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Telas y entretelas, telones y entretelones
Telas y Entretelas de Lila Calderón

Por Gustavo Barrera Calderón



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Conozco a Lila desde que nací. Recuerdo a Lila desde que tengo recuerdos. Infancia, realidad, condición humana y Lila formaron parte del mismo microcosmos desde donde empecé a observar y comprender las generalidades y los detalles, las partes y el todo.

Antes que a las palabras accedí al dibujo, recuerdo el verso de Lila Calderón que llama a volver al dibujo. Recuerdo que mis primeros intentos en el dibujo eran retratos princesas con vestidos englobados. Hasta el cansancio dibujaba las siluetas y coloreaba con texturas, brillos y rosetones, ¿por qué haría algo así?

Vestidos. Muchos años después asoma una respuesta cargada de nuevas preguntas. Llega hasta mis manos un libro, un inventario que atraviesa épocas, que restablece conexiones antiguas. Abro sus páginas y entro la vorágine de una humanidad que se echó a rodar en el devenir de los siglos, cambiando vestidos como pieles. Generaciones, roles. Un carnaval de vidas habitando cuerpos y vestidos.

Me pregunto quién habla. Recorro y repaso la voz que habita estas páginas. No es paródica pero hace guiños a la parodia, no es neutra aunque por momentos se disfraza de neutralidad, mesura y contención. Es enigmática, tras cortinas, velos, ropajes o máscaras, el habla en estos versos encarna el enigma:

En el laberinto de palacio/ las fuentes dejan brotar/ lamentos fugaces/ enigmáticos reflejos/ de la rutina contemplativa/ y lágrimas orientales/ con todo el peso/ de la tradición.

Recoge lo que hay en el vestuario de simulación y teatralidad y le da una vuelta. Es posible que lo que conocemos como realidad sea en realidad una simulación.

En nuestro sueño colectivo está despierta y atenta a los signos. Al lenguaje simbólico de los vestidos, al lenguaje de vestidos como sarcófagos, cofres y cajas. Veo con ojos de Freud como trasluce el sexo femenino y su fuerza creadora en la oscura cámara de la imagen. También hay música de vientos con la capacidad de movilizar el pensamiento poético, palabras de aire, viento y energía renovadora, o instrumentos de hilos como cuerdas que vibran en tensión, y enlazan, unen, relacionan:

Hay solemnes atuendos sarcófago./ Rostros de oro inconmovible/ que animan pasión y ambición/ con sus dinásticas joyas/ cetros, pelucas y coronas./ Para evitar saqueos/ y mantener el equilibrio/ cósmico/ el ojo de Horus/ en cristal turquesa/ acumula secretos/ y resguarda la necrópolis/ ante cámaras de larga data/ que ya nadie sabe interpretar.

Este libro toma el hilo de las parcas. El hilo, la línea, la dimensión básica y primordial. Con hilo forma puntos, que uno tras otro tejen un paño, un plano que se expande en dos dimensiones, luego las piezas se unen para envolver un cuerpo en tres dimensiones. El vestido habitado o vacío es un espacio que se instala en la realidad y atrae hacia sí el tiempo.

Pero hay una armonía que se quiebra una y otra vez, una violencia que no parece acabar y Lila Calderón no es ajena a esto:

Telas para empastar libros/ con la piel arrancada/ a un animal cautivo/ que se llamaba ella/ hembra, fémina, bruja/ madre, hermana, enemiga/ conquistada, sometida/ hija/ sirvienta/ esclava/ tierra fértil/ esencia/ mujer.

Aparece la inclusión como única vía posible. Todo tiene cabida en un extenso bastidor que no tiene bordes. En Vestidos al margen queda en evidencia el absurdo ejercicio de la segregación:

Vestidos de tercera selección/ superpuestos, incompletos/ con restricciones/ rechazados, cesantes, en paro/ de cacería, con hambre/ ulcerados, trasplantados/ deshonrados, con azotes/ marcados desde el taller/ con brazaletes y siglas.

La asociación de vestimenta, poder y dominación me lleva inconsciente o sonámbulo a otra. Viene a mi mente la imagen de los Selknam, del patriarcado defendido por los Kloketen con sus cuerpos pintados en rituales que aterrorizaban a las mujeres fingiendo ser espíritus enfurecidos. Pienso en los conquistadores, los colonos y en las últimas mujeres yaganas, las hermanas Úrsula y Cristina Calderón tejiendo cestos y susurrando cantos como mantras ante la extinción de pueblo, cultura y lengua. La lucha de hoy es la misma lucha de siempre.

Me dejo llevar por las asociaciones libres. Pido disculpas, pero las palabras sacan palabras, y si veo bastante aquí de Calderón de la Barca, hay aún mayor presencia de la voz tutelar Alfonso, por más señas el padre, tras la tela del tiempo y de la piel:

Calderón a piaccere./ Se sostiene en el árbol genealógico/ para ver cumbres y abismos./ Padre y madre en todas sus edades/ por la cronología subversiva/ que habla con el silencio/ en forma de siete/ y tiñe los retratos con su mudez.

Encajes, piezas mágicas, velos, vestidos guardados para siempre en la memoria como en el cofre de un tesoro. Cada vez que leo a Lila me dan ganas de escribir, su capacidad de imaginar, de crear imágenes y compartirlas es inspiradora en el sentido más profundo.

 

Diciembre de 2018



 

 

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Telas y Entretelas de Lila Calderón.
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