Entrevista al poeta, comunicador social y apicultor, Leandro Frígoli: El Guardián de las Abejas.
"En la abeja y en el oficio del apicultor existe mucha poesía"
Hace unos días tuvimos el privilegio de conversar con Leandro Frígoli, poeta argentino nacido en 1979 en Lobería, provincia de Buenos Aires. Su poesía, profundamente conectada con la naturaleza, nos conmovió a muchos durante el Encuentro Internacional de Poetas Esteros 2024 en Uruguay, donde coincidimos y pudimos conocer de cerca su sensibilidad y oficio.
Leandro no solo es poeta, sino también apicultor y comunicador social, roles que fusiona para trazar una mirada única sobre la conexión entre lo humano y lo natural. Licenciado en Comunicación Social por la UNICEN, Técnico en Producción Apícola y Especialista en Desarrollo Rural, su obra está profundamente marcada por un compromiso hacia el entorno rural y la preservación de la vida natural.
Su primer libro, El Guardián de la Colmena (2020), refleja esa dualidad entre el espacio vital de la colmena y la condición humana, logrando tal recepción que ya cuenta con una reimpresión y una segunda edición en camino. Actualmente, prepara su segundo libro de poesía y una antología dedicada a la simbólica figura de la abeja.
Colaborador de revistas culturales y programas radiales, Leandro amplía su impacto más allá de la poesía escrita, consolidando su voz como un puente entre la literatura, la naturaleza y la sociedad. Desde Azul, Buenos Aires, nos comparte en esta entrevista sus reflexiones, procesos creativos e influencias.
—¿Cómo influyó tu lugar de origen, Lobería, en tu poesía y tu conexión con la naturaleza? —En Lobería, viví momentos inolvidables que han forjado la persona que soy hoy. Estuve hasta los dieciochos años, ya que después partí a estudiar a otra ciudad y retorné a los 28 años donde viví unos seis o siete años antes de instalarme definitivamente en Azul. Mi ciudad natal, es un lugar muy importante para mí y siempre que puedo vuelvo al pago a visitar amigos, amigas y familiares. Donde viví rodeado de mis afectos un entorno muy cuidado y saludable en mi ambiente familiar.
Mi pueblo siempre ha sido una constante inspiración, mis primeros poemas de amor los escribí en mi adolescencia, conocí a mi mentor de la poesía y la literatura como fue Ismael Forese Di Cecco, gracias a mi padre aprendí el oficio de apicultor, además conocí y disfruté de los bellos y naturales paisajes que tiene mi ciudad. Quizás el primer punto de conexión con lo humano, el paisaje, el entorno y la cultura fue Lobería. Me brindó la experiencia de un sinfín de historias de vida, transitadas y recordadas en este presente, pero también me formó en la construcción de un lenguaje poético que tuviera como eje el rescate y valorización de la humanidad de los seres de este mundo. Además, siempre tuve en mi cotidianidad un ambiente que me brindó muchos insumos para fomentar la imaginación y la creación artística. Entre los insumos para mi creación siempre están ahí el ineluctable silencio y las sonoridades del campo, la sierra y el mar.
A su vez, experimenté por primera vez, el duelo de una partida de un amigo, el primer beso a una mujer, mi primer baile en una discoteca y la sensación de nervios previo a una declaración de amor, mi primer desamor y el amor por los deportes y la lectura.
—¿Qué te llevó a vincular la apicultura con la escritura poética? —En el proceso de escritura, tuve la suerte de contar con la compañía y revisión prolífica de mi poesía de mi editor Fredy Yezzed, un poeta muy talentoso y una excelente persona de Colombia. En una de nuestras conversaciones e intercambios, le mostré con pudor mis primeros poemas sobre las abejas y sobre la miel. En simultáneo, le conté una anécdota, en la cual un día de primavera, en el medio del campo leí el poema Vindicación del Invierno de Luis Franco poeta de Catamarca a mis pequeñas amantes –las abejas- como solía llamarlas Aristóteles.
En ocasiones, es necesario como dice Hofmannsthal: «leer lo que no está escrito», es decir propiciar una lectura nueva sobre el paisaje que uno habita. En el decir, de Walter Benjamin: cuando «el lugar ya ha entrado en actividad, su simple cercanía íntima -sin hablar, sin espíritu- le hace señas e indicaciones». Este extrañamiento en torno al paisaje y/u objeto con el cual uno se relaciona cuando se realiza una vinculación construye una «dialéctica del callejeo» que nos permite deambular y volver a mirar con otra perspectiva.
En síntesis, creo que ese aporte de Fredy me permitió leer lo que estaba ahí y nunca había prestado atención porque mi mirada estaba abordada con los prismas de mi profesión de apicultor. Y lo que estaba ahí, era el dispositivo simbólico que representa la abeja no solo en la poesía sino en todas las artes. Pero sobre todo la certeza de que mi cosmos de la apicultura podía conjugarse, mezclarse y abrazarse con la escritura poética y mi arte. Es decir, en la abeja y en el oficio del apicultor existe mucha poesía.
—¿Qué simbolismo tiene la colmena en tu libro El Guardián de la Colmena y cómo conecta con lo humano? —La colmena y la abeja tienen la simbología de lo vivo, de los sonidos y zumbidos, de la naturaleza, de lo espiritual y social. En la colmena y la abeja habita un sinfín de elementos que producen un sentido que nos permite la apertura de nuevas interpretaciones sobre la vida, el oficio y las relaciones humanas. En concreto, la colmena nos brinda la posibilidad de hablar del amor, del duelo, de la muerte, de la danza, de la amistad, de la resistencia, la lucha y las reivindicaciones históricas y sociales de nuestra patria grande.
Esa identificación con la relación dinámica de la colmena con lo vivo de la naturaleza, el hombre y la mujer nos brinda un escenario de mayor percepción, interpelación y apertura en torno a la interpretación de los fenómenos sociales y humanos. En ese sentido, en torno a la mención de la muerte de una abeja y/o un amigo el desafío es proponer como antídoto a la ternura ya que esta cualidad proporciona un ejemplo inabarcable de la conexión de lo humano con el libro.
No son solo paisajes, ríos, personas y/o abejas las que transitan en este libro, sino actúan como dispositivos de nuevas miradas frente a los problemas existenciales que siempre nos inspiran o atormentan. En eso consistió esta búsqueda donde la simbología fuera un camino o puente de nuevas miradas en torno a los mismos problemas de siempre.
—¿Cómo fue el proceso de publicación y posterior éxito de El Guardián de la Colmena? —En el proceso de publicación fue un trabajo arduo que me llevó desde los últimos meses de 2018 hasta agosto del 2020. El trabajo siempre estuvo en un marco de intercambio, contención y compañía de mis editores Fredy Yezzed y Stefhany Rojas Wagner de la editorial Abisinia. De manera conjunta revisamos, chequeamos y pulimos cada poema del libro. Este trabajo previo y durante, en mi caso fue muy necesario ya que me permitió identificar una serie de reiteraciones, de abundancia en relación a una temática y además pude consolidar detalles en cuanto a los poemas de cara a su publicación. Es decir, realice con la compañía de mis editores un gran trabajo de edición, prestando atención en cada detalle y dando tiempo el necesario para la elaboración y corrección de los poemas.
En relación al camino que ha seguido El Guardián de la Colmena con los lectores puedo decir que estoy inmensamente agradecido a mi hermana Alicia Lapenta que me permitió presentar el libro en espacio cultural Nupa en Azul. Y agradecer con la misma tonalidad a Juan Candau que realizó el contenido audiovisual y mis amigos Joaquín Aspiroz y Ángel Benítez quienes me acompañaron con la musicalización de los poemas. También, en la Argentina se presentó en Lobería (agradecimiento especial a la Biblioteca Sarmiento de mi ciudad natal), Balcarce, Tandil, Rauch, Mar del Plata, Mar de Ajó, Tapalqué, Olavarría, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Maciá – Entre Ríos. En Uruguay, en dos oportunidades en el Mundial poético de Montevideo y el Encuentro Internacional de Poetas Esteros, que se realiza dentro de la Feria Internacional del Libro de Montevideo. También, se presentó en Guatemala, Cuba y Venezuela – Caracas en este año en el marco del Festival Mundial de Poesía. Además, inmensamente agradecidos de las devoluciones de pares y lectores que han superado mis expectativas.
No obstante, posterior a la publicación del poemario participó de dos eventos colectivos con otros escritores y músicos.
El primer evento, fue la presentación de tres libros de escritores locales: "Acerca de quienes robaron dolor" de Randazzo, "El guardián de la colmena" de Frígoli y "Las visitas" de Victoria Ponce fueron dados a conocer con una impronta muy particular. Este acto se tituló "La Cita", la cual tuvo muy buenas repercusiones por parte del público local en donde se logró brindar un espectáculo donde hubo literatura, humor y teatro en La Criba, un espacio cultural de Azul. Fue una presentación literaria con impronta teatral en la cual hubo música, amistosas charlas y cantina.
El segundo evento fue la formación de un trío de música denominado Los Guardianes del Hereje conformado por Joaquín Aspiroz, Silvio Battista y mi persona. En el repertorio de canciones hay seis dedicadas a las abejas y la letra de las mismas surge de los poemas de El Guardián de la Colmena. La música fue compuesta por Joaquín y nos brindó una gran excusa para que un trío de amigos se juntara a componer y cantar. El resultado fue más allá de la música y la poesía, a nivel sonoro y visual se construyó una idea conceptual sobre la identidad territorial y el oficio del apicultor sintetizado en un par de canciones. En síntesis, el libro me dio generosas devoluciones de pares y lectores, viajes, nuevas redefiniciones culturales como el teatro y la música. Solo puedo agradecer a todos y todas, por tanto.
—¿Qué puedes adelantarnos sobre tu próximo libro de poesía? —Hace unos años atrás vi una película «Los niños de Isadora» la cual nos cuenta que la historia de la bailarina estadounidense Isadora Duncan no solo es famosa por su obra innovadora sino, también, por la trágica muerte de sus dos hijos en 1913. En “Madre”, una coreografía sobre la pérdida y el vacío, procesó su dolor. En la actualidad, tres mujeres intentan comprender esta pieza y darle vida. Su historia, la película y cómo se forjó como artista luego de la muerte de sus hijos. Me hizo sentir-pensar la necesidad de un poemario que hable de la trágica belleza que tiene el artista frente al duelo y la muerte. Pero sobre que intente aportar desde la poesía una mirada sobre el arte del baile y la danza.
El desafío será que cada poema tengo una búsqueda como bien dice Isadora Duncan de un «movimiento natural, el alma como motor del danzar, la expresión de ideales, el despertar de lo primordial, la educación por la danza del futuro y la eternidad, el regreso a una esencia o ideal de lo originario». Vere si puedo y estoy a la altura. Pero esos son los caminos que vengo transitando en la escritura poética en estos tiempos.
—¿Qué te inspiró a preparar una antología dedicada a la abeja? —La abeja se merecía ese reconocimiento, con su trabajo nos indica la manera de vivir y sentir el día. Sobre todo, porque con su oficio diario y más en estos tiempos tan modernizados y productivos es necesario visibilizar a la abeja como la heroína de la resistencia. Nos pareció una buena idea con los editores de Abisinia para poder compilar un poemario dedicado a las amantes de Aristóteles. Para resaltar sus sonidos, su mitología, su belleza, su muerte y su vida, sus aportes y sus hijas. Y no pierdo la ilusión, de sentir-pensar que, con estos gestos culturales, se da un aporte mínimo por la construcción de una sociedad con sujetos y una mayor cualidad de humanidad entre sus genes.
—¿Qué poetas o escritores han marcado tu forma de escribir y pensar la poesía? —Me estas poniendo en un aprieto, ja. Los poetas que me han marcado en mi forma de escribir y sentir la poesía han sido varios y de distintos lugares. Solo por mencionar algunos y cumplir con la respuesta. Y asumiré el costo de ser injusto porque no se pueden mencionar a todos y todas mis mentoras.
Pero ahí va un primer intento, empecemos con tu tierra Chile Raúl Zurita y Jorge Teillier, Camila Fadda y Ernesto González Barnert. En Uruguay a Walter González Penelas, Atilio Duncan Pérez Da Cunha (Macu), Hugo Achugar, Jorge Arbeleche, Alfredo Fressia, Diego Techeria, Washington Benavides, Clara Silva, Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira, Ida Vitale, Melisa Machado, Mariella Nigro y Carolina Zamudio. En Argentina a Luis Franco, Héctor Eduardo Ciocchini, Carlos Penelas, Ezequiel Martínez Estrada, Hugo Mújica, Jotaele Ortiz, Miguel Ángel Federik, Jotaele Andrade, Marcos Kramer, Patricia Gonzalez, Yanina Audisio y Romina Funes.
Sumaría a Adonis - Ali Ahmad Said Esber – Siria. En Cuba mis preferidos son Dulce María Loynaz, Luis Rogelio Nogueras, Jorge Prieto, Giselle Lucia Navarro y Osmany Echevarria Velázquez. De Venezuela a Juan Calzadilla, Luis Alberto Crespo, Leonardo Gustavo Ruiz Tirado, Víctor Manuel Pinto, Ana María Oviedo Palomares, Vielsi Arias, Bolivar Pérez, Esmeralda Torres, Giordana Garcia Sojo y Milagro Meleán. De Colombia a Dario Lemos, Gonzalo Arango, Tatiana Arango, Sthefany Rojas Wagner y Fredy Yezzed. De Bolivia estoy disfrutando a Gabriel Chávez Casazola, Verónica Delgadillo y el poeta de Tarija Julio Barriga. Y por último Forugh Farrokhzad de Irán.
Siempre es un compromiso, brindar un listado porque muchos excelentes escritores quedan afuera, a los cuales pido mis disculpas anticipadas. Pero estos son los que están resonando últimamente en mí y a varios de ellos y ellas los releo y están poblando de zumbidos y preguntas mi palabra poética.
—¿Crees que la poesía puede ser una herramienta para dar visibilidad a la vida rural y sus desafíos? —Totalmente de acuerdo, creo que la poesía como todos los géneros literarios puede ser un medio para visibilizar la vida rural. Sobre todo, es importante aquellas y aquellos escritores que establecen una relación literaria con la vida rural. Es decir, respetando el género literario en el que escribe, pero evitando una mirada romántica y absoluta sobre la vida rural. Pienso que la vida rural tiene mucha poesía per se y mirar con extrañamiento la poesía del mundo rural nos brinda muchos instantes y eventos que pueden ser traducidos en un poema, cuento y porque no en una novela. Mirar en silencio el paisaje para escuchar los poemas que aún no han sido traducidos y deben ser escritos.
—¿Qué importancia tiene el aspecto social o político en tu obra? —El aspecto social y político en mi obra es clave y decisivo ya que actúa o toma un rol claramente reflexivo y cuestionador del entorno.
Con el objetivo de que el poema sea la pregunta que incomoda, o la búsqueda de profundidad necesaria para comprender la injusticia social que habita en la sociedad actual.
Debe proponer visibilizar la empatía y compromiso por construir, cada cual desde su lugar, una equidad social que nos integre en algo superior a nosotros mismo, o simplemente rescatar las buenas emociones, por ejemplo, la ternura como un móvil de la solidaridad, el compromiso y la comprensión.
Si bien, aunque les comparta una verdad de Perogrullo, no por obvio hay que dejar de decirlo o escribirlo, uno debe no caer en la tentación de hacer literatura planetaria o militante. En relación a lo anterior, creo que en el oficio del poeta tiene la responsabilidad de construir mundos posibles utilizando la imaginación, creatividad, la sugerencia y la pregunta como método de trabajo. En palabras coloquiales, nunca hay que olvidarse de escribir poesía que es un lenguaje que nos brinda un sinfín de posibilidades, matices y licencia.
Parece una paradoja y hasta injusto desaprovechar esas posibilidades literarias y en cambio, bajar una especie de línea o militar por una idea política y/o social con la poesía y sin escribir un solo poema.
Quizás parece un juego de palabras, pero se puede hablar poéticamente de la desaparición de los cuerpos de la última dictadura militar, como nos enseño el maestro, Oscar Hahn en el poema "Hueso" de Óscar Hahn se publicó en el libro Apariciones profanas. Me parece que ese es el camino y el desafío del artista explorar a fondo las posibilidades que nos brinda el lenguaje poético para hablar de los sucesos sociales que nos conmueven y nos mueven en búsqueda de nuevos mundos posibles.
—¿Cómo ves la poesía como un acto de resistencia? —En estos tiempos, más que nunca la poesía tiene que ser un acto de resistencia porque en la actualidad donde todo debe ser interpretado, digerido, argumentado y sostenido. La poesía, como dice Fito viene a ofrecer el corazón, viene a ofrecer una emoción, nos permite interrelacionarlo con la lectura de un texto desde el sentimiento.
En épocas donde la hegemonía es el pensamiento racional, positivista, cartesiano en contraposición la poesía nos brinda una experiencia de lectura diferente, que apela a una experiencia sensible, de sentido donde también habilita la posibilidad de sentir un texto. Y eso es un acto de resistencia frente a la sociedad actual.
Cuando hablo de estos temas con escritores y lectores, cito al poeta John Keats y su gran obra Endimión, la cual me llevaría una vida descifrar o interpretar la construcción mitológica de ese gran libro. Pero mi experiencia lectora me bastó con la primera página, me estremeció y sentí el dolor y lloré con cada palabra y no hubo una razón que explicara mi sentimiento. Al decir, tremendo poeta no descubro nada, pero la poesía nos permite esas experiencias de lectura. Esto es solo un ejemplo de varios que tiene la poesía como acto de resistencia frente a las configuraciones culturales hegemónicas que las personas construyen en la sociedad. Por suerte, esta la poesía para poner en discusión esa hegemonía cultural.
—¿Cómo se relacionan tu formación en comunicación social con tu trabajo como poeta? —En relación a mi formación profesional, en charlas o presentaciones de libro, siempre digo que tengo una relación poliamorosa entre la apicultura, la poesía y la comunicación social. Si bien es un chiste, hay algo de verdad en esa forma de presentarme. Primero, estas tres profesiones tienen mucho en común, en cada uno se planifica qué hacer, se evalúa diferentes opciones, se vincula con el propio cosmos que uno habita y construye, se crea una obra que revela y sugiere.
Además, se realiza una evaluación, tanto en la comunicación como en la poesía, esa valoración la completa la mirada del otro y/u otra, se interactúa socialmente con otras personas de las cuales uno se forma, aprende e intercambia nuevas producciones de sentido.
Y en relación al Guardián de la Colmena, al ser un escritor publicado por una editorial independiente planifiqué una estrategia de comunicación para visibilizar el poemario. Fue un trabajo de comunicador social muy enriquecedor y me permitió construir una estrategia, con objetivos, metas y resultados utilizando diferentes medios o soportes como la información generada y consolidada, la construcción de bases de datos y producción de protocolos de operaciones comunicacionales, entre otros.
—¿Cómo ha enriquecido tu perspectiva colaborar con revistas y proyectos culturales internacionales? —En todo, pero sobre todo a nivel humano y artístico, son instancias de intercambio con pares, con otros y otras escritores y editores, que ayudan con sus miradas a generar mejores textos y relatos y/o poemas. Nos brinda creatividad, inspiración y emoción. Pero también, nos da la posibilidad, de conocer nuevas voces de poesía, jóvenes y con mucha trayectoria, que producen contenido y belleza. Son instancia muy simbólicas, muy intensas y amorosas, que se generan vínculos de por vida. En los encuentros y festivales poéticos se construye y configura una hermandad por el arte y por la belleza. Y post eventos se sigue manteniendo el contacto y consolidando la hermandad con nuevas instancias de encuentro.
—¿Qué similitudes encuentras entre el trabajo del apicultor y el del poeta? —En ambos oficios, si bien hay un método o protocolo de prácticas de manejo tanto en la apicultura como en la poesía también existen espacios de incertidumbre que se terminan de consolidar en la práctica del oficio. Por ejemplo, en la apicultura se puede pedir que se hago un recambio de reinas en primavera, pero en mi práctica resulta más efectivo en fin de otoño similar pasa en la poesía quizás una palabra sea poco poética en muchos poemas, pero cuadra justo para tu escrito. Esas decisiones en gran medida terminan definiendo tu territorio o el contenido de tu poema.
En el poema existe en el modo de escribir el ejercicio de generar cierta capacidad de sugerencia e insinuación sobre un tema o problemática. En tanto que en la apicultura no existen recetas mágicas sobre cómo manejar las colmenas. Ya que la abeja y su interacción con el ambiente son indescifrables. En gran medida se debe a que la abeja se desarrolla en el campo de la biología y por lo tanto existe una variabilidad sobre el desarrollo de la abeja en el ambiente. En síntesis, la biología es una ciencia natural y por lo cual es impredecible al igual que lo que pasa con el poema.
—¿Qué emociones o reflexiones esperas despertar en quienes leen tu poesía? —Espero que las emociones que despierte el libro, se palpen, se escuchen y se sientan. Que siga despertando emociones de amor, de ternura, de felicidad frente al duelo, el dolor y la muerte que están en el trayecto de cada vida. Que se descubra a la ternura como acto de resistencia y revolución en épocas hostiles, indiferentes y egoístas. Si aún se puede creer y confiar en una consigna que nos movilice e interpele esa debe ser la ternura y humanidad. Ahí reside la única Revolución posible, una que ame, integre y respete lo distinto. Como diría el troesma Silvio Rodriguez en su canción Cita con ángeles:
«Seamos un tilín mejores
Y mucho menos egoístas».
—¿Qué desafíos y sueños tienes para tu carrera literaria en los próximos años? —En lo inmediato, publicar la segunda edición de El Guardián de la Colmena, terminar la antología de la abeja y mi segundo libro de poesía. Seguir aprendiendo de este oficio de escribir, tratar de seguir viajando con la poesía a diferentes lugares, compartir mi palabra y aprender de las experiencias y palabras de otros y otras. Seguir caminando, bailando, escribiendo, actuando, vincularse con las otras artes para seguir generando nuevas sensaciones y experiencias. Me gustaría seguir aprendiendo de este oficio tan bello y sacrificado.
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"En la abeja y en el oficio del apicultor existe mucha poesía"
Por Ernesto González Barnert