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Darwin Rodríguez Suazo | Autores |











El economista duplicado

Darwin Rodríguez Suazo



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Los mejores baños a donde he ido son unos que están en Freire, son como una nave de carga, los habitáculos permiten movimientos precisos y el papel uno lo saca a vista de calle (elegancia en el detalle). Con todo, son baños apacibles. No te incomodan los bocinazos afuera y la señal de celular se pierde, favoreciendo la concentración (he oido testimonios de verdaderas abducciones en la nada), aparte usan un desodorante fuerte, pica la nariz, pero pica lo justo como para dar sensación de seguridad, y su retirada es amplia. En ciertas circunstancias, uno podría llegar a pensar que no hay baño malo, pero el mundo moderno nos permite el lujo de entregarnos a estas caracterizaciones. En fin, esa tarde yo andaba de escabio y me encontré con V., que andaba en las mismas. Fuimos a dar unas vueltas a la ropa americana y después nos comimos un completo con papas fritas, una de las debilidades de V., quien, me consta, hace denodados esfuerzos por tomar agua y comer lechuga más seguido.
–¿De verdad tú eres escritor? –me preguntó V., sin darle todavía ningún mordisco a su As Mechada Choclo.
–Si –le dije–, pero de los normalitos.
–¿Cómo eso?
–Nada, repito un par de patrones brillantes, como luces de discoteca y listo. No soy como Bill Evans.
–¿Y de qué te gusta escribir?
–Oye, que buena pregunta. Últimamente ando curioso por asuntos económicos. Pero me falta alguien que me enseñe.
–Yo conozco un loco que hace clases de economía, aquí en la Plaza.

Agarramos vuelo con V., y como la Plaza estaba cerca no me di ni cuenta cuando estábamos haciendo fila para hablar con el susodicho profesor de economía. A lo lejos se apreciaba un tipo bien plantado. Y además bien guapo, con atractiva postura, un mechón al que mecía la brisa de la tarde y capacidad de apropiación espacial, o buen radio, como diría con otras palabras mi querido amigo Críspulo Gándara. Delante de nosotros una chica cantaba bajito: Ya llegó este ritmo alegre, ya llegó el sabor, vamos a bailar toda la noche hasta que salga el sol… El profesor de economía atendía rápido y a pesar de estar en plena plaza, de algún modo lograba hacer prevalecer cierta privacidad con quienes iban tratando con él; cuando el profesor nos hizo un gesto para acercarnos, una vez que la chica del ritmo alegre se fue alejando de él en certera línea recta, no tardó en saludar a V. efusivamente. V. le habló de mí, le dijo que yo era escritor y que me gustaba escribir sobre economía, pero que yo no sabía nada de economía.
–Ayúdalo –le dijo. Sentí una profunda miseria.
El profe nos endilgó hacia un edificio cercano, subimos con él al cuarto piso e ingresamos en lo que parecía ser su oficina personal. 
–Tome asiento –me indicó con sorpresiva hidalguía. Luego me miró de cuerpo entero y me dijo:
–Usted se ve muy fatigado. Tiene que salir a trotar y bajar un par de decibeles el imperativo categórico y enderezar la escapula. Para eso tenemos que mejorar primeramente nuestro vocabulario. Lo demás viene por añadidura. Comencemos. Diga Selling Power
Selling Power.
–Diga Derrelictos.
Derrelictos.
–Diga Look.
Look.
–Diga Oriente.
Oriente.
–Diga Occidente.
Occidente.
–Diga 2019, 1949, 2026, 1984.
Dos mil
–Diga Environement.
En viro nem ent.
–Diga Micro.
Micro.
–Diga Macro.
Macro.
–Diga Meso.
Meso.
–Diga Modern Lover.
Modern Lover.
–Diga caput mortuum.
caput mort uu m.
–Diga Samsara.
Samsara.
–Diga Nirvana.
Nirvana.
–Diga ¿Teleología del instinto?
–¿Teleología del instinto?
–Diga Volicion.
Volición.
–Diga Morimos en Adán y vivimos en Cristo.
–¡¿Ah?!
–Ba, perdón me equivoque. Ya, ya estamos o.k. con esta parte. Ahora en segunda instancia traeré algo para usted.
El profesor cerró sus ojos, cruzó sus manos y quedó congelado.
–¿Qué está haciendo? –le pregunté a V.
–¡Está elevando su cosmo-visión!
–(Ojalá nos incluya sino vamos a quedar flotando en el vacío o pidiendo limosna en el extra radio de la polis) –pensé acordándome todavía de mi buen amigo Críspulo. Enseguida, lo toqué.
–¡Está ardiendo! –grité soplándome la mano.
–Mejor no lo molestes –me advirtió V.–, sino su Asesor te va a llamar para meterte susto.
–¿Y es muy aterrador?
–Habla bajito y agudo y hay que irlo ayudando a completar las oraciones. O peor aún, se va a poner a hablar de ti en los medios.
–Que pintoresco.
–Mira, está despertando.
–¿El cosmos es uno nomás o en la mente caben varios?
–¡Cállate!, está abriendo los ojos.
–¿Qué me trajo, profesor? –le pregunté ansioso.
–Una dirección: Oikos 369.
–¿Y qué hay ahí?
–El Eslabón Prendido, la mejor liebre escabechada de Concepción.

 


fiestas patrias del 2021



Fotografía superior de Leonora Vicuña

 

 



 

 

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