“Trazas de Mapa, Trazas de Sangre”, de Eugenia Toledo Renner. Por Sonia Acharán de Daudet


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“TRAZAS DE MAPA, TRAZAS DE SANGRE”
DE EUGENIA TOLEDO RENNER 1973-2011

Por Sonia Acharán de Daudet



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El libro consta de cinco partes o capítulos, cada una identificada con un número romano: el I es la “Entrada al Viaje”,  lo que podría considerarse como la introducción poética a este viaje del recuerdo; capítulos II, III y IV, están referidos  a partes geográficas de nuestro país: “Norte”, “Araucanía” y “Santiago”; la V parte es “El Inventario de mi tierra”, que podría ser lo que fue y lo que quedó, como un resumen, como un grupo de fotografías, como un collage geográfico y humano, que muestra los trazos de estas “Trazas de mapa, trazas de sangre”.

La entrada al viaje me sume en una ola de recuerdos y hace que yo también desee tenderme “a su costado” tan magnífico y tan solidario.

Estas TRAZAS DE MAPA, TRAZAS DE SANGRE” no son un mapa plano, son trazas tridimensionales, pero que con el paso del tiempo, la ausencia, la distancia y las añoranzas no es el mismo mapa, es sólo una huella, un vestigio (la escritora lo llamó “Fragmentos”) de lo que fue. Pero que igual, lo ama y vuelve a él ilusionada; hay también un sentimiento de lo que se pensaría poder encontrar: “la tierra prometida”… “la vuelta al Edén”. Sin embargo, cae a otra pincelada triste que fue la tardanza en volver y el encuentro de una manzana ya podrida.

Y su dolor oculto sigue manifestándose cuando  escribe: “las raíces de los árboles levantando piedras paisaje de profundas rupturas       trazas de sangre”; pero recapacita y menciona, suavemente, que es tiempo de trazar y poemar porque todavía tiene la ilusión a volver atrás acentuando esta idea en “Colgar la ropa al sol”.

La prosa es insinuadamente aferrada a los hechos que por largo tiempo trataron de borrar el mapa original, viejo, antiguo, pero auténtico.

Vuelve a las ideas alegres en “Amor a la inversa”. Yo me pregunto ¿Tal vez el Ave Fénix  sea un paradigma de esta idea y sentir de la autora?

La prosa se me muestra, nuevamente y es como los poemas: alegre y doliente; razonadora y espiritual. Por eso he dicho, en unas breves notas que escribí, que  “Hasta cierto punto he encontrado este libro, apasionante y se me ha metido bajo la piel” (en email de Mayo 22, 2018 dirigido a Eugenia Toledo).

El último acápite de la entrada lo llamó “Araucaria” un árbol oriundo del terruño que es expresado con palabras que encierran amor, cariño pero veneración, al mismo tiempo; sentimiento que se clarifica en otro poema corto, donde termina “Entrada al viaje” .

Con el capítulo “Norte” comienza un canto a su naturaleza y lo entrelaza con Gabriela Mistral, un homenaje.


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Gabriela Mistral, nuestra gran poetiza, es una de las cosas buenas y bellas en este vestigio de mapa, que antes lo fue como tal pero que ahora es diferente por sus trazas de sangre que son y serán indelebles.

“Soñando en Chile” es realmente, la descripción de un sueño, coherencia e incoherencia entrelazadas que, al leerlo, traen y llevan tratando de averiguar su sustancia profunda. Y se me quedan adheridos al alma y apretándome la garganta los dos últimos versos…”de este viaje anclado en la nada” “había vuelto solo con el recuerdo”.

“Encontrándolos vivos” ha sido una bella y triste comparación de dos hechos mineros, uno durante la dictadura y el otro post-dictadura. ¡Valiosas imágenes!

Seguimos viajando y, entonces llegamos a la parte más prolífera del libro, la que consta de 16 acápites que darán una visión antigua y una nueva de esta región de Chile “Araucanía” un poema realístico  y sentimental seguido por una prosa que es una pintura bosquejada sabiamente.

En la una y en la otra se entremezclarán lo sabroso, típico, dulce y querido de esta hermosa región sureña dónde asoman las figuras literarias de Neruda, Mistral y Teillier y otros compartiendo el espacio con la barbarie que, como un Atila, no dejó nada a su paso y dónde ha sido duro “que vuelva a salir pasto”. Acápites como “El horno”, “Desaparecidos”, “ Ultimo tren” , “La mordaza” son una descripción de lo sucedido entre 1973-1975, vividos por Eugenia, elaborados con profunda tristeza, pero con decisión.

Y en “Postal a Temuco”, escrita en prosa, se vuelve a un entrelazado de lo que sufrió la gente de Temuco y la belleza de su paisaje y la añoranza se fortifica y se amarra fuertemente porque es lo único que queda: MIS RAICES.

Saliendo de Temuco, nos pasea rápidamente por otros lugares como Puerto Saavedra, Nehuentúe, Lago Caburgua; tres lugares que nos dan una pequeña imagen de la belleza de nuestro territorio. ¡Inolvidable!

No puede faltar una mención a los terremotos, monstruos que bajo tierra alimentan la destrucción y la maldad.

Del Sur de Chile debemos volver al centro donde está la capital: “Santiago”, la cual, por su longitud de acápites poéticos es la parte tan vivida como la “Araucanía”.
Su primera alusión está referida al “Sauce llorón” inspirado desde una arpillera de Violeta Parra, otra chilena destacada en el mundo artístico.


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Sin embargo, donde hay más dolor, más incertidumbre, más inquietud existencial es en este capítulo dedicado a Santiago, la capital,  la concentración de más población del territorio. Aquí es donde encontramos los poemas más directos, más sentidos y más dolorosos de todo el libro: “”La revolución del tejido a crochet”, “Calles de incertidumbre”, “Villa Grimaldi”. En esta última ha hecho la escritora, usando una prosa poética, un comparativo de ensueño entre lo que Villa Grimaldi fue  y un Disneyland  chileno, que podría haber sido. Leerlo es doloroso porque la ironía es rasgante, cruda y dibuja las entrañas de esos seres que se creyeron redentores.

Y seguimos nuestro viaje santiaguino donde debemos pasar de un horror a otro ya que atravesando la ciudad se llega al cementerio, dónde, en alguna parte, no hay paz ni sosiego, son las “Tumbas sin nombre”. Luego encontramos “Relatos de mujeres”, de todas aquellas que dan mucho sin pedir casi nada, sólo justicia.

“Rugendas en Chile” es una buena descripción en prosa de situaciones desesperadas de la mujer, aquellas que viven en el campo y se ven agobiadas por la prepotencia del huaso/patrón.

La V parte comienza con el “Inventario de mi tierra” y que termina con un verso melancólico e irreversible: “¡ Y pensar que esto fue solo una mirada hacia lo que queda!” “¡Qué tiempo tan breve, un caro día!”

Interesante es “Lapislázuli” donde encontramos dos posiciones antagónicas “para el que se ha quedado o se fue el viaje de la mente es el más corto.” “En esta tierra una cosa es verdadera cobre en polvo significa azul”. Y la segunda es: “para el que se fue o se ha quedado el viaje más largo es al corazón” “En esta tierra una cosa es verdadera azul significa tú”. Sin embargo, el antagonismo se pierde cuando se lee solamente las letras diferentes: “cobre en polvo significa azul”  y  “azul significa tú”.

En los últimos acápites hay un vaivén de sentimientos: irse, volver, quedarse, volver a partir. Hay quienes se acomodan al vaivén y les gusta tener las ventanas de sus vidas abiertas; sin perder los recuerdos que quedaron estàticos como en una fotografía. Puede ser eso más positivo y real.


Richmond, B. C. , Canadá
Junio 25, 2018 



 

 

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“Trazas de Mapa, Trazas de Sangre”, de Eugenia Toledo Renner.
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