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Acerca de Poemas para Michael Jordan de Francisco Ide Wolleter

Por Miguel Carmona

 



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a J. M.

1. Dos indicaciones de fondo, ante todo. Primero, Poemas para Michael Jordan da cuenta de la operación de Michael Jordan, del nombre de Michael Jordan. Operación que 27 poemas tratan de pensar imaginalmente. Amormuerte y vida están al centro de este nombre. Vida que se transforma en fondo, un sólo eso como verdad de la vida. Pero para hablar de la vida hay que pasar por el amor y la muerte. Amor y muerte recorren el texto como operaciones fundamentales. De ahí que no sorprenda (tanto, quizá) la cita de EzraPound atribuida a M. J. (Michael Jordan, suponemos) al inicio: “Lo que amas permanece, / el resto no es nada. / Lo que amas no te será arrebatado. / Lo que amas es tu herencia verdadera”. ¿Y si Michael Jordan fuera el verdadero nombre de EzraPound?¿Y si EzraPound no pudiera ser leído sino a través del nombre de Michael Jordan? (¿Somos capaces de pensar eso siquiera?).

Pero, segunda indicación, Poemas para Michael Jordan es la realización del humor por medio de la solemnidad. Frente a la solemnidad artificial de la épica, en la cual se cuela el humor por todas partes, por entre sus lugares comunes, Poemas para Michael Jordan opera con la solemnidad coqueteando constantemente con el humor. Solemnidad y humor armoniosamente situados, una vez totalmente despreocupados de su contaminación mutua.

Contaminación, por cierto, que no puede sino afectar este comentario.

2. “Como si no existiera nada más”, realidad del básquetbol, realidad del amor. Amor que obliga al “como si” de la suspensión de la nada: “el arco, la distancia precisa, la fuerza / el balón en la mano y el control del instante / como si no existiera nada más / [...] hay que amarse mientras queda tiempo / como si no existiera nada más” (V). Analogía exacta, estructurada, la que nos muestra el quinto poema. Así, la doble acepción del básquetbol como partido y disciplina nos conduce a la diferencia entre amor y vida: “el amor es una disciplina idéntica al básquetbol / y un partido de básquetbol tiene la misma estructura que la vida” (V). Vida como telón de fondo estructurante del amor, que impone su ritmo, a aquello que en cierta medida perdura, ya que la disciplina va más allá del partido (la disciplina/amor vale por más de un partido/vida). Pero esta disciplina también destruye, o más bien prevé la posibilidad de la destrucción (de ahí su necesidad): “hay que poner el cuerpo / las caderas, ahí está la fuerza / salir a jugar igual que si se fuera al amor / o en un portaviones a la guerra /en medio oriente / la mente o el cuerpo destrozado / son una posibilidad, digamos” (XVI).

Pero elijamos insistir en el “como si” del amor, es decir, en el “como si” del básquetbol, como suspensión de la muerte: “que el amor (amor mío) y el juego nos protejan de tanta palada de tierra sobre los ojos” (XXV). Si es que el amor se da “como si”, como suspensión, puesta entre paréntesis, de la muerte y de la nada, la muerte está en cierta medida incluida en el amor en su indeterminación, de ahí que la muerte recorra al básquetbol en sus límites: “el equipo / la precisión / y esta infancia / que no termina nunca / el goce del juego / hace que tanto esfuerzo / parezca un juego / gracias por salvarme del trabajo / y de la muerte” (IX).

3. ¿Muerte como después del amor o amor como muerte? Que la muerte actúe de manera igualmente suspensiva apoyaría más bien la segunda opción: “así era la muerte: / un salto anti-gravitatorio / clavar el balón en la canasta / caer con los pies firmes en el suelo de madera / como sobre la superficie de la luna / y mirar a los ojos / las graderías vacías / era eso: / retirarse y, no obstante / seguir la práctica / como si el próximo partido estuviera / a minutos de distancia en mi avión privado” (IV). Si se mira de cerca, en Poemas para Michael Jordan no hay separación completa entre amor y muerte, sino cierta identificación entre ellas. Porque si bien el amor es la entrega de todo nunca hay posibilidad de entregarlo todo: “la tersura porosa del balón / me hace pensar en la piel humana / nostalgia por el contacto / aunque el contacto sea siempre ilusorio: / lo cierto es que estamos formados de átomos hechos de vacío / y que los átomos se repelen entre sí / por eso no nos mezclamos con las cosas / por eso cuando tocamos / realmente no tocamos nada” (I).

Pero no es solo el amor cuya verdad se muestra como muerte: la muerte todo lo penetra, ronda en todas partes. Ella es comprensión del amor, de la vida y (por lo tanto) del básquetbol. No por nada Michael Jordan diría: “soy el rey del aire y como todos / fantaseo con la muerte” (XVIII). Pero la muerte se muestra en la expulsión del principio de vida: el aire. Así, cuando decide diseccionar el balón: “improvisé la vestimenta de cirujano y clavé / un cuchillo de cocina en mi balón de básquetbol / con la esperanza de encontrar adentro / un ave, un motor, un helicóptero, pero: aire / aire comprimido sobre mi cara /como el aliento de dios sobre el océano” (XVIII). Y así, la muerte nos lleva a aquello que se nos muestra entre amor y muerte: vida.

4. Vida y aire: Michael Jordan como la remisión al aire del amor, la vida y la muerte. Así, principio de vida en la disección ya citada, pero también latir del corazón: “he sentido la palpitación del balón / su circulación, su pulso como si sostuviera en mis manos un corazón inmenso / que hago latir con cada rebote / la reanimación de un muerto / o una vida que depende exclusivamente de uno” (XXII). Misma cuestión en el nacimiento del hijo, aunque de mayor complejidad: “a veces siento como si el balón estuviera / cubierto de venas palpitantes / así nació mi hijo, con venas visibles e hinchadas / en su piel de cebolla azulada de frío” (XXI). Porque si bien mismo principio de vida, asomo inmediato de la muerte: “cuando lo sostuve en mis manos la primera vez / sentí deseos de lanzarlo, dar un pase / encestarlo de vuelta al vientre de su madre” (XXI). Pero encestar como acto de muerte y aprendizaje de amor: “encestar es como clavar un corazón inmenso en una estaca / por eso valoramos tanto la vida y amamos con tanta ternura” (XXII). Así, en un solo gesto, como una encestada en el aire (de las que describe el gran poema III), Michael Jordan aúna en su confusión vida, muerte y amor. ¿Y qué es la confusión sino aire?

¿Y por qué M. J. y no otro? Cosa de releer: “quiero volverme de aire / o navegarlo al menos igual que cristo / [...] ‘Aire Jordan’, ‘Su Aireza Real’ o ‘Aire’, simplemente / apodos que gané durante mi carrera / soy el rey del aire y como todos / fantaseo con la muerte” (XVIII).

5. Muchas cosas en el tintero, pero pequeña aclaración de una. ¿Lugar, sentido de este producto imposible, poesía chilena en nombre de Michael Jordan (y no sólo por lo que dice el poema XVII)? Lógica del préstamo, para pensar aquello que no se puede pensar sino a través del nombre de Michael Jordan: “esto es un juego en equipo. todo es prestado” (XXIII); “piensa en esto: un enjambre de avispas devora a un tigre de bengala medio descompuesto [...]/ es un préstamo, una especie de desdoblamiento / negociación y plasticidad de la materia [...] / algo así pasa cuando vistes el toro de los Chicago Bull’s / cuando los poros de tus manos tocan los poros del balón / cuando el resorte de los músculos te despega de la tierra y te mezcla con el aire” (XXVII).



 



 

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