Nunca hay que subestimar el efecto que tiene el estímulo en los creadores.
Una palabra de reconocimiento, un comentario, una lectura atenta pueden ser suficientes para que alguien siga escribiendo, pintando, componiendo.
Muchas personas terminan desistiendo de su esfuerzo creativo cuando sienten que lo que hacen no encuentra respuesta en los demás. No porque hayan dejado de tener algo que decir, sino porque el silencio puede llegar a convencerlas de que nadie quiere escuchar.
A veces, un pequeño estímulo basta para que una obra continúe existiendo.
Y nunca se sabe: ese creador que hoy comienza, casi en silencio y con torpeza, puede llegar mañana a convertirse en un gran artista.
Quizás una palabra nuestra haya sido, sin saberlo, el pequeño empujón que necesitaba para no abandonar.
Por eso las redes sociales son también importantes para el estímulo creativo. Allí donde muchas veces encontramos indiferencia y poca disposición a comentar o compartir, un simple gesto puede tener un valor enorme para quien está creando.
Detrás de cada publicación hay alguien que se atrevió a mostrar una parte de sí mismo. A veces, detenerse un momento, leer y decir simplemente «me gustó» puede ser mucho más importante de lo que imaginamos.
Ese gesto mínimo puede hacer la diferencia entre continuar creando y abandonar.