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Libros La Calabaza del Diablo, 2009, 28 pp.

Presentación del libro Termitas de Priscilla Cajales

Por Gladys González


 

Termitas, el primer libro de Priscilla Cajales (1984), desde mi lectura personal, se articula entre dos ejes. El primero: como una melancólica, dolorida y aguerrida autobiografía, plagada de pasajes de esa belleza rara, enlutada, que se vuelve intensa e inolvidable para quien tiene la valentía y el placer de poder adentrase en ella y encararla desde sus escombros, desde la estética del derrumbe, desde esa marca profunda que queda tatuada en el ardor de la respiración diaria, en el polvillo de la madera que supone el único rastro de existencia de la autora. Sin testigos, solo el olfato perdido y la memoria de la cual Cajales puede levantarse y decir a voz alzada tal como alguna vez Fitzgerald: “Hablo con la autoridad que me da el fracaso” o como Juan Malebrán propone: “(…) aquí la que paga es Priscila (sic) y el precio es esta casa de madera, que es ella misma, que hace mucho ha comenzado a ser devorada lentamente desde adentro.”
 
Cito:

No éramos los más bellos
sí lo más felices y valientes

arrojados a lo intempestivo
de una muerte tan prematura
como la certeza del fin

En ese entonces
poco importaban los años
la borrachera
la pobreza

(…)

Entonces
recorríamos las calles
haciendo el amor en todas sus formas

El segundo eje: es la descripción de un paisaje social y del retrato familar, La Pintana, marcado por la rudeza de las diferencias de clase, sin caer en el panfleto o el típico imaginario que entregan ciertos escritores ingenuos que se golpean los dientes con la hoz y el martillo, sin tener idea qué es la resistencia o la pobreza en el mapa de su vida. Es la mirada clara, conocedora y certera que permite la vivencia, la fragilidad de la zona sur, de tantos lugares que podrían ser esas mismas cuadrículas repetidas infinitamente y habitadas hasta el hacinamiento, hasta la desesperación, ese Chile dividido en paraderos y recorridos de micro, en calles que no tienen nombre porque las abreviaturas y sus habitantes ya no resisten tantas horas de viaje, de cansancio, de carencia, de qué servirían los nombres en ese territorio si nadie iría a colocar señaléticas porque es allí donde se acaba la marca de lo conocido por el discurso político, mas no para quienes se enfrentan a su propio anonimato hostil, diario y nacional.

Cito:

Ahora que lo recuerdo
de niña creía en  la cordillera
como en un único pedazo de suelo erguido
y es que desde este lado
el smog y la distancia la vuelven
borrosa y lejana
sólo después, años después
me enseñaron que son miles los relieves
que hay caminos
y cerros dispersos
y que sólo producto de esta lejanía
es que se  ha vuelto tan poco nítida y distante.

Es la postal de los grifos abiertos por los vecinos en el verano, de las vacaciones familiares en las piletas, de los automóviles que esperan como maleza ser arrancados algún día del jardín, de los interminables sitios eriazos que son los parques que entrega el gobierno para el disfrute polvoriento de los niños y que luego disfrutaran sus hijos esperando aún una respuesta de la Dirección de Aseo y Ornato Municipal.

Cajales habla desde la experiencia, que debería ser siempre el natural y único lenguaje de la poesía.

Cito:

pero esta marca periférica
supera las astucias lingüísticas
se lee como una mala canción a través del auto

en el que últimamente
sólo funciona el sistema de sonido
Igual al auto blanco de mi padre

asentado en el jardín de mi casa durante media década
esperando la ayuda de los niños del barrio
para un primer impulso motor
un jardín en el que nunca creció nada más
salvo el calor de los meses vacacionales de Santiago

pequeñas piernas
atestadas
y corriendo descalzas por la calle
tardes de calor capeadas

por la felicidad eufórica del único grifo abierto desde las 4
o los largos viajes en micro

rumbo a la fuente alemana de plaza Italia
en donde solíamos veranear
en aquellos años.  

Desde mi parecer -porque puedo darme el gusto de decirlo ya que soy yo la que presenta el libro en esta oportunidad- hay escritores que solo beben cerveza hablando mal de los demás y de su propia lobreguez, otros que escriben poesía, palpando la belleza, la intensidad, el vértigo y la fragilidad de lo que les rodea, de lo inminente, de lo pequeño, de lo sucio y triste. Termitas ES un trozo de poesía, Priscilla Cajales ES una poeta y esta ES solo una humilde ventana hacia su poesía hacia una experiencia que no es sólo escritura sino vida palpitante.


 

 

 

 

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Presentación del libro Termitas de Priscilla Cajales.
Libros La Calabaza del Diablo, 2009, 28 pp.
Por Gladys González.