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Entrevista a Aldo Vivar

Por Gabriel Ruiz Ortega

“Mis personajes están atentos al ambiente que los rodea pero lo miran desde el lente de su propia soledad”

Aldo Vivar (Lima, 1961) publicó a fines del año pasado el libro de cuentos El orden de la soledad (Revuelta Editores). Este autor hace gala de un fino trabajo en los perfiles de sus personajes, quienes están dotados de una mirada especial que les permite otorgar un sentido revelador a sus actividades marcadas por la rutina. Aparte de ser un muy buen escritor, Vivar es considerado uno de los mejores médicos peruanos. Administra el blog Historia clínicas (http://historiasclinicas.blogspot.com/)

(El orden de la soledad puede encontrarse en las principales librerías de Santiago de Chile).

- La primera impresión que genera "El orden de la soledad" radica en que privilegias el mundo interior de los personajes.
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Al comenzar a escribir cuentos estuve centrado en la narración de situaciones, pero sentía que perdía la riqueza que tiene todo ser humano: su mundo interior. Las experiencias vividas, sus emociones y la capacidad de utilizar la memoria como agente de cambio me parecieron más importantes al momento de escribir los cuentos. Todos los días pensamos en algo, conversamos con nosotros mismos y ejecutamos acciones o reaccionamos ante los hechos internos, fantaseamos, creamos nuestras propias historias o sueños para llevar de una mejor manera la vida que vivimos. Nos inventamos un futuro, que dependiendo de nuestra capacidad de emprender lo llevamos a cabo. Nuestra conducta es en parte un producto de nuestras vivencias previas.

- Tus personajes siempre están atentos al acaecimiento de algo, sin forzar la realidad…
- Mis personajes están atentos al ambiente que los rodea pero lo miran desde el lente de su propia soledad, ellos tienen un pasado y una riqueza interior, siempre están al borde de la ruptura con su propio orden, eso es lo que enciende el motor de los argumentos, cómo estos personajes se desenvuelven frente a los acontecimientos es lo que importa en mis historias. Ellos no esperan nada fantástico o inusual, solo los momentos cotidianos. Para mi esa es la verdadera riqueza de la vida, encontrar en las cosas simples lo trascendente.

- Uno de los temas del libro, el cual se anuncia desde el título, es la soledad. ¿Cuánto tiempo te llevó ordenarlos orgánicamente?
- Me llevó unos cuatro meses aproximadamente. Luego del proceso de corrección, que fue extenuante, un día decidí darle una estructura orgánica, ya que los cuentos fueron escritos a un ritmo de dos por mes. Debido a mi formación científica, coloqué palabras clave en cada uno de ellos, luego hice un listado pero me di cuenta que por ahí no iba la cosa. Una tarde, casi exhausto por encontrar un hilo conductor para temas tan disímiles, todo se me apareció como una epifanía: la soledad de mis personajes. De una manera consciente y premeditada o expulsados emocionalmente de su entorno, estaban mis personajes envueltos en su soledad viviendo sus vidas, expuestos a los acontecimientos y reflexionando sobre ellos, o acaso esperando el momento preciso para emprender un cambio.

- Se nota una suerte de regocijo de tus personajes por la soledad.
- Repito las primeras frases del prefacio del libro: “La soledad es un espejo en el que nos miramos por días o por siempre. En silencio o en compañía. Nuestras vidas se esconden entre esas dos palabras para las que no encontré equivalente en español: loneliness y solitude.  Tenemos, como la luna, un lado visible y el otro oculto: el solitario”. Ahora, los seres urbanos, vivimos en espacios más pequeños y siempre rodeados de gente, pero creo que eso nos despersonaliza, diluye nuestras sensaciones y ambiciones, estamos uniformados, casi clonados, se nos induce a comportarnos de la misma manera, pero estoy seguro que aquello sea el fin de todo ser humano. Por eso, aun rodeados de una multitud nos sentimos solos o queremos estarlo, encontrar un espacio donde amenguar la  tristeza o disfrutar de nosotros mismos, de encontrar una identidad singular. No creo que todos piensen así, acaso solo lo hagan las personas que quieren provocar algún cambio o hallar algo trascendente en sus vidas. La soledad puede ser muy creativa y placentera, de hecho la necesitas para crear, para construir e inventarte un futuro.

- ¿Qué autores influyeron en el libro?
- A mi particularmente me gusta mucho el libro Otras tardes de Luis Loayza,  tiene una sensibilidad particular, muy limeña, crepuscular. Además he leído mucho a Chejov, pero de él he tomado más esa dualidad profesional, la de ser médico y escritor. Por otro lado, leo mucho a los japoneses Yasunari Kawabata y Ryonosuke Akutagawa. Cuando comencé a escribir los cuentos, imaginaba la idea de escribir acerca de los pecados capitales, pero pronto la narración siguió otro rumbo. Pero no dejo de leer la Biblia como fuente inagotable de historias y metáforas. Me gustan los cuentos de Hemingway, aunque en él se privilegian los diálogos. Una escritora de cuentos que me fascina es Flannery O´Connor y que he leído bastante. Una de las obras que me dejó marcado también fue la Perorata del Apestado de Gesualdo Bufalino. De los contemporáneos, me gustan Philip Roth, Ian McEwan, Haruki Murakami, Alessandro Baricco y Sergio Pitol. Otro de los autores que me impresionó, luego de muchas lecturas fue Edgar Allan Poe, pero más que sus cuentos me interesó su vida, su capacidad creativa frente a la adversidad. Pero es Eureka, su obra filosófica, la que me conmueve, por las ganas que le puso al publicarla y por la poesía que creó acerca del universo. Por eso, el epígrafe de mi libro tiene una frase de Eureka. No puedo dejar de mencionar a los clásicos, sobre todo Lev Tolstoi, con La muerte de Iván Illich y Anna Karenina, o Flaubert con Madame Bovary o las obras de Shakespeare, estas últimas que leo entre novela y novela, sobre todo los Sonetos que disfruto de a pocos. Un autor que me marcó también fue Sommerset Maughan con El velo pintado. Pero más que los libros que han podido sugerir una forma de contar, los relatos de mi libro están basados en vivencias, propias o ajenas, de esos retazos están construidas mis historias.

- Por la estructura, pienso en Raymond Carver.
- Eso me han dicho algunas personas, pero me pasó algo curioso, descubrí los cuentos de Richard Yates, ya en la etapa de corrección de mi libro, encontré una similitud en la estructura. Otro autor que me dejó impresionado fue JM LeClezio, luego de saber de él a causa del premio Nobel, leí El africano, me agradó ver ciertos parecidos, salvando las grandes distancias, con mi manera de escribir.

- Eres médico y escritor, ¿cuál es la relación que encuentras entre la medicina y el oficio de escribir?
- Muchísima. Imagino primero la capacidad de observación, tengo un ojo entrenado para captar detalles, de un signo clínico o de un solo síntoma puedo diagnosticar una enfermedad. Con el tiempo aprendí a reconocer el lenguaje corporal, la inflexión de las palabras, los objetos, todos ellos contaban una historia, delataban la personalidad o las intenciones encubiertas. Al momento de construir los cuentos me ayudó mucho esa capacidad de observación, esa capacidad de fisgón que debemos de tener los clínicos y los escritores. Otra similitud sería en que ambos, médicos y escritores podemos explorar los lados vulnerables del ser humano, la de estar enfermos, allí se revelan sus secretos y sus emociones acumuladas. Pero veo además el enriquecimiento que viene en dos vías, las líneas argumentales de las obras literarias me han hecho ver que las enfermedades poseen un argumento lleno de plots, un inicio y un final, algo que en medicina llamamos historia natural. Otra similitud es la disciplina, lo que importa en el estudio de la Medicina y en la Literatura es la perseverancia, la práctica metódica y constante, el amor por la lectura y la búsqueda de fuentes, por eso admiro el ritmo de trabajo de Chejov, de Vargas Llosa, la disciplina espartana y el apego a los detalles de Nabokov, quien me recuerda a un severo profesor de medicina.

- En la solapa se lee que estuviste en la Escuela de Escritura Creativa del  CCPUCP. ¿Cómo fue tu paso por ella?
- Es una experiencia sui géneris, de las primeras promociones han salido escritores noveles muy interesantes que ya han publicado. En realidad he sido el último de la camada en publicar. No creo que la Escuela te enseñe a escribir, creo que lo que te enseña es a orientarte, a conocer el significado y extensión de las corrientes literarias, sobre todo a personas como yo que venimos de profesiones distintas a la literatura. La Escuela te enseña además a tener disciplina, la inspiración no basta, aprendes a corregir en forma espartana, a veces a golpes, ya que tus compañeros de clase, son a veces tus más implacables críticos. Eso es bueno, la Escuela te ayuda a perder el miedo a mostrar tu obra en público, te va forjando. Creo que las personas que no tienen el talento de escribir, ni la perseverancia, sólo aprenderán la teoría de la estructura. Una de las cosas que más aprendí es la capacidad de los metatextos en literatura, eso que me llevó a escribir en mi blog, eso de una de las leyes de la termodinámica: la literatura no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La mayoría de temas ya están contados, lo que varía es la forma de escribirlos. Tanto Alonso Cueto como Iván Thays, han hecho un trabajo memorable con nosotros, en cierta medida, somos fruto de sus mentes emprendedoras, se jugaron por el experimento y veo que a diferencia de Dr. Frankenstein han logrado resultados notables con muchos de nosotros. Creo que muchos de mis compañeros al igual que yo le debemos mucho al empuje y al estilo de ambos, para leer, para escribir o para afrontar la literatura como una forma de vida.

- Se sabe que a la hora de escribir entra en juego lo leído y vivido. En tu caso siento que es más lo segundo, en cuanto a las situaciones que recreas, a las atmósferas muy bien trabajadas que nos llevan a ser parte de las situaciones en las que están inmersos tus personajes, se presiente una especie de intimidad, de susurro.
- Como dije, mis relatos son retazos de vivencias propias y ajenas. Una ventaja que te dan los años vividos, no imaginas además la cantidad de historias que conozco día a día, trabajo en un hospital público, hago docencia universitaria. Allí están, mis pacientes, mis alumnos, mis amigos, mis propias experiencias todos ellos alimentándome de anécdotas, de historias, de detalles. Sólo debo de tener un espacio de soledad, sí la misma del libro, la solitude, para ordenarlas y dar vida a mis personajes.

- También se lee en la solapa que tienes una novela en fase de magma. ¿Puedes decirme de qué va?
- Pienso hacer una novela de aprendizaje, desde siempre he intentado explicar muchas cosas, que me pasan o suceden a otros, es un estilo de vida, cuando no sé algo y me pica la curiosidad no paro hasta averiguarlo, hasta desentrañar las causas, en realidad lo hago todos los días en mi labor diaria. Me interesa conocer los lados oscuros del ser humano, de los grupos sociales, y como rebelde que soy defender la individualidad y la libertad a toda costa. Mi novela tratará de explicar, el mundo médico desde dentro, para desmitificarlo algo, reconstruirlo a partir de sus contradicciones. Finalmente somos seres humanos y caemos entre el bien y el mal, algunos en un lado mas que otros, no importan cuantos títulos o distinciones se tengan, los médicos somos personas que sabemos un poco más de algo, nada más, tenemos las mismas virtudes y defectos que el resto. Me ha entrado la peregrina idea de hacer la novela como un descenso al infierno de Dante, luego una redención. Para ello también he leído El paraíso perdido de Milton. Pero a la hora de escribir seguro me saldrá otra cosa. La historia es la de un médico joven, que ingresa a un hospital para su entrenamiento, allí descubrirá no sólo sus limitaciones como persona y profesional,  sino además se dejará arrastrar por un sistema perverso que al inicio repugnaba. En un momento sentirá que las circunstancias actuarán contra él y aprenderá a lidiar con aquellas, esa será su transformación. Más que con el argumento, que tendrá una epidemia de por medio, trabajaré la estructura, en una combinación de narrativa y lenguaje médico. En esta novela hasta las historias clínicas tendrán mucho que decir.

 

 

 

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“Mis personajes están atentos al ambiente que los rodea pero lo miran desde el lente de su propia soledad"
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