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"Pena de extrañamiento"
Enrique Lihn. Editorial Sin fronteras. Santiago, 1986. 57 páginas.

Por Erick Pohlhammer
Publicado en APSI, N°203, 1 al 7 de junio de 1987


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"...como si ya no se supiese muy bien si es la palabra
el objeto o es el objeto la palabra".

(J. P. Sartre sobre F. Ponge)


La oscura, subliminal, devoradora magia de la poesía en Enrique Lihn desflora de la irónica paradoja de su escepticismo a la poesía mágica, en el sentido estricto de que ésta pudiese solucionar en el lenguaje el problema de la vida. Eso redunda en que, con el objeto de representar el mundo de sus vivencias y de su circunstancia, deba pasar por la dolorosa y liberadora ascesis de sacrificar el yo personal. Lo que motiva a Lihn es una emoción intransigentemente poética: cristalizar una representación de mundo usando exclusivamente la riqueza resplandeciente del mineral de las palabras.

Sin embargo, las palabras son como ampolletas: teniendo el globo de vidrio intacto, sin el intestino de los filamentos de finísimo alambre funcionando no pueden dar vida a la luz. Saussure, lingüista, llamará "significado" a ese pulso vital interior de la palabra. Yo le llamo sentimiento de la palabra. Ilustro así porque un distraído entendimiento de la visión poética de Lihn, de la cual vuelve a dar muestra con esta acabadísima obra Pena de extrañamiento, podría hacer pensar que no vale la pena asumir el riesgo de una lectura deshumanizadora construida sobre intelectuosos juegos de palabras. Aunque depende de a cuál categoría de humanismo se refiera. Nietzsche se hastiaba de ser demasiado humano; Neruda se cansaba de ser hombre; y Góngora, según García Lorca, "amaba la belleza objetiva, la belleza pura e inútil, exenta de congojas comunicables".

Aquí, en esta contundente obra poética de Enrique Lihn, el sujeto humano es un poco como el extranjero, de Camus, dolorido pero frío ante su extraña situación existencial.


No me voy de esta ciudad con la resignación de los visitantes en tránsito
Me dejo atar, fascinado por ella
a los recuerdos del presente:
cosas que no tuvieron, por definición, un futuro
pero que, ciertamente, llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas
de que son, tal vez, las últimas elaboraciones del deseo
los caprichos lábiles que preanuncian la vejez.


Asumiendo la lucidez de su resbalosa condición de ser-en-la-inasibilidad-del-tiempo, el desencantado viajero ¿o autoexiliado? se va, pero quizás no sólo de la ciudad, acaso también de la vida, rumiando la inresignada canción que le inspira la conciencia del adiós, no aún al mundo, sino al instinto, apenado entonces de su paso a la vejez.

Si bien la mayoría de los textos de este libro están permeados por una atmósfera social pesada, opresiva y sofocadamente violenta ("los anónimos de siempre disparan en la noche / a la que no se puede entrar de la que no se puede salir (...) / Estas líneas fueron escritas / con el canto de la goma de borrar"), es la actitud de extrañamiento del hablante, derivada de un complejo de realidades síquicas y consideraciones metafísicas, y que es por lo demás una constante en la poesía de Lihn, la prevaleciente, al igual que en La pieza oscura, en La musiquilla de las pobres esferas, y, sobre todo, en Poesía de paso, como profundo motivo subtextual.


 

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"Pena de extrañamiento"
Enrique Lihn. Editorial Sin fronteras. Santiago, 1986. 57 páginas.
Por Erick Pohlhammer
Publicado en APSI, N°203, 1 al 7 de junio de 1987