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Ernesto Carrión: ∞ preguntas a Monsieur Monstruo, a sus últimos días (1)

Por Jossué Baquero
Revista Contramancha.com

 

 

 

 

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La entrevista apunta, casi siempre, a la crónica biográfica y recurre al cuestionario íntimo para averiguar sobre la vida del entrevistado, pretende situarse en un momento empático entre el lector y el que responde, pero acercarse a la poesía de Ernesto ya es pararse, en cierta medida, frente a su vida semidesnuda y, sin embargo, púdica. Así, no ha hecho falta la pregunta “personal” con tono “familiar” ni un test enlatado para descubrir al autor y la conexión con su obra, sino acercarnos y apegarnos al texto literario que entraña el abatimiento del escritor y -seguro también- la caída del hombre.

- ¿Cuál dirías que es el elemento esencial de la poesía: aquel que determina el proceso de la creación poética, ese elemento del que cuando se lee poesía no debemos distanciarnos?
- La poesía tiene la obligación de comunicar y replantear significados que de una u otra forma han entrado en caducidad. Siendo su herramienta el lenguaje, debe comunicar, y esa comunicación (no necesariamente construida con éste propósito) sucede entre el poema y el hombre y el poema y el poeta. Allí está la poesía para decirnos algo que no sabíamos sobre nosotros mismos o sobre el mundo hasta escribirlo o leerlo. Su obligación entonces es la del vuelo del sujeto, la de la búsqueda de una conciencia última, la de una construcción del sujeto mismo que la escribe.

En la poesía hay magia y hay misterio; y lo que se está jugando ahí es la salvación del hombre, de un hombre que es todos los hombres. Si me pides por un elemento esencial, diría ese justamente: el retorcimiento de una conciencia que de verdad amplía sus horizontes. Lejos de los artificios, de los juegos de palabras, del intelectualismo insípido, del exhibicionismo impúdico de uno mismo, de la incoherencia calculada.

- En alguna ocasión que pudimos conversar acerca de tu obra, y cada vez que hablas de ella cuando te preguntan al respecto, mencionas que tus libros son un viaje, son tu viaje, aquel que se realiza desde la experiencia; sintetizaste alguna vez aquella postura con: “el viaje del libro es el viaje del hombre”. Desde esa posición, ¿crees en tu literatura como un exorcismo, como una liberación, como la reacción de alguien que se ha embotado y necesita devolverlo todo, arrojarlo?
- Efectivamente sucede un exorcismo, esa posibilidad de ir asentando un debate entre una conciencia sujeta a su edad y una reflexiva; esa búsqueda en la destrucción de los significados y de la vida impuesta como tal, en todo ello hay un trizar de espejos, hay rostros deformados y caras cortadas ahí por la imaginación y el tiempo. Yo viajo de la mano de un hombre que pretende definirse a través de la palabra, ese hombre tiene y padece un sinnúmero de situaciones vitales (hogar, trabajo, hijos, enfermedades, amores, decepciones, etc.) que lo obligan a replantearse su Yo histórico, su Yo extranjero, su Yo místico, si existen tales sujetos. En mi viaje hay un único deseo: el desciframiento de la verdad del mundo, del mío al menos. Tengo el derecho a descubrirlo, después de tanta patraña original y tanto embuste escolástico. Entonces utilizo la poesía para un ajuste de cuentas, más que con la muerte, con todos quienes fui y quienes seré.

- En tu obra, la convivencia, más bien el enfrentamiento de distintas voces es una constante; ya sea como en el cuarteto “La Muerte de Caín” a través de diálogos, o como en el quinteto “Los duelos de una cabeza sin mundo” a través de la presencia de otra voz intercalada entre los fragmentos de un discurso más largo, más argumentativo; una voz que parece hablar desde la distancia analítica ¿La presencia de esa voz (en caso de que funcionara como he supuesto) responde a la idea de Evolución Personal que has dicho sufrir cada vez que escribiste un libro? Si tenemos en cuenta que, parafraseándote, “un hombre nunca vuelve a ser el mismo después de un libro”
- El enfrentamiento de voces en todos mis libros, como lo menciono, va dejando el rastro de estas conciencias en debate puro. Hay un chillido cubista y un cuello en aprietos. Además cumple con el propósito colectivo de poner por escrito a todas mis cabezas en una sola hoja: la que discute conmigo mismo, la que se lee a sí misma, aquella que ya no quiere seguir escribiendo sobre mí mismo, la que desata el caos y en el centro del caos se precipita a anclar alguna idea que le sirva de tabla o de respuesta.

Siempre se ha tratado de una evolución, de una búsqueda de conciencia dentro del desorden de la vida y de las palabras.

En el libro Viaje de Gorilas, hay un texto titulado “Evolución Infinita”, donde puede leerse con claridad este proceso:

“Un hombre debe acabar, con dignidad clarificadora, en el momento justo en que se quiebra el misterio de su procedencia. Digamos: cuando su destino se infla como un pelícano muerto. Hay una tragedia mística y hermosa al comenzar un libro. Todo hombre debería evolucionar dentro del libro, tanto en el que escribe él mismo, como en el libro que respira entre sus manos y que solamente lee (Nadie solamente lee). A nadie le puede ser ajena esta devoración de personalidades múltiples y rostros que está por suceder (…)”

- ¿Cómo sientes la “etiqueta” neobarroca; es decir, qué piensas tú de que se te considere un poeta que pertenece a este movimiento estético literario, y que, además, se mencione que has escrito un hito neobarroco en el Ecuador: Demonia Factory?
- Yo solamente escribo mi fragmentación, es lo único que he venido haciendo desde hace más de 14 años, en la consolidación de un sujeto y una realidad más “verdadera” como algo a qué aferrarse. Si los críticos encuentran determinados elementos y deciden “etiquetarme” de uno u otro modo, es cuestión de ellos y agradezco siempre la multiplicidad de lo que encuentren. Aunque las personas tienen la necesidad de etiquetar, catalogar, casi siempre cuando no saben dónde catalogarse. Un poema será solo real y contundente si deja algo memorable en nuestra cabeza, el resto es literatura.

En mi trabajo, yo echo mano de los elementos inexistentes que hallo en el mundo y de los existentes que están en mi cabeza, en la búsqueda de una veracidad imposible.

Allí sucede una yuxtaposición de elementos, en apariencia distantes entre sí, que al remorderse mutuamente dentro del poema originan una visión estriada e histérica de la vida. Esto lo empecé haciendo en el poema “Un minuto en la memoria incendiada de un hombre que no debe ser recordado” del libro Demonia Factory, que es exactamente lo que su título dice: un minuto en el que se presencia la explosión molecular de todos los contenidos, sueños, promesas, fijaciones y frustraciones que anida un hombre. Ese poema, en particular, es fundacional en mi escritura. De ahí, puedes hallar ecos en Los Diarios Sumergidos de Calibán y Fundación de la Niebla, aunque mi intención ha sido siempre que todos estos capítulos no sean escritos de la misma forma, ya que no fueron escritos por el mismo hombre.

- Has hablado de definirte a través de la palabra y el desciframiento de la verdad del mundo… “del mío al menos”, dices. En ese sentido, ¿encuentras que tu poesía cumple una función más filosófica o ensayística, antes que poética? Pues si pensamos en la utilización del diálogo como proceso argumentativo dentro de “La Muerte de Caín”, nos remite a la dinámica griega del pensamiento, por evidenciar algún momento dentro de tus textos. Además, me refiero a esta postura filosófica teniendo en cuenta aquella perspectiva que alguna vez le diste a tu obra, cuando dijiste, y no cito sino parafraseo: lo que en la mayoría de situaciones sucede (dentro de tus libros) es que la situación es poética y el lenguaje, más bien, es híbrido; sin embargo, algo que es una constante es esa búsqueda de la conciencia y de la verdad, es decir, un intento de desvelamiento. Algo que parecería -¿o no?- remitirnos a un trasfondo que puede apegarse más a la filosofía o al ensayo, antes que a la poesía.
- No hay divorcio entre ambas (entre filosofía y poesía), y quienes se empecinan en divorciarlas quizás están limitando las posibilidades que tiene la poesía. He dicho en algunas ocasiones que lo que he escrito no “debe ser tomado como poesía” pero ésta afirmación recae en el ahora, en el momento en que la poesía no deja de ser ornamental, fingida, en todos los polos en que puedas encontrarla. Si leemos a Eliot y sus cuatro cuartetos, o a Dylan Thomas y su hermoso verso “Y la muerte no tendrá dominio”, o a Sylvia Plath cuando nos dice: “La perfección es terrible. No puede engendrar hijos”, lo que estamos leyendo es renombramiento, y palabra y existencia atravesada por la poesía para desnudar una filosofía sobre nuestro destino.

La situación humana, la condición de la existencia siempre indescifrable, es completamente poética, nuestra vida ejecutada desde el viaje de la existencia a la inexistencia es completamente poética, la cotidianidad y lo que sucede en el acto minúsculo tornándose algo contundente es poético, pues el hombre es algo pasajero y sin embargo contundente, ¿y cómo explicas eso? Mi situación y la tuya son enteramente poéticas (material para libros) y mi lenguaje el testamento híbrido sobre el que narro este alumbramiento, esta explosión personal, donde pueden aparecer desde una manzana incompleta (que es hoy sinónimo de tecnología avanzada y pecado original), hasta la descripción de alguno de mis hijos.

Hay desvelamiento. Empecinamiento, sobretodo, por redactar un tratado humano, una trilogía titulada: Ø, en la que he “utilizado a la poesía” para poder reescribirme a mí mismo. Allí lo que ves es el mestizo resultado, en una decena de libros, al introducir desde diálogos dramáticos de teatro, pasando por páginas enteras de narrativa lisa, hasta el desbordamiento de líneas de aparente surrealismo, arrastrando todo hacia el collage y la dimensión significativa del verso más simple, de lo que es un cuerpo subjetivo yendo hacia el vacío. Pero yo soy el Vacío, y tú eres el Vacío, y al final del laberinto debemos hallar alguna sustancia, hecha de lenguaje, que nos desmarque del tiempo y nos otorgue futuro. Pues si el pasado está hecho de palabras el futuro también. Y la verdad tiene la forma de lo prometido.

- Cuando se lee un libro tuyo (cualquiera) siempre queda la sensación de que entregas a la luz parte de tu vida, es decir se siente que ha habido un desvelamiento autobiográfico en esas páginas, y cuando dices que tu poesía se escribe desde ese intento de liberación o exorcismo aquella idea se ratifica, pues es claro que ese entregarse en la historia efectivamente sucede. Sin embargo, ¿cuál es límite de esa autobiografía, cómo lo has definido, y hasta dónde aquello funciona únicamente como recurso y no como producto final, o sea dónde sucede la fractura entre la confesión y la creación?
- La autobiografía no debe asumirse como exhibicionismo descarado, cosa que sucede con mucha poesía mal llamada “de la experiencia”, ya que toda poesía es de la experiencia, y la que no, es fingida, absurda, manipulada y el lector lo intuye. La autobiografía, como mencionas, o digamos mejor “las experiencias personales”, están ahí para nutrir el poema de la vitalidad, la reflexión y la persecución de una sabiduría subjetiva.

Cuando escribo un libro, yo trazo el contenido de toda la película que quiero realizar, sin embargo ya en esta planificación mi Yo subjetivo ha decidido qué escribir como la consecuencia o sumatoria de las experiencias que ha atravesado. Y si no, como en el caso de Los Diarios Sumergidos de Calibán, la situación incómoda y sicológica de nuestro sujeto continental es la que lleva el peso creativo, más sin embargo yo me vuelvo un personaje de lo narrado por Calibán (como ocurre en el siglo XIX de este libro).

Lo individual es lo universal y no al revés. Quiero decir: lo que le pasa y reflexiona un individuo que escribe, logra alumbrar un texto que puede ser leído, pensado e incluso vivido por otros. El límite lo coloca el poeta, el límite es no caer en lo confesional como un exhibicionismo ridículo, sino que aquel texto (con características de confesión) esté todo penetrado por la trascendencia reflexiva a la que nos ha llevado una situación particular. La novedad está en la imagen (esta frase no es mía), y siempre una buena imagen puede salvar un poema.

Dentro del poema, si nos ubicamos ya en la creación de un poema, permito que el lenguaje se desborde desde un sitio indefinido hasta hoy, sitio que me ha inyectado figuras y lenguaje desde niño, y dentro va chorreando la vida, direccionando el “sentido” del poema que es entregarme algo que me ayude, que me otorgue pavor y calma al mismo tiempo.

- Al empezar esta entrevista dijiste que la obligación de la poesía es el vuelo del sujeto, la búsqueda de una conciencia última, ¿crees en una poesía que tiene finalidad, es decir en una poesía que puede ser funcional?
- La poesía tiene una finalidad, la de entregarle al hombre que la escribe significados nuevos y contenidos que le permitan a él (y quizás a los lectores) ver el mundo de una manera distinta. La poesía funda claridad y conciencia dentro de la obscuridad de las formas y de aquello que nos han obligado a asumir como lo “real”. Más que funcional, la poesía participa de la vida, el lenguaje es en sí mismo una ideología, y debe entenderse como tal. Ella va desenmascarando tu vida, que es la nuestra, y dejando un rastro de pensamiento contenido en la misma fragilidad del sujeto humano. La poesía, a diferencia de la narrativa, está comprometida con este desplazamiento.

- Finalmente, y aunque nos distanciemos un poco, esta entrevista no puede acabar sin esta pregunta: de entre todos los libros que has leído ¿cuál habrías querido escribir?
- En este momento pienso en dos: El libro de Ezequiel y el Cementerio Marino.


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(1) Dedicatoria hecha por Ernesto Carrión en su libro Bóveda 66



 

 

 

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