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Apoyo a Zambra (o por favor no peleen con Javier Campos)

Por Gonzalo León

A propósito de la seudo controversia inventada por el poeta Campos y seguida con ingenuidad por Alejandro Zambra, me gustaría perder el tiempo y opinar sobre lo que ha intentado hacer el vate avecindado en algún lugar de ese pobre continente llamado Norteamérica (por favor no diga que no es un continente, lo es).

Pienso que desde lejos se aprecia mejor la escena literaria chilena, en realidad desde cualquier parte se ve mejor este país; pienso que Javier Campos es una persona astuta y con cierto posicionamiento internacional, que lo hace cuestionarse por qué en Chile no tiene el lugar de afuera. En otras palabras, Campos traduce a Yevtushenko como yo saludo a mi conserje, así de común y natural. En el campo académico y poético internacional don Javier es alguien. Sin embargo, le incomoda -y de ahí me explico las controversias que ha sostenido con José Ángel Cuevas, Jaime Pinos y ahora con Alejandro Zambra- que en Chile no tenga el mismo impacto. Todos saben que no soy un devoto de Zambra, pero con el tiempo he aprendido a diferenciar algo que don Javier sabe y practica en estas disputas: en Chile si uno tiene una diferencia literaria con alguien, ésa pasa inmediatamente a ser interpretada como una cuestión personal. Y viceversa, si a mí me gusta el libro, por ejemplo de don Javier, todos dirán que es porque me cae bien, que soy su amigo o que quiero alguna beca en Norteamérica, que en todo caso me hace falta, don Javier, usted me entiende.

El mecanismo usado por don Javier es simple: asume que todo en esta parte del mundo es personal y desde ese lugar discute. Todo iría bien, si en todas las disputas que le he visto asumiera algún tamiz literario; sin embargo, tras lo personal hay nada más que un mezquino interés. Ah, pobrecitos nosotros, los que estamos afuera, ganando sueldos de “primermundistas”. Desde ese terreno don Javier trata a poetas como José Ángel Cuevas, cuando éste contestó una simple pregunta sobre quién debía ganarse el Premio Nacional. Para infortunio de Pepe Cuevas, respondió que alguien que viviera en Chile. “¿Por qué tienen que seguir ninguneando a los artistas que viven fuera de sus países de origen?”, replicó don Javier a través de una cadena de mails, lo que me lleva ahora a analizar su respuesta, que obviamente apela a por qué no me dan a mí el Premio Nacional, ¿acaso soy invisible?, ¿acaso no saben que me codeo con Yevtushenko? Otra vez el terreno personal.

En este momento me gustaría abandonar el terreno personal y hablar desde lo político. Don Javier parece defender desde fuera la creación de los chilenos residentes en el extranjero. En otras palabras, asume que lo hecho en el exilio es mejor que lo que se hace y ha hecho en Chile. Y aquí surge una primera contradicción. Si eso es cierto, ¿por qué insistir en ser tomado en cuenta en Chile? La respuesta todos la sabemos: un poeta chileno que vive en el exterior hace gárgaras con nuestra tradición poética, por lo tanto cualquier premio chileno, que no sea el Nobel, posee más relevancia. De ahí su tozudez. Así es que seamos prácticos y para que se deje de huevear: postulémoslo al Premio Nacional, al Premio Municipal, hagamos todo lo posible para influir en esos jurados y saquémonos de una vez esta espinilla llamada Javier Campos.

Eso sería fácil, al menos en el plano de la ironía, ¿no? Pero vamos a una segunda contradicción. Hace un mes o dos don Javier me envió una invitación a participar en un encuentro con artistas e intelectuales por Marco Enríquez-Ominami (MEO). A esas alturas ya había escrito una columna en revista Punto Final contra MEO o no contra él, sino contra sus prácticas empresariales (bajos sueldos para productores y periodistas), me pregunté qué clase de persona podía estar tan perdido para mandarme un mail a mí de esa calaña. ¿Acaso desde allá afuera no se aprecia mejor lo que sucede aquí dentro?

Don Javier, yo no me pierdo y sé -porque vivo en Chile- que la candidatura de MEO es mear a Chile, literalmente orinarlo; porque MEO no es otra cosa que una candidatura de derecha en cubierto. Si no, escuche y lea lo que dice su encargado económico, y no hablo de Paul Fontaine, sino de Luis Eduardo Escobar: “Hay que reemplazar las indemnizaciones por años de servicio por un buen seguro de desempleo”. Entonces, por favor, le pido que observe mejor lo que está pasando en este país de mierda. Aquí ya no es bueno ganarse un premio, tampoco es bueno lo que está pasando con el futuro presidencial. Así es que, don Javier, desista de un premio en esta tierra maldita y por favor no discuta con las paredes, hágalo con Pablo… Paredes, él es un chico listo y tiene futuro. Al igual que Alejandro Zambra, quien firmó por artistas e intelectuales por Arrate. A mí por favor no me busque: soy un perro chico.           

 

 

 

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