Mantra
Con las heridas de los dedos pinto
unos cuadros que compran a buen precio
quienes me las hicieron.
Arreboles en Quezaltepeque
Llevo el mareo de escolar que espera a su rival del callejón
o del que cuenta con los dedos las décimas de nota que le faltan
los mismos dedos que en las sábanas deshechas buscan ese cuerpo ido
como si el blanco fueran teclas de un piano que resiste
la ducha helada antes del trabajo
cruzando en camioneta por la arena
donde yacen los muertos del partido
recostados y hermosos en su caos
como el naranjo de la tarde pintado por las fábricas
el morado del pómulo escolar y los pañuelos de la despedida
enarbolando sus banderas: ser silla firme y mesa
un comedor de multitienda dándose forma con las manos.
Este cassete toca su vida
Luego de cinco órdenes de arresto
mi mamá invita a mi papá a la casa,
se pone linda, le cocina rico.
Con tres borgoñas y solos
mi papá me confiesa lo que eso indica: que lo ha hecho bien,
que las piernas que abre se mantienen abiertas.
Lo dice porque le conté del viernes:
cinco años sin verla y me tomó la mano.
Este cassette toca su vida
vida
que rozo apenas
si con el dedo rebobino.
Mi papá y yo seguimos solos.