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La Orquesta de Poetas durante una presentación

 

Poemas con cuerpo propio

Por Elisa Cárdenas O.
La Panera, N° 68, Enero 2016

 




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"Toda poesía es poesía experimental", decía el escritor estadounidense Wallace Stevens, buscando ampliar la percepción común de lo experimental como sinónimo de innovación absoluta, con sistemas y soportes de escritura alejados de los tradicionales. Si escribir un poema es crear una experiencia, aunque el poema esté ceñido a la métrica y a las formas clásicas, podemos deducir que el vanguardista Stevens tenía razón. No obstante, el uso común y la propia autodefinición  de los poetas delimita una frontera entre la poesía tradicional -que algunos llaman "lineal"- y la experimental, que aglutina formas múltiples de abordar el lenguaje, más allá del texto y de la metáfora, rescatándolo como cuerpo, en su materialidad y sus soportes. Desde la Poesía Concreta Brasileña de los años 50, pasando por los experimentos performáticos de Fluxus Art y del grupo francés  de escritores y matemáticos Oulipo en los 60, o las composiciones de John Cage, hasta las prácticas de escuelas y movimientos como el Letrismo o el Espacialismo y la emergencia de géneros y subgéneros, como la videopoesía, la holopoesía, la ciberpoesía, entre otros, los acercamientos al lenguaje con un ánimo exploratorio parecen dar para mucho aún.



En Chile, la poesía experimental tuvo un impulso inicial con Vicente Huidobro (1893-1948) y su "Altazor", donde resumió los alcances del proyecto Creacionista. También son padres de estas tendencias Guillermo Deisler (1940-1995) y Juan Luis Martínez (1942-1993), ambos considerados cultores de la Poesía Visual. Con el paso del tiempo, Cecilia Vicuña (1948) y otros continuaron esta ruta, aportando un novedoso énfasis en otra dimensión de la palabra: el sonido.

La Poesía Sonora es una tendencia quizás menos "nueva" de lo que pensamos, pero con aires de renovación y buenas dosis de ruptura en nuestro medio literario, ha estado creciendo en la última década. No son tantos los creadores, pero es vigorosa la escena, hecha de encuentros, tocatas, lecturas y lo mejor: vínculos y redes, que van reflejando el alto interés que existe en ahondar en esta materia.

Tal como decimos que toda poesía es experimental, podemos también afirmar que toda poesía es sonora. El escritor, músico e investigador Felipe Cussen, uno de los fundadores de la Orquesta de Poetas, aclara el panorama: "Los textos tienen una dimensión semántica (para entender y comunicarnos) y los soportes materiales: visual, gráfico y sonoro. Toda poesía es sonora, pero lo que hace a la Poesía Sonora lo explicó Dick Higgins (del grupo Fluxus) al referirse a una poesía en que el elemento sonoro está en relieve, es decir, que si lo quitas, ya no es el mismo poema. Un poema de Pablo Neruda, por ejemplo, leído por él o por otro poeta, básicamente es el mismo poema. Un poema que toma una voz y la manipula, hace juegos y no se puede traspasar al papel, es un poema sonoro. Igualmente, toda la poesía es visual, pero lo importante de la llamada Poesía Visual es que las grafías o diseño que la estructuran son constituyentes. Un poema de Neruda escrito con una tipografía u otra, es básicamente el mismo poema, pero un Artefacto de Nicanor Parra con letra manuscrita, si lo transcribes, deja de ser lo que era. Cuando ponemos el apellido 'visual' o 'sonoro', nos referimos a que ya no puedes separar ese calificativo del resultado o efecto del poema".

¿VANGUARDIA O TRADICIÓN?

La Orquesta de Poetas, fiel exponente de la Poesía Sonora chilena, está integrada por el propio Felipe Cussen; Pablo Fante, escritor, músico y sonidista; Federico Eisner, musicólogo, escritor, editor y restaurador de arte; y Fernando Pérez Villalón, también dedicado a la literatura, autoral y académicamente. Un equipo altamente ilustrado; todos tienen grado de magister y doctorado, y se mueven con eficacia en el medio cultural y universitario. Eisner lo analiza con humor: "Existe esa veta estudiosa que nos hace un poco 'ñoños', pero también nos da una densidad en el discurso, 'pelamos el cable' y podemos defender nuestras ridiculeces", argumenta.

Se formaron buscando el complemento entre poesía y música, para acentuar la dimensión sonora del lenguaje (por sobre la gráfica y la semántica). Sus presentaciones se llenan de un público seducido por sus "canciones" multivocales, sus sonidos traslapados, sus sampleos, fragmentaciones y la declamación de textos propios o de grandes autores universales, como Arthur Rimbaud, Oswald de Andrade o Nicanor Parra.

"Trabajamos mucho con la apropiación, pero no cualquier poema que nos guste sirve", dice Eisner. "Cuando tomamos obras de otros es porque encontramos en su estructura algo para abordarlo sonoramente. No hacemos Poesía Sonora pura, no es el ruidismo lo principal, sino sólo un recurso en nuestro trabajo".

Como otros exponentes de este género, la Orquesta de Poetas se siente tributaria de un origen común en el Foro de Escritores, un ciclo de encuentros iniciado en 2003 en el popular restaurante Rapa Nui. Felipe Cussen recuerda: "Martín Gubbins y Andrés Andwanter estuvieron en un festival poético en Londres. Martín Bakero llevaba un tiempo radicado en Francia, ya desenvuelto en los circuitos internacionales de poesía; Ana María Briede desarrollaba su propio arte sonoro en Alemania, y yo estaba en Barcelona. En Chile nos juntamos y creamos el Foro de Escritores, muy activo por tres o cuatro años. Trabajábamos en forma simultánea en la experimentación de poesía visual y sonora, performance y poesía tradicional, con compilaciones y citas".



Martín Bakero recuerda: "El restaurant Rapa Nui era como el Cabaret Voltaire en la primera década de 1900". Este poeta, performer y psicoterapeuta vive desde 1998 en París,  donde la intensa actividad literaria y experimental pavimentó su camino en la poesía sonora. Su trabajo es más radical, respondiendo a su deseo libertario de huir del sentido de las palabras. Emigró buscando oxígeno, aburrido de la anquilosada actividad poética local, y allá se encontró con Alejandro Jodorowsky, de quien aprendió elementos de psicomagia. Hoy Martín Bakero se autodeclara un "terapoeta" que complementa sus grabaciones y presentaciones con los talleres que realiza junto a artistas, médicos y terapeutas.



Martín Gubbins, por su parte, escribió versos desde muy joven, y a los 30 años (ya ejerciendo su profesión de abogado y con familia a cuestas) partió a Londres para estudiar literatura, y allá, entre otras cosas, advirtió lo importante que era la lectura o performance de un poema: "Descubrí que yo tenía ciertas destrezas más allá de la escritura, relacionadas a lo gráfico, al sonido y a la música y cómo las herramientas de la poesía no son sólo la escritura, sino también la concepción tridimensional: significado, imagen visual y sonido, todo cuajó y empecé a trabajar la palabra desde todas esas dimensiones, con libertad, sin sentirme restringido por el verso y la métrica".

A diferencia de muchos compañeros, Gubbins no gusta del computador para transmitir su poesía. Empezó conectando un micrófono a un pedal y hoy tiene un despliegue de cables, bases y conexiones, con efectos de guitarra, sintetizadores y percusiones; un sistema que quizás sólo él sabe manejar, pero que es su instrumento, su máquina.



Raúl Zurita y González y los Asistentes

Gubbins sigue la línea, muy habitual en este medio, de trabajar en colaboración. Hace dupla regularmente con Sebastián Vergara y con Felipe Cussen, quien a su vez tiene un proyecto sonoro permanente con Ricardo Luna e integra, entre otros, a Carlos Cociña a las presentaciones de la Orquesta de Poetas. Un curso similar ha seguido el grupo rock González y los Asistentes: grabaron un disco con el poeta Raúl Zurita y acostumbran sumarlo a sus tocatas. El músico y fundador Gonzalo Henríquez cuenta: "Cuando empezamos, alrededor de 2001, tuvimos un hit en la radio ("Qué pashó?"), pero luego nos dimos cuenta que lo nuestro iba más por la experimentación. Me encontré con la poesía sonora y sus cultores y me siento como en familia".



El poeta Carlos Cociña

 

Sus composiciones se basan en declamaciones con bases de rock (batería, bajo y guitarra), y textos de choque, de perfil callejero, con mucho de improvisación y desarrollo de un motivo instrumental. Influenciados por el grupo chileno Electrodomésticos y la antipoesía de Nicanor Parra (al que nunca han musicalizado, pero con el que aseguran compartir su "actitud" literaria), González y los Asistentes se enmarca en el género de Poesía con Música.

Estas tendencias prosperan en Chile, con antecedentes de poetas como Carmen Berenguer, Soledad Fariña, Jordi Lloret o Carlos Cociña, quienes exploraron antes, y con un presente que rompe barreras disciplinarias, compartiendo espacios y públicos con artistas visuales amantes del sonido y del ruido, como Pintor Z, Ana María Estrada o Rainer Krause. Si bien son experimentales e innovadores, la idea de vanguardia no es lo que persiguen. Según Cussen: "Por siglos la poesía fue cantada; yo tiendo a pensar que la poesía impresa es 'poesía sin canto'; que más bien perdió algo. Desde "La Iliada", la lírica trovadoresca, etc., la mezcla de poesía con música es lo más tradicionalista que hay, y mientras más trabajas en poesía experimental, más compruebas que hay conexiones y una tradición muy amplia".



 



 

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