Este libro captura el frío tembloroso que escribe la historia de un Chile que no podemos olvidar, es imposible porque aún las llagas están abiertas en cada pregunta, en cada duda, en las respuestas que no llegan y las que no logran explicar, como extirpar el dolor, el crimen, el deterioro social, los efectos que nos explican el odio de esos días, la falta de respeto y el duro camino que debe recorrer el amor y la esperanza.
“Un vuelo de loica cruzó el cielo
dejando una estela
de rumores y penas sin nombre”.
Elba, la autora de este vasto recorrido de los acordes de violines en el invierno permanente de la sociedad chilena, nos habla de todas las etapas en un conjunto de piezas poéticas que con velocidad y la calma de una tormenta seguida del paso final de los cuchillos, ahí dónde golpea la puerta el presentimiento.
(Antes del bombardeo a la Moneda)
“Había algo en el aire.
Un olor a incertidumbre,
una inquietud zozobrante,
una sensación de ocaso inminente.
Un presentimiento colectivo
y perturbador
giraba como buitre
alrededor de su presa”.
Tenía 15 años dice la autora. A esa edad la historia le enseñaba de bombardeos, de las llamas que incendiaban la patria.
“La arquitectura del horror
se alzó como
un oscuro monumento
un negro botón
del viento.”
En esa oscuridad fotografió en su mente para perpetuar lo que había desaparecido, la libertad, la efervescencia, la juventud de esa idea de justicia que movía la esperanza, el deseo de que solo fuera un sueño, de que todo acabara pronto, ya no estábamos, algunos aún no están, menos el último vestigio de su respiro que nos permitiría decirles adiós.

Cada página nos comparte silencios, para que podamos declamarlos con la voz de su prosa. Para que dejen de ser silencios y maten el miedo que se instaló en la mente de generaciones y que sigue ahí sin darnos respuestas. “el miedo espacia sus brasas encendidas con aliento de bestia despiadada” el miedo quema y las cicatrices subterráneas en cada momento podrían derrumbar los suelos por los que camina la sociedad que fue protagonista de ese y otros fuegos. Porque fueron calcinados los cuerpos de inocentes, porque encendieron fuego a los libros, porque marcaron a hierro ardiente la piel del Chile de verdad, de ese que sufre y se levanta, no del que nos inyectan a fuerza de mentiras e imágenes con filtros que son murallas que ocultan la verdad.
Elba, como otros, están aquí para contarnos como el roble resistió a la tiranía, como los corazones se endurecieron de tanta bala que los impactó y que no fueron capaces de doblegarlos, algunos corazones hasta fueron arrancados de su tierra y lanzados en barcos a la deriva con el timón roto. Algunos permanecieron ocultos como pequeños brotes de la primavera que aún espera, los otros que no están y no sabemos dónde. Estos textos son testigos de la intromisión por medio de la violencia, son las patadas para derribar las puertas de nuestra conciencia y robar vidas llenas de esperanza, robaron tesoros incalculables de lo que nos convierte en humanos para vestirlos en el oro también robado y desfilar como brillosas bestias. “Dolió el brillo dorado del engaño” y aún entre tanta oscuridad y engaño, resistieron sin desvanecerse, ni quebrarse.
La autora nos cuenta cual fue la estrategia para domar la ola de espanto que arreciaba el mar en esos días y nos da luces también de como hoy evitarla. Porque para el Chile torturado; “nadie enmendó los pedazos rotos de su ser maltrecho”. Ese mar que tranquilo te baña, se transformó en hogar de secretos tirados en sacos cargados de piedras y amarrados con sogas que aún respiran y buscan ser raíces en el fondo del océano pacifico. Bajo el mar, bajo sus arenas se conectan hasta el desierto donde se unen en un abrazo que brota y crece en cada recuerdo.
Los que lleguen atraídos por los compases de esta gran poeta, encontrarán en cada nota musical un testimonio necesario y pragmático de una realidad que, a punta de odio, mezquindad, aprovechamiento y enriquecimiento ilícito, condujeron a nuestro país en el camino de la oscuridad y la tristeza, sepultaron como dice la poeta en un manto turbio todas las almas que aventuraban un Chile justo. Pero nos encontramos aquí, disfrutando de la poesía que nos trae lo bello de recordar, de hacer memoria con el soneto de las letras que desde el inicio nos llevan al testimonio inquebrantable de la verdad.