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La poesía es un llamado de alerta
Conversación con Héctor Hernández Montecinos

Por Claudia Apablaza
En La Voz del Escriba

 

- ¿Qué diálogo tiene tu escritura con los poetas chilenos de los noventa?
- El único diálogo desde el comienzo fue cuando me dije que no quería escribir así como ellos, no quería pasarme cinco años puliendo diez poemitas como si fueran joyas, para luego publicar cinco creyéndome que eran el mejor ejemplo de esa escuelita de la ultracorrección, la moderación y el buen tino. Ellos creyeron que hacían obras que decantaban todo lo mejor de la tradición lírica nacional, negando todo exceso, todo desborde, toda mancha, acaso como si la vida misma no lo fuera.Conocí a varios poetas de ellos, todos me decepcionaron. No tenían un discurso sobre el ejercicio de escribir, no estaban pensando el mundo, no querían construir nada en este nuevo escenario nacional que era el "fin" de la dictadura. Sólo podían hablar de literatura, y ni siquiera, sino que de historia de la literatura, de traducciones, de editoriales y nada más.El sentido vivo de la poesía que yo quería no estaba allí. Fueron la mejor escuela de lo peor para no escribir como ellos lo hicieron.

- ¿Crees que la molestia que tienes hacia los noventa se justifica en los textos de los poetas de los noventa o sólo en actitudes de los mismos?
- La poesía que se escribió en los noventa en realidad para mí no fue más que borraduras, pactos de silencio y blanqueo que desactivaron toda forma de dispositivo político y disruptor en la literatura de esa época:narrativa y poesía. Evidentemente hubo obras,o partes de ellas, que se escaparon, como las de Yanko González y Germán Carrasco, y uno que otro más. Leo esas obras minúsculamente inofensivas -no inocentes porque no lo son, de hecho es al revés- escritas con el miedo a no querer hablar de un tiempo y un espacio al que pertenecían, encerradas en sus bibliotecas mentales, sumamente literatosas, limpiecitas. Allí no veo más que el aprovechamiento de un renacimiento del campo cultural universitario (no digo academia porque en Chile no existe), el cual se autoimpuso una labor de salvaguarda de la literatura chilena, y en ese gesto violento y transaccional se dieron cabida estas poéticas enlodadas en la tradición más líricamente reaccionaria. Vi las obras de todos esos poetas y me parecieron tan nimias, muertas, carentes de fuerza, de la vida misma que las llevaba a estar escritas. El miedo escrito, que a mí me aterrorizó.

- En algunas entrevistas y escritos, la novísima acusa a los noventa de fascistas y los noventa acusan a la novísima de fascistas, ¿por qué crees que pasa esto? Yo lo veo como una necesidad de ambos por deshacerse de un fantasma que anda rondando por ahí y del cual nadie quiere hacerse verdaderamente cargo.
- El fascismo es un fantasma que aún anda dando vueltas en Chile, y en realidad es más que un fantasma, sino un monstruo real con nombres y apellidos, pero existe un fascismo literario que tiene que ver con el conservadurismo (escritural), la doble moral (entre el papel y la vida), el afán enfermizo de economizar (lenguaje), el gusto por lo correcto, la bella forma, la concisión del poema, entre otras muchas características. Incluso para darle más sentido a lo de fascismo podría agregar que la mayoría de ellos hace clases de literatura en universidades en manos de ex militares y grupos ultra católicos de derecha, que sí son fascistas. Entonces el fascismo que ellos verían en nosotros no sé de donde vendría. ¿De recibir una beca del Consejo de la Cultura?, ¿de salir en La Nación?, ¿de estar en YouTube?, de verdad, no lo sé. Habría que preguntarles a ellos. Es más, en mucha de la poesía de hoy aparece la palabra fascismo como tema, como metáfora, como tensión y fuga de escritura; no hay miedo de él, pero si buscas en los libros de ellos jamás verás una referencia a eso, ni a nada que tenga que ver con las instancias del poder, en ninguna de sus aristas.Yo lo tengo superclaro, incluso hasta puede ser una obsesión.

- ¿No crees que las poéticas de los noventa, digamos chatas, temerosas y encerradas, como las describes, son producto del mismo miedo histórico en que se gestaron? En ese sentido, creo que la novísima fue afortunada porque se generó en otros espacios más adecuados para presentar los proyectos de escritura (de democracia, principalmente); es decir, de partida no se pueden equiparar en términos de escenarios de gestación y desarrollo. Ahora bien, independiente de eso, veo que no justificas el temor constante en los proyectos de escritura de los de los noventa.¿No crees finalmente que para que existiera la novísima debieron existir los poetas de los noventa, son parte de un mismo recorrido?
- No creo que su cobardía sea producto de ese miedo histórico, pues si fuera así no se habría gestado la Escena de Avanzada o ciertas poéticas muy arriesgadas desde mediados de los setenta hasta fines de los ochenta. El contexto de catástrofe que se vivió fue uno de los alicientes para que se iniciara esta indagación en y por el lenguaje. Es decir, al ver la paranoia dictatorial por coartar el lenguaje, el habla, los decires, tanto sociales, literarios, publicitarios, etc. los escritores quisieron potenciar ese dispositivo de disidencia que ahí había, por tal sus obras se densificaron en todos los niveles de expresión, y este fenómeno no se dio en los noventa, incluso siendo que ya publicaron cuando la dictadura militar había terminado. La propia década del noventa fue donde se vio con una nitidez insólita la dictadura del mercado, la misma que los cómplices de Pinochet idearon para seguir en los turnos de poder, y de ahí hasta ahora no mucho ha cambiado. El blanqueo en Chile funcionó y esas poéticas como esas narrativas de la época fueron el coro fingido por un nuevo país apolítico,descomprometido, y sin memoria, cosa que lograron. Es por eso que la novísima tiene ese carácter político tan marcado, porque hay una deuda, un tema pendiente entre el poder público y privado con respecto a la disidencia y el inconformismo que nace desde las artes. El hecho de que no estemos en dictadura no significa que haya libertad de expresión así en términos prácticos, pues el ruido que se genera desde los medios, las campañas políticas, la publicidad son formas de hacer callar a los disidentes, aislarlos. Por tal la novísima tuvo que hablar fuerte, decir con claridad y a vista de todos lo que pensaba, y eso fue lo que aún molesta, el hecho de que hablemos directamente tanto en un diario, como en los mismos poemas. A la otra parte de la pregunta la respuesta es categórica:no.O sea, la novísima no nace como reacción a los noventa, de hecho para casi nadie fueron tema, más que para mí como gesto de corte y para un par más de nosotros. Los noventa no nos importan, son sólo una parte del iceberg que sí nos importa y es la relación entre poder, fascismo y escritura.

- ¿Qué es la novísima,quiénes son parte y en qué sienta sus bases?
- La novísima fue un nombre que se le asignó a un conjunto de escrituras que aparecieron desde el año 2000, emparentadas por la amistad de sus autores y por la correspondencia en sus espacios inaugurales de circulación. Una de sus señales es que acerca la noción de joven poeta a lo que significa el inicio de la mayoría de edad, es decir, fue una instancia en que muchachos y muchachas de alrededor de dieciocho o diecinueve años comienzan a escribir sus proyectos personales con apuestas estéticas más bien cercanas a la experimentación, la radicalidad, el riesgo escritural. No es más que eso. Ha corrido mucha tinta sobre la novísima, la mayoría malintencionada, pero está bien, era lógico que pasara. Las poéticas de Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Pablo Paredes, Felipe Ruiz, Gladys González y algunas más son desde su momento mismo de escritura una interrupción y una problematización desde varios ángulos. No hay manifiestos, ni reuniones secretas, ni nada de eso, simplemente un grupo de amigos primeramente, luego una pandilla poética como dice Paredes y ya. Todos escribimos sumamente distintos, leemos cosas distintas, nos movemos en discursos y tensiones distintas y eso es uno de los valores agregados, su misma heterogeneidad nómade. Algunos han querido aglutinarnos, pero sin duda el corpus se escapa solo de esas categorizaciones. No es más que escritura honesta, sin miedo al error formal, y siendo el soporte de nuevas formas de rebeldías como el delirio y la ternura, entre otras.

- ¿Crees que un escritor deba trabajar como un gestor cultural en su posicionamiento más allá de la publicación de sus libros? ¿Por qué?
- En Chile la mayoría de los poetas somos gestores culturales, porque nadie hace nada desinteresadamente por ella. Las instancias culturales del Estado no organizan actividades de poesía abiertas ni masivas, tampoco los privados, o sea nadie salvo los propios poetas que se mueven para llevar a cabo empresas como el mismo festival latinoamericano Poquita Fe que hacemos en Santiago, o como muchos más por ejemplo el Riesgo País que se hace en el sur de Chile. Los mismos poetas estamos obligados a organizar, por salud mental y ecología social, estas zonas de diálogo y visibilización comunitaria de la literatura, pues tanto el mercado, como las universidades y la misma indiferencia del medio son el contexto aciago para que las escrituras sigan en las mazmorras del silenciamiento o la ridiculización. No es farandulizar la poesía, sino que devolverle su estatus de socialización de discursos en un contexto artístico, en un contexto anómalo y que pone en jaque al mercado como tal, y al literario que se solaza en el éxito de ventas de cierta narrativa o de cierto tipo de ensayos o testimoniales. La generosidad de la poesía consiste en abrir espacios para otros, para los que están y los que vienen, también para los que ya estuvieron antes y fueron de igual modo generosos. La poesía abre puertas y derriba murallas en cada página, para que sea real se necesita de la parte de uno.

- ¿Por qué los novísimos quieren "fumigar" el pasado?
- Los novísimos no queremos fumigar el pasado, pues ese gesto es una forma totalitaria de hacerse de un presente, y no es necesario. Es sólo renombrar zonas y escrituras que fueron silenciadas y dejar en claro la anodina cobardía de otras que hoy hacen lo imposible por adquirir un valor en el mercado literario, cueste lo que cueste.Y claro, hay pasado y pasado, evidentemente nos molestan ciertas conformaciones y sedimentos, por eso es que uno se refiere a ellas para problematizarlas aunque de su parte no haya respuesta, pues temen a la crítica. Eso de "fumigar" apareció en unas lecturas de ciertas poéticas que hizo Felipe Ruiz amparadas en el fascismo escritural del que hablábamos antes y a manera de devolverles el juego se hizo esta referencia que evidentemente cayó mal a la primera y no fue leída con la altura que necesitaba. También lo señaló Zurita, de que escrituras más poderosas anulan, u obnubilan, a las que no lo son, y todo esto tiene sentido en la manera de ver más simple la historia de la literatura, no es ninguna acusación capital, ni nada que no se haya dicho con menos disimulo:ciertas obras devoran como hoyos negros a las que están a su alrededor, y basta mirar para atrás para darse cuenta.Es una especie de selección natural de las escrituras en una carrera no con la evolución sino que con la velocidad del mundo. No se puede seguir escribiendo como hace cien años siendo que lo que sucede en la realidad ya no tiene que ver con ese pasado, que por lo demás generalmente está diseñado como maniobra. La poesía más que nunca es un llamado de alerta a las condiciones de posibilidad del mismo género, y de los espacios de libertad y creatividad. No son los novísimos quienes fumigarán a estas poéticas mediocres y miedosas, sino que los lectores que ven el mundo caerse a pedazos y ya no creen en la belleza, el bien y esa verdad que el conservadurismo literario ha querido mantener a la fuerza mediante beneméritos a sus cultores o al silenciamiento o la parodia rabiosa a quienes la han combatido, y quizá ese sea el lugar final de la novísima, haber sido hace diez años la piedra en el zapato a una continuidad timorata que también vio en la poesía de los ochenta un exabrupto.

- ¿Qué futuro le ves a los novísimos ahora que te fuiste de Chile? ¿Cómo ves tu relación con ellos de aquí en adelante?
- Todos siguen escribiendo ininterrumpidamente, de hecho creo que ninguno de ellos se siente así como parte de la "novísima", no somos una selección de fútbol, ni niños símbolos de nada. Nosotros mismos para nosotros mismos somos amigos. Ellos son quienes me interesa saber como están, con quienes me escribo y chateamos, luego me entero de la parte literaria por otros medios. Cada uno sigue ampliando sus registros y llevándolos a lugares no antes explorados por ellos mismos, por eso veo que tienen para rato, pues reinventan sus tópicos, adquieren más cruces aún, no se agotan en todo lo que han logrado y sobre todo tienen la fortuna de contar con los nuevos lectores de hoy, o sea muchachos y muchachas que han salido de sus talleres, que leen sus obras, que dialogan con ellos, y que esos chicos estén de nuestro lado es un don, de verdad, un don, una esperanza, una utopía real y un reto para seguir.

- ¿Por qué te fuiste de Chile?
- En un momento Chile se me apareció como una pesadilla, tanto de sus políticas básicas hasta la instrumentalización que la extrema derecha hacía de todo lo que pasaba. Veo a Chile como una gran liquidación de un centro comercial global para que los poderosos del extranjero, en especial gringos y españoles, compren y destruyan lo que a su paso esté, me refiero a ríos, glaciares, bosques, comunidades indígenas. Por otro lado, la doble moral mojigata me asquea, se impone como voluntad social y ante la cual no hay respuesta. Todos somos usuarios y no ciudadanos. Chile va en muy mal camino, y las pocas alternativas de conciencia son silenciadas y no tienen visibilidad. Por eso yo no quiero estar allí, aporté con mi grano de arena abriendo espacios, generando diálogos, moviendo personas e instituciones para que la literatura sea una primera llamada a un movimiento mayor de apertura mental, de libertad y creatividad sin tapujos. No hubo mayor respuesta, el egoísmo, el miedo y el desgano triunfó. El mercado es lo más importante, quédense con él, y que cuando termine de caer que también caigan los que de él mamaron. Me da pena por lo que pasará en Chile, en especial por mi familia y amigos. En México, me siento cómodo y feliz, no es el paraíso claro está, y muchos de los problemas antes enunciados en Chile acá también se dan, sólo que hay más oportunidades, más reconocimiento al trabajo artístico.

- ¿Crees que es necesario para un poeta tomar distancia de su país o quedarse siempre en él, con ese gesto heroico que tienen algunos escritores que dicen que no hay que irse de Chile?
- La vida es puro movimiento, las personas, los lugares, los sentimientos, todo se mueve.Tanto los poetas como cualquier persona deben moverse, ya sea físicamente como de manera mental, pues allí se descubre lo nuevo, lo que no se había visto, se da espacio a la sorpresa y lo inesperado que terminan anulando la rutina global de Occidente. La poesía es un viaje decía por ahí, y en estos años que llevo de escritura se me hace cada vez más lógico y certero. Por ejemplo, estar en Perú, Brasil, Alemania son experiencias alucinantes, o el mismo México. La distancia con el mundillo, a veces bien infernal, es una práctica sumamente recomendable, pues se enfoca mejor la mirada sobre la gente y situaciones específicas. Por lo demás no hallo nada de heroico eso de quedarse para siempre en Chile, es hasta patético, lo veo como parte de esa soberbia chilena de creer que su poesía es lo único que vale en Latinoamérica, de hecho hasta me parece abominable.

- En tus textos apelas mucho al concepto de periferia vs oficialismo, ¿te siente un poeta periférico, marginal u oficial? ¿En qué sitio podríamos encontrar hoy lo marginal en la poesía?
- Me gusta la tensión entre periferia y centro, u oficial, como le dices, pues lo primero que me importa afirmar es que ambas son conmutativas, móviles, intercambiables hasta los grados más insólitos, entonces por ahí comienzo a repreguntarme el destello de la periferia y el deslumbramiento de la centralidad. Por ejemplo, en un hospital un enfermo terminal es más central e importante que uno que se haya quebrado un pie, es decir, uno es hegemónico por su estado con respecto al otro, que en términos fuera de ese lugar sería absolutamente al revés. Entonces me nace la pregunta más profunda que es por los escenarios donde se instalan esos discursos, en vez de preguntarme si son periféricos u oficiales, o de otro modo, escribo desde la Manicomia, que es la figura heterotópica de la reclusión, de la clausura, de un espacio que es más que un lugar-otro, pero menos que un no-lugar. Un libro en una buena editorial, una beca de escritura, una entrevista en un diario no te hacen oficial, tal como una edición fotocopiada, o la renuncia a las distinciones o las lecturas en lugares "periféricos" no te hacen no oficial. Conozco a varios poetas que apelan a ese discursillo paternalista de la periferia, del margen, de la descentralización, pero al ver sus hechos uno simplemente se ríe. Por cierto, la poesía, al menos en Chile, siempre ha tenido cruces y tensiones con los poderes de turno, muchos poetas tuvieron cargos políticos o diplomáticos, desde los Nobel hasta ahora, también muchos colaboraron en los gobiernos antes de la mentada institucionalidad cultural. Sobre la última parte de la pregunta la verdad es que lo marginal de la poesía está en su estado natural con respecto al mercado, pero no con respecto a la tradición literaria chilena, pues allí la poesía es sin duda el género más importante, de este modo y como decía al comienzo, la marginalidad se mueve por espacios, cuerpos y formas de discurso que en contextos determinados se cargan de ese dispositivo político, pues cuando entendemos lo marginal como una opción política en serio nos acercamos más a la renuncia de la obra y de la visibilidad de esta. Lo que en términos más sencillos quiero decir es que lo marginal es una figura literaria más, que a algunos les ha resultado muy productivo como chapa, y a otros les ha pesado como un castigo divino, por eso me quedo con la imagen de que el margen siempre está ahí como un recurso literario disponible.

- [guión] es un texto muy extenso y que abarca una gran diversidad de temáticas, desde la muerte al amor, la escritura, el poder. Parece todo un mundo poético, un universo a momentos irregular en intensidades.¿Cómo enfrentas la creación?
- [guión] es la unión de tres libros que se publicaron entre el 2001 y el 2003 respectivamente, aunque siempre fueron pensados como uno solo, por eso la importancia, al menos para mí, de que se hayan editado como unidad. En esa época de mi vida, que comenzó con mis primeras cosas escritas a los diecinueve años hasta los veintitrés, me vi inmerso en una batalla campal entre la poesía y lo que me pasaba a mí, no en el sentido de que escribiera todo lo que me sucedía, de hecho es al revés o al menos distinto, sino que sentía que mientras más escribía más podía ocultar a modo de secreto en un libro. Nunca me di cuenta que era mucho hasta que vi como los libros de poesía "normales" no sobrepasaban las sesenta o setenta páginas y hasta que me hastió escuchar el mandamiento de que hay que corregir, cortar, suprimir, eliminar, borrar, sintetizar, sajar, talar, podar, amputar, exterminar y así una interminable familia semántica del miedo. Por esa época yo vi dos libros que me dieron un gran alivio, uno fue Naciste pintada de Carmen Berenguer, para mi gusto el libro que abre, y adelanta, la época de la Hiperdictadura, y La vida nueva de Raúl Zurita que de algún modo era también un libro decisivo. Luego vi lo de Pablo de Rokha y creo que por ahí van mis parentescos literarios, mis consanguíneos en cuanto al tema formato libro, en cuanto a las materialidades de lo que escribo me pierdo en lecturas latinoamericanas, deleuzianas, reescrituras, reminiscencias, olvidos, filias y fobias. Como me dije en algún momento, si la poesía va a ser mi vida, si consagraré mi vida a ella, lo mínimo que quiero de ella es que sea paralela y corresponsiva con mi vida, sólo eso me hace poeta, esa imbricación de ambas, con toda la pasión, el delirio y la frustración que hay en esa consigna. La vida es irregular, mutante, ambivalente, oscura y clara,asimismo quiero que sea mi poesía.

- ¿Por qué el título [guión]?
- Creo que se llama [guión] porque siempre pensé el libro como el guión de una película imposible, de una obra de teatro irrealizable, o como el punteo de una novela inexistente. También como una especie de comic gráfico donde las viñetas fueran las metáforas y los personajes y los hechos terminaran siendo las palabras y sus relaciones deseosas. Además [guión] incluye la palabra ion que es una especie de clave al interior del libro: mi dedo es ion, ya que esta palabra en griego significa "el que va", mi dedo, mi mano es la que va, no yo. En [coma] el verso que se repite es mi lengua es ion, y en [y punto] es mi ojo es ion. Mano, lengua y ojo para mí representan los materiales humanos, técnicos biológicos, con los que se trabaja al escribir, ellos se adelantan a uno, al resto del cuerpo, además tiene el sentido de que están cargados eléctricamente en el nivel atómico y serán lo que quede de uno después de muerto, sólo unos átomos sueltos o dispersos.Y por último ya en el sentido visual, un dedo, una lengua y un ojo son correspondientes con un guión, una coma y un punto.

- A ratos se acerca mucho a la narrativa.¿Te sientes cercano a ese otro género y crees que alguna vez indagarás directamente en él?
- Los géneros para mí son sinónimo de promiscuidad, de enlaces, de ires y devenires, me gusta su sentido de no ser ni querer estar fijos ni inmóviles, de allí que la escritura tenga esas zonas de placer, de travestimiento, de máscaras detrás de otras máscaras, me imagino que el engaño y la trampa en este contexto son interesantes, pues pierden su criminalidad o su ilegalidad moral se hace seductora. La novela en sí es un género prostibular, una especie de casa de citas, donde todo texto es bienvenido, siempre y cuando “pague” lo que ella cobra como expectativa de lectura; por su parte, la poesía es más bien el diálogo que se produce en ese lupanar, múltiples voces de desconocidos que relatan intimidades, que susurran o gritan, que mienten para conseguir algo, un ensordecedor silencio.

- Dices además que a diferencia de la generación anterior, trabajas de forma más espontánea y sin tener que dar cuenta a nadie. ¿Te acercas de esta forma más a generaciones lúdicas y te alejas del academicismo en tu proyecto?
- Claro, esto mismo que te decía recién, me gusta el sentido de lo amateur, del que ama así sin más lo que hace, ya sea escribir o todo lo que mencioné como uso de otros soportes. La espontaneidad y por ende la honestidad son piezas claves de lo que me gusta hacer, así sin tener que encasillarme o arrimarme a una instancia a la que no quiero, por tal he trabajado prácticamente solo estos años y en una especie de clandestinaje que me acomoda y me da el tiempo y el espacio de holgura para experimentar en mi pequeño laboratorio que es mi mente. Tiene que ver con lo que decía Zurita en un texto de que no le importaban los poetas jóvenes sino que la juventud en la escritura, y le hallo toda la razón, o sea, los poetas del noventa eran jóvenes escribiendo como viejos y esa fue la diferencia con nosotros, el hecho de que en lo que hacíamos había juventud, riesgo, inocencia, pureza e inexperiencia que ahora a la distancia es una de las cosas que más celebro y que otros más critican. La academia siempre va renovando sus cánones, y tiende a leer los alternativos o subalternos como una moda académica que rinde económicamente bien, así pasó con los feminismos, los estudios gay y de masculinidad, as etnias, etc. Lo mío es colectivamente solitario y así me gusta que sea.

- Al leer [guión] vislumbro un ansia exagerada y entrañable de palabra, de comunicación de todo, una especie de mundo exagerado e infinito. Eso es lo que más me sorprende, como si la palabra fuese a explotar, a acabarse y un hablante que la persigue desesperadamente para que no se extinga.
- Eso eso eso (con el dedito para arriba y para abajo).

- ¿Crees que en tu proyecto literario prima tu obra escrita o tus acciones literarias? ¿Crees que en esas acciones está lo político de tu proyecto?
- Creo que van de la mano, la palabra también es un hecho, el lenguaje es performativo, y me gusta ese carácter de intervención, de acto que puede construir la poesía, y como bien señalas allí va un plus de política porque las revueltas se hacen con “palabras y cosas”, y cuando un poema puede ser infinitamente más que una pedrada o un zapatazo creo que por ahí se delinea un proyecto que me interesa.

- ¿Quieres agregar algo?
- Sí,el blog de Santa Muerte, santamuertecartonera.blogspot.com, y el mío, acheache.blogspot.com. Además que visiten este link de Los Sueños Divinos (LSD) que es una selección que hice de toda mi obra escrita hasta ahora:
www.scribd.com/doc/10041576/LOSSUENOSDIVINOS19992009

 


1 Héctor Hernández Montecinos (Santiago de Chile,1979) Doctor en Filosofía, mención Teoría del Arte. Sus libros de poesía aparecen reunidos en [guión] (LOM : Stgo., 2008; Marick Press, Detroit, 2009, en inglés) y [coma] (2ª ed. LOM : Stgo.,2009). Desde el 2008 reside en México donde da talleres, conferencias y es editor del sello "Santa Muerte Cartonera".

 

 

 

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