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Lobos chilenos
El Guarén. Historia de un guardaespaldas, Germán Marín. Fondo de Cultura Económica Ediciones, 2012, 87 p.

Por Gonzalo Schwenke


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Actualmente, el absolutismo de la clase económica influye de tal grado en Chile, que forma parte de la opinión del público. Esta mediación, promovida por el “cuarto poder” con aparente objetivismo, solo es funcional para quien emite las opiniones. Así, tenemos a saqueadores del banco de Talca como mandatarios humoristas y empresarios comunes pero poderosos. Los que afirman que la desigualdad no es existe sino que somos el país de las oportunidades y por tanto, todo es rentabilidad. Germán Marín (1934) hace hincapié en el origen y la legitimidad de los administradores del mercado en El Guarén. Historia de un guardaespaldas (2012).

William Araya, apodado “el guarén” desde la infancia, nace, crece y sale de la marginalidad en las poblaciones de Santiago. Lo que lleva a emplearse como gendarme, luego como guardia para la CNI en los últimos años de la dictadura y finalmente, como guardia privado. Aquí comienza la trama. Juan Luis, su empleador, es un especulador bursátil que controla tres firmas importantes las que se desarrollan convenientemente en el país. Dicho empresario, en representación del conjunto, rinde pleitesía a la dictadura, puesto que durante esta época la clase económica comienza a amasar su fortuna. Justamente, con la llegada de la Concertación al poder, se produce la histeria del sector por la supuesta amenaza que significa que los “extremistas” que lucharon contra la dictadura caminen libres.

La situación acomodada de Juan Luis y María Paz es el negocio que simboliza el matrimonio, puesto que ambas partes tienen intereses en las firmas empresariales. De lo anterior, se desarrolla el triángulo amoroso que incluye al amigo de la familia, Rolando Vega. Este último, al ser también socio, pasa a ser un obstáculo para la venta de una de las empresas, a continuación, el protagonista incide directamente en el relato para determinar el resultado de la trama. Sin embargo, dicho trabajo no lo realiza por cuenta propia sino que acude a los colegas que tuvo en su paso por la CNI.

La narración fluye y evidencia el dominio de la técnica. El estilo indirecto libre donde se presenta desde el plano del guardaespaldas: “Cada cierto rato, acordándose de mí, levantaba la cabeza y me decía, te ruego un poco de paciencia…” (25) Conjuntamente, hay una mixtura de lenguajes culto formal y coloquial: “ahora me ocupaba choreado (…) en observador de soslayo el rostro con que regresaba.” (33), ya que el protagonista comienza a distanciarse de su procedencia y para ser aceptado en las altas esferas del poder, intenta asimilar aquel estilo de vida que representa su jefe, pero nunca ingresa por su condición de empleado ni se sacude de los orígenes.

Sin ser un volumen logrado cabalmente, la pugna por los intereses personales permite visibilizar las dinámicas del poder y la respetabilidad del sector alto de la sociedad. Este problema se rehace para alimentar a los oportunistas de las capas medias y que ven en el acto de timar a la familia una forma de saciar sus ambiciones. De igual modo, el autor utilizará el imaginario de la cultura popular para completar el desenlace.


 

 

 

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El Guarén. Historia de un guardaespaldas, Germán Marín. Fondo de Cultura Económica Ediciones, 2012, 87 p.
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