“Habéis callado demasiado tiempo. ¡Se acabó el silencio! Gritad con cien mil lenguas.
Con tanto silencio el mundo se pudre.”
(Santa Catalina de Siena)

¿Sabes cuándo empieza a hacer efecto el veneno de una mentira?
¿Y si fuera a ti a quien le faltara el aire?
¿Quién ha escrito el guion que estás leyendo?
¿Y tú has decidido de qué parte estás?
¿Crees que los fanáticos son los demás?
¿Sabes luchar aunque tengas miedo?
¿Ves las trampas que se hacen con palabras?
¿Vas a gritar cuando veas que son cien contra uno?

No es puro el corazón que siempre se esconde, se protege, se desvía del error, nunca se contamina con nada, nunca se ensucia, se mantiene siempre virgen. Es puro el corazón que vive, que lo toca todo, que se contamina, que camina con los demás por el infierno, pero se mantiene auténtico. «Un pecho desarmado puede resistir incluso a los tanques si dentro de él late un corazón digno», escribió Aleksandr Solzhenitsyn.
Puro es el corazón que siempre se la ha jugado.
Tú grita que late.
¡Grítalo fuerte!

Grita cuando veas que, en el silencio general, un tornillo cae al suelo.
Grita que la mentira mata.
Grita que, si no salvas el bosque en llamas, el incendio te alcanzará allí donde vayas.
Grita que no se puede bailar en un campo minado, que no es posible beber té sobre la lava de un volcán, que no se toma el sol en una isla de plástico.
Grita cuando veas que amordazan a un niño.
Grita cuando notes que te dejan sin respiración.
¡Grita que no vale la pena vivir en estas condiciones!
¡Grita que todo debe cambiar!


