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Brian, el nombre de mi país en llamas de Diego Ramírez.
(Ceibo Ediciones, poesía 2015)






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(Fragmentos)

Brian, La República
(dominación, reconquista y tiranía)
(2010 – 2015)

En doscientos años ya han pasado muchas cosas por ti.
Algún día te voy a contar la historia completa,
te voy a resumir los años de soledad y sangre muerta.
Algún día, estarás bailando conmigo
y te darás cuenta que el realismo mágico se derrumbó
y que el realismo sucio higienizó nuestras formas de violencia.
Que los poetas muertos ya no son malditos
y que los poetas jóvenes dejaron de serlo
el día que pensaron que publicar y escribir era lo mismo.
Las mejores mentes de nuestra generación
nunca fueron asesinadas en un parque
porque no conocieron los parques,
menos de noche, menos con el cuerpo abierto
dibujando arcadas de lástima a hombres mayores entre los árboles.
Nuestra generación prefería escribir con las manos limpias
para no despertar con un poema nacional socialista
dibujado con sangre en el pecho
de un chico abandonado y caliente,
abandonado y feliz.

 

IV
Lo único que me importa es que entendiste por qué era tan importante el fuego. Por qué tenías que quemar tu casa, mi cama, la foto de los padres, la ropa vieja, el mechón de pelo, la figura de un dibujito chino que haces como si tuvieras hambre. Ahora entendiste por qué importa que muera aunque sea solo uno en la calle, que puedan alcanzar a morir los héroes que inventa la televisión. Ahora entendiste qué pasa, cuando se oscurece y viene la guerra, y te acuesto sobre la cama, y hago como si el remolino de venitas y piernas, arranque como un alacrán, la bala que cruza el uniforme. Ahora entiendes por qué se ve más linda la ciudad cuando muere el enemigo, por qué tienen que morir tantos, tantos, para que sea equitativa la promesa de la vida, la muerte, la justicia social. Ahora entiendes qué lindas se ven las banderas, cuando muere el enemigo uniformado, colgando su gorra de servicio como promesa y adquisición. Ahora entendiste que la venganza es hermosa, y cada llamita de fuego que te sale de adentro, se vuelve un poema, Brian, un poema. Aunque nadie quiera leernos. Un poema, aunque nadie se acuerde de ti. Un poema, aunque tengamos que re editar todos los libros de los ochenta para que se den cuenta que te amo más que la noche, el fuego, el paco muerto, la orilla, la balacera, el tiempo, el sueño, tú, durmiendo sin culpa, y yo llorando porque no puedo parar de decirte que eres hermosa, y lo único que importa es que sueñes con un allanamiento pornográfico, donde enfilen a todos los hombres desnudos, arrastrándose con sus vergas al aire, filtrando sus cuerpos a la cancha de fútbol, y tú no lloras, tú te calientas, y yo te veo prisionera, con las manitos arriba dibujando una cruz, una promesa de estrella, un sueño roto. Le llaman utopía, mi amor, yo no sé cómo llamarle, yo no sé cómo justificarme, yo no sé, si es más importante el amor o la guerra o todo puede ser lo mismo, pero bésame que es más fácil escribir de ti, que de la noche violenta que quema las postes de la luz, las casas, el supermercado y el saqueo, la calle, el barrio, el almacén. No importa, mira cómo brilla, cómo brillan nuestros cuerpos desnudos dándole la cara a la furia del pueblo.

 

2015
Brian, o el corazón metralleta
(epílogo)

Han pasado casi 10 años y nadie se muere por darme un beso en la esquina dorada de una carnicería. Nadie te quiere, y yo podría haber sido el único, pero como no te llamas Brian, no hay nada que valga la pena. Entre mis centímetros adentro tuyo, o en despertar pegado a tu pelo con baba, da lo mismo. Ya no te quiero. Soy como tu madre, me acostumbro a tu pena, me acostumbro a esperarte para siempre. Soy una mala copia de tu misma copia como un viaje horrible a tu provincia horrible. Muertos de calor, esperando que alguien te abra una puerta. Esa es la metáfora, cariño. Una puerta cerrada, porque no te dejan ni las llaves, ni la vida. Nada te dejan, y te hiciste solito, como un corazón brayanesco. Hay otros chicos que se llama Brian, que lo llevan pegado a su ropa, y se hacen las valientes y rebeldes cuando apenas pueden jugar conmigo, solo conmigo, que soy vieja, y le dedico la vida al camilo, al robin, al kevin, al mati, a todos los que se llaman Brian, porque nacieron igual que tú, solitas, bailando en la pieza con la música de la tele, porque la mamá trabaja, la abuela duerme, y el cielo en llamas les cuelga la burla de un golpe cuando niños, de la cama con sangre cuando niños, de la violencia de las piernas abiertas a la fuerza, cuando niños, de las piernas abiertas a la fuerza cuando grandes, de ser cuando grandes un sueño borroso de algo que no vas a poder ser nunca. Porque te quiero, por eso te escribo, por eso te visito en esta casa sin ventanas, para romperte el pedazo de hambre que te cuelga para afuera. Por eso te digo que estoy plastificada, contando tus pastillas diarias, dándote agüita en la boca y odiando que te bañes disfrazada de inmigrante, que te roben tu polera preferida los colombianos que te venden drogas, que te hagan depender de una gotita de amor cuando no saben que te llamas igual que mi Brian, igual que mi vida, que mi libro y mi dominación.

Éramos tan parecidas, crecimos casi juntas, Brian, podría no haber resistido a una guerra o morir en la frontera de esta provincia, pero tú, valiente, decidiste dar tu vida, tu sangre y tu cuerpo de Cristo, por mí que estaba caliente, que me rozaba la gota lluviosa esa noche en que follamos como perros, muertos de asco por la cama manchada y el piso de tierra. Me acuerdo de la casa de mi abuelita, me dijiste. Me acuerdo de una pesadilla, te dije. Una pesadilla donde me enamoraba de ti, y me veía obligado a terminar un libro de amor contigo, porque eras Brian. Tenías veintitrés años y no habías sobrevivido al amor, a las agujas, a la mancha de sangre, al hospital público donde te amaba, a tus ojos, tus ojos de corazón metralleta, a tu pelo tan largo que pareces nena, tan largo que me la pones cuando me miras como nena afiebrada de tanto darte toda la noche, abrazándote como si nos fuéramos a morir antes de tiempo. Como si a alguien le importara mi amor. Como si a alguien le importara un poema, mi vida, tu muerte, el sueño, la guerra, la enfermedad.

Estoy pensando en escribirte un poema pero yo no escribo. Eso dejé de hacerlo hace tiempo, me aburrió el ejercicio de escribir poemas sin haberte conocido. La poesía es para los hombres, yo prefiero ser un chico analfabeto, un chico disléxico escribiéndole poemas a otro chico como yo. La poesía ya no existe y lo dice el peor poeta de su generación. Yo dejé de escribir, porque ahora eres tú, mi pajarito envenenado y hermoso que escribe devorando la noche y la vida.



 



 

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"Brian, el nombre de mi país en llamas" de Diego Ramírez.
(Fragmento)
Ceibo Ediciones, poesía 2015