosa. Me siento una privilegiada de contar con la amistad literaria y humana de una intelectual íntegra y una persona leal y con un humor exquisito”.

 

Jorge Scherman (autor de «Jesús retorna a testificar»):
“Diamela representa para mí, primero que todo, el trabajo literario riguroso, y con un sentido de proyecto escritural (como nos decía en su taller). Siempre inteligente y original al comentar un texto. Con una visión generosa y colectiva del quehacer literario, respetando las individualidades. Y que mantiene, contracorriente del individualismo en boga, su voz pública de escritora atenta a los avatares del mundo”.

 

Lina Meruane (su última publicación es «Contra los hijos»):
“Los meses que pasé en su taller fueron los más enriquecedores de mi formación literaria. Como maestra, Eltit era muy lúcida y rigurosa en su lectura y hacía algo que nunca más he visto: sometía los textos a un análisis de sus pulsiones íntimas. Sus comentarios eran verdaderas propuestas sobre cómo leer la contribución estética de un texto, sus estrategias narrativas y la organización de los materiales, y, asimismo, una reflexión sobre las problemáticas culturales que cada escrito presentaba. Aunque podía ser muy crítica, lo que había en su abordaje era el deseo, siempre generoso, de empujar cada una de nuestras escrituras para que el texto no se quedara corto, y nos instaba a ser más ambiciosos en lo literario, nos instaba a tomar riesgos. Entonces no era sólo un taller de escritura, de lectura, sino que también de una ética creativa e intelectual. Agradezco ese tiempo y la interlocución que se ha prolongado a través de los años: además de su escritura, potente como pocas, Diamela tiene un ojo muy agudo a la hora de evaluar el campo literario y un gran sentido del humor”

 

Cherie Zalaquett (periodista y escritora):
“(D)escribir a Diamela es pensar en lo que sobrevivirá de mí. Lo que vuela en distintas direcciones y a la vez nos aglutina. El magisterio de Diamela ‘se parceliza en distintas autonomías’, cada escritura refracta en un cuerpo que la reverbera a partir de su permanencia. Somos la suma de sus (in) flujos textuales, el resultado de su esfuerzo por construir una a una la perfección de nuestras escenas. Su sabiduría nos levitó en bandada por la certeza de sus signos. Todos en ella duplicados y secuaces en la consigna desobediente que vuelve táctiles las fracturas obturadas por la gramática social. Gracias, Diamela, por tu adyacencia generosa, por tornarte coextensiva a la perplejidad desamparada del que escribe”.

 

Alejandro Moreno (dramaturgo, autor de «La amante fascista»):
“Diamela tiene un método para articular sus talleres literarios que son de escritura y también de teoría, se escribe y se lee mucho. Me sorprende la generosidad con que se aboca a la escritura de los textos y cómo incomoda los materiales para que el autor pueda ver su obra desde diferentes ángulos. En sus talleres he visto cómo han surgido textos muy relevantes para la escritura en español”.

 

 

Rodrigo Miranda (autor de «La expropiación»):
“Generosa y cariñosa profesora en el Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York, en diciembre de 2015 me invitó a la apertura de sus archivos en la Universidad de Princeton. Ahí leí la carta donde un militar, de la oficina de censura de la dictadura, autorizaba la publicación de «Lumpérica» en 1983. Se me pararon los pelos al tenerla entre mis manos y al escuchar a Diamela contar que al momento de que retiraron todos sus archivos de su casa en Santiago sintió una pulsión de muerte y pensó que eran un féretro y que ella misma se iba en esas urnas”.

 

Juan José Richards (diseñador y escritor, autor de «Las olas son las mismas»:
“El aprendizaje con Diamela (en el MFA in Creative Writing in Spanish, de Nueva York) me hizo revisar, corregir y redibujar los mapas con los que leía y escribía hasta que fue mi profesora. Ella me cambió el mundo. Entendí que en la literatura, como en la naturaleza, no hay nada aislado sino que un texto literario y sus múltiples lecturas forman un ente orgánico que está entretejido de forma compleja y delicada. Entender la escritura así, como la plantea ella, supone un vértigo: si se tira de un hilo, aunque sea muy delgado, el tejido entero puede desmadejarse”.

 

Beatriz GarcíaHuidobro (autora de «Hasta ya no ir y otros textos»): “Ya vemos en toda Latinoamérica cómo sus estudiantes surgen con un ímpetu y un compromiso literario que me parece son el legado más sobresaliente de su labor/ misión como maestra de escritores. Pero aparte de esto, destaco la generosidad de Diamela Eltit con diversos artistas, especialmente con las mujeres; su capacidad de generar comunidades y ofrecer a unos y a otras espacios de encuentro e intercambio, de sumar y con eso multiplicar, algo tan escaso, tan único en nuestro ambiente literario nacional, donde las personas ven en sus pares una amenaza en lugar de descubrir esos mundos que contienen”.

 

Nona Fernández (su última novela es «La dimensión desconocida»):
“Envidio su capacidad de espejar la calle, de traducir la sintonía histórica y epocal en cada escrito. Su ojo es un radar, un dron metiche, agudo y loco, que olfatea el ánimo y la temperatura del ambiente. Con esa info procesada, Diamela dispara metáforas de las que no nos podemos librar, nos adivinamos en ellas como quien se adivina en las líneas de la propia mano. Me siento cómplice de ese lugar de trabajo. Una producción que dialoga directamente con el acontecer socio -político, que articula, que toma partido, que canaliza. No tuve el gusto de estar en su taller, ni de ser su alumna, pero su escritura es un faro y su experiencia es una hoja de ruta que comparte generosamente. Yo he usufructuado de todo eso con gusto y gratitud”.

 

Malú Urriola (autora de «Las estrellas de Chile para ti»):
“Eltit es la Queen del barrio, la que ve bajo el agua, la que canta entre las piedras mientras se roban los ríos. Su pluma es punk y viva como un rayo que ilumina y advierte la tormenta. La conocí en dictadura y jamás ha soltado esa pluma reflexiva. Mientras sucedían las marchas estudiantiles, ningún escritor joven pensó en escribir «Fuerzas especiales» o «Por la Patria» en dictadura, o fundir poesía y narrativa como «Lumpérica» o pensar el mundo de los trabajadores del supermercado como lo hace en «Mano de Obra» y luego, claro, ahora aparece «Sumar», una novela irrebatible y hermosa pero también es la ética de la Queen del barrio: Sumar, compartir sus saberes y sus afectos. Larga calle a la Queen”.



 

 

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